EL PRÍNCIPE DE LAS LÁGRIMAS
Mientras aquí las canciones del verano ya sabeis cuales son, en el mundo anglosajón los gustos van por otro lado, y si el año pasado el bombazo fue Shakira, asociada a Wycleff Jean, este año lo está siendo Rihanna asociada a Jay Z. Con su canción “Umbrella” están batiendo todos los records de estancia en el número 1 tanto en las listas inglesas como americanas. Ya andan por las 10 semanas. Y hace unos días leía que esto de que se necesiten dos cifras para señalar el tiempo de estancia en el Top es algo que ha ocurrido muy pocas veces desde que se comenzaron a confeccionar estas listas allá por la naciente década de los ’50. Y hablaban de los pocos que lo han conseguido. El primer nombre que citaban fue el que me ha llevado a escribir este post: JOHNNIE RAY.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Es increíble como su figura permanece aún completamente olvidada cuando Johnnie ha sido reconocido como una de las mayores influencias del rock and roll. Hasta el propio Rey, Elvis, admitía su deuda con él, tal como hicieron la mayoría de los primeros rockers conocidos.
A pesar de eso, el nombre de Johnnie Ray apenas ha sido recordado en unas pocas canciones como “I don’t need a gun” de Billy Idol, “We didn’t start the fire”, de Billy Joel o, la más conocida, “Come on Eileen”, de los Dexy’s Midnights Runners.
con lo triste que sonaba en la radio
rompió un billón de corazones en mono…
Johnnie fue una figura de la música pre-rock (muchos años antes del estéreo, de ahí la alusión de los Dexy’s), que surgió en una época en la que todo en la música popular de los blancos era sofisticado y super suave, además de acaramelado e hinchado como el algodón de azúcar. Y sin embargo él no cuadraba en ninguno de los moldes aceptados. Tartamudeaba y sollozaba en las baladas, en las canciones más rápidas solía acelerarse mucho y en el escenario se movía como si se convulsionase de dolor, cantando hasta el límite que sus pulmones le permitían.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Puede que todo eso fuese debido a su gran parte de sangre india (era descendiente de los pies-negros) y a que estaba bastante sordo a causa de un accidente ocurrido durante una fiesta en la que le mantearon malamente, que le hacía necesitar un sonotone desde los 14 años de edad (podeis apreciarlo en la primera foto), porque perdió el cincuenta por ciento de su oído. El asunto es aún más triste si tenemos en cuenta que ni él ni ninguno de los chavales que le mantearon dijeron nada y no recibió trratamiento médico en su momento, por lo que todo se agravó hasta el punto de convertir a Johnnie en el chico más retraído y solitario del mundo. Hasta que un año después uno de sus profesores no supo darse cuenta de lo que pasaba y aconsejar a sus padres que lo llevasen a una escuela para sordos, no lo vió un especialista del oído, con cuya ayuda el niño volvió al mundo y comenzó a escuchar a aquellos cantantes de su juventud que le abrieron el camino a seguir.
Johnnie siempre decía que una de sus mayores influencias fue Billie Holiday y que las primeras canciones que componían su repertorio estaban orientadas sobre todo a los negros: canciones de Ivory Joe Hunter y blues básicos, lo que hacía que tuviese muchos problemas para poder actuar en cualquier sitio: “Miraaa, chico… eres demasiado raro para esta sala…”.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
En una de aquellas salas fue donde le descubrió el disk-jockey Robin Seymour, y se llevó para que lo viese al productor Danny Kessler, que quedó más abrumado con lo que vió y escuchó como nunca antes le había dejado ningún otro cantante. Por fin pudo conseguir un contrato discográfico con la CBS, y le pasaron a un pequeño sello filial, Okeh Records, que principalmente estaba destinado a sacar discos de artistas negros. Allí fue donde editó “Cry”, el segundo de los singles que grabó, y que en 1.951 llegó al número 1 de las listas de rhythm and blues. Era una canción bastante sensiblera y emocional que le permitía cada vez que la interpretaba en directo realizar su número tan celebrado de ponerse a llorar con ella. Y entonces fue cuando todo estalló para él. El furor comenzó cuando los chicos blancos descubrieron el single y lo compraron en tal cantidad que estuvo como número 1 en las listas de ventas oficiales durante 11 semanas seguidas. Y no solo eso, sino que la canción número 2 de toda Norteamérica era “The little white cloud that cried”, que era la cara B de “Cry”.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Los teatros donde ahora cantaba se convertían en campos de batalla juveniles, llenos de adolescentes de ambos sexos que se mataban por tocarle y desgarrarle la ropa para llevarse un recuerdo. Ni que decir tiene que todos los padres de América le odiaban a muerte. “El Príncipe de las Lágrimas” se convirtió en una amenaza social.
Y entonces fue cuando la CBS hizo su jugada maestra. Le pasó al sello principal y le instó a que grabase también algunas canciones con lazos más familiares, cosas de Cole Porter, o standards más conocidos, como aquella canción que Sam tocaba una y otra vez… llegaron el “Ed Sullivan Show”, las actuaciones en el fastuoso “Copacabana” de New York…
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Pero la influencia de la música negra sobre él era demasiado fuerte para resistírsele. Grabó canciones como “Just walking in the rain”, un original grabado para Sun Records por el quinteto de presidiarios negros llamado The Prisionaires; o “Such a night”, una canción que los Drifters habían grabado hacía tiempo en una de sus primeras sesiones, pero que a nadie preocupó cuando editaron en disco. Sin embargo, cuando Johnnie sacó su versión estalló el infierno entero. Fue prohibida en prácticamente todas las emisoras de radio de los USA, y fue condenada por una industria musical establecida en la comodidad, que la tachó de representativa de todas las basuras obscenas y de tener un nivel comparable al de los sucios comics pornográficos.
Fue como tienen que ser los besos.
Ooooh! Cómo me besó, tío! Qué beso!
Solo pensar en sus labios
me enciende.
Lo recuerdo y es que me puede el deseo!
Le daría my corazón y me entregaría dulcemente a ella.
Qué buen recuerdo! Siempre lo recordaré…!
Jó, que noche! Ooooh! Qué nocheeeee!
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Y comenzaron a extenderse los rumores: Johnnie Ray era homosexual; Johnnie Ray era drogadicto… noticias, en fin, que no le hubiesen causado un enorme daño en esta atmósfera actual mucho más abierta, pero que en aquellos últimos años ’50 ayudaron a enterrar su reputación bajo una enorme losa de prejuicios. Desde ese momento ya no tuvo más éxitos y sus actuaciones en directo iban escaseando cada vez más a medida que pasaban los años. Sus dolores de oído empeoraron y tuvo que someterse a un par de operaciones con catastróficos resultados: perdió por completo el oído izquierdo y el sesenta por ciento del derecho.
Los rumores que arrojaban sobre él en realidad no iban descaminados, porque a pesar de haber estado casado durante menos de un año con la hija del propietario de una de las salas donde actuó, que se encaprichó en “hacer volver al buen camino a ese gay tan guapo”, y tener una tumultuosa relación de casi diez años con una periodista que al final prefirió seguir con su marido, Johnny pasaba por las manos de un amante masculino tras otro. Y cuando la gente ya se estaba olvidando de él, el escándalo volvió a traerlo a los periódicos amarillos cuando un policía camuflado le arrestó por solicitarle favores sexuales en un bar gay. El juicio fue muy seguido y al final el jurado le encontró inocente porque a todas luces Johnny había sido arrastrado a una trampa por el policía. Peró acusó el golpe, y no volvió a pisar su hogar de Detroit. Se refugió en el alcohol que le trajo como consecuencia una fuerte cirrosis. Siguieron veintitantos años de claroscuros, que incluyeron un asentamiento parcial de su vida con Bill Franklin como pareja estable, hasta que éste le dejó harto de su comportamiento autodestructivo; algunos intentos fallidos de recuperar su carrera, ayudada incluso por una Judy Garland aún más estropeada que él, que hizo imposible el proyecto; o un serio problema financiero que prácticamente le arruinó cuando Hacienda le obligó a pagar una enorme suma en concepto de impuestos atrasados, sin tener en cuenta nada de lo que el cantante había invertido en financiar escuelas para niños sordos (volved a echar un vistazo a la primera foto). Johnny murió en 1990 a consecuencia de un fallo hepático.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Pero todo lo que logró en los primeros años 50, y la forma en que hizo posible el advenimiento de Elvis, le hacen merecedor a un lugar en la Historia del Rock. Debería ser recordado por cosas que nunca le dedicaron, como ver su nombre en el Hall of Fame o en multitud de discos recopilatorios, en vez de serlo por ver la caricatura con la que John Waters le satirizó en su película “Cry Baby”.

y es una vertiginosa mezcla de conceptualismo, destreza técnica y habilidad para el pop que no sigue ninguna regla conocida, y que Marnie ha grabado con la ayuda del batería Zach Hill, un músico muy “free” que había estado con Hella y Goon Moon. Les ha quedado un audaz cruce entre Deerhof y Van Halen… “La energía es más que suficiente / con la energía basta y sobra”, grita una voz chillona que es una mezcla de Karen O, Kim Deal y Terry Bozzio, mientras intenta abrirse paso entre las trepidantes y complejas capas de guitarreo.
Y como la guitarra ya no tenía secretos para ella quiso también dominar el arte de la composición de canciones. Se involucró con su amiga Bella Foster, desconocida artista visual, en una intensa relación de estudio y trabajo que le llevó a adquirir un apetito voraz por la lectura. Todo el esfuerzo estaba orientado a poder someterse a una disciplina de composición que le llevaba a escribir una canción cada uno o dos días. Entre sus lecturas favoritas estaban las obras del filósofo contemporáneo Ken Wilber, cuyo pensamiento de que en todos los órdenes de la vida hay que “incluir” en lugar de “excluir”, le ayudó mucho a la hora de rellenar tantas canciones con cualquier cosa posible.







La verdad es que el ingenio derrochado en hacer chistes sobre el nombre que daban a Prince (hay que reconocer que tiene gracia) cuando usaba el signo raro ése para sustituir a su apelativo, estaría mucho mejor empleado en buscar salidas para un negocio que cada día está más acorralado por la facilidad de la técnica y la imaginación de los usuarios.

Ser como él en Montreal en aquel tiempo era ser una minoría de una minoría de una minoría: el inglés en Montreal, el francés en Canadá, Canadá en Norteamérica. De todas formas siempre es mejor ser un outsider cuando eres artista. Canadá es una magnífica cuna para cantautores a causa de su aislamiento y su poca densidad de población (32 millones de personas en el segundo país más grande del mundo); tienes que vivir mucho tiempo en tu imaginación, en tu propio mundo interior.
Se miraba e iba tan ciego que no se veía… “¡Jooo, que bueno, tío, estoy ciegoooo!”. La vista le volvía al cabo del cuarto de hora más o menos; pero cuando esto empezó a pasar una y otra vez se preguntó si alguna de las veces la vista se le iba a ir para siempre. La preocupación mantenía su mente apartada del mal sabor de la sangre que manaba de su boca cada vez que se cepillaba los dientes. Le invadió una ola de tristeza. Estuvo perdido cada 15 minutos durante cinco días… sin saber siquiera la forma de comer… era patético… había llegado el momento.

Decidme si hay alguien con raices tan dispersas como las de ella. Y musicalmente es igual, tiene puntos de referencia desperdigados por toda la historia del pop: la sensualidad del icono francés que fue François Hardy, los toques jazzisticos de Chet Baker, el folk fatalista de Nick Drake… los espíritus gemelos de la inquietud y el arte planean como fantasmas por los surcos de su nuevo disco que, a pesar de ser ya el quinto de su carrera, tiene visos de debut triunfal porque es el primero pensado y concebido íntegramente en inglés. Un nuevo comienzo ahora que por fin parece hallarse totalmente cómoda consigo misma y con su estilo. Quizás por eso se llama simplemente como ella. Ya no es una chica con una guitarra salida de un película de Truffaut.
Con eso no quiero decir, ni mucho menos, que el disco sea pobre… te habrás dado cuenta a la primera escucha. Las canciones tienen poco envoltorio, pero así tienen mucho más aire de ensoñación. Hay momentos de una belleza asombrosa, yo caí rendido al momento por “Lay your head down”, que parece como si la Velvet Underground estuviese “buscando a su hombre” por los barrios más canallas de París. Y el caso es que lo encuentra, pero resulta ser Serge Gainsbourg… por supuesto al encontrase los dos se admiraron mutuamente y brindaron con una copa de coñac.
Aunque las canciones de Keren puedan parecer tan personales como ésta, y estar llena de sentimientos tan vívidos, en realidad no son autobiográficas. Ella lo que hace es filtrar las historias de otras personas a través de su propio tamiz emocional. Por ejemplo, en “It’s all a lie” habla sobre una mujer que era poeta y pianista, y murió completamente sola en New York. Al mismo tiempo habla del personaje de un libro que leyó, un artista de la cuerda floja, cuyo miedo a ésta le recordaba el propio miedo que ella padece cuando va a salir al escenario. Keren estaba obsesionada con la pianista, una mujer de muchísimo talento pero que se llevó a sí misma a la soledad absoluta. Ambas historias chocan entre sí y se convierten en una sola… …y nace una canción.



