Atrapado por el blues de Memphis
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POR FAVOR, QUE ALGUIEN DISPARE SOBRE EL PIANISTA
Carrascus

Pues este sábado me ha tocado currar, y los días anteriores hemos andado bastante liados por asuntos relacionados con las certificaciones de normas medioambientales de la nueva clínica, con lo que no he podido disponer a gusto de mi tiempo. Si a eso unimos que nuestro querido Ambrosio ha apostatado nuevamente del bloguerismo musical y me ha dejado solo ante el peligro, la consecuencia es que el post que teneis aquí hoy es un refrito. Pero no os preocupeis porque es de los tiempos del “Replicante” y será nuevo para la inmensa mayoría de vosotros. Lo escribí poco después de la muerte del compositor Ligeti, y como parece que habeis pillado la senda de la ironía y las risas, pues vamos a seguir por ella… que se note que semos iconoclastas…

El bar en el que entramos estaba completamente lleno de humo de cigarrillos, y todo lo que había en él estaba recubierto de la pátina que da la niebla de nicotina con el paso de los años. Excepto la máquina de discos.

El jukebox era nuevo y estaba reluciente. Con su alegre y brillante pantalla de LCD que te invitaba a acercarte. Cuando lo hacías veías que la música no venía de discos ni de CDs almacenados en su interior, sino de una inmensa base de datos de algún lugar del ciberespacio.

Fuimos a pedir las copas. El bar estaba lleno y nos tuvimos que acodar en la barra. Después del primer sorbo prestamos atención a la canción que estaba comenzando a sonar. Nacía muy lentamente… un murmullo bajo punteado por simples notas de piano, como tanteando el terreno… “ting… ting… ting…”

-¿Alguno de vosotros ha escuchado esta canción antes? –dijo uno.

Antes de contestar esperamos para oír un poco más de la canción. Pero no había más. Solo “ting… ting…”. Y otra vez “ting…”

-¿Antes, cuando? –preguntó otro.

-Qué sé yo… antes.

Olvidamos un momento las cervezas mientras tratábamos de pensar, de recordar. Todos estábamos mirando sin ver, mirando más allá… la verdad es que la canción venía perfectamente de fondo para mirar más allá… “ting…”

La última canción que recordaba que hubiese estado sonando en el jukebox era una de los Pixies, pero eso fue hace rato, cuando entramos y estábamos pidiendo las birras. Esta nueva canción, nos dimos cuenta, había estado sonando desde entonces, continua e ininterrumpídamente proporcionando un ambiente monótono y “tings” aleatorios durante casi diez minutos ya. Sonaba como un fondo musical excelente para terapia acuática, pero no como fondo de interés para la clase de gente que solíamos frecuentar ese bar.

Uno de nosotros fue a mirar la pantalla.

-Bueno, eso lo explica todo –nos comentó al volver.- Es una pieza de Ligeti. Una cosa que se llama estudio para piano libre número nosecuantos.

Yo no es que supiese demasiado sobre Ligeti. Sabía que era un artista muy innovador y arriesgado, que solía poner música a algunas películas de Stanley Kubrick. Había leído también algunas cosas sobre sus composiciones en las que experimentaba con metrónomos a diversas velocidades y músicos que tocaban notas diferentes. Un montón de cosas que, técnicamente hablando, no era música para consumidores de rock.

“Ting… ting… ting…”

Un momento después una chica se acercó a la máquina y se puso a mirar la pantalla muy fijamente.

-¿Esto se ha quedado pillado? –preguntó. -¿O rayado, o… algo?

La chica se cansó y se fue. La canción continuó incansable…

Apuramos lo que nos quedaba de la cerveza. En la tele había un partido de la NBA con el volumen quitado y algunos de nosotros intentamos mirarlo un poco. Pedimos otra ronda. Yo, mientras, me fui a mear. Había cola y tardé un rato en volver.

-¿Todavía está sonando eso, tío? –Pregunté para nada, porque obviamente lo estaba escuchando… “ting… ting… ting…”

La gente se revolvía en sus asientos y miraba hacia el jukebox y luego miraba el reloj que había al lado de los neones con el nombre del bar. Me fijé en una tía que había en una mesa casi al otro lado del local e intenté leerle los labios. No pude saber casi nada de lo que decía, pero sí aprecié positivamente que algunas de las palabras que dijo fueron “canción” y “dios mío”. La canción llevaba ya 25 minutos sonando del mismo modo en el que había comenzado, solo que de algúna forma, no sé por qué, ahora parecía que sonaba peor… “ting… ting…”

Dos tipos se dirigieron hacia el jukebox con cara de mala hostia. Se pusieron a mirarlo como si buscaran el sitio donde darle la patada.

-¿Quién ha puesto esto? –dijo uno de ellos. – ¿Es música de yoga o algo…?

Miraron alrededor mientras preguntaban, pero ninguna de las veinte o treinta personas que estaban en las mesas cercanas dio muestras de ser quien había seleccionado aquella canción de yoga de más de veinte minutos, que a estas alturas amenazaba con convertirse en una canción de yoga de más de treinta minutos.

-¿Cuándo coño va a empezar a sonar lo que yo he elegido? –gritó otro tío desde una mesa de más allá.

Pero solo era un pregunta retórica. No había respuesta. Los que bebían fuera iban a su bola, pero entre los que estaban dentro del bar se iba apreciando una propensión mayor de lo normal a agitarse nerviosamente y a despegar compulsivamente las etiquetas de sus botellines. Los que estaban jugando a los dardos también parecían clavarlos fuera del panel con demasiada frecuencia… “ting… ting… ting… ting…”

-¿Dónde vamos a ir a tapear algo? –pregunté sin mucha convicción. Estábamos ya en la tercera ronda de cervezas.

El de mi lado sacudió la cabeza.

-No nos podemos ir.

O se quería quedar allí hasta terminar la canción, o la canción estaba haciendo que para nosotros fuese física e inexplicablemente imposible abandonar el bar, como en la peli de Buñuel en que nadie puede abandonar la cena. Imagina una cinta de Moebius en la que hubiesen grabado el sonido de unas uñas arañando una pizarra… así nos hacía sentir este estudio para piano libre después de 45 minutos. Todos los que estábamos en el bar comenzábamos a sentirnos como rehenes de la máquina de música.

-Yo he metido un euro en el chisme ese –se quejaba un chaval sentado en una mesa cercana.

-Eso no está bien –dijo un tío con barbas, un poco más allá. -Esto es un coñazo.

Otros cuatro tíos más se acercaron a investigar en el jukebox. Estaban mirando por los cuatro costados de la máquina buscando un botón o un interruptor o algo. Los demás mirábamos. Se oyó un grito.

-Apagadlo y ya está!!

-Ni hablar –dijo la camarera con cara de cabreá, mirando a todos los que andábamos cerca, que nos quedamos callados. –Alguien ha metido dinero para escuchar esta canción. Así que vais a dejar sonar esta canción. –Y añadió amargamente –¿Os digo yo que la apaguéis cuando ponéis la mierda esa de rap…?

“Ting… ting… ting…”

Los cuatro tíos se alejaron de la máquina. La pieza de Ligeti iba a continuar sonando toda la noche. O eso nos temíamos.

Después de una hora y cincuenta segundos los “tings” pararon de pronto, y el murmullo bajo dejó de oírse. Y después de un momento de profundo silencio… todo el bar estalló en un atronador aplauso!!!!!

Todo el mundo miró hacia la pantalla del jukebox… para leer el nombre de cualquier canción… de cualquier duración… daba igual…

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Solo un poquito, para que os hagais una idea

Categorías: Simple twist of fate -

10 Comments

  • El dia 27.01.2008, Red River dijo:

    Cielos, carrascus, y de verdad se encuentra usted bien?
    Necesita que le visitemos?
    Va a reponerse?
    A su entera disposición para lo que precise.

    • El dia 27.01.2008, Glauca Maria dijo:

      Me encantan los refritos…

      Lo que necesite ya sabe, a mandar querido Carrascus.

      • El dia 28.01.2008, atikus dijo:

        Es lo que pasa cuando se deja libertad de elección jaja!!!…bueno tengo aspirinas, espidifen, etc, lo que necesite Carrascus!!!, …

        la maquinita no sufrio desperfectos no???

        • El dia 28.01.2008, carrascus dijo:

          …uno se puede imaginar al que programó la pieza, sentado en un rincón, bebiéndose su Heineken, con sonrisa irónica y divertida mirando a los demás…

          Muchas gracias por sus ofrecimientos… esta semana está el trabajo más tranquilo y en la tarde de ayer ya incluso casi perfilé el nuevo post. Así que no hay problema. De todas formas, Glauca, ya que se ofrece, a ver si pincho en la firma que hay en su blog, que abre su correo, y le envío una nota con una proposición.

          • El dia 28.01.2008, Microalgo dijo:

            Lo recuerdo, lo recuerdo perfectamente. De hecho, me estaba un poco dedicado este post…

            Pero lo he vuelto a leer con sumo placer.

            Ah, qué ha sido del barroco. Hoy en día, Patrick Cassidy y poquito más.

            Tch.

            • El dia 28.01.2008, Glauca Maria dijo:

              Cuando gustes Carrascus.

              • El dia 28.01.2008, Maese Rancio dijo:

                Como diría el del chiste del amoniaco con los lagrimones como fundas de guitarra corriéndoles mejillas abajo: “Pues a mí me gusta”.

                • El dia 29.01.2008, dama dijo:

                  Pues yo no oigo nada, posiblemente serán mis oidos..

                  • El dia 30.01.2008, carmen dijo:

                    Pues pensé que era mucho peor al leer la descripción! Pero el sonido no está mal…. qué va… Vale que no para escucharla durante una hora en un bar… pero no me desagrada nada nada nada

                    • El dia 30.01.2008, carrascus dijo:

                      Hombre, Carmen… un poquito no está mal… pero para andar escuchándolo en un bar durante una hora y cincuenta segundos… hay que tener un puntito masoca.

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