LÉMUR DE OJOS TRISTES
Seguro que mi amiguete Antonio Murga me perdonará que haya usado para titular este post el nombre que él le dio a uno de sus múltiples e interesantes proyectos musicales. Pero los lémures son lo más representativo de Madagascar, y en nuestra entrada de hoy vamos a tener música de aquella isla. Así que disponeos a dar un nuevo paseo por África.
Como vimos en el anterior post, es importante el momento adecuado para la salida a la luz de un grupo. Todas las bandas necesitan su momento pero no todas tienen un Elvis, un Scotty y un Bill, y un Sam Phillips que las descubra. La oportunidad de Hanitra siempre estuvo a su lado mientras trabajaba como traductora en el consulado de Madagascar en Londres en 1.991, pero no se desveló hasta que invitó a su hermana Noro a que se viniese de vacaciones aquí desde su país natal.
Un día estaban haciendo la colada y comenzaron a cantar, tal como hacían en su casa isleña. Al escucharlas, el marido de Hanitra se acercó a ellas, totalmente sorprendido: ”Pero… pero… tú siempre has cantado así…!!!???”.
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Al principio ayudó muchísimo que su marido, Ian Anderson (no, ése que piensas, no), fuese el editor de la revista “Folk Roots”. Movió algunos hilos y sugirió que las hermanas hiciesen una grabación a capella, incluso aparecieron en la BBC haciéndolo. Pero no era eso lo que querían. Hanitra quería hacer otra cosa mejor; ella se había dado cuenta de que en Inglaterra no había discos de música tradicional malgache, así que le dijo a su marido que grabarían uno. Su madre se iba a volver loca; las mujeres no lideran bandas en Madagascar, donde la música es una parte de la vida, no está separada de ella y no existe el concepto de música como algo por lo que te pagan cuando la haces; no existen salas de conciertos ni nadie gana dinero con la música. Ellas iban a ser las primeras…
Y a su país se fueron; las hermanas formaron equipo con un par de músicos experimentados en tocar para los reyes de las distintas tribus, y nació TARIKA SAMMY. Con esta formación grabaron dos discos que fueron ámpliamente apreciados en los paises del primer mundo, pero que no les reportaron ni un puñetero duro de beneficios. Eso y las diferencias culturales entre ellas y ellos hizo que el grupo se disolviese, aunque los otros músicos siguieron conservando el nombre, al fin y al cabo significaba “el grupo de Sammy”, para eso Sammy era el “jefe” a pesar de que todas las composiciones e ideas fuesen de Hanitra, una mujer.
Pero la interrupción no duró mucho. Hanitra conservó a su lado a Noro y reclutó a Donné y Solo, que tocaban instrumentos tradicionales como el marovany (parecido a una cítara), la valiha (otra especie de cítara de bambú), el jejy voatavo (otra diferente, hecha con una calabaza) y el kabosy (la guitarra malgache), y a Ny Ony, un guitarrista que ya tenía experiencia en algo parecido a una banda de pop local que tocaba “salegy”, una especie de afropop originario de esta isla de Madagascar. La nueva banda se llamó simplemente TARIKA, “el grupo”.
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Hanitra modernizó su sonido con estas guitarras añadidas y usaba a la vez instrumentos tradicionales de toda la isla. En Madagascar no había ninguna otra banda como ellos. Su primer disco, “Bibiango”, consolidó sus expectativas musicales y marcó el camino a seguir: brillantes punteos de guitarra, maravillosas armonías y canciones irresistíblemente exuberantes. El segundo, “Son Egal”, era un trabajo abiertamente político, que pudo haberles llevado directamente hasta la primera división de la “world music”. Sin embargo, las buenísimas críticas obtenidas no vinieron acompañadas de ventas tan buenísimas.
Este “Son Egal” es el mejor de los que grabaron y el más comprometido, así que merece la pena que nos detengamos un poco más en él y en como Hanitra quiso sacarlo adelante. Ya en sus anteriores discos había tratado temas tan controvertidos como la situación de la mujer en Madagascar (¿sabíais que las mujeres malgaches debían tener 14 hijos, y si no, eran consideradas inservibles?), o la poca atención que los occidentales prestan a los habitantes de la isla en comparación con los animales salvajes que también la habitan, pero en este nuevo disco se tiró directamente a la yugular de los políticos.
¿Puedes oír la canción del fantasma?
Es un sonido de súplica, un sonido de tristeza.
Escucha, por favor, escucha.
Cuenta la historia de los traidores
Que vendieron a su país por dinero.
Tenemos que usar a nuestros mayores como medicina.
Escúcha, por favor, escucha.
Ellos son el puente que nos guía en la búsqueda de la verdad.
Esa verdad que es tan difícil de encontrar
Porque ha sido cubierta por leyes promulgadas para disfrazarla.
Mis lágrimas y mis rezos.
Escucha, por favor, escucha.
De todos los mártires que murieron sin reconocimiento.
¿Qué ha sido de ellos? Solo polvo…
¿A quien le importa? ¿A quien le preocupa?
¿Robar mis huesos?
¿Quemar a mis antepasados?
Desde que la tierra es mía, he vuelto.
Y te cazaré. Tendrás pesadillas.
Te haré llorar. Te cazaré.
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Ahora, en 1.997, justo hacía cien años que los franceses exiliaron a la última reina malgache para tomar el control del país y de sus riquísimos recursos naturales, asesinando e intimidando a la población con tropas senegalesas (aunque eran negros de muchas nacionalidades en realidad) entrenadas específicamente para que fuesen sanguinarios, lo que ha hecho que para los malgaches la palabra “senegalés” tenga connotaciones parecidas a la que tiene para nosotros la de “sacamantecas”; de hecho, las mamás del país acunan a sus hijos diciéndoles “duérmete niño, que viene el senegalés y se lleva a los niños que duermen poco”. Y también hace justo cincuenta años de las primeras elecciones (más o menos) democráticas, que ganaron los independentistas moderados.
El medio siglo de dominación francesa entre una fecha y otra es un periodo que ha sido casi tabú en la historia de la isla, y Hanitra estuvo casi dos años investigándolo; realizó viajes exhaustivos a las aldeas y pueblos del interior más profundo del país para entrevistar a testigos vivos (ya bastante ancianos) que le contasen aquello de primera mano; entrevistó también a historiadores de todas las ideologías, espurgó archivos… y descubrió que los senegaleses, aparte de su salvajismo, en realidad también habían formado tanta parte de la isla como los propios franceses, se habían interrelacionado con sus habitantes, se habían casado y tenido hijos unos con otros. Y ya iba siendo hora de que se curasen las heridas de la historia, por el bien de las generaciones más jóvenes. Además vió que esas tropas de “senegaleses” en realidad estaban compuestas de hombres de muchas nacionalidades, todos negros y aparentemente iguales, eso sí, a los que los franceses entrenaban en Senegal; solo que cuando los franceses daban las órdenes de saquear, violar y matar, los malgaches solo entendían la palabra “senegalés”…
También aprendió que la historia que les estaban enseñando estaba tergiversada y manipulada por los políticos corruptos y los hombres de negocio sin escrúpulos que mantenían al país de rodillas.
En francés “Son egal” significa “igual sonido”, y tiene igual sonido que “Sonegaly”, que en malgache significa “senegalés”… era hora de la reconciliación.
Todo mi cuerpo sufría un escalofrío
Cuando escuchaba las historias de las torturas por los senegaleses
En los periódicos, incluso en internet.
Los senegaleses nos golpeaban, nos flagelaban dolorosamente,
Violaban a nuestras mujeres, saqueaban nuestras propìedades.
Oh, si. ¿Cuándo comenzaremos a distinguir
Entre el bueno y el malo, entre lo cierto y lo equivocado?
Si, las mejores tácticas de los extranjeros
Para manipular a los negros
Es enfrentarlos entre ellos.
Porque los senegaleses también fueron golpeados,
Plantando cara hasta la muerte
Luchando por su independencia.
Obediencia o baño de sangre,
Los heridos eran dejados a su suerte,
Y nosotros fingíamos no verlos.
Oh, sí. ¿Sabes que hay millones de cuerpos muertos
Yaciendo bajo nuestros bosques?
Oh, sí. ¿Crees que nosotros, los negros,
Lucharemos de nuevo unos contra otros?
Las famosas órdenes a los sengaleses
Las tuvimos que soportar nosotros.
¿Pero quieres mantener la lucha todavía?
¿O mantener el rencor para siempre?
Han pasado cincuenta años.
Cambiemos las formas
Con que nos engañan los políticos.
Que no haya más derramamiento de sangre.
Porque la sangre de nuestros antepasados es sagrada.
Nuestra tierra se convertiría en un desierto
Donde solo podríamos mirarnos unos a otros.
Oh, sí. Hay demasiados que relucen en apariencia,
Pero no tienen cerebro, ni alma!
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El siguiente disco que grabaron, “D”, fue un paso atrás en su compromiso político y estaba dirigido directamente a las pistas de baile, recreando para ellas los más conocidos éxitos malgaches de las últimas tres décadas. Seguramente fue el intento de hacer una jugada comercial, pero aunque Tarika se había convertido en una exótica máquina para bailar, Hanitra hablaba elocuentemente de este disco como un tributo a los músicos malgaches y a las melodías que ella misma escuchaba cuando era joven. La verdad es que se lo curró bastante también; rastreó entre montones de singles antiguos y rayados, y entre cintas compradas en los mercadillos. Aquello también era la historia de su país, y quería darla a conocer a todo el mundo.
Pero la jugada no tuvo éxito y el disco fue otro fracaso comercial. Tarika habían hecho todo lo que podían hacer, y habían alcanzado su techo: habían hecho discos, esparcido su mensaje, recibido premios, escalado las listas de éxitos… pero financieramente la banda era una pérdida absoluta de dinero. Hanitra, la principal artífice de todo, sin saber exáctamente cómo había llegado a este extremo, se encontró de la noche a la mañana en bancarrota. Y amargamente tuvo que reconocer que nunca iba a ser capaz de ganar dinero con la música después de todo.

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…pero se equivocaba. Al quedar libre de compromisos con su banda comenzó a recibir llamadas de otros músicos africanos que sí sabían valorarla, para pedirle colaboraciones. Estuvo de gira con Oumou Sangare, Sally Nyolo, Sibonghile Khumalo… y se encontró con fondos suficientes para un nuevo proyecto más ambicioso aún que los anteriores: la búsqueda de sus raices.
Aunque los malgaches viven en África y se sienten africanos, en realidad sus origenes se remontan a hace 1.500 años en que llegaron a Madagascar los primeros habitantes malayos y polinésicos que venían desde Indonesia. Y a ese país se retiró Hanitra en busca de pistas de sus ancestros. Las ideas e historias que aprendió allí las volcó en su último disco, “Soul Makassar”, grabado de nuevo con su banda Tarika, pero acompañada esta vez de un sin fin de músicos indonesios para darle más luminosidad al variado e inextinguible tesoro musical que se trajo.

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Corría ya el año 2.001 y todo comenzaba a florecer de nuevo, incluso económicamente también esta vez. La revista “Time” los votó como una de las 10 mejores bandas del mundo junto a grupos como U2, Radiohead o Portishead, y en septiembre se encontraban en New York para comenzar una gira mundial que por fin les iba a colocar en el mundo.
Pero a los árabes se les ocurrió derribar el World Trade Center y las ilusiones de Tarika se vinieron abajo junto a las torres gemelas. Las fronteras se cerraron, las condiciones para moverse por los USA y todo el mundo se volvieron muy difíciles para negros africanos que solían vestir túnicas, chilabas y ropajes que “olían” a musulmán.
Actualmente Hanitra reside en Londres tanto tiempo como en su país dirigiendo documentales; instigando proyectos que aparten a los jóvenes de la droga, la prostitución y la mendicidad y los acerquen a la educación y al conocimiento de los instrumentos musicales tradicionales de Madagascar; y ensayando esporádicamente con músicos de una y otra de estas dos partes del mundo, resistiéndose a abandonar sus sueños de convertirse en una estrella del pop tan creíble como bailable.
Aquellos que lucharon en 1947,
¿por qué nos prohibís que hablemos de ellos?
Podríamos celebrar su valor
En vez de tantas quejas y muerte.
La llegada de los extranjeros hace cien años.
¿Quereis celebrar ese aniversario?
¿No os dais cuenta de que exiliaron a nuestra Reina?.
¿Por qué quereis hacer fiesta en esa fecha…?
Todo está cabeza abajo.
¿Qué está pasando aquí?
¿Los que intentan hacer las cosas bien
son los únicos que van a ser condenados?
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El primer disco que grabó, llamado como él mismo, contó en la producción con el famosísimo Eddie Kramer, que ya había trabajado en discos de Led Zeppelin y Jimi Hendrix. Jobriath, que tenía un alma romántica, le pedía orquestaciones como las de las películas antiguas, y aunque al principio Eddie no estaba de acuerdo, no tuvo más remedio que aceptarlo cuando el propio Jobriath, a base de estudiar en libros, le presentó algunas partituras de buena calidad y regusto añejo. Las grabaron en Londres, con un enorme piano de cola y una orquesta de 55 miembros.
Dado que Jerry Brandt lo había anunciado de forma tan escueta y contundente como “Elvis, The Beatles, Jobriath”, las críticas en las revistas fueron sensiblemente positivas. 
En vez de en París, Jobriath y su banda debutaron en “The Midnight Special”, un programa de televisión de gran audiencia, dirigido sobre todo a televidentes de mediana edad que no entendieron casi nada, y King Kong se quedó en un cantante vestido con el traje de aros que podeis ver ahí al lado, que más que un extraterrestre sugería un apicultor vestido para trastear entre las colmenas.
Así y todo se intentó una gira por los USA, fallida porque en lugares como el Nassau Coliseum no les dejaron tocar por bujarrones… y eso que aquello estaba en New York, imagínate en los estados del sur. Y el cada vez más aburrido y desencantado Jerry no pudo más y les abandonó en plena gira cuando Jobriath, en uno de sus bajonazos, le acusó de haberse quedado con los fondos que la compañía adelantó para grabar el segundo disco y gastárselos en la apertura de su nueva sala de conciertos, el Erotic Circus. Seguramente algo de cierto habría en ello, porque Elektra Records les echó a los dos de la discográfica sin contemplaciones.

Alquiló varios Minis de diferentes colores para transportarlos a todos al estadio, poniéndose al frente de la caravana él mismo a bordo de su Rolls Royce tuneado de deslumbrantes dorados. Al pasar por una iglesia que les pillaba de camino, Andrew decidió que no estaría mal un poco de apoyo espiritual y decidió parar.


Como muchas otras ciudades Tong fue atacada por las fuerzas gubernamentales del norte, buscando rebeldes del SPLA. Algunos de los primeros recuerdos de Emmanuel son de extrema violencia: ver a su madre siendo golpeada, a su tía y sus hermanas mayores siendo violadas. Su padre se unió al SPLA después de que muchos de sus amigos fuesen asesinados y sus familiares se hubiesen convertido en refugiados, buscando amparo por las noches bajo los árboles de las orillas del Nilo Blanco.

Cuando el presidente de Etiopía, y simpatizante del SPLA, Mengistu Haile Mariam, fue derrocado en 1.991, Emmanuel y los niños soldados fueron forzados a retirarse de este país y volver al sur del Sudán. En este momento, el niño de 11 años era ya un soldado veterano. Mientras más al sur se aventuraba el SPLA, más se intensificaban los combates. Cuando los niños capturaban a un soldado musulmán, se divertían dejándolo seco con sus machetes. Si en el combate la cabeza de alguno de los niños explotaba, los demás se partían de risa. Tenían que mantener el miedo dentro de ellos, no dejarlo salir. Lo peor ocurrió en la ciudad de Juba, donde a los niños soldados se les ordenó atacar posiciones enemigas, y para llegar hasta ellas tenían que atravesar un campo de minas, con un helicoptero además disparándoles desde el aire. Aquí Emmanuel ya no pudo tragarse más su miedo; podía ver al enemigo, pero casi todos a su alrededor estaban muriendo.
McCune fue una figura controvertida, principalmente debido a su matrimonio con Riek Machar. En su biografía, que escribió en el 2.004 la periodista americana Deborah Scroggins, “La guerra de Emma”, ésta describe a McCune como una mujer frívola, tan entusiasmada por los hombres africanos como por los problemas de la región y, de algún modo, cómplice silenciosa de la masacre dirigida por Machar en Bor, al sur del Sudán, donde 2.000 nativos de la tribu Dinka fueron asesinados por ser leales al comandante del SPLA rival suyo, John Garang. Puede que eso sea solo propaganda; lo que sí es cierto es que Emma adoptó niños Dinka de Bor y los metió en la escuela.



. Eran una extraña pareja a simple vista. Una vez casados se instalaron en Florida, cerca de Cabo Cañaveral, y allí, en medio del estallido de energía militar que el país estaba experimentando, vino al mundo Jimmy, que fue conocido por ese nombre durante toda su vida entre su familia y sus conocidos más cercanos.
Es algo muy aceptado entre el criterio de los expertos que los niños de las familias de militares están más expuestos a los riesgos de problemas sociales de muchos tipos y de trastornos sicológicos. No tienes más que ver la cantidad de veces que esta familia se movía de un lugar a otro y el corto tiempo que permanecía en ellos; Jimmy ya había vivido en cuatro lugares diferentes antes de cumplir los cuatro años. Esto hacía muy difícil que Jimmy estableciese amistades. A eso hay que unirle que el padre, militar ambicioso, estaba casi siempre fuera de casa, en el mar, por lo que fue su madre la que se llevó prácticamente todo el trabajo que implica criar a unos hijos y eso le afectaba; se sentía desarraigada, y sus problemas emocionales le llevaban muchas veces a abusar del alcohol. Esta falta de estabilidad engendró en Jim un desasosiego físico y una alienación tan profunda que permaneció dentro de él durante toda su vida. El Jim Morrison adulto nunca sabía donde iba a dormir cada noche, y además lo prefería así. Incluso cuando comenzó a vender a manos llenas el “Light my fire” y los cheques de royalties abundaban nunca se compró una casa ni alquiló un apartamento, en lugar de eso prefería vivir con sus novias esporádicas, pasar noches en hoteles, o simplemente echarse a dormir en el sofá de las oficinas de los Doors.
Entre 1.956 y 1.958 los Morrison vivieron en una casa enorme con una torre eduardiana, en una urbanización de Alameda llena de vecinos ricos donde la madre podía desarrollar una gran vida social. Jimmy tenía una habitación para él solo en el ático de esa casa, donde se encerraba para escuchar continuamente a Elvis y Ricky Nelson mientras su madre, escaleras abajo hacía lo propio con Harry Belafonte, Frank Sinatra y las bandas sonoras de los musicales de Broadway, “Pacífico Sur”, “My fair lady”… el virus de la poesía beatnick infectó también para siempre a Jimmy entre aquellas paredes antiguas.
Para finales de 1.958 la escuela ya le interesaba mucho menos que los clubs donde solían leer los poetas beatnicks de San Francisco. A través de ellos descubrió a los poetas simbólicos franceses, a los maestros del Zen, se aficionó al jazz y a las drogas; el budismo y el inconformismo eran sus religiones preferidas; Kerouakc, Burroughs y Ginsberg sus escritores de cabecera. Para él no eran ciudades, San Francisco era la poesía, New York era el jazz y París era la filosofía. Cuando Jimmy y su amigo Fud (sí, por fin hizo uno) iban a la ciudad su primera parada era en una librería donde vendían “libros prohibidos” y todo olía a sándalo. Luego iban a comprar discos con monólogos de Dylan Thomas, de Lenny Bruce, discos de
Solitario, deprimido y aislado de su familia, Jimmy adquirió la costumbre de quedarse hasta altas horas de la noche escuchando una emisora local (“Radio Biblia”, su nombre lo dice todo) en la que predicadores evangelistas impregnados del espíritu del Profundo Sur amenazaban con el fuego eterno del infierno, y una emisora nacional de onda media en la que los nuevos disck-jockeys se empeñaban en hacer llegar el nuevo rock and roll desde el Norte hasta el confín más sureño de los USA. Los predicadores le deprimieron tanto que hasta llegó a pensar seriamente en el suicidio… pero siempre estaba allí Bo Diddley (a quien Dios tiene en su Gloria desde hace solo unos días) para salvarle la vida.


Doc Pomus nació en 1925 en un barrio judío de Brooklin, dentro de un clan que esperaba que el nacido fuese un gran abogado, o al menos un gran contable. Pero la vida no trató muy bien a Doc, la polio le condenó a una niñez penosa y solitaria. Y la única medicina que le hacía seguir a delante era el blues. Doc probó su primera dosis a los 15 años, cuando escuchó el “Piney Brown Blues” de Big Joe Turner. Doc a menudo hablaba en las entrevistas de aquello como “una transformación”. Para él, esa era la forma en que la música tenía que sonar. Y decidió que la música iba a ser su vida. Comenzó cantando en clubs negros e incluso llegó a grabar una canción, “Heartlessly”, para Dawn Records; el famoso disc-jokey Alan Freed empujó la canción y la RCA la editó, pero no se vendió apenas, desde luego nada comparable a lo que vendían los artistas negros que como Jimmy Justice, por ejemplo, grabaron posteriormente sus canciones.

Doc Pomus estuvo desde entonces a menor nivel, hasta 1.978, cuando Dr. John le sonsacó hasta conseguir que escribiese a medias con él dos de sus LPs, “City Lights” y “Tango Palace”. Fué también por esa época cuando comenzó a trabajar con Willy de Ville, junto al que grabó tres canciones para su disco del año 79. “Le chat bleu”.
Doc solía decir que cuando él comenzó a escribir blues para artistas negros, era “demasiado joven, demasiado deslumbrado y demasiado estúpido” para intimidarse. Y siempre se sentía en el séptimo cielo cuando un gran bluesman cantaba una de sus canciones. Una noche, en 1.981, B. B. King entró en unos estudios de Manhattan para grabar una de las últimas canciones de Doc, “There must be a better world somewhere”. Doc tuvo problemas con su furgoneta y no pudo asistir a la sesión de grabación, por lo que estaba enormemente cabreado. Pero a las 3 de la mañana sonó su teléfono; era una llamada del productor de la canción, Stewart Levine, diciéndole que cuando B. B. King se estaba aprendiendo la letra comenzó a llorar y estuvo así casi una hora. Cuando se repuso dijo que por fin “había comprendido”, que él sabía lo que Doc estaba diciendo. Grabó la canción en una sola toma y ganó un Grammy.

Julie dejó las Hébridas a los 13 años, cuando su familia se instaló en Escocia, pero vuelve regularmente a su pueblo natal a visitar a su familia y amigos y, sobre todo, a buscar e investigar en más canciones ancestrales. Y sus antiguos vecinos se prestan a enseñárselas de forma admirable, a pesar de las dudas que tenía la propia Julie sobre si no la considerarían como una oportunista sin escrúpulos dispuesta a ganar dinero a costa de ellos.
Este éxito la ha sorprendido, porque nunca planeó que fuese así, pero cuando las cosas se hacen honestamente y son genuinas no es extraño que lleguen a la gente, y ésta responda de forma satisfactoria. Y, al contrario que otras muchas bandas y músicos que están en la mente de todos, Julie Fowlis no está intentando ser algo que no es.