FIEBRE DEL MILENIO

A petición popular el post de hoy está en realidad sacado del guión de un programa con ese nombre que hacía en la radio. He respetado la locución en su integridad, y he dejado algunas de las múltiples canciones que sonaron en él. No aparecen, por supuesto, todas ellas (era un programa de tres horas), ni las que usaba de fondo mientras hablaba, y subía a modo de cortinilla entre un párrafo y otro; tampoco están las indicaciones de cuando y como meter párrafos, cuñas… Posiblemente el texto os parezca ahora algo desfasado y echeis de menos (o de más) algunos aspectos que han cambiado en la actualidad; pero tened en cuenta que tiene ya más de doce años.
Es muy largo… pensé en dividirlo en dos o tres posts; pero como en realidad el trabajo estaba ya casi hecho y no me ha costado demasiado esfuerzo, he preferido dejarlo tal cual. A lo mejor a tí sí que te convendría no leerlo todo de una vez… en grandes cantidades, las letras a veces embotan los sentidos y eso sería contraproducente. Ocurre lo mismo que con las drogas…

Hoy vamos a dedicar el programa a trazar una historia paralela de las drogas con respecto a la música, nada erudito, no creas, algo divertido (eso espero, al menos) y con sentido del humor, para quitar trascendencia al asunto. Nada de apologías ni de prohibiciones, simplemente un vistazo sobre lo que las drogas han significado en la historia del rock.

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Jefferson Airplane – “White rabbit”

La música y las drogas siempre han sido promiscuos compañeros de cama. ¿Cuantos de los grande LP’s existirían si sus creadores no hubiesen estado… colgados…en su momento?

“Símplemente dí ¡no!”. Este era el lacónico lema de la puritana campaña de los últimos años. “Las drogas no son buenas para tí”, dice ahora un reformado Eric Clapton. Las estrellas del rock de los ’60 y ’70, que tanto hicieron en sus brillantes carreras por popularizar y llenar de glamour el abuso de sustancias, nos hablan ahora (con un aburrido tono de predicador) de la alegría de visitar las que el querido Warren Zevon llama Casas de Desintoxicación, como la Clínica Betty Ford y otros establecimientos enormemente caros que el común de los drogotas nunca podrá pisar siquiera.

Sí, las drogas no son buenas para tí. ¿Pero donde estaría el rock sin ellas? Al igual que Ben Johnson y otros muchos deportistas se han relacionado con peculiares sustancias químicas para mejorar sus resultados, los músicos a través de los años han encontrado inspiración debajo de su nariz o en el fondo de una cápsula. Si las “drogas recreacionales” no se hubiesen inventado, la música rock, tal como la conocemos, podría no haber existido; probablemente. Quizás, no existiría el “Pet Sounds”, ni el “She said, she said” y otras buenas melodías de los Beatles, ni Grateful Dead; ¿hubiese sido el mundo un sitio más feliz?. Jimi Hendrix aún podría estar entre nosotros, y Sid Vicious; pero el punk se hubiese interpretado de forma mucho más tranquila (y no hubiese sido punk después de todo) si “Voodoo Chile” no se hubiese escrito antes. Los “raves” no se hubiesen inventado, y los grupos indies que han creado… ¿como se dice?… “catedrales sónicas de trémula miasmática desesperación”, sonarían que no habría quien los aguantara. Piénsalo, solo tendríamos a Julio Iglesias.

Y por eso hoy queremos hacerte una guía de las drogas con respecto al rock. Puedes oirlo. Puedes oscurecer la habitación, acostarte en el suelo e imaginarte que eres Syd Barret. Puedes grabarlo y luego cortar la cinta en pequeños cuadraditos y venderlos como pastillitas de ácido en el próximo rave de La Fábrica de Colores. Puedes escandalizarte y llamar o escribir a la emisora para quejarte. Pero recuerda siempre porqué Kinky Friedman, el llamado “Cowboy Judío”, dejó la cocaina: él (eso decía) voló su nariz un día “y se le apareció Bob Marley”. No, las drogas no son buenas para tí, así que no intentes eso en tu casa…

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John Lennon – “Cold turkey”

HEROINA, caballo, smack, candy, pico, chute, Henry, scag, de todas esas formas lo conocen sus habituales. Un opiáceo hecho en China y otros paises igual de lejanos.

El método normal de ingestión es inyectándola. También se inhala o se fuma (“cazar al dragón”).

Sus efectos son náuseas, estupor apacible, picores, deseos de escuchar a Jesus & Mary Chain, inhabilidad para sacar el disco de su funda, aburrimiento, sueño, muerte, etc.

Su historia musical… investigando en las dudosas biografías de legendarios artistas de blues y jazz como Charlie “Bird” Parker y Billie Holiday se descubre que todos ellos andaban siempre con “el mono”. Eran geniales, y la genialidad igualaba al dolor, por eso ellos se “disparaban” en “galerías de tiro” o en cualquier otro sitio que pareciese conveniente. John Coltrane ¡qué pena!, Ray Charles estuvo 19 años enganchado (se fué a Las Vegas a dejar el hábito). Pero fué Lou Reed quién monotonamente nos relató como ponía un pico en su vena en “Heroin”, y asombró a todo el mundo con el precio de rebajas que tenía su droga favorita en “Waiting for the man” (“26 dólares en mi mano”) quien atrajo sobre la droga la atención del público que oía música pop. Ya no hubo vuelta atrás. “Fué el mono el que me hizo seguir adelante” se quejaba John Lennon en “Cold Turkey”. “Todos mis amigos están enganchados”, decía Johnny Thunders en “Chinese Rock”. Husker Dü rompieron a causa del “hábito” de algunos de sus miembros, y también los Only Ones… y no vamos a mencionar a Keith Richards… ni a Kurt Cobain.

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Lou Reed – “Heroin”

LSD, ácido, ácido lisérgico tartrato dietil-amida 25, formulado por el bioquímico suizo Albert Hoffman en 1.943 en los laboratorios farmacéuticos Sandoz, en Suiza.

Se engulle y se espera que ocurra lo mejor.

Bajo sus efectos uno se imagina que es un marciano con una antena en la nariz. Deseos de volar, aburrimiento, muerte, etc.

“Dios y el Amor son sólo uno. Al principio yo tomaba ácido para irme lejos, pero descubrí mi interior”, decía Eric Burdon en 1.967. “Mi experiencia con Dios vino con el ácido. Es lo más importante que me ha pasado nunca”, dijo Brian Wilson en 1.968. “Las paredes se doblaban y los colores cambiaban pero Davey decía que viajar era un ritual, no una rutina, y la gente que enloquecía en los viajes no sabía donde estaba. Si tu trip era bueno alcanzabas un punto en el que la luz blanca te golpeaba en un cegador flash de auto-realización”.

La historia musical del LSD comienza en San Francisco, en 1.966. Timothy Leary y Dick Alpert y Gary Snyder y Jerry “Yippie” Rubin y Owsley Stanley decían a los jóvenes que el LSD (todavía legal) era realmente grande. Y los jovenes asentían y organizaban torbellinos psicodélicos en la parte de atrás de su furgoneta Volks-Wagen al igual que hacía Ken Kesey en su autobús.

El LSD era “místico” y la “Estrella Oscura” de Grateful Dead tenía sentido. Pero en realidad, lo que ocurre con el LSD es que la alfombra adquiere un divertido tono verde y confundes a tus amigos de trip con árboles ondulantes que intentan asfixiarte entre sus ramas; así que decides oir tu disco favorito de la Chocolate Watch Band para calmarte, pero cuando lo sacas de la funda se te convierte en un gusano… o en algo peor.

“Lucy in the sky with diamonds” no es una canción sobre LSD, como se decía. Pero todo ese periodo (allá por 1.967) estuvo, incluyendo a los Pink Floyd de Syd Barret, a los Grateful Dead con “Aoxomoxoa” y a otro millón de grupos de los que nunca nadie ha oído hablar, como los Bees de “Voices green and purple” (“Voces verdes y púrpuras, escapan de los árboles, entran por las ventanas, suben por las paredes”) inmerso en esta particular experiencia con la droga de una forma bastante ingenua. Y no vamos a mencionar a Arthur Lee, ni a Roky Erickson, ni a Julian Cope, ni a Bob Moseley de los Moby Grape, ni a Tiny Tim…

“Hagamos un viaje / ¡Sí! Hagamos un viaje / La música sonará a tope / Sí / No más frustraciones / Unas largas vacaciones de por vida / Hagamos un viaje / Me siento tan alto…”

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Jonathan Richman – “Let’s take a trip”

CANNABIS, haschís, draw, carga, mierda, chocolate, blow, pot, kiff. Inventado por la naturaleza.

El método de ingestión es mezclarlo en papel de fumar con un poco de tabaco, ponerle una boquilla y fumarlo. Esto es un porro, un “joint”, y parece que sabe mejor si enrollas el canuto sobre una copia del “Astral weeks” de Van Morrison. También puedes usar un “chillum”, una pipa árabe con un largo tubo para aspirar el humo, o hacerte una infusión de haschís o un pastel de haschís y sentirte extraordinariamente enfermo.

Efectos: uno piensa en la muerte, uno desea ser un junkie y tener un poco de heroína para poder morir, uno se extraña de porqué todos le miran con esa sonrisa, a uno le entra la risilla tonta sin que haya nada ni remotamente divertido, a uno de pronto le entran enormes deseos de escuchar un disco de Bob Dylan, de su etapa más mala (el “Slow train coming” quizás), o incluso el “Tea for the tillerman” de Cat Stevens, pero decide no hacerlo porque los amigos podrían burlarse de uno. Más efectos: Paranoia, hambre, nauseas, sueños aburridos, tos, etc. ¡Qué desastre!

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Cat Stevens – “Wild world”

MARIHUANA, maría, hierba, ramita, arbusto. Se siembra y crece como cualquier otra planta, pero hay que hacerlo sin permiso.

Se ingiere metiéndola directamente a los pulmones, acompañada de grandes “spliff” y afectados “pff-pff” para demostrar a los amigos que uno no es novato en ésto.

Los efectos son, más o menos, los mismos que los del cannabis, excepto que el disco que quieres escuchar en cambio es uno de Toots & The Maytals.

La marihuana es la droga preferida de aquellos que aparentan alucinar con la música reggae; ya sabes, esos que llaman “ganja” a todo lo vegetal y creen que es “sagrado” (o algo así). En los años 70, las estrellas de reggae de Jamaica aparecieron en las portadas de sus discos blandiendo una enorme profusión de pavorosos bucles en las greñas que, astutamente, servían para disimular los monstruosos “petardos” que colgaban de sus labios. Los chicos blancos de los colegios europeos encontraron ésto enormemente atractivo. Posteriormente, las estrellas del reggae prácticamente todas murieron por disparos de gangsters relacionados con el tráfico de drogas, así que los ya no tan chicos blancos que habían estado en colegios europeos se pasaron a Phil Collins y Dire Straits.

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Shaggy – “Oh Carolina”

La historia musical es profusa, todos los músicos de jazz de los ’50 fumaban porros, también lo hizo Bob Dylan, que fue quién inició a los Beatles y los Rolling Stones (bueno, excepto a Charlie Watts); fumaba porros Joe Strummer, de los Clash; e incluso Eric, de los Bay City Rollers. El porro es, si quieres, la droga universal. Y si ingieres una cantidad lo suficientemente elevada, te puedes sentir lo bastante tranquilo como para que te gusten los músicos más… analgésicos. Por eso es por lo que James Taylor llegó a ser rico y famoso.

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Rolling Stones “Brown sugar”

AMPHETAMINAS.-

DRINAMYL. Corazones Púrpura, pastillas estimulantes muy populares entre los “mods” de los años ’60. Las tabletas eran triangulares, con las esquinas curvadas y un color entre azulón y púrpura; y fueron retiradas del mercado en 1.964 a causa de una histérica campaña de prensa. En el Sunday Mirror del 31 de Mayo se leía: “Comienzan experimentando con Corazones Púrpura y otras pastillas estimulantes, luego, a través de los porros de marihuana, progresan hasta la heroína y la cocaína, las dos drogas que casi siempre te llevan a la muerte antes de cumplir los 35 años”.

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The Who – “My generation”

Los efectos del Drinamyl son un deseo de hablar incesantemente de la infancia de uno, o sobre uno mismo en general; un deseo de bailar incontrolablemente al ritmo del “My generation” de los Who; un deseo de colocar un banderín del Sevilla o del Betis en tu vespa; un deseo de renunciar para siempre a comer y en cambio convertirte en un asesino en serie; falta de sueño, espasmos, psicosis, muerte…

“Yo solía tomar corazones púrpura desde las doce hasta por la tarde”, decía un joven en 1.964. “Ellos te hacían ir acelerado… cuando los efectos desaparecían, te volvías loco. Yo solía imaginar cosas, yo creía que había elefantes rosa intentando cazarme, y entonces me venía abajo y comenzaba a hablarle a los insectos. Y la verdad es que hacía el gilipollas… porque los insectos no me respondían”.

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The Jam – “Town called Malice”

DEXEDRINA: Dexys: pastillas estimulantes muy populares entre los “mods” de los años ’60.

Efectos: Más o menos los mismos que los del drinamyl sólo que uno lo que quería era bailar incontrolablemente algún oscuro ritmo de ska.

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Desmond Dekker – “Israelites”

DUROPHET: Bombarderos Negros: cápsulas estimulantes (inventadas para tratar el alcoholismo y la obesidad, que no estuvieron disponibles mucho tiempo) muy populares entre los post-hippies de mediados de los años ’70.

Los efectos eran los mismos que los de las anteriores anfetas descritas, aunque ampliamente multiplicados; excepto que en cambio ahora querías bailar incontrolablemente con algo de David Bowie, o de los New York Dolls, o de Roxy Music, o de los Stooges…

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Stooges – “TV eye”

SULFATO DE ANFETAMINA: Speed. Una droga sintética en forma de polvos. Se injiere vía nasal o (totalmente descompuesta) se inyecta.

Los mismos defectos descritos antes, solo que ahora bailarías el pogo con Johnny Moped o los Pistols; pero aunque te cueste la vida, no eres capaz de decidirte por ninguno de las dos.

“Sí todo el mundo tomara anfetaminas todo el tiempo”, escribió Lester Bangs en 1.976, “todo el mundo comprendería a los demás. En vez de eso nunca escuchan o se pelean con otro hijo de puta porque están demasiado ocupados gastando tres días dibujando líneas psicodélicas sobre un pedazo de papel hasta que está totalmente negro, escribiendo cartas de 80 páginas llenas de ocurrencias insignificantes a sus madres, o creando el “Metal Machine Music”.

La historia musical de las anfetaminas no es mala, porque es un “hecho bien conocido” que la fuerza conductora detrás de todas los mejores temas de Elvis, Jerry Lee Lewis, Jackie Wilson, Little Richard, Pete Townshend, los Small Faces, Johnny Moped y los Sex Pistols fue el speed. No hay nada más que decir.

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Sex Pistols – “God save the Queen”

BARBITURICOS.-

MANDRAX: Mandies, tranquilizantes. Pastillas depresivas que se vendían con receta en Europa. Populares en los años 70, aunque no estuvieron mucho tiempo disponibles; que hacían que la gente rayara sus discos del “Meddle” de Pink Floyd antes de caerse al suelo.

QUAALUDE: Pastillas depresivas que se vendían con receta en Estados Unidos. Populares en los años ’70, aunque no estuvieron mucho tiempo disponibles; que hacían que la gente rayara sus discos del “Late for the Sky” de Jackson Browne antes de caerse al suelo.

TUINOL: Tuneys. Cápsulas sedantes que se vendían con receta en Europa. Populares en los años ’70; que hacían que la gente se cayera al suelo antes de tener la oportunidad de rayar sus discos del “Living in the USA” de los MC5.

La historia musical de los barbitúricos es perfectamente olvidable.

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M.C. 5 – “Ramblin’ Rose”

COCAINA. Coca, Charlie, nieve, blanca, farlopa, “la caspa del diablo”, “el viejo polvo peruano”. Estimulante inventado por la naturaleza.

Esnifarla es la foma más popular de ingestión, pero se han intentado otras muchas maneras.

Los que la usan piensan que son enormemente brillantes e ingeniosos durante algunos segundos. Añadida al “Hotel California” de los Eagles se desarrolla un “agujero extra” en la nariz y uno se vuelve loco… o se muere…

J. J. Cale, Eric Clapton y David Bowie han predicado en sus canciones las excelencias de esta “maravillosa” droga, pero ahora piensan que no es del todo buena. David Bowie, Lowell George, John Phillips, Jimmy Page y Gregg Allman son algunos que han creado música de poca calidad bajo sus efectos… eso tendría que ser ilegal.

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J.J. Cale – “Cocaine”

MESCALINA. Otro regalo vegetal que la madre naturaleza nos regala en el peyote. Solo hay que secar el cactus de donde procede y prepararte para que cuando tu espíritu se libere con ella suceda lo que Dios quiera… o lo que quiera Manitú.

Los que la usan alucinan por un tubo, flotan, se ponen de los nervios, ven a sus antepasados, que se les aparecen para contarles historias ancestrales que ellos convierten en canciones que no entiende nadie más.

Con ella han “hecho el indio” Syd Barret, Allen Gingsberg, Jim Morrison, Carlos Santana, Arthur Lee…

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Ramones – “7 and 7 is”

MAGIC MUSHROOMS. Los hongos mágicos, las nubes mágicas. Drogas inventadas por la madre naturaleza para gente que le gusta oir a Can, y a Gong, y a Faust, y ponerse teteras por sombrero.

Se muerde, o se ingiere en forma de humo, o se echa en agua caliente y se prepara un extraño té con ellas, alrededor de un tronco ardiendo mientras se escucha a Can, o a Gong, o a Faust.

Los efectos de los hongos mágicos son alucinaciones (uno ve sus propios órganos internos y cosas así), nauseas, risilla tonta, trances catatónicos, bailes espantosos, charlas ininteligibles. En su libro de 1.978 “Manas Manna”, el pintor hippy Bob Venosa describe una experiencia con los hongos que tuvo una vez: “Mi visión llegó a ser total. Vi el sol, el agua, el aire y la tierra fusionándose contínuamente y separándose en mandalas de formas que se mezclaban con el paisaje, conmigo mismo… Ví al sol dando a luz a los planetas, los planetas dando a luz a la humanidad, y a la humanidad como un receptáculo en el que se almacenaba el flujo sobrante de una fuente sin fin de amor y expresión vaciada sobre el infinito…” Ejem… los hongos no parecen una idea muy buena.

Su historia musical pasa por Can, Gong y Faust.

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Can – “Last night sleep”

NITRATO DE AMYLO. Amys. Poppers. Líquido estimulante del corazón, envasado en ampollas de cristal, que se inhala.

Consiste en nitrito de tri-metilbutanol, (CH3)2CHCH2CH2OH y 2metilbutanol, (CH3CH2CH(CH3)CH2OH, con otros nitritos de series homólogas, mezcla de isómeros conteniendo no menos del 97% y no más del 100% de C5H11NO2, principalmente nitrito isoamylo… ¿está claro?… uno debe saber lo que se pone debajo de la nariz.

Efectos: la cara se te pone púrpura, quieres hacer cabriolas al ritmo de los Village People y te entran ganas de follar con gente de tu propio sexo.

La historia musical de los poppers no es muy fecunda: fans creciditos de Abba y Village People y gente así.

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Abba – “Dancing queen”

EXTASIS. E. Cápsulas o tabletas con nombres invariablemente tontos que me niego a reproducir. La generación “rave” las ha elegido en sustitución de los cubatas. Es una droga un poco cajón de sastre por lo que nadie sabe realmente qué está tomando cuando se mete un “extasis” (o se “cuelgan en uno”, como se decía en el lenguaje original acid house). Ha habido pastillas conteniendo combinaciones de barbitúricos, heroína, LSD, anfetaminas, polvo de ladrillo, polvos de talco infantiles de Johnson & Johnson e, incluso en ocasiones, de MDMA (la combinación química que originalmente se llamó Extasis).

Preguntado recientemente Keith Richards: “En el 88 te preguntamos si habías probado el éxtasis y dijiste que no. ¿Lo has reconsiderado desde entonces?”

“No, cualquier cosa que se llame de ese modo tiene que ser un rollo. Y de todas formas, conozco los ingredientes y los he tomado todos. Probablemente yo lo inventé antes de que empezaran a conocerlo.”

Sus usuarios suelen sentirse inseguros y desarrollan un curioso hormigueo en los pantalones y una poderosa urgencia de: a) acariciar a extraños, b) sonreir como una persona poco dotada intelectualmente y c) bailar torpemente durante un mínimo de ocho horas.

Su historia musical comienza con el acid house, y sigue con el house de 125 rpm y la magnífica percusión de Bez, de los Happy Mondays. Como los manufacturadores de extasis introducen en la droga anfetaminas cada vez más y más baratas, la banda sonora de la “experiencia” es más rápida cada vez. De ahí el techno. El éxtasis es conocido por su bajo control de calidad musical, por eso sus usuarios durante largos periodos son muy conocidos por bailar hasta con las alarmas anti-robo de los coches.

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Primal Scream – “Loaded”

DROGAS PARA POBRES.-

PIELES DE PLATANOS. Gente de pensamiento hippie que no tenía dinero para un porro (o no sabían donde conseguirlo) durante los años ’60, se convencieron a sí mismos que fumarse la piel de un plátano podía tener los efectos deseados… Alguien les comió el coco.

ASPIRINAS EN COCA-COLA. Gente de pensamiento mod que no tenía dinero para estimulantes se convencieron a sí mismos que diluir un par de pastillas para el dolor de cabeza en el brebaje internacionalmente conocido podía tener los efectos deseados… Mala suerte.

DODOS. Gente de pensamiento punk que no tenía dinero para estimulantes buscaron químicos y farmacéuticos de pocos escrúpulos que les proporcionaran por la trastienda píldoras contra el asma. Una vez que habían tomado demasiadas, su corazón latía mucho más rápido, comenzaban a sudar a chorro y se ponían muy enfermos. Si tenían suerte podían salir del paso sólo con un resfriado crónico.

Aunque Donovan cantó sobre plátanos (“Plátano eléctrico, esta va a ser la fase inmediata”) en “Mellow Yellow”, no hay evidencias de que ninguna otra música pop digna de consideración haya sido creada en aspirinas o dodos.

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Chumbawamba & Credit to the Nation – “Enough is enough”

En las drogas para pobres nos ha faltado oler pegamento, pero, ni esto es un estudio serio, ni tenemos tiempo para reflejar todo lo que una mente humana puede maquinar para ponerse a tono.

Habrás echado en falta el crack. Eso ni siquiera se puede tomar a broma; y nos falta aún algo de perspectiva sobre él.

Hay más cosas, por supuesto. Leemos “Miedo y asco en Las Vegas”.

Teníamos dos bolsas de hierba, 75 pastillas de mescalina, 5 hojas de àcido de gota de gran potencia, un salero mediado de cocaína, y toda una galaxia de pastillas multicolores para subir, para bajar, para chillar, para reir… y además un cuarto de tequila, un cuarto de ron, una caja de cervezas, una pinta de éter puro y dos docenas de amilos.

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Black Grape – “Kelly’s heroes”

Además está la codeína, presente en todos los preparados para la tos. El stramonio, del que Antoñito Smash se jactaba de ser el único músico sevillano que lo había probado (aunque posiblemente Marcos Mantero la haya recetado alguna que otra vez en su consulta homeopática).

Y la madre de todas las drogas: el adrenocromo… Volvemos a “Miedo y asco en Las Vegas”.

“Echa un vistazo a esa botellita marrón que hay en mi estuche de afeitar.”

“¿Qué es?”

“Adrenocromo, no necesitas mucho, basta una pizca; a su lado la mescalina parece pura gaseosa. Si te pasas tomando te vuelves completamente loco.”

“¡Dios mío! ¿A qué especie de monstruo te echaste esta vez de cliente? Esta sustancia sólo tiene una fuente posible… las glándulas adrenalínicas de un ser humano vivo. Si se lo sacas a un cadaver no sirve.”

Empecé a sentir los efectos de aquello. La primera oleada fué una combinación de mescalina y methedrina. Una pizca de esa mierda te convertirá en una especie de monstruo de enciclopedia médica. Te estallaría la cabeza como una sandía, quizás engordases 40 kilos en dos horas… y te saliesen garras y verrugas sanguinolentas, y te dieses cuenta de pronto de que tenías seis inmensas tetas peludas en la espalda.

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Slayer & Ice-T – “Disorder”

Y hasta aquí ha llegado nuestra guía de las drogas con relación al mundo del rock. Si te ha parecido que esto era una apología haya tú con tu (mala) conciencia, sólo hemos pretendido divertirnos un rato; y si te hemos hecho descubrir o aprender algo nuevo, eso que hemos ganado. De todas formas ten en cuenta que yo sólo hablo de oídas, mi relación práctica con las drogas es más que limitada.

Si hemos conseguido “engancharte” (al programa me refiero, por supuesto) no dudes en volver a sintonizarlo la próxima vez.

Me despido hasta entonces. See you later… Adiós.

YA DORMIRÉ CUANDO ESTÉ MUERTO

WARREN ZEVON fue un alcohólico. Fue también, en varios momentos de su vida, un adicto al sexo, un maltratador de su pareja, un loco por las armas, un colgado de la química que, dependiendo de la fase de su vida, completó un arco desde el LSD a la Viagra, y un enfermo obsesivo-compulsivo al que podía arruinar el día la calidad del sonido del burbujeo de una lata de Coca-Cola recién abierta.

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“Werevolves of London”

La razón por la que ahora sabemos todo esto es porque cuando el cantante murió de cáncer de pulmón hace ahora cuatro años dejó tras de sí algunas peticiones. Una de ellas fue para su hijo Jordan, de 34 años, al que pidió que después de que su cadaver fuese sacado de su casa, limpiara ésta de todo el porno que coleccionaba. La sorpresa de Jordan al hacerlo fue que no se trataba de películas X compradas en sex shops, sino porno del propio Warren Zevon con toda clase de mujeres, rodadas por él mismo. Otra de las peticiones fue a su antigua esposa, Crystal, de la que se divorció en 1.981 tras siete años juntos, a la que pidió que escribiese un libro sobre su vida… pero contando toda la verdad, incluso las partes más feas: “Porque ese era el chico que escribía esas canciones tan excitantes”.

Y ella lo hizo, vaya que si lo hizo. Escribió una historia oral sobre un genio atormentado que podía ser un pedazo de pan con sus colegas músicos y un minuto después un imbécil abusón y violento con su esposa. De ese libro, recién editado, han salido muchas claves para la redacción de este post, e incluso hemos cogido prestado su título para ponérselo también.

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“Lawyers, guns and money”

Bueno, yo me llevé a casa a la camarera
Como siempre suelo hacer.
¿Cómo iba a saber yo
que ella también estaba con los rusos?
Yo estaba apostando en La Habana
Y solo me arriesgué un poquito.
Mandadme abogados, armas y dinero.
Papá, sácame de este follón.
Ahora estoy escondido en Honduras,
Soy un hombre desesperado.
Enviad abogados, armas y dinero.
Estoy metido en un buen lío…

Warren Zevon nació en Chicago, en 1.947. Su madre fue una de esas bellezas angelicales que suelen servir de florero para que las luzca su marido, en este caso el padre de Warren, un jugador profesional y gangster de la banda del famoso mafioso Sam Giancana, que había nacido en Kiev pero vivía en los USA desde los dos años, en que la familia Zivotofsky de Ucrania se había convertido en la familia Zevon de Brooklyn.

La introducción a la música de Warren tuvo lugar el día de Navidad de 1.955 cuando su padre apareció en casa después de una partida con un piano de cola que había ganado al poker. Como la reacción de su madre (acérrima religiosa) fue gritarle que sacase inmediatamente de su casa esa máquina diabólica, su padre cogió el cuchillo de trinchar el pavo navideño y lo colocó a un milímetro de la cabeza de ella, que optó por buscar un refugio más seguro en el domicilio de sus padres. Luego sentó a Warren al piano: “Hijo mío, este es mi regalo de despedida. Me voy. Ya estoy harto de aguantar a la loca de tu madre y a su familia. Pero ella es tu madre y tú debes quedarte. Hay algo que tienes que saber; tu madre y tu abuela te han estado diciendo que tú serás alguna vez el Papa de Roma, ¿verdad? Bien, pues tú nunca llegarás a ser el Papa, ¿y sabes por qué? Porque eres judío. ¿Me escuchas, hijo? Tú eres judío, como yo. No lo olvides nunca”.

Como el piano se quedó, Warren comenzó a estudiar música con un profesor que vió enseguida su potencial. A partir de ahí, durante las mañanas Warren daba clases de piano con Igor Stravinsky y por las noches asaltaba el mueble-bar donde su madre guardaba bajo llave el whisky que antes bebía su marido. Y cuando era poco más que un quinceañero ya había escrito canciones para The Turtles (“Outside chance”, uno de sus singles primerizos) y experimentado con todas las drogas conocidas. Ahora vivía en California, la Meca del rock y de la vida disipada.

Demasiado ambicioso para ser un hippie convincente, Warren vió después de editar su primer disco, en 1.969, que ese no era el camino. No le satisfacían las canciones que incuyó en él ni las que iban llegando a su cabeza, viciadas por las musiquillas tontorronas para anuncios que se veía obligado a hacer para vivir, porque ahora era, además un hombre con cargas familiares. Para entonces ya se había casado también con Crystal, en una ceremonia de ésas que hacen en Las Vegas, completamente alucinado por el LSD. Para hacer canciones que quedasen en el recuerdo colectivo había que gastar zapatos caminando por los paisajes del mundo y empaparse de las historias que contase el paisanaje que lo poblaba. Crystal le insistió en que tenía que desintoxicarse de las miserias del mundillo musical californiano y que debían venirse a Europa, siguiendo esa tradición de artistas americanos exiliados que en su propio país se encuentran desplazados y extraños. Su viaje iniciático les trajo a España, donde soñaban con vivir las mismas aventuras de Hemingway, Henry Miller o Gertrude Stein, y se buscaban la vida con Warren tocando y cantando por las calles de Granada y Sevilla, o currando durante un mes en un bar irlandés de Sitges, en el que cantaba todas las noches historias llenas de libidinosos caballeros, curas pervertidos y doncellas asesinadas, a cambio de algunas monedas e incluso algún billete de aquellos de cien pelas. Allí también se hizo amigo del dueño del garito, un antiguo mercenario que le sirvió de inspiración para componer una de sus mejores canciones, “Roland the Headless Thompson Gunner”, la macabra historia de Roland, un especialista en metralletas que fue asesinado por orden de la CIA, y cuyo fantasma descabezado recorrió África hasta conseguir vengarse de su asesino.

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“Roland the Headless Thompson Gunner”

De vuelta a casa con el bagaje existencial apropiado, sus canciones enseguida llamaron la atención de Jackson Browne, David Crosby y Linda Ronstadt, y el éxito que empezaba a sonreirle dio lugar al inicio de una pesadilla de proporciones Fitzgeraldianas que le hacía ascender y caer continuamente.

Detrás de canciones quintaesenciales del Zevon de los ’70, como “Lawyers, guns and money” o “Excitable boy”, estaba la depravación de su vida real, mucho más sucia que el mito que veíamos.

En navidades de 1.976, un Warren Zevon muy borracho, que había regresado con su mujer a España para disfrutar del país con más medios y dinero que la primera vez, echaba a patadas a ésta y a su hija de cinco meses de su habitación de un hotel de Marbella, para desaparecer poco después. Una semana más tarde la llamaba desde Marruecos, roto y desecho en lágrimas, pidiéndole perdón y jurándole que no recordaba como había llegado hasta allí.

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“Excitable boy”

Llevó a la pequeña Suzie al baile de fin de curso.
Un chico excitable, dijeron todos.
Y la violó, y la mató, y luego la devolvió a su casa.
Un chico excitable, dijeron todos.
Después de diez largos años le soltaron del reformatorio.
Un chico excitable, dijeron todos.
Y excavó la tumba de Suzie y se hizo una jaula con sus huesos.
Un chico excitable, dijeron todos.
Bueno, no es más que un chico excitable.

El final de la década de los ’70 trajo consigo la heroína y las pistolas, que solía usar para disparar a los famosos que no le gustaban… no temas, no les disparaba a ellos en persona, sino a las fotos que solían poner de ellos en las carteleras y marquesinas de los teatros de Sunset Boulevard.

En los años ’80 ya había tocado fondo. Y como no podía caer más bajo inició una ascención de la mano de R.E.M., con los que estuvo de gira, que culminó con la edición del increíble “Sentimental Hygiene”. En las sesiones de grabación de este disco solían estar presentes tres de los cuatro componentes de R.E.M. (Buck, Berry y Mills) que le acompañaban a la guitarra, batería y bajo en muchas canciones, que dieron lugar posteriormente al disco que editaron bajo el nombre de Hindu Love Gods.

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Hindu Love Gods – “Raspberry beret”

Ahora ya libre del alcohol, Warren Zevon transfirió su comportamiento adictivo al sexo y a su trastorno obsesivo compulsivo; solo fumaba Silk Cut después de haber quitado la C de la marca en los paquetes, y echaba broncas a las chicas que no iban bien vestidas a sus conciertos, aunque él insistía en comprarse la misma clase de camiseta gris una y otra vez. De todas formas, sus amigos seguían viendo al cordial y divertido Warren.

En el 2.002 se le diagnosticó el cáncer que acabó con él un año más tarde. Durante ese periodo volvió a descender a los infiernos de la degradación, pero sus amigos y, sobre todo su ex-mujer, lograron sacarle de allí y que al menos antes de morir dejase el buen recuerdo de un disco final, “The wind”, que sirviese como testamento musical más honroso. Se dice que detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer. Quizás no podamos decir que este sociópata autodestructivo fuese un gran hombre, pero desde luego, sin Crystal seguro que no hubiese llegado ni a la mitad de los logros que realizó en su vida.

La gran promesa que fueron sus sensacionales primeros discos nunca le llevó a tener el reconocimiento que se podía esperar, sin embargo ha tenido dos Grammys póstumos.

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“I’ll sleep when I’m dead”

Este post ha querido reflejar la faceta más desconocida de Warren Zevon. De su carrera musical ya se han ocupado en otros artículos más enciclopédicos y, si teneis interés, podeis leer también su entrada en la Wikipedia. Pero este tipo tan difícil siempre ha sido una figura cuya música ha estado junto a mí durante treinta años, por eso me gustaría terminar pidiéndote que seas un poco piadoso con este Ernest Hemingway de la guitarra de doce cuerdas, que a pesar de no haber tenido nunca grandes pretensiones literarias ha sido comparado con Dorothy Parker o Nathanel West por personas tan respetables para tí como Bruce Springsteen. El buen gusto literario de las letras de sus canciones también lo atestigua así, el mismo buen gusto literario que llevaba a Warren a ser el único músico que se pateaba las librerías de todas las ciudades por las que iba de gira. En realidad nunca quiso ser la voz de una generación… ni siquiera un rockero al uso; su Olimpo era la literatura. Lo que de verdad hubiese querido era ser el hijo que Hemingway o Scott Fitzgerald nunca tuvieron.

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“Desperados under the eaves”

Y si California sucumbe bajo el Océano
Como los místicos y los estadísticos dicen que ocurrirá,
Yo predigo que este motel resistirá de pie
Hasta que yo pague mi cuenta…

Como es posible que te apetezca escuchar más canciones
que las que aparecen en el post,
y eMule no es especialmente prolífico en material de Warren,
solo tienes que pinchar en este enlace
y te podrás bajar completo el recopilatorio que se editó en el 2.002
con 22 de sus canciones más significativas. De nada.

TICKET TO RIDE

Para Lali, porque sus comentarios marcaron el número 1.000… y el 2.000… y seguramente marcarán también el 3.000

¿Contar algo de The Beatles que no sepais? ¿A estas alturas y con lo trillado que está todo? Imposible, o casi. Pero en este artículo sí nos gustaría hacer referencia a un momento de su historia que tal vez se haya pasado por alto.

El arco que describe la historia de The Beatles como grupo, desde Liverpool-Hamburgo hasta las tristes sesiones que cada uno grababa por su cuenta en “Abbey Road”, está bien documentada. Sin embargo, hay un punto decisivo al que no se le ha dado toda la importancia que tiene. ¿En qué momento rompieron las limitaciones de ser un grupo de rock and roll y empezaron a volar? O, en palabras de Bob Stanley, “el momento en que la Beatlemania de los flequillos termina y comienza el auténtico legado de la banda“. El legado que les llevaría, en palabras de John, hacia “the toppermost of the poppermost”.

Ese momento, el punto de inflexión de su carrera, se encuentra en esta canción.

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The Beatles – Ticket to Ride

La idea original era de Lennon, pero el trabajo final es un esfuerzo conjunto de toda la banda. Los diarios de sus sesiones nos cuentan que la canción se grabó el 15 de febrero de 1965, justo después de que Ringo regresara de su luna de miel (su hijo Zak, actual batería de Oasis, nacido en septiembre de ese año, ya estaba en camino) y pocos días antes de que todos salieran hacia las Bahamas para comenzar el rodaje de “Help!”, en cuya banda sonora convertida en disco iba a incluirse con todos los honores esta canción. “Eight arms to hold you” era el título de trabajo de aquel disco que preparaban. Lo que no figura en los diarios es de dónde vino aquel sonido antes nunca oído en un disco. Hay quien cita como influencia a las guitarritas de The Searchers (en concreto, su delicioso “When you walk in the room“), unido a la contundencia de los Who (“I Can’t Explain” era número uno en aquellos días) o la malicia de The Kinks (“All the day and all of the night” también andaba por las listas).

Y no sólo las influencias. En aquella sesión George se despediría para siempre de su rutilante Rickenbaker de 12 cuerdas, usada de forma intensiva a lo largo de los discos “A hard day’s night” y “Beatles for sale“.

Pasa algo extraño con esta guitarra; no sé si su electrónica es muy buena o la tienen que mejorar, supongo que tendrán que hacerlo. Hay un montón de controles en ella… cuatro botones y otro botón más pequeño que nunca he sabido para qué sirve; lo he manipulado pero nunca parece hacer nada… En realidad de esta guitarra, por mucho que la tocase solo podía obtener una especie de sonido brillante, que es el que suelo usar, y otro tono más silencioso que no he usado en mi vida. El de “Ticket to ride” es el sonido brillante.

No tenía por qué preocuparse: apenas un mes después de que se publicase la canción, a las listas de éxito llegó “Mr tambourine man“, con Jim McGuinn al frente de The Byrds tomando el relevo con esta guitarra.

De hecho, esas primeras notas de la guitarra (un arpegio en La) dejaron con los pies frios a los ejecutivos de la EMI cuando la oyeron por primera vez. ¿Qué era aquello? No era un rock and roll, ni una balada, ni un tema pop. ¿Qué carajo intentaban hacer aquellos niñatos con ese medio tiempo? ¿Y esa amplificación? ¿Querían ahuyentar a las niñas?

Casi. Años después, John se referiría a “Ticket to ride” como “uno de los primeros discos de heavy metal de la historia“, describiendo el efecto que querían lograr en el estudio, marcados por los sonidos más duros que envolvían a Londres en aquellos días: Yardbirds, Who, Animals, Stones. El hecho de que el resultado final no recuerde demasiado a estas influencias dice mucho de hasta qué punto la banda supo crear algo nuevo en casi todo lo que abordaba.

Y sin embargo, muchos serían los que intentaron imitar ese estilo. En especial esa primera cadencia con la que se abre la canción, esos versos monocordes que comienzan con “I think i’m gonna be sad” y se liberan con “going away” para que estalle toda la melancolía del estribillo y acabe por darle el tono final al tema. O ese ritmo astringente de Ringo (aunque realmente fue McCartney quien tuvo la idea) a los timbales, lejos de la caña brava de sus sencillos anteriores. Ya decimos que esta canción abrió para el cuarteto la puerta a un universo musical por descubrir.

Las innovaciones guitarreras de esta canción no se limitaban a lo anteriormente apuntado del abandono de George de su guitarra habitual, sino que por primera vez en la carrera de los Beatles, en las sesiones el guitarra solista no fue él ni Lennon; aquí las partes del break fueron grabadas en un overdub (se dice que aquí fue la primera vez que se usó esta revolucionaria técnica de grabación) por Paul McCartney con su nueva Epiphone Casino. Este cambio en la dinámica del grupo no pasó desapercibido, claro, sobre todo después de que Lennon dijese ante las grabadoras de los periodistas: “Hey, escucha! ¿Oyes como toca Paul? Esta semana el tío se lo ha estado currando como guitarra solista… qué máquina! Reconozco que ha mejorado muchísimo”.

Aún más. Aunque no está clara la fecha, poco antes de grabar el single Lennon y Harrison ya habían tenido su primer contacto con el ácido. ¿O es que pensabas que este enorme paso desde el sentimiento semi-acústico del “For Sale” hasta la metálica densidad de “Ticket to ride” era mera coincidencia…? McCartney aún no sabía nada, aunque pronto se pondría al día. En cualquier caso, el estupefaciente de la casa era, indudablemente, la grifa, que ya consumían en buenas cantidades, y que les ayudó a no perder la cordura durante el caótico rodaje de “Help!”.

Y además de todo, “Ticket to ride” fue la primera canción de los Beatles en superar la barrera de los tres minutos de duración.

¿Y la letra?

Creo que me voy a poner triste, y creo que va a ser hoy
La chica que me vuelve loco se marcha de aquí
Ella lleva un billete para viajar
Y le da igual
Ella decía que vivir conmigo la deprimía
y que nunca se sentiría libre conmigo al lado
Ella lleva un billete para viajar
y le da igual
No sé por qué vuela tan alto
Deberia pensárselo bien
Debería ser justa conmigo
Antes de decirme adiós
Debería pensárselo bien
Debería de estar justo a mi lado

Como veís, John nos cuenta cómo se le marcha la pibita y no mueve un dedo por retenerla. Cosas de la grifa, probablemente. En broma, John decía que un “billete para viajar” era un certificado de buena salud que las autoridades de Hamburgo expedían a las prostitutas del puerto antes de que entraran en el negocio. Y, más en broma aún, Paul decía que la letra realmente hablaba de un billete para el barco Ferry que llevaba… a la isla de Ryde, donde supuestamente había una clínica en la que se practicaban abortos, ilegales en aquel tiempo. Ja!!.

Bien está lo que bien acaba. El single, publicado en abril del 65, estuvo tres semanas en el número uno de las listas inglesas, y solamente una en las americanas (desplazado por los Beach Boys y su “Help me Rhonda“). En cuanto al grupo, nada sería igual. En junio, se grabó la primera canción del cuarteto en la que sólo tocaba uno, “Yesterday“, y las semillas del amargo final quedaron plantadas, aunque aún tendrían por delante sus años de gloria. En octubre empezaron a grabar “Rubber Soul“, y en 1966 dijeron adios al directo para centrarse en sus discos de estudio. Al año siguiente llegó el Sargento Pimienta.

LAS MANOS QUE MECEN LA CUNA

Hoy vamos a volver con uno de nuestros jueguecitos. Es posible que éste os resulte algo más difícil que los anteriores ya que no aparecen en él grandes figuras conocidas del mundo del rock.

Y ese término de “conocidas” que he colocado ahí no es gratuito. Todas las personas que aparecen son grandes figuras del mundo de la música porque todas ellas han sido pioneras en alguno de sus aspectos. Todas ellas han abierto caminos que luego se han convertido en autopistas a base de que todo el mundo los usara para circular. Todos los que disfrutamos escuchando música les debemos algo a ellos.

Y sin embargo ninguno de ellos es músico.

Aquí tienes dos slides con veinte personajes y sus descripciones. Veinte personajes que cambiaron el mundo del pop de una u otra forma. ¿Los conoces…? ¿Podrías asociar las fotos con las descripciones, y unirlas a un nombre…? Ahí tienes la sección de comentarios.



Posiblemente echarás en falta a algún otro personaje. Yo solo he elegido a veinte de ellos; a los veinte que considero que han abierto caminos más largos e importantes. Pero háblanos de los que tú piensas que deberían estar en esta relación… Sin importar si conoces o no a los que yo he sacado a colación, dínos que aspecto importante del rock no sería el mismo a no ser por la persona en la que estás pensando tú…

Que disfruteis del juego.

HACERSE EL SUECO

Oye… ¿a vosotros no os gustaría que os diesen una paguita para así poder pasar muchas más horas escuchando la música que os gusta…? Estaría bien, ¿no? Trabajaríamos solo media jornada y la otra media nos la pasaríamos tumbado en el sofá con los altavoces a tope e inflándonos de cerveza a la salud del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales…

Pues para lograrlo lo único que nos hace falta es hacernos el sueco.

Un sueco, fan del heavy metal (…tenía que ser!) ha conseguido que sus preferencias musicales hayan sido oficialmente clasificadas como INVALIDEZ por la Seguridad Social de su país.

Este tío de la foto… Roger Tullgren. 42 años viviendo del cuento, y a partir de ahora los resultados de los análisis psicológicos que le han hecho permiten a este amante del metal suplementar sus ingresos laborales con una paguita benéfica que le pasa el Estado.

Diez años se ha tirado para conseguirlo, pero al final lo ha logrado. Ahora trabaja unas horitas en un restaurante de su ciudad, sin matarse demasiado, solo lavando platos, y a final de mes pone la mano dos veces. Y no solo eso, sino que su jefe, comprensivo el hombre con la discapacidad de su empleado (parece que en Suecia también teme la gente que les tachen de “políticamente incorrectos”), le ha concedido una dispensa especial que le permite escuchar música a volumen alto mientras currela. Eso sí, cuando el restaurante esté muy lleno le pide por favor que la baje un poco. También puede vestir como quiera e ir a los conciertos que desee, siempre y cuando recupere después las horas que ha perdido.

Tres psicólogos… tres!… se han puesto de acuerdo en que este diagnóstico era necesario para evitar que el pobre Roger fuese discriminado de nuevo.

…Y es que los demás jefes no eran tan comprensivos… la madre que los parió! Y todo porque de vez en cuando faltaba al trabajo y se iba por ahí para asistir a algún concierto… total, si el año pasado solo hizo eso 300 veces… ¿eso es motivo para que lo discriminen? Pues ya ves, sus jefes se aburrían de que desapareciera tanto y lo dejaban desempleado y cobrando la miseria de ayuda que le dan a los parados…

Con lo que cobraba en el paro no podía pagarse los tatuajes, ni las calaveras, ni esos anillos tan bonitos que luce… ni comprarse champú para su bonita y larga cabellera. Ni tomarse unas birritas con su hermano mayor para agradecerle que le descubriera el heavy con sus discos de Black Sabbath cuando solo tenía seis añitos…

Ya no tiene que preocuparse. En sus sesiones de psicología ocupacional le han solucionado todos sus problemas. Ahora tiene un papel con muchos sellos oficiales que dice que su estilo de vida heavy metal está clasificado como enfermedad (…y yo que creo que estoy de acuerdo con eso…!), una certificación que le titula para un suplemento salarial a cargo de todos sus paisanos, aunque estos prefieran escuchar a Abba en vez de a Yngwie Malmsteen.

El papelito en cuestión que firmó dice lo siguiente: “Roger se siente obligado a seguir su estilo de vida heavy. Eso le coloca en una situación difícil en el mercado laboral. Por lo tanto necesita ayuda económica extra”. Así que ahora, cuando quiera cambiar de empleo solo tiene que ir a las entrevistas de trabajo vestido con sus ropas habituales (la corbata de tachuelas puede dejarla en casa), y enseñarle a los entrevistadores el papelito de marras.

¿Qué pasa…? ¿Estais perplejos…? Pues no tanto como el portavoz de la Seguridad Social de Estocolmo, que no da crédito a lo que les han obligado a hacer los médicos, y dice que permitirle a éste tío que haga esto es como enviar a un adicto al juego al casino. Hay que curar la adicción, no promoverla… Aunque yo creo que lo que más le duele es el bolsillo, porque dice también que le parece absolutamente extraño e increible tener que pagarle a menos que hubiese otra diagnosis subyacente que desconozcamos.

Vamos, que un “interés por la música” no le parece enfermedad suficiente para asignarle una pensión. Está de acuerdo en que la deontología obliga a la confidencialidad para con los pacientes… pero, joé!, al menos podían haber documentado bien las razones médicas de este diagnóstico.

En fin… que al final van a tener razón los que dicen que en los paises escandinavos nadie se responsabiliza de sus propias acciones.

Mientras tanto, Roger Tullgren está feliz como una perdiz y dice que ya está muy mayor para aprender a disfrutar de otros tipos de música, y que el heavy metal es su estilo de vida… no te fastidia…?! Y ahora más.

Lo malo es que no se limita a escuchar esta música, sino que también la interpreta, y forma parte de la banda SILVERLAND, en la que toca el bajo y la guitarra; bueno, eso dice él, porque en los créditos de su página web pone “Roger — something”, o sea que hace “algo”.

Ésta que teneis aquí abajo es una de las canciones del grupo. Está puesta más que nada por curiosidad; teneis mi permiso para escucharla solo un poquito y no llegar hasta el final… aunque os aseguro que es la menos mala de las que incluyen en su página de MySpace.

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Silverland – “I hennes varld”

Y lo peor de todo es que se muestra orgulloso y dice que la gente que va a sus conciertos le transmite un montón de reacciones positivas por atreverse a ser como es…

Anda, tío, que te pires…!!!!!

FANTASÍA ORIENTAL

Para Musicaclásica. El porqué lo entendereis enseguida

Buscando información hace unos días para responder a una pregunta que hacía nuestro amigo Musicaclásica estuve navegando por la red leyendo todo lo que podía acerca de Nikolai Kapustin. Y encontré unas declaraciones suyas, que (traducidas libremente) venían a decir algo así:

Conocí a esas chicas en Minneapolis, cuando estaba visitando a Immanuel Davis, un profesor de flauta de la Universidad de Minnesota. No pararon de darme coba durante todo el rato diciéndome que mi música era como la de Gershwin pero más jazzy, y más compleja; que la amaban, me decían. Y que por eso querían que les escribiese una pieza para ellas. Un trío para piano.

Yo me negué, claro. Les dije que no me gustan los trios para piano, porque normalmente los tres músicos para tocarlo lo hacen con piano, violín y cello, y yo creo que estos instrumentos son inadecuados unos para otros y no se mezclan muy bien.

Pero ellas insistían y contraatacaban diciéndome que Tchaikovsky también tenía esa opinión antes de escribir su “Trío para Piano en A Menor, Opus 50”. Así que después de despedirnos nos estuvimos cruzando una incontable cantidad de emails durante meses, hasta que al final tuve que decirles… bueeeeno, bueeeeno… venga, lo escribo, ¿Dónde quereis que os lo envíe?

¿Y qué quereis que os diga…? Pero estoy seguro de que yo también escribiría cualquier cosa que me pidiesen estas chicas.

“Divertissement for Violin, Cello and Piano, Opus 126” es el único trío para piano que Kapustin ha escrito en su vida, y es la obra con la que regularmente abren sus conciertos Angella Ahn (violin) y las gemelas Maria Ahn (cello) y Lucia Ahn (piano). Las tres juntas forman AHN TRIO, y están dandole una nueva dimensión a la música de cámara, insuflando nueva vida a las partituras al uso para tríos, con trabajos de compositores visionarios como Kenji Bunch, Maurice Jarre, Michael Nyman o el ya mencionado Kapustin.

No nos asusta traer cosas inusuales a nuestra música. Cosas que un compositor clásico normalmente no traería. Kenji es un innovador real, que incorpora desde bluegrass a Bollywood o funk en la música para tríos. Y Nikolai… su estilo escribiendo es el de la vieja escuela rusa mezclado con partes de jazz completamente improvisadas; es algo realmente sorprendente.

El “Divertimento” que éste les compuso no está grabado ni existe en la red ninguna filmación disponible donde la interpreten, pero os podeis hacer una idea de su música con esta otra pieza:

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“Piano trio nº2, Allegro non troppo” de Shostakovich

Como no las conocía y quería saber más cosas de ellas, pensé que el camino más fácil era dirigirme a su página web, allí encontré las primeras pistas: “Nacidas en Seúl y educadas en New York, las hermanas Ahn están disolviendo las barreras entre las formas del arte, fundiendo su trabajo con el de bailarines, DJ’s, pintores, fotógrafos, artistas de instalaciones, diseñadores de luces, ecologistas…” y ya comprobarás además como no solo están cómodas entre las partituras de Dvorak y Shostakovich, sino también con las de compositores más modernos que van desde el jazz hasta el heavy-metal, con unos arreglos que hacen que aprecies las canciones desde una luz distinta.

Toda clase de músicos están reinventando los temas tradicionales. Es algo que va con los tiempos. Vivimos en un tiempo en que el arte forma parte de todo el conjunto. En la comida hay fusión, hay directores de cine dirigiendo óperas en el MET. Es un tiempo muy excitante, y queremos ganar nuevas audiencias.

Todo es diferente en estas Ahn Trio. La verdad es que las promocionan como chicas llenas de glamour, y en sus discos se acredita a sus modistos, peluqueros y maquilladores incluso antes que al productor y al ingeniero de sonido. Pero lo que importa realmente es la música, y ellas son instrumentistas muy buenas, de una impresionante brillantez, que logran un gran sonido e interpretan con una compenetración digna de hermanas bien avenidas. Tocan muy rápido y se toman muchas libertades con las indicaciones de los tempos y exageran subrayando los contrastes y los efectos, pero sus interpretaciones rebosan carácter y prestan un gran servicio a la música clásica con la pasión y el virtuosismo que exudan cada una de las piezas.

El balance es perfecto, pero esto no quiere decir que su música sea estática, sino que cada instrumento es capaz de cantar, bailar, flotar, remansarse, llorar o susurrar, sin sobrepasar a los otros dos ni ser ahogado por ellos. A veces de ellos sale magia. Solo tienes que escuchar esta “Elegía” para echar de menos Praga… incluso sin haber estado nunca allí.

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“Elegy en Re bemol” de Suk

Las hermanas comenzaron a tomar lecciones de piano en cuanto tuvieron la altura suficiente para llegar a las teclas, pero solo Lucia perseveró en él, María se cambió al cello y Angella al violín. Ninguno de sus padres era músico, pero eso no impidió que inculcaran a sus hijas un gran amor por la música y, lo que es más importante, un gran amor por la vida.

Cuando sus padres se divorciaron abandonaron Korea con su madre para instalarse en New Jersey. Se convirtieron en universirtarias y todos sus primeros conciertos eran en los campus, antes de pasar a los grandes salones y a la MTV. Luego Europa… Viena.

Su debut discográfico se produjo en 1.995 con “Paris Rio”, al que siguieron “Dvorak, Suk, Shostakovich: Piano Trios”, en el 99; “Ahn-Plugged”, en el 2.000; “Groove Box”, en el 2.002; y “Lullaby for my Favorite Insomniac”, el año pasado. Éste último no editado ya en EMI, sino en su propio sello discográfico, LAMP (Lucia, Angella, Maria Productions).

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“Hearts asks pleasure first” de Michael Nyman

Los dos primeros discos solo tienen piezas de música clásica, pero rompiendo con los cánones establecidos para interpretarla, destrozando el dominio de cómo deben hacerse las cosas que poseen los intérpretes clásicos. Esta moda y sensualidad que las chicas introdujeron en la cámara donde suena la música seguro que hubiese sido del agrado de Mozart y de Beethoven, porque, al fin y al cabo, ellos también fueron almas aventureras que pasaron por encima de las convenciones.

No contentas con el éxito conseguido en una sola área, las hermanas Ahn se prometieron a sí mismas alcanzar nuevas audiencias e interpretar trabajos de compositores modernos y vivos. Y a partir de ahí se sintieron cómodas con Astor Piazzola, infundieron interés e intriga a Leonard Bernstein, llevaron drama a las composiciones de David Bowie…

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“Ziggy Stardust”

Atreverse con el rock supuso para ellas una aventura excitante que les hizo descubrir otro mundo sonoro. Cuando tocan música acústica los sonidos son tal como salen de ellas, pero en el pop y en el rock el oyente tiene un panorama más amplio de la música, como viéndola en pantalla completa más que haciendo una escucha técnica nota por nota. Ahora ellas tocaban algo y se decían a sí mismas, “No, hay que repetirlo”… aunque las notas eran perfectas. Pero notaban que la interpretación no tenía el sentimiento correcto, las vibraciones adecuadas. Para ellas fue una experiencia increíble, que cambió por completo su filosofía musical.

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“Riders on the storm”

Tocamos música contemporánea para reflejar el mundo en el que vivimos, reflejando todos los diferentes sonidos de hoy. Y esperamos traer la música clásica a los seguidores de todos los géneros musicales. La clave es estar abiertos a escuchar toda clase de cosas y no eludir una música solo porque pienses de antemano que no te va a gustar. Hay que darle una oportunidad a todo.

Y no solo es la innovación musical y la libertad de expresión lo que nos enamora de este Ahn Trio, sino también su belleza y lo “fashion” que son. Son maravillosas. Son sexys. Y se visten y mueven como si hubiesen nacido para desfilar por las pasarelas de París. Les gusta la ropa alegre y divertida, les gusta estar guapas en el escenario…

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“This is not America”

…pero no desenfoques la imagen, lo que realmente importa es que están es ese escenario porque aman la música. Y aún así, otra diferencia fundamental que tienen las hermanas Ahn con los músicos e intérpretes clásicos convencionales es que su arte no es su interés principal; es muy importante para ellas tener sus propias vidas al margen de la música, no quieren perderse otras actividades… ¿no te parece a ti singular que un grupo musical se tome de vacaciones todo el verano, que precisamente es cuando más contratos suelen tener…? Pues ellas lo hacen, y no solo eso, sino otro mes completo más en invierno. Eso les permite refrescarse. E incluso una de ellas quiere dedicarle algo menos de tiempo a los conciertos para comenzar una carrera como crítica gastronómica…

EL BAILE DE LOS VAMPIROS

Apenas el año pasado, el monstruoso éxito que tuvo “Crazy” le convirtió oficialmente en el single más descargado de la historia del pop. Así que después de nueve semanas de ocupar el número uno, cuando se editó físicamente, el CD single en realidad ya no era más que una pieza de museo.

Y así son ahora las cosas. Los discos ya no son lo que solían ser, y para un hiper activo fan del indie-rock en pleno 2.007, un disco de debut es más como un producto final que un punto de comienzo. Para el momento en que llega a las tiendas el CD, envuelto en su plático transparente, y con su código de barras, ya estará anticuado para la banda, que habrá pasado por infinidad de ciclos de acciones y reacciones a través del ciberespacio. En un mundo en el que ya se ha terminado eso de esperar pacientemente el día de edición de un disco, probablemente tiene mucho más sentido hablar de un primer MP3 sacado, o de una primera aparición en YouTube, o de una primera aparición en MySpace.

En un sentido, este nuevo estado de las cosas es como una vuelta a los primeros años 60, cuando lo que primaba eran los conciertos y los singles, y los LPs eran meramente recopilaciones. Y esto probablemente pone nerviosos a los grupos (y a las compañías discográficas no digamos): significa que puedes tener fans mucho más rápido… y perderlos también.

Aunque no hayan grabado todavía ningún disco, y apenas hayan dado un puñado de conciertos, una buena banda puede tener ya detrás a toda una legión de fans, amigos y gente de la industria musical interesados en ellos. Para lograrlo solo tienen que darse a conocer a través de una página virtual en MySpace, un rincón del que van saliendo cada vez más artistas superventas que se integran en la maquinaria.

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“Walcott”

¿Quién será el próximo…? Para cuando estés leyendo esto, el próximo ya habrá salido, seguramente. Pero aquí vamos a apostar por VAMPIRE WEEKEND, una emergente banda neoyorkina que parece haberse convertido definitivamente en una de las favoritas de los indies.

Son una banda difícil de describir, y tampoco ayuda demasiado la forma en que lo hacen ellos mismos: “Como indicamos en nuestros estatutos, somos el siguiente nivel en la exploración de las sensaciones además de hacer pop clásico”.

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“Mansard Roof”

Aunque mezcladas con maracas, flautas, bongos, cuerdas, pianos… aquí, como en los Strokes, unas guitarras muy agudas, al borde del colapso, buscan espacio a empujones con ágiles rítmos afro-beats y sirven de apoyo a letras que hacen rimar Louis Vuitton con reggaeton. Lo más cercano que se me ocurre como referencia para la banda es “Graceland”, el disco de Paul Simon. En realidad es un punto de referencia inexacto, pero efectivo, ya que evoca la nostalgia de los ’80 (es difícil encontrar a nadie que diga que no le gusta esta obra maestra de Paul Simon), y una aproximación poco exigente al afro-pop.

Una de las canciones que más seguidores tiene es “Cape Cod Kwassa Kwassa”, que parece evocar la placentera confusión de los dobles sentidos. El título hace referencia a la música soukous, del Congo, y así intenta Ezra Koenig que suene su guitarra. En realidad no se puede decir exáctamente qué han cogido y de donde, pero eso es parte de la gracia. Y en el estribillo Koenig ironiza sobre el hombre que ayudó a hacer de la world-music un género por sí mismo, cantando: “Este sentimiento es muy poco natural / pero para Peter Gabriel también”.

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“Cape Cod Kwassa Kwassa”

La banda se compone de cuatro miembros, el mencionado Ezra, además del teclista Rostam Batmanglij, el batería Christopher Tomson y el bajista Chris Baio; y se conocieron en la Universidad de Columbia, a la que asistieron juntos además de a algunas otras universidades privadas. Son, pues, unos cerebritos que para descansar de los libros recrean sonidos polirítmicos que suenan frescos y divertidos.

En su página dicen que son especialistas en “Upper West Side Soweto”, entre otros estilos. Y han tenido además el acierto de que en vez de acudir a los primeros discos de Talking Heads (en la forma en que lo han hecho, por ejemplo, Clap Your Hands Say Yeah y otros muchos grupos), se han basado directamente en el afro-pop, tal como los Talking hicieron en su momento. Ha sido un acercamiento muy provechoso, tanto que ya se ha fijado en ellos la compañía discográfica que nos descubrió a los White Stripes, XL Recordings. Pronto el mercado discográfico tendrá de ellos algo más que un primer mini-disco que se autofinanciaron por sí mismos.

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“Oxford Comma”

Esa canción, “Oxford Comma”, es sobre lo que ellos llaman “imperialismo lingüistico”, una clara muestra de que lo divertido no está reñido con lo cerebral ni lo experimental. Pero creo que la canción que merece más atención, porque es la que mejor encapsula la excentricidad de esta banda gracias a unos guiños sutilmente insinuantes y a una instrumentación nada convencional (¿eso que se oye al fondo es un flautín electrificado?), es “A-Punk”. Con ella vamos a cerrar esta aproximación a Vampire Weekend. Y recuerda que si se convierten en “the next big thing”, aquí fue donde los oíste primero…

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“A-Punk”

EN BUSCA DEL ARCÓN PERDIDO

Las cintas perdidas de los Beatles… Las cintas perdidas de Bob Dylan… Las cintas perdidas de Jimi Hendrix… Todos los grandes iconos musicales tienen cintas perdidas que posteriormente se han “encontrado” y se han editado.

Desde este año el Hip-Hop pertenece a esa categoría.

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Doug E. Fresh – “It ain’t nothin'”

Este verano se convulsionó el mundo del rap con un rumor que comenzó a circular por todos lados: un tesoro oculto de perdidas grabaciones de grandes nombres de la vieja escuela, como Big Daddy Kane y Biz Markie, había sido encontrado en un almacén abandonado de New Jersey.

Después, el rumor se hizo realidad cuando en agosto, un disco llamado “Top Shelf 8/8/88” fue editado en Japón. Un disco que supuestamente contenía una colección de grabaciones de 1.988 que nunca se habían editado anteriormente, y que llegaban con una historia detrás que era incluso más elaborada que los rumores que la precedieron. Y como la música se propagó por internet, los excépticos bombardearon los blogs con la pregunta: “¿no será todo una mentira la mar de gorda…?”.

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MC Lyte – “Listen up”

Si es una mentira está muy bien urdida y da mucho que hablar porque se ha hecho eco de ella hasta el New York Times. En las notas interiores del disco se contaba la historia: Un vagabundo de New York, sin identificar, pero aficionado al hip-hop, mirando entre la basura de un almacén abandonado cerca de Hoboken, descubrió una caja llena de bobinas de grabadoras. La única pista de su contenido era un nombre escrito en una pegatina: “Fab Five Freddy”, el empresario de hip-hop que había lanzado el “Yo! MTV Raps” en los años 80.

De acuerdo a la historia, las bobinas resultaron ser grabaciones de la fantástica era dorada del hip-hop, grabadas en un estudio llamado Top Shelf, situado en un sótano del East Village de Manhattan. Las bobinas supuestamente se habían perdido durante los disturbios de Tompkins Square Park de 1.988, cuando se entabló allí una enorme batalla campal entre la polícía, los vagabundos y drogadictos que ocupaban el parque, y los vecinos que querían recuperarlo. El estudio se cerró poco después de ocurrir aquello.

Las canciones del disco están construidas sobre loops de clásicos del soul y rapeadas a una velocidad bastante mayor de la que normalmente se oye hoy en día en los discos. Y están salpicada de referencias a Michael Dukakis, el gobernador tecnócrata de Boston que perdió ese año las elecciones con Papá Bush; al Pontiac Fiero, el coche que la General Motors dejó de fabricar ese año y que es conocido como “el coche más infravalorado de la historia”; o a la primera peli de “La Jungla de Cristal”, que empezó su andadura entonces y llega (¡hay que ver cómo corre el tiempo!) este mismo año con una nueva entrega. Además la producción que tienen todas ellas es excelente, así que es extraño que hasta ahora no haya aparecido nadie acreditándose como el autor de las mismas. Se supone que algún equipo de producción debía de haber en los estudios Top Shelf…

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Big Daddy Kane – “Like that, y’all”

De todas formas, aunque sea un fake, es divertido. Está bien que la gente cree mitos si lo hace manteniendo la ironía. Hay que echarle ingenio al negocio. Ya sabes que aquí mantenemos que esta clase de historias, si no son verdad, desde luego que merecen serlo.

Benny Grinberg, el propietario de Rostrum Records, un sello de Pittsburgh, va a editar para todo el mundo las canciones que ya se adelantaron para los japoneses (y que ahora nosotros os brindamos aquí) en algún momento de este otoño. Y ahora mismo dice que se ve sobrepasado por todo este alboroto que se ha montado en torno al disco, pero que la historia es cierta.

Aunque le han salido disidentes. Dres, uno de los miembros del grupo Black Sheep, aprecia en lo que vale la publicidad que está recibiendo debido a “I’m the one”, su canción que aparece en “Top Shelf”. Pero cuando le preguntaron como se vió envuelto en el proyecto, dijo que Benny Grinberg le dio la música grabada y le pidió que participara.

“Puse un montón de energía en ello, rememorando como lo hacía en aquellos tiempos”, decía. Entonces, ¿es un hoax…? Sí. Al menos eso mantiene él.

Afrika Baby Jam, de los Jungle Brothers, que contribuyen con la canción “Back in the jungle”, dice que la grabaron en el 2.003, aunque no le preocupa la autenticidad del proyecto. “Todavía recordamos la cultura y la tradición”, dice. “¿Qué importa cuando se haya hecho, si es tan auténtico como si se hubiese grabado el 8 de agosto del 88?”.

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Jungle Brothers – “Back in the jungle”

Pero Grinmberg se mantiene en sus trece y sobre estos comentarios que desacreditarían el proyecto, dice que los artistas pueden estar confundidos por el proceso de re-producción de las canciones, en el que estuvieron envueltos para limpiar las grabaciones viejas. Y añade que él no intenta convencer a nadie de nada, y sugiere además que el propósito definitivo del disco es corregir la injusticia de que estos artistas, olvidados demasiado a menudo, no puedan conseguir las cantidades de dinero y de elogios que consiguen los raperos actuales.

La historia real es la música. Y aunque haya alguien que pudiera rellenar todos los huecos que tiene esta historia, la verdad es que a nadie le apetecería que apareciese. Todos preferimos celebrar el hecho de que alguien hiciera estas canciones en aquellos momentos.

El interés en estas oscuras grabaciones, que de todos modos no van a hacer rico a nadie, sobrepasa la mera nostalgia. Sugieren un anhelo por el arte y la ética de una era pasada, antes de que el hip-hop se convirtiese en un gran negocio.

Varios productores de hip-hop que estaban en activo en 1.988 dicen también que ellos nunca han oído hablar de Top Shelf. El productor Howie Tee trabajó con Chubb Rock y Special Ed, dos artistas del “Top Shelf”, pero no recuerda que éstos mencionaran nunca este estudio. Dante Ross, otro productor que creció en el Lower East Side, dice que tampoco recuerda el nombre para nada.

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Melle Mel & Grandmaster Caz – “The battle is on”

Dado que la historia tiene lugar en un periodo mucho más conocido por la buena música rapera que por las dobles contabilidades de este negocio, y que muchas de las estrellas de esa época dicen que qué más quisieran ellos que poder recordar lo que hicieron hace 19 años, va a ser difícil entresacar la verdad de todo. Grandmaster Caz aparece con Melle Mel en una canción llamada “The Battle is on”, y aunque en la letra que rapean se menciona el estudio Top Shelf, Grandmaster Caz no guarda ningún recuerdo de cuando o donde fue grabada. “El año 1.988 es una especie de borrón para mí”, dice. Si es que las drogas son muy malas…!

El último misterio viene de parte de Special Ed, que dice que no tiene ni puta idea de cómo ha podido llegar a “Top Shelf” su canción “This Mic” , ya que es una versión a mayor velocidad de otra canción que él mismo grabó a finales de los 90. “Nunca he oído hablar de los estudios Top Shelf. Todo esto es nuevo para mí”.

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Special Ed – “This mic”

La disputa sobre “Top Shelf” es una polémica que no nos pilla de nuevas, porque ya es la tercera en lo que va de año sobre el redescubrimiento de antiguas grabaciones del hip-hop. Paul Winley Records, en Harlem, editó dos discos diciendo que eran interpretaciones de Afrika Bambaata de finales de los 70. Fueron editados como secuelas de su famoso “Death Mix”. Pero, como la mayoría de los que las oían solían decir, ni el estilo, ni la calidad de las selecciones, estaban a la altura de su predecesor.

También este mismo año un sello inglés llamado Golden Reaal editó “Live Convention 77-79”, supuestamente una precuela de dos raras recopilaciones de rap de los primeros años 80. Aunque muchos cuestionaron la autenticidad de las grabaciones, nadie pudo desmentir la elaborada historia que tenía detrás. Golden Reaal había dicho que las mezclas redescubiertas se habían perdido en un robo a principios de 1.980, pero se recuperaron en el 2.004 en (apuesto a que ya te lo estás imaginando) las instalaciones de un almacén abandonado de New Jersey.

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Chubb Rock – Chubb Rock’s the party

Tal como apuntábamos al principio, podríamos decir que éste está siendo el año del Hip-Hop de la vieja escuela… si es que estos tíos hubiesen ido alguna vez en su vida a la escuela…

ESPERAR LO INESPERADO

No hace mucho estuvimos debatiendo en este blog sobre la figura de SCOTT WALKER, y si éramos más partidarios de su forma de ver la música durante su apogeo en los años ´60, cuando era una indiscutible figura del pop, o lo somos de la forma terrorífica, exigente y agotadora de verla ahora, cuando nos hace llegar con cuentagotas sus complicados discos.

Todos los que de vosotros estais familiarizados con éstas erráticas obras suyas de las dos últimas décadas sabeis que cuando Scott rompe sus largos periodos de inactividad pública los resultados suelen ser desconcertantes, difíciles de asimilar y bastante polémicos. Y es por eso que después de “The Drift”, “Tilt” o algunas de sus recientes bandas sonoras, estoy convencido de que en el disco que acaba de editar, y que hoy os traigo aquí en su integridad, esperais encontrar lo inesperado. Y, decidídamente, así es… éste no es un disco para cobardes ni para oyentes débiles de espíritu.

La primera de sus piezas es una estructura desestructurada, que juega con los silencios y las rupturas; comienza con medio minuto de casi inaudible zumbido, que a partir de entonces empieza a estar salpicado durantes los siguientes tres minutos únicamente por un intermitente crujido de origen indeterminado, para después romperse en unos desordenados sonidos de cuerdas furtivas que son la primera instrumentación discernible de la obra.

Que quieras escuchar este Primer Movimiento depende exclusivamente de tí… pero no digas que no te avisé.

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“Part One”

El año pasado Scott Walker fue comisionado por el South Bank Centre de Londres para escribir la música que acompañaría el nuevo trabajo del coreógrafo Rafael Bonachela, con un grupo inglés de danza contemporánea llamado “CanDoCo”, compuesto por bailarines de condiciones físicas normales junto a otros discapacitados y que bailan en sillas de ruedas, del que podrás saber mucho más viendo el vídeo que he incluído al final.

Con ése propósito el enigmático Scott ha creado “And Who Shall Go To The Ball? And What Shall Go To The Ball?”, una obra de música de cámara en cuatro movimientos totalmente instrumentales, de apenas 25 minutos de duración que se presenta en una edición de lujo, limitada a 2.500 copias que nunca serán reeditadas. Puede que tú seas un fetichista (sobre todo de las fantásticas ediciones de 4AD), pero si no es así, puedes emplear los casi 25 euros que te costaría adquirirla (si te diese tiempo aún) en otra cosa, y descargarte esta experiencia sónica terrible y traumática desde aquí mismo.

El Segundo Movimiento está mucho más cercano que el Primero a lo que podríamos llamar las tradiciones de la clásica música moderna de vanguardia, y con el las cosas empiezan a ser más físicas. Comienza con espirales de cuerdas a lo Bernard Hermann, para continuar con los ruidos sordos y los pulsos que impregnaban la mayoría de los cortes de “The Drift”.

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“Part Two”

Aunque toda esta serie de trazos oblicuos y angulares que han salido de los pinceles musicales de Scott para fusionarse en estos cuatro nerviosos movimientos, comparten los irregulares contornos que daba forma a “The Drift”, la mayor diferencia es la ausencia de su embrujadora forma de cantar. El resultado final es tan sorprendente como deslumbrante.

La música de cámara resultante, con sus cuerdas, vientos y metales, despliega por toda la obra lacónicos paisajes y abruptos movimientos que acuchillan el aire, trayéndonos ensoñaciones de lugares ambiguos, silenciosos y solitarios. No solo encontramos ecos cinematográficos que nos recuerdan a Hermann, como ya apunté antes, sino que incluso los tirantes gruñidos de los bajos evocan a veces a un más cercano John Williams, y las disonancias son como las estridentes galopadas de Louis Andriessen… pero éstas las percibimos sobre todo en el Cuarto Movimiento; antes de llegar a él hay que pasar por el Tercero, en el que otro monótono zumbido abre el camino a una melodiosa y tranquila pieza de violín, que va a más en su melancolía, pero sin terminar de alcanzar nunca su climax.

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“Part Three”

Las fases más fuertes del Cuarto Movimiento se aproximan casi a la opresión percusiva de la música industrial. Esta música solo puede salir de la mente de un visionario.

Es en este Movimiento final, donde la intensidad se desborda; nos envuelve un telón de cuerdas electrificadas, repetidas y chocando unas contra otras antes de ser electrónicamente aceleradas hasta el olvido después de un breve pasaje percusivo. Tenemos una tregua compuesta de tranquilas notas sostenidas sobre calladas texturas armónicas. Pero no dura, no da tiempo a reponerse, y continúa… las percusiones son obsesivas y se convierten en bucles estridentes. Hasta que Scott termina recogiendo todos los finales perdidos que ha ido tirando al aire en los 20 minutos previos, y los destila en un acorde en RE sostenido con el propósito de darle al disco un poderoso sentimiento lúgubre, con el que dejarnos tras la escucha.

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“Part Four”

La obra da muestras de una gran habilidad en los arreglos y las dinámicas, pero a pesar de su sofisticación a veces parece estéril. Seguramente la música ganará en comprensión y en sustancia cuando se oye acompañando a la danza para la que se ha diseñado, pero sin los bailarines, su austeridad se arriesga a provocar el aburrimiento del oyente medio que no sea de gustos tan singulares como nuestro amigo Vinué.

Seguramente esta obra será etiquetada de “pretenciosa” por los miembros de la más pura ortodoxia de la crítica, ésos que prefieren que los músicos (y artistas en general) permanezcan firmemente enclaustrados en la caja en la que han sido enterrados… pero Scott Walker nunca ha sido un hombre que se recree complaciendo las expectativas de los demás, y ya, a su edad, no iba a empezar ahora…