PIONERAS

Dicen que Cuba no ha conocido años suaves desde su independencia, pero aquel 1932 resultaba especialmente desacogedor en la isla caribeña. La crisis del 29 había echado por tierra los precios del azúcar, principal exportación cubana a los USA, y la ruina se palpaba en el aire. El General Machado, a la sazón elegido Presidente de la República de Cuba con una Constitución hecha a medida, se encontraba con lo que era “de facto”, una guerra civil dentro de sus fronteras, que sólo pudo ganar temporalmente con la ayuda de las tropas norteamericanas. Eventualmente, en el año 1934, Machado abandonaría Cuba, pero los gobiernos despóticos y las corrientes revolucionarias seguirían conviviendo aún por muchos años más.

En medio de este panorama, viendo que sus planes para convertirse en dentista habían sido abortados por el cierre de la Universidad y que su propia familia había quedado arruinada por la crisis, la jóven Concepción “Chuchito” Castro (1907-1982) supo darse cuenta de que la gente tenía más necesidad que nunca de entretenimiento, por lo que reclutó a dos de sus diez hermanas (Caridad “Cachita” y Ada), así como a otras tres amigas más (Berta Cabrera, Isabel “Beba” Alvarez y Elia O’Reilly) formaron el llamado Sexteto Anacaona, así llamado en honor a una divinidad local de tiempos precolombinos. Conseguir el permiso paterno de papá Castro fue lo peor: la idea de tener a sus hijas, cuya ascendencia china resultaba más que patente, y alguna de ellas menor de edad, frecuentando los clubs nocturnos de La Habana, no le hacía la más mínima gracia, acostumbrado como estaba a pensar que todo lo que fuese alejarse de la cocina acabaría conduciendolas a algún burdel.

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Orquesta Anacaona – “Algo bueno”

Pero la música ya formaba parte desde siempre de la familia Castro, en aquellas reuniones familiares donde las once hermanas (al menos las que tenían edad para agarrar un instrumento) se reunían para hacer música en el porche familiar, y en las que siempre se agregaba algún vecino. Y hacía falta el dinero. Así que el Sexteto Anacaona debutó en enero de 1932 en los micrófonos de Radio Bellavista. El problema es que les faltaba el instrumento más importante para el son: la trompeta. En aquella aparición radiofónica consiguieron el apoyo del mejor trompetista de su época, Felix Chapotín. Pero aquello no dejaba de ser una solución transitoria, y habría que buscar algo más estable para poder cumplir con la demanda de los numerosos Cafés al Aire Libre de la Habana que querían atraerse a un grupo tan impactante.

Entra en escena Ondina Castro, el auténtico torbellino de la familia, quien tuvo que aprender a manejar el instrumento a marchas forzadas. Antes de terminar el año, el Septeto Anacaona, la primera banda cubana constituída íntegramente por chicas, debutaba en el Teatro “Payret” de La Habana. Probablemente las reticencias de papá Castro se desvanecieron en cuanto pudo contemplar a sus hijas, en febrero de aquel mismo 1932, compartiendo cartel en el “Teatro Principal de la Comedia” con las más grandes figuras de la época: María Cervantes, Rita Montaner, Ernestina Lecuona y el Septeto Nacional.

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Orquesta Anacaona – “¡Oh, Marambé Marambá!”

El éxito fue haciendo que a lo largo de 1933 y 1934 se incorporasen más hermanas al grupo, cada una tocando más de un instrumento: Emma, Ada, Flora, Olga “Bola”, Alicia, Ziomara, Argimira “Millo” y Yolanda (las más jóvenes se limitaban al inicio a pasearse entre el público vendiendo tarjetas postales de la banda). Tras el Septeto vendría el Octeto y después decidieron dejarlo en, simplemente, Orquesta Femenina Anacaona, evitando así tener que contar el número de músicos presentes en cada actuación. Para entonces, Ondina ya impresionaba al público con su experto dominio del instrumento que le obligaron un día a aprender: “Mi padre se agarró un buen enfado cuando descubrió que el dinero que me daba para clases de trompetas con Lázaro Herrera me lo gastaba en helados y dulces, pero yo sabía que no necesitaba ningún profesor” . La incorporación más relevante, sin embargo, sería la de la vocalista Graciela Pérez, futura Reina del Mambo, quién pondría la voz en las únicas piezas del grupo que se conservan hoy en día. Con esta formación, la Orquesta Femenina Anacaona rompería los límites del son cubano e incorporó nuevos ritmos a su repertorio: Foxtrot, swing, jazz…

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Orquesta Anacaona – “Después que sufras”

La fama del grupo pronto desbordó los límites de La Habana, y en 1935 ya andaban tocando por Puerto Rico, y al año siguiente Mexico, y en 1937 Nueva York, donde fueron inmediatamente fichadas por RCA-Victor para publicar tres discos, y mantuvieron una residencia de varias semanas en el club “Habana Madrid”, que dejaron poco después para irse al mismísimo Waldorf-Astoria. Entre sus admiradores de la época se encontraban Tommy y Jimmy Dorsey, Harry James, Buddy Rich, Gene Krupa…los gusanos con más ritmo de la Gran Manzana. A su regreso a La Habana, en junio de 1937, grabarían en los estudios de RCA Victor allí enclavados las piezas que ilustran el artículo, y que nos transmiten una buena idea del sonido de estas chicas en un buen día (los discos, como todo en esos días, se grababan en directo en el estudio, sin muchas posibilidades para repetir).

¿Qué más les quedaba a las hermanas Castro tras Nueva York? Paris, por supuesto. En 1938, reducidas temporalmente a un septeto (con los vientos de guerra que soplaban, las menores de edad se quedaron en Cuba), Anacaona se presentaba como la nueva sensación en el mundo del jazz en el lujoso restaurante-cabaret “Les Ambassadeurs” de los Campos Eliseos, y posteriormente en la boîte “Chez Florence” de Montmartre, alternandose con Reindhart y Grapelli. Poco más de doce meses después, los cañones alemanes pusieron su propia banda sonora, pero para entonces las hermanas ya se encontraban de vuelta en La Habana.

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Orquesta Anacaona – “Bésame Aquí”

La Habana no sería, sin embargo, más que un puerto más durante los años de la Segunda Guerra Mundial y siguientes, en los que la Orquesta se embarcó en giras por toda América, desde Broadway a Tierra del Fuego, desde Maracaibo al Copacabana. Para entonces, muchas de las hermanas habían encontrado otra vocación y abandonado el grupo. Es el caso de Millo, la principal atracción de la Orquesta, un prodigio de los bongos con sólo 15 años (Dizzy Gillespie llegó a proponerle unirse a su banda, propuesta que declinó para proseguir con sus hermanas), que en 1953 abandonó la banda, de la cual era principal atracción, para casarse y vivir en Alemania. Los años de postguerra vieron un cierto agotamiento en el modelo de la Orquesta, que fue perdiendo progresivamente fuelle. A partir de los años 60, con la actual dictadura ya en marcha, las hermanas pasaron a ser, literalmente, piezas de museo, viendose relegadas a desarrollar su actividad dentro del Centro Provincial De La Música Tradicional “Ignacio Piñeiro”, lo que supuso el final del grupo, más por agotamiento que otra cosa.

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Orquesta Anacaona – “Amor Inviolado”

En el nuevo siglo, tres de las hermanas supervivientes de aquellos días, Alicia, Ada y Ondina, todavía habitando la vieja casa familiar de sus padres, en el distrito Lewton de La Habana, confiesan verse gratamente sorprendidas por la acogida que tanto el DVD como el libro recientemente publicados sobre Anacaona han tenido. Al cabo de los años, se está empezando a reconocer que la elaboración del son cubano, como lo conocemos hoy, no sólo ha sido cosa de hombres, aunque ciertamente éstos (“Buenavista Social Club”) se han llevado la mejor tajada. Alicia, la autora del reciente libro sobre las hermanas, se lo toma con ron y filosofía y no se queja de la vida pasada.

“Mientras mis hermanas descansan tras el almuerzo, me gusta abrir el cofre donde están nuestros recuerdos y sacar las partituras de antaño para practicar, aunque mi oído no es el de antes. Todas tenemos nuestros achaques: la memoria de Ada es cada vez peor, y Ondina no anda muy bien de la vista. Y sin embargo, nada más empezar a sonar la música, Ondina ha ido a buscar a Pedrito Soroa, de la Orquesta Riverside, quien ha llegado con su hermano y un remolque lleno de congas. Frank Emilio Flynn, incluso ciego, no ha querido perderse la fiesta y ha empezado a sacar sonidos del viejo piano del salón. Ondina ha agarrado una cuchara de madera y un mortero para acompañar la música. Y de repente todo es como en los viejos días, cuando todos los que pasaban por la calle se asomaban por las puertas de la casa y se unían a la música. Pareciera que durante todas estas décadas el salón familiar no ha cesado de ser testigo de nuestros ensayos e improvisaciones. Y a veces una piensa que el tiempo no pasa”

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Orquesta Anacaona – “Maleficio”

PREPARAD EL CAMINO AL SEÑOR

Una de las obras maestras de la música occidental de todos los tiempos suele recuperarse todos los años por estas fechas. Me refiero al “Mesías” de HAENDEL y, sobre todo, a su momento cumbre, los coros del “Aleluya”, quizás el más sacrosanto y amado totem de la música clásica, rivalizando si acaso solo con el “Himno a la Alegría” de la Novena de Beethoven.

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“¡Aleluya!”

Por eso, a los amantes de esta gran obra quizás les sorprenda saber que no fue compuesta para la Navidad, sino para la Cuaresma, y que el “Aleluya” no se escribió para honrar el nacimiento o la resurrección de Jesucristo, sino para celebrar la destrucción de Jerusalem por parte de los romanos en el año 70 de nuestra era, arrasando su sagrado Segundo Templo, y terminando así con la gran revuelta judía que había comenzado cuatro años antes.

Para la mayoría de los cristianos que vivían en los tiempos de Haendel (mediados del siglo 18), este horrible hecho era considerado como justicia divina sobre el judaísmo por su pecado de no aceptar a Jesús como el Mesías prometido por Dios.

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“Nos ha nacido un Niño”

Durante los últimos siglos, sin embargo, muchos estudiosos de la música clásica han mantenido que Haendel era pro-judío, debido a su costumbre de escribir oratorios sobre antiguas leyendas israelitas, como “Israel en Egipto” o “Judas Macabeo”. Pero en realidad no es así, porque Haendel y sus contemporáneos no consideraban a estos personajes que llenaban la Bíblia como judíos, sino como proto-cristianos creyentes en el Mesías prometido, es decir, en Jesucristo.

Pero del Judaísmo más allá del advenimiento de Jesús nunca dijo o compuso nada positivo, ni incluso puede decirse de él que se mantuviese neutral en sus pensamientos.

Ni tampoco se puede decir que los judíos estuviesen muy preocupados por lo que pensase de ellos porque era esa una época en la que la mayoría de los judíos que había en Londres eran demasiado pobres como para asistir siquiera a las interpretaciones originales de Haendel, y además eran muy observantes de su religión como para estar de acuerdo con que se hiciese uso público del sagrado e impronunciable nombre de Dios en los oratorios, incluso aunque este nombre fuese “Jeovah”, que era la equivocada forma en que los cristianos le nombraban.

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“El que no está Conmigo está contra Mí”

El libreto de la obra del “Mesías” lo escribió Charles Jennens, un amigo de Haendel erudito en temas bíblicos, que se basó para hacerlo en pasajes que extrajo de “El Libro de las Oraciones” y de la versión inglesa del Rey Jaime de la Bíblia. Como cristiano tradicionalista que era, Jennes no aceptaba de muy buenas ganas el imparable ascenso que estaban teniendo por entonces las doctrinas del Deísmo, que venía a decir que Dios había creado el Universo, sí, pero que luego simplemente le había dejado a su aire para que siguiese su curso sin intervención divina; es decir, afrontaban la cuestión de la existencia de Dios a través de la razón, y no de la fe o las tradiciones. Mientras que el Cristianismo que él practicaba (y se sigue practicando ahora) se apoya en la creencia de que Dios jugó un papel importantísimo en la Historia, incluso tomando parte en ella en la forma humana de Jesucristo. Por lo tanto, para Jennes y sus compañeros de religión, el Deísmo representaba una seria amenaza.

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“Y va a mostrarse la Gloria de Dios”

Para los deístas Jesucristo no era ni el Hijo de Dios ni el Mesías. Y como los escritores cristianos han considerado normalmente a los judíos como los mayores enemigos de su religión, enseguida supusieron que los deístas obtenían toda su munición anti-cristiana de los rabinos y los estudiosos del judaísmo, y pensaban que los deístas no eran otra cosa que los que hacían el trabajo subterráneo y sucio a los judíos.

Especial dedicación a la causa antijudía y antideísta es la que dedicó el obispo anglicano Richard Kidder, que escribió un tratado sobre Jesucristo como Mesías llamado “Una demostración del Mesías; en la que se demuestra la verdad de la Religión Cristiana, contra todos los enemigos de la misma, pero especialmente contra los Judíos”… Pues bien, este tratado de tan largo e ilustrativo nombre, que Charles Jennes poseía en su edición de 1726, y que parece haberse estudiado con detenimiento, podemos decir que fue el anteproyecto del “Mesías” que todos conocemos y que tanto nos gusta.

Como Jennens se daba cuenta de que no iba a poder desbaratar los planes de sus enemigos simplemente escribiendo más y más textos aburridos sobre la comprensión de la Biblia y de Jesucristo como centro de todo, pues recurrió a la música, y se asoció con Haendel para poder dar más realce a su libreto. ¿Qué mejor forma de consolar la inquietud de los cristianos, que veían debilitarse su fe a causa de las tretas de los deístas y los judíos, que recurrir a los sentimientos y las emociones del arte más allá de las razones y revelaciones del argumento?

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“El Señor nos reveló la Palabra”

El “Mesías” hace exactamente eso. Culminando con los coros del “Aleluya” después de que el resucitado Jesucristo, sentado a la diestra del Padre, desata su ira sobre los judíos, permitiendo que las legiones romanas arrasen Jerusalem y su Templo Sagrado. Incluso Jennes hace una trampa clamorosa, ya que hablaba del triunfo de Jesucristo sobre “las naciones”, cuando los textos bíblicos en los que se inspiró hablaban del triunfo sobre “los paganos”; con esta tendenciosa interpretación tenía la ventaja de que podía meter en el saco de “naciones” a los judíos, mientras que nadie podría incluir a estos entre los “paganos”.

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“¿Por qué las naciones se amotinan?”

En la época de Jennes y Haendel los cristianos eran todo menos unánimes en la creencia de que la violencia desplegada en el Libro de los Salmos (“Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás…”) representaba una profecía para un hecho posterior. Así que cuando Jennes llevó estos versículos de los Salmos al oratorio de Haendel y les hizo comprender la profecía de la destrucción del templo semita, señalando el rechazo de Dios por el Judaísmo, la respuesta fue contundente: “¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! Por el reinado de Dios Nuestro Señor Omnipotente. El Reino de este mundo se ha convertido en el Reino de Nuestro Señor. Y de su Hijo, Cristo. Y Él reinará por los siglos de los siglos. Rey de Reyes y Señor de Señores. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!…”

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“Su Voz se difundió por los confines de la tierra”

Y la música de Haendel respalda de forma épica este mensaje teológico. El arranque y el ambiente de los coros del “Aleluya” es de triunfo absoluto. Y por primera vez en toda la obra (aunque esta pieza se entona ya en el final de la segunda de las tres partes que la componen) suenan juntos las trompetas y los tambores. En la música del Barroco esta combinación de instrumentos era emblema de gran poder y de victoria. Haendel, sin embargo, se los ahorró en la celebración de la destrucción de Jesucristo en la cruz, cuando se configura a los enemigos que los Salmos vaticinaban que se borrarían de la faz de la Tierra.

Como obra maestra e intemporal que es, el “Mesías” de Haendel continuará alimentando espiritual y estéticamente a todos los amantes de la música. La obra también podemos decir que fue un producto de su propio tiempo. Pero los oyentes harían bien en analizar su significado cuando, imbuídos de espíritu navideño, disfrutan de los cantos a pleno pulmón del “Aleluya”.

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“Cuando suene la trompeta los muertos resucitarán incorruptos”

PARÉNTESIS MUSICALES

Haendel está considerado como uno de los compositores más influyentes de la música occidental, y además se dice de él, con todo merecimiento, que es una de las figuras cumbres del Barroco. Por eso será familiar para casi todos vosotros, y no he querido entrar en detalles biográficos. De su música también habreis tenido referencias, sobre todo del “Mesias” que nos ha ocupado en este post y de su “Música acuática”.

Pero a lo mejor no sabreis que en la actualidad no le han perdido la pista y hay imnumerables ejemplos de músicos que se basan en él, cuando no le versionan directamente… a veces para disfrute solo de minorías, y otras, con incontestable éxito, como cuando se utilizó en los títulos de créditos de la película “Barry Lyndon” su “Sarabande”.

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“Sarabande”

Posiblemente, entre las más famosas piezas de Haendel estén los himnos de la coronación como rey de Jorge II de Inglaterra, al que el músico tenía en gran aprecio, sobre todo porque le había firmado su acta convirtiéndole en súbdito inglés (Haendel nació en Alemania). Y de los cuatro himnos que escribió, el primero de ellos, “Zadok el Sacerdote” es el más familiar a todo el mundo, aunque no tengan ni idea de su existencia. Lo vais a comprobar en seguida; porque… a ver si sabeis qué otro famoso himno, muy escuchado en Sevilla en los últimos tiempos, está basado en éste de Haendel para la coronación.

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“Zadok el Sacerdote”

Estos ejemplos son muy clásicos, ya veis, pero también Haendel tiene sus seguidores entre los músicos más rockeros y más avant-garde. Sobre todo la parte de su ópera “Serse”, en la que éste, que es el rey de Persia, entona un bello tema de amor… a un árbol: “Jamás ha existido sombra vegetal tan querida y amable…”. Luego se enamoró de Romilda y le cantaba a ella, pero esa es otra historia. Esta pieza se conoce como “El Largo de Haendel”, y te he traído una versión cantada y otra instrumental.

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Lisa Gerrard – “Largo”

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Tangerine Dream – “Largo”

Y, lógicamente, tampoco podía resistirse a los encantos de Haendel una de las estrellas más brillantes de la música de nuestro tiempo… que en el fondo siempre ha tenido alma de primadonna.

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Barbra Streisand – “Lascia ch’io pianga”

Y con este actualizado fragmento de la ópera “Rinaldo” cerramos estos paréntesis, y damos paso a vuestros comentarios.

SHANE & KRISTY

Shane McGowan tiene una celebración extra el dia de navidad: su cumpleaños. Tal vez por eso él ha podido ver por detrás de la fachada de estas fiestas y supo describir en una de sus muchas piezas antológicas otra cara del ritual. Una que nos habla de noches en el calabozo, de sueños que se elevan hasta la cumbre y se desinflan en las alcantarillas, repletos de almas leprosas que también resultan estar rellenas de inocencia. Otra visión de estos días, y que sin embargo fue votada en el año 2004 por los espectadores de la cadena VH1 como la mejor canción de navidad de la historia, con 2.400 de los 10.000 votos emitidos. Si yo hubiera estado allí hubieran sido 2.401 votos, con permiso de Darlene Love y su “Christmas”.

street

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Pogues – Fairytale of New York (Cuento de hadas de Nueva York)

(SHANE)
Era Nochebuena, cariño
En la celda para borrachos
Un viejo me dijo, “ya no veré otra más”
Y entonó una canción
Sobre el rocío de la mañana en la montaña
Me dí la vuelta
Y soñé contigo

Estoy con suerte
Hoy me han entrado dieciocho
Tengo el presentimiento
De que este año es para mí y para ti
Así que feliz navidad
Porque te quiero, cariño
Y puedo ver un tiempo mejor
En el que todos nuestros sueños se hagan realidad

(KRISTY)
Tienen coches grandes como bares
nadan en ríos de oro
Pero hasta el viento pasa de largo
Este no es sitio para los mayores
La primera vez que cogiste mi mano
En una nochebuena helada
Me prometiste
Que Broadway me estaba esperando

Eras guapo
(SHANE)
Eras preciosa
La Reina de Nueva York
(SHANE & KRISTY)
Cuando la banda dejó de tocar
La gente aullaba pidiendo más
Sinatra tenía el swing
Los borrachos cantaban
Nos besamos en una esquina
Y luego bailamos toda la noche

Y el coro de la Policía de Nueva York
Estaba cantando “Galway Bay”
Y las campanas repicaban
Al día de Navidad

(KRISTY)
Eres un desastre
Eres un despojo
(SHANE)
Eres una vieja puta enganchada al caballo
Medio muerta tirada en un charco en la cama
(KRISTY)
Saco de mierda, piojo
Maricón barato
Feliz Navidad y una mierda
Le pido a Dios que sea la última contigo

(SHANE & KRISTY)
Y el coro de la Policía de Nueva York
Estaba cantando “Galway Bay”
Y las campanas repicaban
Al día de Navidad

(SHANE)
Yo pude haber sido alguien
(KRISTY)
Tú y cualquiera…
Me quitaste mis sueños
La primera vez que te ví
(SHANE)
Los guardé conmigo, cariño
Los puse junto a los míos
No puedo hacerlo yo solo
He creado mis sueños alrededor tuyo

(SHANE & KRISTY)
Y el coro de la Policía de Nueva York
Estaba cantando “Galway Bay”
Y las campanas repicaban
Al día de Navidad

Originalmente, la pieza fue compuesta por McGowan y Jem Finer (banjo y guitarra) en 1985, nada más terminar el anterior disco de The Pogues, “Rum, Sodomy and the Lash” (el título recogía una descripción erróneamente atribuída a Churchill sobre la vida en la armada inglesa) y estaba prevista su inclusión en un single que la banda tenía pensado grabar con vistas a las navidades de ese año, junto a una versión del clásico de Lovin’ Spoonful “Do you believe in magic”. Sin embargo, la grabación no terminaba de convencer a Shane y desestimaron la idea por el momento.

La carrera de The Pogues vivió su época de oro en los años 1985 a 1988, culminando con su particular conquista de los EEUU, donde la comunidad irlandesa les acogió con los brazos abiertos. Exactamente cómo aquellos punkies reciclados se las arreglaron para crear uno de los sonidos más frescos de aquella década a partir de las melodías tradicionales de sus familias irlandesas es un misterio que nadie ha podido repetir. Pero el caso es que la fórmula funcionaba. No sólo con los discos (“Rum..” fue votado segundo mejor Lp del 85 en el Melody Maker, y Shane ganó la votación como personaje del año) sino, especialmente, con sus directos corraleros.

Shane

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Pogues – “I’m a man you don’t see every day” (vocals Cait O’Riordan)

Tal era la intensidad de aquellos directos que fueron muchos los músicos que se les unirían con el tiempo. Como, por ejemplo, Elvis Costello, quien, no contento con haberles producido “Rum…” y el EP de 1986 “Poguetry in motion“, pasó a ser un fijo de la plantilla, aprovechando que su propia carrera estaba en horas bajas. Hasta que se descubrió que lo que buscaba era realmente enrollarse con la bajista del grupo, la gatuna Caitlin O’Riordan. Y consiguió sacarle el “sí quiero” durante la actuación de The Pogues en el macrofestival benéfico “Self-Aid”, ante 40.000 espectadores en Dublin. A partir de ahí, la carrera de Costello volvió a remontar (“King of America”) y se fue alejando de The Pogues, llevandose a su bajista.

Aquellos ya habían empezado a re-colonizar America, encontrandose allí con una clamorosa recepción no sólo entre la enorme colonia irlandesa de la costa Este, sino, especialmente, entre el público de la farándula (como, por ejemplo, el actor que aparece en el video de “Fairytale” interpretando al policía que conduce a Shane hasta el calabozo, cuyo nombre os dejo para que adivineís), quienes se daban de bofetadas por compartir backstage y whiskey con McGowan. Pieza central en toda esta carrera era su mánager, Frank Murray, quien ya había logrado lanzar por primera vez al estrellato a una banda de rock irlandés, Thin Lizzy, y que ahora se entregaba con igual fervor a esta panda de incontrolados. En febrero de 1986 The Pogues dieron su primer concierto en Nueva York, y comenzaron su tour de ese año con llenos asegurados, incluyendo entre el público incluso a John-John y Bobby Kennedy, quienes no se perdieron aquella cita de la comunidad irlandesa.

Por supuesto, saber cómo iba a estar McGowan en una noche cualquiera era siempre una incógnita. En un particular concierto, Shane apareció segundos antes de subir a escena con su cogorza habitual. Un roadie lo condujo hasta el pie de micro y allí quedó unos segundos…antes de volver a la vida súbitamente y empezar a cantar “Streams of Whiskey“. Lástima que la banda llevaba desde un minuto antes tocando otra canción. Y mil historias como esta.

Shane

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Pogues – “Fiesta”

Fue al dia siguiente de su tradicional concierto del día de San Patricio en Londres (una celebración en toda regla cuya fama había traspasado fronteras) que Shane resultó atropellado por un vehículo, lo que le obligó a permanecer escayolado durante cuatro semanas. La mayor parte del siguiente disco sería compuesta en aquellos días. El resto de 1986 resultó ser uno de los períodos más ajetreados de la banda: tras sendas giras por UK, Irlanda, Francia y de nuevo USA (donde Frank Murray tuvo que ponerse duro con la casa de discos, quien había retocado la portada de “Poguetry in motion” para conseguir que McGowan luciera una dentadura perfecta), la banda al completo se embarcó en el rodaje de un spaghetti western en Almería, “Straight to hell“, dirigido por Paul Cox, para cuya anterior película, “Sid and Nancy“, habían grabado varios temas. Es notorio que Shane acabó enamorado de Andalucía, y particularmente de Almería, en aquel rodaje. Quizás uno de los resultados más celebrados de aquella experiencia es la letra de “Fiesta“, el que sería primer sencillo de su siguiente LP, y una de las canciones sobre las que más ha despotricado Shane.

Pasando por alto los diversos hitos de su frenética actividad durante 1986 y los primeros meses de 1987, nos encontramos en mayo de este año a la banda preparandose para grabar su tercer Lp, que llevaría el nombre de “If I Should Fall from Grace with God“. El productor sería esta vez Steve Lilywhite, quien tenía en su currículo varias bandas de influencia gaélica (U2, Big Country) y, sobre todo, estaba casado con Kristie McCall, la hija de Ewan McCall, la leyenda de la música irlandesa cuyo “Dirty Old Town” habían versioneado Pogues en el anterior Lp. La grabación del disco resultó ser extremadamente fácil y antes de una semana ya había siete temas enlatados. Tras una pausa de dos meses (en la cual Lilywhite produjo un disco para Talking Heads y The Pogues se embarcaron en otra gira), banda y productor volvieron a verse en el estudio.

En esta segunda tanda “Fairytale of New York” sería definitivamente registrada, con los suntuosos arreglos de cuerda que hoy conocemos y, sobre todo, con una soberbia Kristie dando la réplica a Shane. Esta vez el sencillo llegaría a tiempo para colarse en las listas de éxito navideñas, aunque sólo llegaron hasta el número 2. La cima de las listas correspondió ese año a Pet Shop Boys y “Always on my mind“, lo que dió pie al célebre comentario de Shane acerca de que “no hemos llegado al número uno por culpa de dos maricones y una caja de ritmos.“.

Shane

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Pogues – “Bottle of Smoke”

“Fairytale..” fue la cima para The Pogues. A partir de ahí las relaciones de Shane y la banda se fueron deteriorando irreversiblemente hasta su abandono en 1991. Shane se quejaba de que la banda estaba profesionalizandose. La banda se quejaba de que Shane estaba cada vez más fuera de control. El reemplazo de Shane sería, por unos meses, Joe Strummer, hasta que se decantaron por Spider Stacy, uno de los fundadores del grupo, en el que había estado tocando la flauta desde el inicio. La banda siguió a trompicones hasta 1996, en la que se terminó de disolver. Para luego volverse a reunir en el 2004, Shane incluído. Por supuesto, “Fairytale…” ha sido siempre una de las piezas más solicitadas, y en el programa de fin de año 2005 de la TV Irlandesa la banda lo interpretó, con Katie Melua intentando (y fallando por un kilómetro) ponerse en el lugar de Kristie, fallecida en un trágico accidente acuático en el año 2000.

Shane McGowan, para disgusto de todos los que tienen preparado su obitaurio desde hace lustros, cumplirá 50 años en esta próxima navidad, y se rumorea que aún le queda algún diente en la boca, aunque hay pocos voluntarios para comprobarlo. Como se puede ver en el video anterior, el exceso ha menguado sus facultades vocales, pese a lo cual McGowan ha dejado en su estela un impresionante legado de canciones, algunas de las cuales, como Fairytale, ya forman parte del acervo cultural irlandés, junto a “Danny Boy”, “The wild colonial boy” y otras muchas. Como decía uno de sus amigos, “por lo que mí respecta, alguien que ha hecho tantas y tan buenas canciones puede pegarse el resto de su vida en el taburete del bar si le da la gana”. Y nosotros, para despedirnos, podemos recordarlo, junto a la llorada Kristy, en su mejor momento, abrazados al compás de los últimos acordes de la que es, por votación popular, la mejor canción de navidad de la historia.

Feliz cumpleaños, Shane. Y al resto…Feliz Navidad.

MEDIA DOCENA DE MOTIVOS PARA ODIAR LA NAVIDAD

Lo primero que quiero decir es que me gusta la Navidad. Soy partidario de ella. Me gusta reunir en casa a casi toda la familia siete u ocho veces durante un par de semanas para comer y beber desmedidamente, reirnos de todo y huir corriendo por el jardín del fuego de los petardos que mi cuñado ha colocado en los sitios más inestables. Como a medida que pasan los años cada vez está más viejo y más cojo, no dudo de que una de estas Nocheviejas terminaremos por pillarlo y tirarlo a la piscina aunque se muera congelado… por mamón.

Disfruto las vísperas y el día de Reyes. Me gusta hacer regalos. Y recibirlos.

La Navidad me pone de buen humor.

Pero así y todo, no dejo que reconocer que la cursilería se mueve a sus anchas entre una infinidad de aspectos que tienen relación con esta época del año. Y una de las que más la sufren es la música.

En el Radioblogin’ que os he preparado ahí a la derecha teneis algunos ejemplos de lo que digo. Este año especialmente la nostalgia se ha apoderado del mercado discográfico navideño, y están reflotando discos y vídeos que, la verdad sea dicha, estarían mucho mejor haciendo compañía a los restos del Titanic.

El que ha desenterrado este vídeo para hacerlo circular esta Navidad merecería hacerle compañía a mi cuñado el artificiero en la helada piscina…

El vídeo comienza con la típica cháchara de intercambio de regalos: “Oh, que bonito…”, “Muchas gracias…”, “Me encanta…”, “Feliz Navidad…”. Se van y el rubio se queda solo con Pee Wee y le dice que “tiene un regalo muy especial para él”.

– ¿Cuál, cuál, cual…? – se impacienta Pee Wee.- ¿Cuál es mi regalo?, dímelo, que me muero…

– Nos encantaría que fueses el DJ esta noche…

– Oh… pero es Navidad… -dice Pee Wee bastante desilusionado.

– Anda, Pee Wee, sé deportivo…

– Bueno, vale.

– Gracias, Pee Wee. Nos vemos!

Cuando el rubio se va, Pee Wee repite lo mismo, imitándole con voz tonta y dedicándole una pedorreta. Entonces oye una voz que sale del televisor:

– Hey, Pee Wee…!

– Sí, qué? Eeeeh…! Es Bryan Adams…!

– ¿Quieres estar en este vídeo de Navidad?

– ¿Y como se supone que lo hago…?

– Así…!

Y Bryan Adams chasquea los dedos y se sale de la pantalla para dar paso a… a eso…

Espantoso, verdad? Seguro que pensais que no puede haber nada más falto de gusto en todo el mundo del videoclip navideño… Pues anda que no estais equivocados ni ná…!

He empezado por lo más suave. Y como tendreis ocasión de comprobar a lo largo del post, este festivo “Reggae Christmas” de Bryan Adams, comparado con las atrocidades que van a seguir, es un trabajo de admirable dignidad y moderación.

Fijaos si no en este “Christmas time” de Christina Aguilera, y luego me contais si se os ocurre otro ejemplo menos evocador de la cordialidad reinante en estos días. Para que no le falte de nada, a los 2 minutos y medio de la canción sale incluso el inevitable y deprimente rapper que pone la nota fashion.

Qué cantidad de gente para una cosa tan inútil, no?

Y es que a veces no basta con el esfuerzo, ya sea de mucha gente, como en el caso anterior, o de una sola persona, como en el siguiente. Porque Billy Corgan es un tipo que normalmente nos resulta creíble, e incluso disfrutamos de sus canciones… pero en otro momento y en otro lugar. En este “Christmastime” de los Smashing Pumpkins resulta tan festivo como una patada ahí donde dijimos.

¿Será un mensaje subliminal que todos los regalos que se intercambian los niños sean discos suyos…? Incluso el de su grupo paralelo, Zwan, que tanto parece desagradar a la niña que lo recibe.

A lo mejor tienen razón los que piensan que esa es la verdadera esencia de la Navidad: consumir, regalar cosas. Y mientras más ostentosas, mejor… al menos eso es lo que se desprende de este vídeo que sigue de las Destiny’s Child, “8 days of Christmas”. No os perdais al baboso de la gorrita, al que las chicas disfrazadas de Mamá Noël le ponen mucho; al menos eso parece en vista del modo en que se pega a ésta.

Fastuoso. Este vídeo sí que evoca ese espíritu de la Navidad que hace que la gente se deprima y le entren ganas de suicidarse.

No tendría que ser así. Al menos eso dicen los más clásicos a la hora de celebrar estas fiestas: que estamos traicionando el espíritu de la Navidad. En el vídeo que sigue, Snoop Doggy Dogg no solo lo traiciona, sino que además le roba la cartera, le parte las piernas y se mea encima de él: “Santa Claus Goes Straight To The Ghetto”.

Y terminamos con la cumbre del kitsch. Si el “Happy Xmas (War Is Over)” de John Lennon no era ya de por sí lo suficientemente empalagoso, en esta versión de Celine Dion y Gloria Estefan la sensiblería aún es aplastada por varias toneladas más de azúcar. Y para completar el horror, hacia los cuatro minutos y medio del vídeo, Celine se desata en una descarga de agudos absolutamente innecesarios, de esos que tanto daño están haciendo a las canciones desde que Mariah Carey se luciese con sus gorgoritos.

Las chicas dicen esto (más o menos):

GLORIA: Me encantan las canciones de John Lennon… bueno, antes que todo es que a mí me encantan las canciones de los Beatles.

Lennon continuó escribiendo canciones como “Imagine”, que para mí es una canción espectacular. “Happy Xmas” también lo es; porque él tiene una manera de pensar sobre las cosas y tener conversaciones muy contemporáneas, con un significado que te cala hondo. Tiene unos arreglos enormemente grandes, pero la canción no pierde su tono…

Así que es una de las canciones con las que crecí, y todavía me parece muy navideña.

CELINE: Es una canción increíble, y a lo mejor aunque todo el mundo cambió, los sentimientos de la canción no cambiaron… quiero decir… los verdaderos valores del ser humano, el amor, el compartir… todo eso…

Así que cuando escuché esta canción se convirtió en una de mis favoritas de todos los tiempos.

Y cuando grabé un álbum de Navidad por supuesto que tenía esta canción en mente y quería cantarla. Y cuando tuve oportunidad lo hice, porque era una de mis favoritas, y es tan emotiva… y es una increíble, increíble canción de Navidad.

Y acto seguido, aunque la canción haya sido tan significativa e importante en sus vidas, sin ningún miramiento, y con una falta absoluta de compasión navideña, las dos se ponen a perpetrar su ataque contra ella…

Podría poner más vídeos tan penosos como éstos, pero no quiero que empeceis la Navidad deprimidos del todo. Seguro, además, que todos vosotros teneis en mente vuestros propios infiernos musicales particulares, y lo que es peor… nos los vais a contar…

Por mi parte prefiero terminar con una canción que nos deje un mejor sabor de boca oídos.

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Boyz II Men – “Silent Night”

ANTES DE QUE SALGA EL SOL

Mientras que es comúnmente aceptado que una imagen vale más que mil palabras, no todos tienen tan claro que un sonido valga más que mil imágenes. Y sin embargo, hay veces en los que ciertos temas capturan, si no la imagen, la esencia de un momento. Algo así ocurre en los trabajos de Burial, la denominación con la que un anónimo creador ha presentado sus dos LPs y varios sencillos, y que llevan en su ADN esos momentos en los que la noche se agota y el día no termina de llegar. Los críticos Londinenses suelen pensar que este sonido habla exclusivamente de su ciudad, pero no costaría trabajo identificarla con cualquiera de las deshumanizadas aglomeraciones de metal y cemento en las que vivimos.

street

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Burial – Archangel (2007)

Ya nuestro amigo Vidal nos lo dijo varias veces a finales del año pasado: el primer trabajo en larga duración de Burial (también bautizado así) era uno de los mejores del 2006. Es cierto que no se trataba de un disco que entrase a la primera, pero una vez que uno se sumergía, todas aquellas texturas brumosas comenzaban a tener sentido. Aquello no era simplemente música “atmosférica”, sino el retrato de un pasiaje nocturno en el cual los detalles menores eran protagonistas. El frío relente que se cuela por las rendijas, los autos que pasan, el semáforo que cambia de colores sin nadie esperando, el amanecer que está a la vuelta de la esquina. Todo lo cual, ampliado y mejorado con partes vocales, configura su trabajo de 2007, denominado “Untrue

Burial - Untrue

“Untrue” es algo más, digamos, fluorescente. Incluso un poco más alegre. No se recrea en lo sombrío, es un poco más animoso. Los temas salieron de forma rápida en mitad de la noche y se ganaron a pulso su derecho a existir, ya que llegaron desde ninguna parte. Es un poco como un embarazo no previsto. La mayor parte de los temas tenían que devolverme la fé a mí mismo, pero aún así se necesita un tiempo para meterse dentro de los mismos”

rainy floor

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Burial – Gutted (2006)

Los etiquetadores pronto catalogaron este sonido dentro del denominado “dubstep“, el sonido sucio (también se le conoce como “grime”) que se ha difundido a inicios de esta década desde Londres, como respuesta a la música de baile brillante y colorista que presidía la escena. Aunque, como siempre, lo importante es el traje, no la etiqueta: podrían haberle llamado “collage-dub” o “step-puzzle” y estaríamos igual de cerca de definir la envolvente sónica que caracteriza los trabajos de Burial, en los cuales uno tiene la impresión de escuchar ráfagas de sonidos que trae el viento, partes vocales de canciones que sonaron en otro momento y en otro lugar, como un terreno de aluvión que se hubera formado con retales y, sin embargo, todo encaja con precisión geológica. No es música para escuchar a cualquier hora o en cualquier sitio, pero cuando das con el contexto adecuado es prácticamente insustituible.

“Me gusta yuxtaponer elementos alegres en piezas que son sombrías como el diablo. Hacerlas aparecer por un momento y luego llevarmelas de allí. Ese es el sonido que adoro: como brasas ardiendo en un tema osucro, pequeños trozos vocales que brillan en la oscuridad, aparecen por un segundo y luego se esfuman y le dejan a uno dudando si lo que acaba de escuchar no ha sido sólo un fragmento de su propia imaginación. Como cuando te resguardas de la lluvia junto al techo de un kiosco, un pequeño santuario. Me encanta esa sensación”

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Burial – Endorphin (2007)

Una de las críticas recibidas por el último disco dice que “Untrue,” recuerda a un hermoso rostro que ha sido desfigurado y reconstruído después por la cirugía plástica, pero en el que aún son visibles, con la luz apropiada, unas finas cicatrices blancas. Nos encontramos ante un album hermoso, la banda sonora perfecta para los insomnes que vemos cada noche desde nuestra ventana recogerse, dando tumbos, a los últimos noctámbulos. Un sonido sucio, oxidado

knobsMe siento y espero a que caiga la noche, o a que termine el verano. O bien salgo a dar una vuelta, espero a que se ponga oscuro y regreso para volver trabajar en los temas, más o menos como si estuviera hipnotizado. Me encanta esa sensación, ya sabes, cuando sabes que toda la ciudad duerme, o cuando sales a escuchar cómo suenan tus canciones en el coche de otro. Es…es como hibernar.

Aunque probablemente muchos de los que predicaban su nombre a finales del 2006 encuentren este último trabajo demasiado accesible y hayan emigrado en busca de pastos más verdes, “Untrue” no ha pasado desapercibido para la crítica musical entre todos los lanzamientos que tienen lugar a finales de año, aunque lo más llamativo para la prensa generalista sea que, aparentemente, sólo cinco o seis personas conocen la identidad del creador de estos trabajos, quien parece haberse aprendido el libro de estilo de The Residents. No es un disco que vaya a perturbar las listas ni posiblemente se convierta en el disco del año, pero sus cualidades hipnóticas garantizan que aquellos que se dejen prender dificilmente podrán salir adelante sin una dosis diaria.

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Burial – Raver(2007)

frosty

De ahí que, volviendo al inicio, haya veces en las que un sonido describe mejor que mil imágenes. Aunque, si hubiera que escoger imágenes para “Untrue”, no me cuesta ningún trabajo imaginarmelo reemplazando a la banda sonora que Vangelis escribió en su día para “Blade Runner”. Aquel Los Angeles de perpetua noche lluviosa y luces de neon sería más que adecuado para las texturas oxidadas de este disco. Porque, después de todo, ¿donde si no se puede encontrar asociado el nombre de una cadena de comidas rápidas a una pieza tan hermosa?

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Burial – In McDonalds(2007)

street

AZULES RAYOS DE LUZ

Hay veces que las sorpresas musicales te llegan por casualidad. Y éste ha sido uno de esos casos. Desde que la escuché la primera vez, su voz me ha acompañado en el coche cuando volvía a casa después de una dura jornada y solo buscaba algo de relajación y alejamiento del mundo. Ella es etérea…

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“Only love can break your heart”

Se llama GWYNETH HERBERT y tenemos su soberbia música a causa de la incompetencia que esta futura diva tiene manejándose con los teclados. Suena perverso, verdad…?

El caso es que la chica, a pesar de su juventud e inexperiencia, ya viene escaldada de las compañías discográficas. No hace mucho tiempo, y debido a la moda de discos de orientación jazzy que abrieron gente como Jamie Cullum y Norah Jones, Gwyneth firmó con Universal, un sello que en realidad es apropiado para tíos barbudos, con dinero y experiencia, y que también quería llevarse una parte de la tarta que estaba comenzando a repartirse.

Así pues, la chica, que aspiraba a mejorar después de haber comenzado como miembro del dúo de jazz Black Coffee, y de haber editado así un disco de limitadísimo presupuesto llamado “First Songs”, se encontró en su primer sello importante, donde le editaron “Bittersweet and Blue”, un disco muy bien recibido, compuesto principalmente de standards, pero que también contenía algunos originales de ella y de Will Rutter, su antiguo compañero de Black Coffee.

La compañía discográfica tenía planeado como siguiente movimiento otro disco en el que Gwyneth fuese acompañada por una big-band e interpretase canciones de otros compositores famosos. Pero ella ya había descubierto que podía escribir, y hacerlo bien además, y su pensamiento era muy diferente. Además de que todos sus cantantes favoritos eran contadores de historias, y a eso es a lo que aspiraba ella, a llegar a ser algún día tan buena como Joni Mitchell y Janis Ian.

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“At seventeen”

Como la excitación de poder componer y grabar sus propias canciones era mayor que la de estar en una escudería poderosa, Gwyneth y el sello, aún empeñado en hacer con ella un disco de esos especiales para circular envueltos en papel de regalo, rescindieron el contrato que les unía.

Y volcó su entusiasmo en un nuevo disco hecho por ella misma, aunque contando con la ayuda del productor Seb Rochford (entre otros trabajos, los de Polar Bear, Fulborn Taversham y Acoustic Ladyland). El resultado fue brillantemente original, lleno de espacios y detalles aislados. Y el sello Blue Note se fijó en él.

En realidad fue un movimiento algo insensato por las dos partes, porque Blue Note es una compañía que no había firmado a una cantante británica desde hace muchísimos años. Y ahora se morían por sacar un disco de Gwyneth que apenas había tardado tres días en grabar, y era un riesgo grandísimo tanto para ellos como para la propia cantante, que realizaba una arriesgada apuesta de futuro. La razón no es otra que éste es un sello de jazz y posee la clase de mentalidad que les permite mantener sus manos alejadas del trabajo de los artistas y dejar que éstos trabajen a su aire.

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“Lay you down”

Y el aire de Gwyneth fue crear música que tiene tanto de folk como de jazz. Aunque el disco tiene una sensibilidad muy jazzy, muchas de sus texturas están definitivamente influenciadas por el folk, y son canciones que cuentan historias del modo en que lo hacían las canciones tradicionales, justo lo que ella buscaba; “Between me and the wardrobe”, su nuevo disco, es una creación puramente de cantautora.

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“In the meantime”

Ya ves lo increíblemente poco densas que pueden llegar a ser sus creaciones. Este anterior “In the meantime” está presentado con el simple respaldo de una nota que parece provenir de una campanita, para posteriormente dejarlo al abrigo de una simplista instrumentación de doble bajo y batería.

Y eso es porque Gwyneth está completamente obsesionada con los espacios vacíos. El espacio para ella es tan importante como las notas musicales en muchos casos, y el respaldo musical es tan escaso que toda la atención queda enfocada en la voz, en las palabras… aunque en realidad a veces esto ocurre de forma accidental, porque, y con ello vuelvo a lo que comentaba cuando os la presenté al principio, Gwyneth Herbert escribe sus canciones mientras les va haciendo los arreglos sentada al piano… y su habilidad con él es tan limitada que no puede hacer demasiadas florituras.

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“Midnight oil”

Arde otra vez la lamparita de medianoche,
la taza de café se enfría,
otra noche solitaria…
otra triste canción para vender…

Fumándome el vigésimo cigarrillo.
El sonido de la tele bajito…
Tú me enseñaste a quererme a mí misma,
y tú me enseñaste como abandonarte.

Ésta es mi nana de despedida…

Solo soy una poetisa…
y tú eres solo un nombre.

Pero de todas formas, esto me rompe por completo.

ROCK AND ROLL PUSSY

Hace ya muchos meses que el amigo Yinyerbeiquer nos exhortó a escribir algo sobre el viejo mito del “hombre feo junto a mujer guapa”. Aunque un poco tarde, queremos retomar aquella sugerencia presentando al epítome del citado mito. BEBE BUELL es una belleza canónica que, a lo largo de su vida, ha unido su existencia a la de notorios feos como Todd Rundgren, Stiv Bators, Elvis Costello, Iggy Pop, Steven Tyler, Jimmy Page, Jagger, Bowie… Y ha sabido mantenerse en excelentes condiciones (retoque aquí, retoque allá) después de tanto kilometraje. La historia detallada de sus andanzas la teneis en su autobiografía (no traducida al castellano) y en numerosos artículos, aunque aquí os daremos unas pinceladas.

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Bebe Buell – Get some

Beverle Lorence Buell nació en Porstmouth, Virginia, allá por 1953; en 1970 ya había fichado por la principal agencia de modelos (Eileen Ford), a la que pertenecían todas las top models de esa época, y establecido su residencia en Nueva York, como todas las chicas que querían ser superestrellas. Aunque en 1972 rechazó salir con Jimi Hendrix porque pensó que era un proxeneta, con esa pinta, y al año siguiente fue tan cándida como para aceptar bañarse desnuda en la piscina de Hugh Hefner, sin darse cuenta de que las paredes eran una cristalera que daba al Lounge de la Mansión Playboy, pronto acabaría espabilándose. Para ser más exactos, en cuanto conoció a Todd Rundgren, de cuyos talentos ocultos ya dimos cuenta hace tiempo, y se hizo su novia durante los siguientes años.

“No tuve tanta suerte como Debbie Harry, que dió con un chico magnífico como Chris Stein. Yo estaba con Todd Rundgren, y en esa relación él era la estrella y yo el adorno”

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Todd Rundgren – Rock and Roll Pussy

De la mano de aquel tipo de pelambrera coloreada de amarillo, verde y rojo, que era una mezcla de Bugs Bunny y Antonin Artaud, Bebe descubrió el mundo del rock y sus principales habitantes: Andy Warhol, Lou Reed, Patti Smith (una anterior novia de Todd), Debbie Harry… y su vida cambió para siempre. Fue en aquellos días cuando tuvo lugar su sesión fotográfica con Playboy como Miss Noviembre 1974. Al dia siguiente la despidieron de la agencia de modelos…pero ya era tan famosa que no le faltaron contratos.

En aquellos días pre-SIDA, pegársela a tu pareja no tenía tantos riesgos. Así que, con el estímulo que suponía saber que Todd andaba continuamente de gira y pegándosela con la primera que se cruzase en su camino, Bebe empezó una prometedora carrera desatascando las cañerías del Quién-es-Quién en el rock. Un aviso: no se os ocurra llamarla “groupie”, si no quereis que os saque los ojos. De hecho, desde su residencia neoyorkina, emprendió una feroz campaña contra alguna de las autodeclaradas groupies de Los Angeles, que habían formado incluso su propio grupo musical (GTO, Girls Together Occasionally) al amparo de Frank Zappa. Y es que, para Bebe, aquello no eran conquistas, sino auténticos romances…

“Las GTO no son más que ladronas de cuerpos, que no tienen ningún escrúpulo en quitarte a los músicos”

Con su novio de gira, el idilio más breve e intenso de aquellos primeros años 70 fue el que tuvo lugar con Iggy Pop, en el apartamento que Todd (por entonces de gira) tenía en el Village. Un efecto colateral de esta relación fue la graduación (cum laude) de Buell en el mundo de la heroína, cocaína y demás farmacopedia. Iggy y Bebe se conocieron en un concierto del primero, que acabó en la habitual catarsis de mutilaciones y autoagresión.

“Iggy tropezaba, se caía y avergonzaba a todo el mundo. Me parecía muy triste, porque era Iggy, y le veía completamente desvalido, tenía todo el cuerpo ensangrentado y nadie le ayudaba. Así que le limpié un poco y él me dijo ‘tú sí que me quieres‘, como en una telenovela, y le contesté ‘no te conozco lo bastante para quererte, pero sé que si te murieses y no hicieras más discos sería muy infeliz‘. Iggy me preguntó donde vivía, ya que él nunca tenía donde pasar la noche. Yo le dije que era la novia de Todd y que tenía una casa en Horatio Street. Y al día siguiente, nunca lo hubiera pensado, Iggy se presentó allí haciendo como que venía a visitar a Todd. ‘Soís las personas más agradables que conocí anoche, no os creeríais en qué sitios he estado. Hace tres semanas que no me baño, ¿puedo usar vuestra bañera?“. Todd me llevó aparte y me dijo ‘Tengo que salir de gira. Si le dejas quedarse, sabes que se llevará media casa, porque es un yonki. Espero que sepas resolver la situación con buen juicio‘. Y la verdad es que durante todo el tiempo que duró la gira con Todd, Iggy y yo nunca abandonamos el piso. Fue de lo más apasionado”

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Iggy Pop and the Stooges – Gimme some skin

Iggy y su banda, los Stooges, fueron los primeros en atraer la atención de Bebe a medida que ésta se iba convirtiendo en una entendida en música, a base de asistir a conciertos en el “Max’s”. Y la intensidad sexual y el peligro que derrochaba la música de éste, tan diferente a la de Todd, le hizo precipitarse en sus brazos buscando algo más que la figura paternal, protectora y consejera que tenía en casa. Iggy podía ser adorable, pero la droga siempre le apartaba de su lado; durante sus giras, los cuelgues le hacían olvidarse por completo de ella… y la gata salvaje que quería vivir sus fantasías le buscaba y buscaba…

Siempre tras la pista de Iggy, Bowie no tardó en aparecer. De él nunca se enamoró, al igual que él de ella tampoco; quizás porque él tenía una sólida relación matrimonial aún, y una carrera que atender, que estaba alcanzando la cima… o quizás por lo que Bebe dice al final de esta narración de su encuentro:

“Conocí a David Bowie en el Max’s. Yo estaba con Todd y unos amigos, Bowie con su mujer. Se sentaron a nuestra mesa y pronto David me preguntó cómo me llamaba yo. ‘Soy Bebe Buell, y este es Todd Rundgren, mi novio‘. David miró a Todd y le dijo ‘He oído hablar de tí, dicen que eres muy inteligente‘, y Todd le contestó ‘Sí que lo soy, y también me dicen que andas por ahí plagiándome‘. Y ambos se quedaron mirando, en un enfrentamiento inmediato entre los dos. Al día siguiente, Bowie me llamó por teléfono y vino a recogerme en su limousina, quería que le sirviese de guía turística por Nueva York. Luego estuvimos viendo a las Rockettes en el Radio City Music Hall y nos lo estuvimos montando durante todo el concierto, entre beso y beso. La foto salió en todos los periódicos: ‘La furcia ataca de nuevo‘. Y eso que ni siquiera llegamos a hacer el amor: cuando finalmente me metí en la cama con David nos dió por maquillarnos el uno al otro. El fue el primero que me pintó las uñas de los pies. ¿Por qué no lo consumamos? Supongo que no era lo bastante rara para él.”

E incluso también con Mick Jagger tuvo algo más que una amistad. A mediados de los 70, mientras Todd estaba en otra de sus giras, Bebe aceptó la invitación de Mick para irse con él a la finca que le habían alquilado a Warhol en Rhode Island, con el fin de ensayar y rodar a su nuevo guitarrista, Ron Wood, con vistas a una mastodóntica gira que iniciarían más tarde. Para ella, que esperaba noches de vino y rosas, aquel encuentro fue decepcionante porque él solo la quería como paño de lágrimas con el que enjugar las que le estaba causando el tormentoso final de su matrimonio con Bianca Jagger. No llegaron a acostarse juntos ni una sola vez, e incluso ella tuvo que oir de los (grandes) labios de Mick que solo la quería como amiga, pero que para hacer el amor nunca habría otra como Bianca. Lógicamente, un par de noches después, una aburrida Bebe le dijo a Mick que le comprase un billete de avión de vuelta, que ya estaba harta de penas.


Todo el mundo sabe que en una de estas aventuras, Bebe volvió a casa embarazada tras un breve idilio con Steven Tyler (Aerosmith), que por entonces pasaba su lustro negro con las drogas y muy mal rollo. Reconciliada con Todd, éste no tuvo ningún problema en aceptar a la recién nacida (1977) como hija propia. De hecho, la separación de Bebe y Todd al año siguiente no puso fin a esta relación paternal, que dura hasta hoy. Diez años después, Steven volvió a ver regularmente a Bebe y aquella niña se dió cuenta de que Lia, otra de las hijas de Steven, era casi gemela suya, así que acosó a su madre hasta que ésta le confesó la verdad, y Liv Rundgren se convirtió en Liv Tyler. En 1993, Liv participó junto a papá en un videoclip para Aerosmith (“Crazy”) haciendo de chica golfilla junto a Alicia Silverstone justo cuando su carrera cinematográfica comenzó a despegar. Hoy no rodaría algo así ni por todos los anillos élficos del mundo.

“La de Steven Tyler es la relación menos pública que he tenido nunca, porque nunca he hablado de ella, en ninguna entrevista ni nada… solía fingir que aquello nunca había sucedido. Durante años hice ver que Todd era el padre de Liv. Pero Steven fue muy importante para mí. Quería casarme con él: estábamos hechos el uno para el otro”

También en aquellos años Bebe fraguó una sólida amistad con Patti Smith.

“Las dos teníamos la misma ilusión por cantar. Poníamos discos y cantabamos encima a pleno pulmón. Poníamos ‘Gimme Danger’ de The Stooges e intentábamos imitar la actitud de la voz. Patti solía decir que así es como se aprendía a cantar. Usábamos secadores de pelo como micrófonos y nos poníamos delante del espejo. Patti era alucinante: con dos caladas empezaba a filosofar y a contarme historias que nadie sabe de dónde salían. Me alegré mucho cuando sacó su primer disco. En cambio, a mí, después de haber salido en aquel poster de Playboy, nadie me tomó nunca en serio para la música”

Cuando, tras muchos altibajos, Bebe rompió definitivamente con Todd, éste le dedicó una de las piezas más hermosas de su carrera a la vez que siguió tratando a la recién nacida como su propia hija. Todo un caballero.

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Todd Rundgren – Can’t we still be friends

Inmediatamente después de Rundgren, Bebe mantuvo un romance (ampliamente fotografiado por los tabloides) con Rod Stewart, del que siempre ha renegado, principalmente porque aunque Rod siempre fue receptivo y dulce aceptando a su hija, fue con él con quien por primera vez ella se sintió de verdad como una mujer objeto. Para Rod Stewart, las mujeres sí que de verdad eran un adorno más que una compañía, y no dudaba en hacer que Bebe apareciese con él en fiestas y aeropuertos vestida con extravagantes trajes y abrigos, en poses extremas, con tal de llamar la atención de los periodistas que luego le dedicarían portadas de revistas. Aunque en la intimidad Rod tornase en persona maravillosa, Bebe nunca pudo poner buena cara al sentimiento de sentirse utilizada, y su romance apenas duró tres meses y casi rompe una buena amistad entre el cantante y Keith Moon, quien se le enfrentó una vez echándole en cara el trato que le daba a Bebe, a la que no dudó en dejar tirada en su mansión tras la cena de Navidad para irse de marcha en compañía de otra chica.

Y poco después fue cuando dio con otro de los grandes amores que la dejarían marcada.

“Yo estaba en Los Angeles en 1978, intentando abrirme camino en el cine. Una noche, mi amiga Pam me propuso ir al Hollywood High a ver un concierto de Mink de Ville, Nick Lowe y Elvis Costello. Estábamos delante del escenario, como dos colegialas emocionadas. De repente, se enciende el foco y allí estaba aquel tipo delgaducho con las piernas dobladas, los pies hacia adentro y las gafas de concha…¡No me lo podía creer! ¡Otra vez ese chico!.¿Cómo había llegado hasta allí?

Todo venía de dos años antes, cuando estaba haciendo una sesión de fotos en Londres y llegó un chico de Elizabeth Arden a entregar algo: recuerdo que me enamoré de él en cuanto entró en la habitación a dejar aquel sobre. Pero se trataba nada más que de un mensajero allá en Londres y no esperaba volver a verle nunca más, aunque había pensado mucho en él. Y ahora él estaba en lo alto del escenario en Los Angeles, se pasó toda la noche mirándome y cantándome. Era demasiado, creí que me iba a morir.”

Después del concierto la fiesta continuó en el “Whisky-a-Go-Go”, donde Bebe inició al jovencito MacManus en los placeres del cigarrito de la risa mientras se daban cuenta de que ambos tenían entre sí más cosas en común de la que la prensa posteriormente haya podido sugerir. Ambos eran obsesos de la música, y ambos también acababan de romper una relación amorosa duradera; los dos tenían también hijos pequeños y estaban pasando por una brillante etapa de su vida. Curiosamente, para dos personas tan activas sexualmente, que en ese primer encuentro (como ella reconoció) no se encerrasen para follar como locos a pesar de que Bebe se enamoró perdidamente de él nada más verle, y que su máximo acercamiento carnal se limitase a un beso, es algo realmente sorprendente…

Entre USA e Inglaterra, las líneas de teléfono y el servicio postal trabajaban a marchas forzadas haciendo llegar de un continente a otro las encendidas llamadas y las apasionadas y larguísimas cartas que (sobre todo por parte de él) se cruzaban entre sí. Cuando la ausencia se le hizo insoportable, Elvis Costello le envió un billete de avión para que ella se viniese con él; la quería como regalo de su vigésimo cuarto cumpleaños. Y ahora ya sí se convirtieron en la musa intocable y la fantasía del hombre perfecto. Un gran cambio para ella, que siempre elegía como novios a estrellas del rock porque le gustaban sus temperamentos, su nerviosismo, su inestabilidad, su falta de certeza… era peligroso y divertido y hacía su vida más interesante el levantarse cada mañana con alguien que siempre estaba de un humor diferente. Por eso la enternecía este chico que se arrebujaba con ella llorando, confesándole lo mucho que la amaba, y muriéndose de celos porque mientras él grababa su próximo disco en los estudios ella salía a divertirse con amigos como Billy Idol o Keith Moon, con quien estuvo compartiendo champán y caviar la noche en que falleció.

Amor a primera vista, la relación de Buell y Costello empezó en 1978 y terminó (en 1980) mal cuando ella quedó otra vez preñada y, en medio de una terrible depresión, perdió el hijo. Por ella Elvis olvidó a su anterior esposa y con ella volvió tras dejar a Bebe. Y luego volvió otra vez con ésta. Y finalmente se separaron para siempre jamás. Más de 20 años tras el final, Elvis sigue considerando el tema de Bebe Buell como tabú en sus entrevistas. Pero Bebe piensa lo contrario.

“Me aterroriza lo que me hace Elvis. En sus últimos discos, sigue escribiendo letras que sólo yo puedo entender, porque sabe que seguiré escuchando sus canciones. Él sabe que yo las entenderé, y también que si me pongo a hablar de ello en público la gente pensará que estoy loca. Le encanta que la gente piense que no ando bien de la cabeza. Pero él sabe la verdad, en el fondo”

De hecho, la sombra de Bebe aparece de forma explícita en varias canciones de Elvis: “Party Girl”, “Every Day I Write the Book”, “The Only Flame in Town” y, sobre todo, “I want you”, seis minutos de amor enfermizo y autodestructivo que en su día inspiraron a Michael Winterbottom a hacer una excelente película.

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Elvis Costello – I want you

Irresistiblemente atraída por los chicos malos, en el interregno de su relación con Costello, Bebe formó pareja con Stiv Bators, entonces cantante de The Dead Boys y luego de Lords of The New Church. Como en los casos de Iggy y Steven, el caracter de Stiv se hacía peligroso cada vez que extrañas sustancias corrían por su sangre, pero cuando esto no ocurría era un hombre extremadamente brillante y dulce, que tenía tan enamorada a la pequeña Liv como a su madre, y que tenía una faceta de “amo de casa” desconocida que le hacía hasta fastidioso de lo limpia y ordenada que quería tener siempre su ropa, y que no soltaba la aspiradora hasta que no había dejado el suelo como los chorros del oro.

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The Dead Boys – (I don’t wanna be no) Catholic boy

Juntos fueron la pareja del año 1.980 para la prestigiosa revista “Creem”, y le dieron glamour a la “sucia” escena musical en que se movían, que les consideraba los Sonny & Cher del punk.

Parece mentira que un doctor Jeckyll que cuando más encendido sexualmente se ponía era cuando Bebe vestía amplíos pijamas de franela y calcetines gordos, tuviese en su interior un Mr. Hyde como aquél. Años después de su separación de Bebe, en 1990, Stiv murió en su cama de París como consecuencia de heridas internas tras haber sido atropellado la tarde anterior, habiéndose negado a ingresar en el hospital. Se creía inmune a todo.

“Después de muerto, Stiv quería que lo incinerasen y que todos sus amigos íntimos se metieran una raya de sus cenizas. Y algunos lo hicieron. Caroline Bators, su mujer, lo hizo y comentó que fue muy doloroso, así que me dijo ‘no es necesario que esnifes la tuya‘, así que doblé el papel y lo metí en una caja con forma de corazón”

No sorprendentemente, el de Stiv no fue el único funeral de un novio suyo al que Bebe haya tenido que acudir.

“Después de lo de Stiv Bators, ahora tenía que asistir al velatorio de Johnny Thunders. Mi vida parecía perder sentido. Uno por uno, todos nos levantamos para ver a Johnny. Cuando me tocó el turno, le dije ‘Ya sabes de lo que vamos a hablar: de lo que nunca hicimos‘. Estuve hablando con él un buen rato y al volver a mi sitio me encontré de cara con Steven Tyler. Y yo no sabía que él estaba allí, no me lo esperaba.”

En los años 80, a la vez que descendía el caché de sus novios (como es el caso de John Taylor, de Duran Duran) Buell dió el inevitable paso de convertirse en cantante de rock, aunque con mucho menos éxito que cualquiera de sus parejas. Primero, con un EP de cuatro canciones, titulado “Covers Girl” (1981), donde le acompañaron músicos de The Cars (de hecho, el disco estuvo producido por Ric Ocasek) y la presencia estelar de Rick Derringer, un buen amigo de Todd. Una de las canciones de este disco (“Little black egg”) aparecería años después en un Grandes Exitos de The Cars, aunque cantada por el bajista de esta formación, Ben Orr. Tras un segundo EP, Bebe decide formar un grupo alrededor de ella, The Gargoyles, quienes funcionaron intermitentemente y apenas grabaron dos sencillos, en 1987 y 1993. Su trabajo más redondo, no obstante, firmado por ella en solitario, es el Lp “Retrosexual” (1995), producido por Chris Andersen y con su marido de entonces, Coyote Shivers, a las guitarras. Desde entonces, Bebe ha registrado alguna pieza más, normalmente acompañado por su esposo de turno (en esto la chica es como una puerta giratoria), aunque nada que registre el más mínimo estremecimiento en la escala Richter.

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Bebe Buell – Bored baby

A partir de 1996 y el estreno de “Belleza Robada”, que lanzaría al estrellato a Liv, Bebe empezó a ejercer de supermadre, agente y regidora de la carrera profesional de su hija. Quien, no es de extrañar, decidió un día de 1997 prescindir de sus servicios, ahogada con tanta dedicación materna. Superada la tensión inicial de aquella ruptura, la relación de Bebe con Liv parece moverse dentro de lo normal, al menos de cara a la galería.

¿Despedir a mi madre? Eso es ridículo, uno no contrata o despide a su madre. Simplemente, he preferido cambiar nuestra relación profesional por una puramente personal, que es como debe ser. Y ella sigue siendo mi mejor amiga

Desde entonces, Bebe sigue apareciendo de cuando en cuando en las fotos de las revistas, sea en una reunión de antiguas conejitas, en la presentación de su libro, en sus conciertos o en compañía de otro de sus romances. Una vida plena, sin duda.

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Bebe Buell – Normal girl

Crecí en el CBGB,
eché los dientes en el Max’s Kansas City.
Mi alma es puro rock,
y nunca dejará de serlo.
…soy una chica normal.

UN DIA NADA MAS

A Benito Peinado, donde quiera que ande

Tras el éxito de “Ziggy Stardust” (1972), David Bowie decidió que America le iba mejor a su imagen cosmopolita, y de hecho fue allí donde logró propulsarse en pocos años a la categoría de mega-estrella, con unos cuantos albumes de leyenda: “Aladdin Sane”, “Pin-ups”, “Diamond Dogs”, “David live”, “Young Americans” y “Stationtostation”. La contrapartida de su ascenso al panteón fue la habitual en estos casos: una megalomanía disparada por el consumo ilimitado de cocaína (200 $ al día) y pérdida total de contacto con la realidad. Uno de sus más notables episodios tuvo que ver con su negativa, en noviembre de 1975, a cederle momentáneamente la señal de satélite (que estaba retransmitiendo un concierto suyo) al Gobierno Español para dar la noticia de la muerte de Franco.

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Bowie – Tvc15

Qué ironía, pues, que un cocainómano recalcitrante fuera detenido por la policía de Nueva York en la habitación de un hotel de Rochester, en marzo de 1976, con una bolsa de marihuana que una de sus fans le había pasado en uno de los conciertos de la gira StationtoStation. Más ironía aún que en la misma habitación estuviera uno de los iconos de la autodestrucción en el rock, el señor James Osterberg, Iggy Pop para los amigos. En cualquier caso, gracias a que fue hierba y no otra cosa lo que les encontraron, se les permitió escapar con una pequeña fianza y pusieron rumbo a Berlin.

Exactamente qué pintaban Bowie e Iggy en Berlin no estaba claro para nadie. Dos notorios politoxicómanos polisexuales, sin intención aparente de rehabilitación, en una ciudad en la que, si acababas en el lado equivocado del muro, la policía podía pegarte un tiro y quedarse tan fresca. Es cierto que semanas antes Bowie había dado el numerito en la Estación Victoria de Londres vestido de oficial de las SS y proclamando su admiración por Gobbels y Speer, pero de ahí a marcharse a la Puerta de Brandenburgo a ver desfilar soldados iba un trecho.

Acogidos y alojados por algunos de los miembros de Tangerine Dream, en aquellos primeros días Iggy y Bowie no tardaron en sentirse a sus anchas en una ciudad repleta de bares, cafés, cabarets y clubs de travestidos. Como decía Carlos Alomar, guitarrista de Bowie, “Cuando estaba en California, David sólo bebía leche y Perrier, y ahora no hace más que meterse entre pecho y espalda una cerveza tras otra”. También cocaína, por supuesto. Un pasatiempo favorito de la extraña pareja era ponerse hasta la colcha de todo y luego montarse en el coche para cruzar el famoso Checkpoint Charlie, dandose un garbeo por el lado comunista de la ciudad, el más peligroso. Si alguno de los peatones que se les quedaban mirando con ojos famélicos se hubiera subido al mercedes de Bowie, probablemente hubieran sido todos ametrallados allí mismo.

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Bowie – Always crashing in the same car

Pero pronto los excesos quedaron atrás. “No sé, creo que pese a todo, David empezó a evitar las drogas en esos días. Yo mismo estuve varios días con ellos en su apartamento y lo único que se metieron por el cuerpo fue un huevo pasado por agua.”. Brian Eno al rescate. Dispuesto a devolverle la deuda que el primer disco de Roxy Music tenía con Bowie, Eno se presentó allí para ayudarle a grabar un nuevo disco. Uno que sería producido por Tony Visconti, el productor de éxito de TRex, que ya había dirigido los últimos discos de David.

El nuevo disco de Bowie se grabaría casi simultáneamente a “The idiot”, el primer disco en solitario de Iggy Pop, producido y compuesto en parte por Bowie. Pero mientras éste resultó ser un Lp depresivo, deshumanizado y terriblemente distante (no en vano es la última pieza que Ian Curtis escuchó antes de subirse a la silla), el nuevo trabajo de Bowie resultaría una sorprendente obra de vanguardia, la transición entre su época americana y su nuevo anclaje europeo: Low.

Pese a ser el primer disco de la llamada “trilogía berlinesa”, Low se grabó en su mayor parte en un palacete a las afueras de Paris. Un disco en el que la mitad de las piezas eran instrumentales, para sorpresa de sus fieles, y en el que la paranoia enfarlopada de “Stationtostation” quedaba definitivamente atrás. Un album de perfil bajo (de ahí el título) donde la experimentación abrió nuevos yacimientos de los que muchas bandas de la nueva ola se alimentarían tres años después. Incluso Nick Lowe le dedicó un album respuesta (“Bowi”). Es posible que el disco se grabase en la fase más crítica del divorcio de David y Angie (retratada en “Be my wife”), pero Bowie ya había aprendido a distanciarse de sus propias letras. El único problema con “Low” es que le faltaba esa gran pieza definitiva que le hiciera ser recordado por las generaciones futuras. Un problema que se solucionaría en el siguiente disco.

Tras dejar pasar el impacto de “Low”, Bowie se embarcó como teclista en la gira de Iggy Pop, para sorpresa mundial, y al regreso le produjo otro gran disco, “Lust for Life”, a inicios de 1977. Y, sin solución de continuidad, comenzó la grabación del siguiente Lp en los estudios Hansa, de Berlin, situados junto al célebre Muro. De nuevo producido por Tony Visconti y con la colaboración de Brian Eno, que aportaría al menos dos elementos fundamentales: sus estrategias oblicuas y a Robert Fripp. Lo primero que llama la atención es que, en comparación con “Low”, “Heroes” (compuesto y grabado en sólo un mes) resulta ser un disco más endeble…pero fue el que se llevó todos los laureles, por la idea de romanticismo que transpira toda la obra. De hecho, años después, un grupo de garrulos vestidos de lagarterana tomó a “Heroes” como patrón estético para el movimiento que se dió en llamar “Los nuevos románticos”. Con “Heroes”, Bowie se alejó aún más de su imagen de rock star y se confirmó como un auténtico innovador. Al igual que Chris Burden, en quien se inspiró para “Joe the Lion”.

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Bowie – Joe the Lion

En el centro de todo, presidiendo el disco, aquella gran canción que surgió cuando, sentado en la mesa de sonido de los Hansa Studios, Bowie reconoció al otro lado de la ventana del estudio a Visconti pelando la pava extramaritalmente con una de las vocalistas (Antonia Maass) al pie del Muro, bajo las torretas y las alambradas. Y se le encendió la luz.

Recuerdo
De pié junto al muro
Guardias disparando sobre nuestras cabezas
Y nos besamos, como si nada pudiera caer
Y la verguenza se quedase al otro lado
Podemos ganarles, para siempre jamás
Y entonces ser héroes, un día nada más
Podemos ser héroes, un día nada más

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Bowie – Heroes

El riff de guitarra de “Heroes” provino de Carlos Alomar (aunque bastante inspirado en el “Waiting for my man” de la Velvet) y las bases pronto tomaron cuerpo con Alomar, George Murray (bajo) y Dennis Davis (batería), sobre los que Bowie pronto grabaría su voz (empezando en un susurro y terminando en pura histeria) y el piano. Brian Eno le daría algo más de cuerpo posteriormente con su sorprendente sintetizador EMS (ese soplido que suena durante toda la canción). Pero el elemento que todos asociamos más con la canción es la omnipresente y envolvente guitarra de Robert Fripp. Aunque la mayoría de los que han querido recrear el sonido han hecho uso del aparato llamado E-Bow (un cacharrito que suena como un arco de violoncello para la guitarra), Fripp lo logró simplemente poniendo el ampli a tope y, con suma pericia, alejandose más o menos del mismo según la nota.

“Heroes” fue el disco que permitió a Bowie, pese a su trayectoria como rock star en la primera mitad de los 70, ganarse el respeto de las nuevas generaciones que llegaron pidiendo guerra desde el 77. De hecho, “Heroes” cuenta con un buen puñado de versiones a cargo de bandas de la “New Wave”.

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Blondie – Heroes (feat. Robert Fripp)

Aunque yo, por motivos personales, tengo mi predilecta.

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Dulce Venganza – Heroes (directo sala roll Dancing, abril 1985)

El colofón a la escapada berlinesa de Bowie e Iggy llegaría a mitad de los 80 cuando, reencumbrado como rock star otra vez, Bowie escogió como tercer sencillo de su disco de platino “Let’s Dance” (acompañado de un espectacular videoclip) a una de las canciones compuestas por Iggy en Berlin, “China Girl”. En aquellos días, Iggy pasaba su momento más bajo (llegó a considerar seriamente el suicidio) sin banda ni casa de discos, por lo que la lluvia de royalties que le llegó de repente le ayudaría a remontar su carrera hasta el dia de hoy, e incluso, quién lo diría, igual hasta tiene un final feliz.

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David Bowie – China Girl

TE LO JURO POR MI VIEJA (5)

Con este terminamos la serie de posts cortos refundidos por Carrascus para salvar estas semanas de ajetreo. A partir de la semana que viene intentaremos volver a la anormalidad. Gracias por su comprensión

Ya me advertía mi vieja que no me juntase con ellos, que los rockeros son tipos muy raros..

BLUE SUEDE SHOES

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Captain Beefheart – “Ice cream for crow”

En 1982 el CAPTAIN BEEFHEART había editado su último disco “Ice cream for crow”, y en su retiro vivía en un trailer en mitad del desierto de Mojave, llevando la vida de un viejo hippie que consolaba su soledad invitando a fiestas a todos los amigos que aún le recordaban de sus tiempos de esplendor. A los que acudían a sus reuniones el Capitán les mostraba sus pinturas, les cantaba algunas canciones caseras inspiradas en su vida de ermitaño y, sobre todo, les contaba batallitas (como ahora hago yo con vosotros) de los años 60, en los que en vez de dar aburridas fiestas, era invitado a todas las que los famosos daban en sus mansiones.

Como aquella era la época del verano del amor y de la eclosión de los hippies y sus comportamientos tan naturales, era costumbre bastante extendida prescindir en aquellas fiestas de parte de (si no de toda) la ropa, y del calzado. Una noche en que la fiesta a la que le habían invitado Jack Nicholson y Anne Bancroft se tornó en un coñazo debido a la cháchara con la que los anfitriones querían epatar a sus invitados, Beefheart decidió irse de allí sin avisar no sin antes vengarse por tan aburrida velada llevándose los zapatos de todos los invitados, que estaban amontonados por allí.

La broma le pareció tan divertida que decidió seguir haciéndola en prácticamente todas las fiestas a las que le seguían invitando, con lo que dio comienzo una extraña colección que el Capitán enseñaba orgullosamente a los invitados que venían ahora a verle al desierto.

De un gran armario Beefheart sacaba un enorme baúl de piel y lo abría. Estaba totalmente atestado de zapatos: zuecos, babuchas, alpargatas, zapatillas de felpa, botas, mocasines… toda la gama de calzado. “Este”, decía, levantando sobre su cabeza una cosita color púrpura de la que colgaban unas correas estrechitas, “es el zapato izquierdo de Elizabeth Taylor…”. Luego aupaba una zapatilla de deporte Converse, “ésta es del pie izquierdo de Peter Fonda”… y así seguía. Porque el principal motivo de las fiestas del Captain Beefheart era mostrar sus trofeos a cualquier invitado que viniese: su inmensa colección de zapatos del pie izquierdo de las celebridades que conoció.

Finalmente, después de mucho suspense, alzaba hasta lo alto una sandalia marrón perfectamente conservada con todo su brillo. “Y esta es la estrella de mi colección… ¿de quien pensáis que puede ser?… es el zapato izquierdo de Jeffrey Hunter !!!”. Los invitados solían mirarle con caras de bobo y decir “anda yaaaa, si ese solo era un actor de segunda fila…”. “Sí”, contestaba el Capitán alargando su sonrisa. “Pero es el actor que interpretó “Rey de Reyes”, y yo tengo su sandalia… la sandalia de Jesucristo… ¡¡¡ Esta es la sandalia izquierda del Pescador !!!”

EIGHT MILES HIGH

Humble Pie

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Humble Pie – “Hot ‘n’ nasty”

A mediados de los 70 Humble Pie eran unas de las más importantes bandas de América. Tan grandes que se podían permitir alquilar un Lear Jet para desplazarse en sus giras a través de los USA. El piloto que tenían era un ex-piloto de combate en la Guerra del Vietnam y, durante los vuelos más largos, él y la banda solían disfrutar de pequeñas celebraciones a base de quaaludes, Remy Martin, coca de la mejor calidad y toda clase de psicofármacos y drogas variadas.

Pero como de todo se aburre uno, también ellos ingresaron en la monotonía, y un día, aburridos como ovejas, en un vuelo de Costa a Costa americana, con la compañía de dos señoritas que les hacían los coros absolutamente borrachas, el piloto comenzó a contarle batallitas a la banda y entre otras varias, les contó como la NASA simulaba la gravedad cero. Para aclimatar a los astronautas a la falta de peso hacían subir un avión hasta ocho millas de altura (más de doce kilómetros), hasta el borde de la estratosfera, y desde allí iniciaban un descenso a 45 grados de acuerdo con la curvatura de la Tierra, así el avión caía más rápido que el cuerpo y se establecía una réplica de los efectos de la falta de peso.

Steve Marriott, Dave Clempson, Greg Ridley, Jerry Shirley y, en mucha menor medida, Peter Frampton, consideraron que ésto era una fantástica idea y pidieron al piloto que lo hiciera. Este no se hizo mucho de rogar, y tras subir tan alto como pudo, dejó caer el avión y la banda y las dos chicas (e incluso un reticente Peter Frampton), empezaron a flotar, chocándose unos con otros y, como os podéis imaginar, partiéndose el culo de risa. De hecho una de las chicas del coro se reía tanto que (con la papa que llevaba) se meó tóa y la siguiente idea genial que tuvieron los músicos fue rellenar condones con aquella cosa amarilla que flotaba por allí y tirárselos entre ellos.

Pero con esta divertida batallita todos se olvidaron del hecho obvio de que esa falta de peso era simulada. Cuando el avión salió de la caída y se enderezó, toda la fiesta se fue al suelo de golpe seguida por una masa de viscoso liquido amarillo, la cual, por algún extraño capricho de la física, fue a caer toda enterita sobre un desafortunado Peter Frampton.

DINAMITA PA LOS POLLOS

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Willie Nelson – “Blue Hotel”

Érase una vez la casa de Willie Nelson en las afueras de Nashville; un cuadro de bucólico éxtasis, con un montón de gordas gallinas cloqueando tranquilamente en su jardín. Willie adoraba a sus gallinas. Casi tanto como su vecino adoraba a su gallo de pelea. Pero la adoración de ninguno de los dos era comparable a la que sentía el gallo del vecino por las gallinas de Willie.

Un día, después de llegar a casa y ver de nuevo como una de sus gallinas favoritas andaba toda magullada y medio desplumada, mientras el gallo del vecino se pavoneaba por el jardín buscando su equivalente al cigarrillo post-coital, Willie corrió indignado a hablar con su vecino para pedirle que su gallo cesase inmediatamente de tener este comportamiento tan poco galante. Pero al vecino le dio igual, le dijo a Willie que los gallos eran gallos y qué se le va a hacer.

Así que Willie fue a buscar su escopeta como respaldo a sus razones, por lo que el vecino se avino a enseñar buenas maneras a su gallo… Pero todo fue en vano, porque a pesar de los esfuerzos del vecino, cada vez que Willie Nelson volvía a su casa se encontraba a otra gallina semidesplumada a causa de los pocos miramientos que tenía el emplumado amante a la hora de echar sus polvetes.

Pero la paz volvió a reinar desde aquel día en que Willie Nelson estaba en su frondoso jardín, sentado tranquilamente, rodeado de gallinas cluecas alborozadas, con su escopeta apoyada a un lado, degustando la carne que iba sacando de una chisporroteante barbacoa. Parrillada de gallo de pelea, una delicatessen tejana. Por supuesto, el vecino no fue invitado.

WILD IS THE WIND

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Aerosmith – “Toys in the attic”

A mediados de los 70 AEROSMITH saboreaban las mieles de su triunfo con el disco “Toys in the Attic”; y con Led Zeppelin ya fuera del campo de juego, el mundo del rock les reconocía a ellos como los auténticos reyes.

Por supuesto, había que celebrarlo, y como los miembros de la banda se las pintaban solos para toda clase de festejos, decidieron que había que ayudar a su líder, Steven Tyler, a terminar de esnifar toda la producción colombiana.

Pero la vida sigue, y había que sacar un nuevo disco que les mantuviese en candelero, por lo que había que volver a los estudios de grabación. Y así lo hicieron; con muchas ganas de empezar, que eso nadie se lo discutía, pero comprensiblemente, debido a la cantidad de sustancias consumidas, un poquito espesos en lo que a ideas se refería.

Su productor, Jack Douglas, encontró la solución. Cuando la banda le dijo que el nuevo disco, “Rocks”, querían que fuese un disco “orgánico”, Douglas les persuadió de que la mejor forma de lograrlo era no comer más que verduras durante dos semanas.

Imaginándose que intentando este saludable modo de vida iban a poder paliar los efectos de los excesos cometidos en los meses anteriores, todos estuvieron de acuerdo. Pero cuando terminó la quincena vegetariana sus intestinos estaban bastante apretados e hinchados, por lo que Douglas les prescribió a cada uno un litro de zumo de ciruelas pasadas por la Turmix. Y el efecto fue el que esperaban.

Lo que no esperaban es que el técnico de sonido les hubiese escondido en el servicio del estudio una grabadora conectada, para echarse unas risas. La sinfonía de pedos y cagaleras sonaba de la hostia de bien cuando la puso a todo volumen a través de los monitores del estudio.

Seguramente todavía estará esta cinta por ahí metida en algún baúl de la banda, sin que nadie quiera acordarse de ella. Pero yo no puedo dejar de pensar que si en vez de dejarla acumular polvo la hubiesen editado, seguramente hubiese sonado mucho mejor que cualquiera de sus discos de los ’80.

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Aerosmith – “Back in the saddle”