LOS MATEMÁTICOS SON GENTE RARA

Si la familia Addams tuviese una canción favorita seguramente sería ésta:

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“I Hold Your Hand In Mine”

Tengo tu mano en la mía, querida,
Aprieto sobre ella mis labios.
Y doy un mordisquito
A las delicadas yemas de tus dedos.

Mi alegría sería completa, querida,
Si tú también estuvieses aquí,
Pero todavía conservo tu mano
Como un precioso recuerdo.

La noche de tu muerte te la corté.
En realidad no sé por qué.
Porque ahora cada vez que la beso
Me mancho de sangre la corbata.

Siento haberte asesinado,
Porque nuestro amor estaba muy bien,
Y hasta que vengan a cogerme
Mantendré tu mano en la mía.

El post de hoy tratará sobre humor negro y canciones enfermas. Ésta misma sonaba como una bonita e inocua canción de amor, sobre coger la mano a una chica, hasta que… Ni siquiera Stephen King es capaz de escribir un texto tan morboso y hacerte reír con él..

Es difícil no maravillarse de cómo este profesor de matemáticas apartaba de las ecuaciones su enrevesado pero sutil ingenio para, en mitad de los años ’50, suministrar perversas líneas como las de esta canción a audiencias que seguramente habían sido sacudidas por una actuación de Lenny Bruce. Es imposible escucharle ahora sin detectar su influencia en los Monty Python. Prácticamente sin ayuda, TOM LEHRER trajo la religión, las desviaciones sexuales, la violencia o la política al área del humor a través de canciones que celebraban irónicamente cualquier cosa, desde el incesto, la guerra, la mutilación (como ya has podido comprobar), o las drogas y las relaciones humanas (como podrás comprobar más adelante). Sus canciones puede que estén enfermas, como ya apunté antes, pero desde luego, son agonizántemente divertidas.

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“Lobachevsky”

¿Quién hizo de mí el genio que hoy soy,
el matemático que todos los demás citan,
quien es el profesor que me hizo ser así?
El más grande de los que siempre tienen tiza en su bata.

Un hombre merece el crédito,
Un hombre tiene la culpa,
Y Nicolai Ivanovich Lobachevsky es su nombre.

Nunca olvidaré el día en que conocí al gran Lovachevsky.
En una sola palabra el me dio el secreto del éxito en las matemáticas:
¡Plagia!

Plagia,
No dejes que el trabajo de nadie se evada de tus ojos,
Recuerda por qué el buen Dios nos hizo los ojos,
Así que no te tapes los ojos,
Y plagia, plagia, plagia.
Pero, por favor, asegúrate de llamarlo “investigación”.

Tom Lehrer nació en 1.928 y se graduó en matemáticas en la Universidad de Harvard a la edad de 18 años. En ese mismo momento comenzó a dar clases…


No tiene mérito, en aquella época todo el que tenía algunos años más que yo, y posibilidad de ser profesor, estaba alistado en el ejercito

…y trabajó en el campo de la Educación durante toda su vida enseñando esa asignatura en la misma Universidad de la que él salió. Pero tenía más aficiones e intereses, cuando niño también estudió piano, (“Papáaa, este tío se empeña en que toque cosas de Mozart, y yo lo que quiero tocar son las canciones de la radio, cámbiame al profe, andaaaa”) y como la madre naturaleza le dotó de una hermosa voz de barítono, que él entendió que debía de valerle para algo más que para que lo oyesen en la última fila del aula, pues usó estos otros conocimientos y dones para dedicar su vida a un proyecto científico que sacó adelante con enorme éxito: el intento de prolongar su adolescencia más allá de los límites previstos por la naturaleza. Tal éxito le convirtió posteriormente en un reconocido compositor, autor y artista polifacético.

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“The Old Dope Peddler”

Cuando caen las sombras de la noche
Llega un amigo que todos conocen,
Es el viejo vendedor de droga,
Repartiendo alegría por donde quiera que va.

Todas las noches puedes encontrarlo
Dando vueltas por tu barrio.
Es el viejo vendedor de droga
Prosperando cada vez más.
Le da a los niños muestras gratis,
Porque el sabe demasiado bien
Que las inocentes caritas de los jóvenes de hoy
Serán su clientela de mañana.
Él tiene una cura para todos tus problemas,
Tiene un final para todos los dolores.
Es el viejo vendedor de droga
Con su felicidad en polvo.

Comenzó a interpretar canciones satíricas con sus colegas de universidad en fiestas y reuniones. Todos disfrutaban de sus canciones, así que Lehrer grabó una docena de ellas en 1953 e hizo 400 copias prensadas en discos de 10 pulgadas (ya sabes, esos tan bonitos de un tamaño a medias entre el single y el LP), que se pagó él mismo. “Songs by Tom Lehrer” fue un éxito instantáneo tanto en el campus de su Universidad como en el de la rival Cambridge (seguramente fue la primera vez que se pusieron de acuerdo en algo), por lo que Lehrer tuvo que prensar muchas más copias en vista de la gran demanda. Ya hubiesen querido para sí Phil Ochs o Pete Seeger una audiencia como ésa, la siguiente generación de pensadores y líderes americanos. Y así, sacando tiempo de su vida profesional, se convirtió en un popular cantante de salas de concierto y night-clubs (de la radio no, sus canciones eran consideradas “demasiado crudas”) a la vanguardia de la moda de los años ’50 por la sátira política. Antes de que terminara la década ya había grabado tres discos más en su propio sello y había comenzado a hacer giras bastante extensas, incluso comenzó a tener seguidores en Europa, que aumentaron aún más ya en los años 80, cuando la Decca, en vista del éxito del musical “Tomfoolery”, basado en sus canciones, adquirió los derechos de éstas y las editó con un libro de apoyo que contenía las letras y partituras de la mayoría de ellas. Cuando los nuevos tiempos lo permitieron, también escribió canciones para programas de TV satirizando las noticias de actualidad, que posteriormente se editaron también en el disco “That was the year that was”

Lo edité porque los responsables del programa me cortaban las mejores cosas de las canciones para hacerlas menos ofensivas, según ellos, y así al menos podía tenerlas grabadas tal como yo quería que fuesen.

Incluso combatió al sistema desde dentro, ya que en 1.955 pidió una excedencia porque la Caja de Reclutamiento le “pidió” que se uniese al ejército…

en un puesto en el que no había peligro de que tuviese que dispararle a nadie ni nadie me disparase a mí

…y usase su destreza con las matemáticas en varios proyectos clasificados de alto secreto.

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“National Brotherhood Week”

Los blancos odian a los negros,
Los negros odian a los blancos…
Los pobres odian a los ricos,
Los ricos odian a los pobres,
Toda mi gente odia a toda tu gente…
Los protestantes odian a los católicos
Y los católicos odian a los protestantes,
Y los hindúes odian a los musulmanes,
Y todo el mundo odia a los judíos…
Pero durante la Semana de Hermandad Nacional
Todos se sonríen unos a otros,
Son amables con la gente que es inferior a ellos.
Pero es solo por una semana, así que no temas.
¡Da gracias a que no dura todo el año!.

Todo un iconoclasta de los que nos gustan a nosotros, a la altura del ya mencionado Lenny Bruce o de Mort Sahl, colegas suyos a la hora de criticar los calientes años de Eisenhower. Pero el trabajo de Lehrer es eterno, pareció anticiparse a Bob Dylan en aseverar que aunque parezca que no podemos o no debemos hacer nada, hay que implicarse, tenemos que examinar nuestras propias actitudes; en su caso él lo hizo partiéndose de risa, con canciones como la anterior “National brotherhood week” y “I wanna go back to Dixie”, en la que además de cantar contra el racismo, lo hace también contra la estrechez de miras y las condescendientes actitudes liberales para con él.

Quiero volver con mi querida y anciana mami,
su comida es asquerosa y sus manos son pegajosas
pero, qué coño! estoy en casa…
quiero volver a hablar con los Caballeros del Sur,
ponerme mi sábana blanca de nuevo,
ya hace años que no veo un buen linchamiento.

Sus canciones todavía son cáusticamente divertidas, aunque dejó de escribir a finales de los años ’60 porque decía que no podía reírse del Vietnam y que tampoco había nada divertido en el caso Watergate.

Yo escribía para conseguir risas, no aplausos. Si la audiencia aplaude está demostrando que está de acuerdo conmigo, no que se está divirtiendo conmigo. Estoy seguro de que en 1.968 yo podía haber salido al escenario y gritado “Los polis son unos cerdos”, y me hubiesen aplaudido; pero eso no es humor. Así que abandoné justo a tiempo.

Pero dime si esta canción con la que vamos a terminar no es tan verdad ahora mismo como lo fue en los tiempos de la Guerra Fría.

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“We Will All Go Together When We Go”

Cuando tú asistes a un funeral
Es triste pensar que más tarde o más temprano
Todos aquellos que te aman
Harán lo mismo por tí.
Y pensarás en lo trágico que será,
Por no mencionar otros adjetivos,
Y pensarás en lo que todos llorarán.

Pero no te preocupes.
No más cenizas, no más luto.
Ninguna banda de tela negra
Adornará ningún día más una manga.
Porque la bomba que arrojen sobre ti
Se llevará a tus amigos y vecinos también.
Y no quedará nadie atrás para llorar.

Y nos iremos todos juntos cuando nos vayamos.
Todos cubiertos por un resplandor incandescente.
Nadie resistirá
Para cobrar su seguro.
Los de la casa Lloyds de Londres
Estarán forrados cuando se mueran.

Y nos iremos todos juntos cuando nos vayamos.
Qué consolador es saberlo.
Dolor universal por la muerte de los seres queridos.
Un éxito que nos llena de ilusión.
Sí, nos iremos todos juntos cuando nos vayamos.

PATA PALO ES UN PIRATA MALO

Muchos de los que pasais por este blog sois demasiado jóvenes para haber tenido “BOOTLEGS”. Puede que quizás en formato de CD sí, porque son fáciles de prensar y hay muchos sitios donde hacerlo sin dificultad, pero seguramente no en vinilo. ¿Y qué son los bootlegs éstos…? Pues ese es el nombre que se les daba a los discos piratas.

Siempre hemos oído que los bootlegs eran una cruzada contra las inmorales compañías discográficas, que eran lanzados por fans para otros fans sin nigún ánimo de lucro; y no voy a ser yo quien tire por tierra esta creencia, pero aunque esto haya sido así en casos concretos (muchos casos concretos, muchísimos), en este NEGOCIO abundaba mucho más el Capitán Garfio que Robin Hood.

Y ya fue así desde el principio. Seguramente habrás leído en algún lado que la génesis de este comercio paralelo de discos comenzó en marzo de 1.969 con la aparición de “The Great White Wonder”. Esta “Gran Maravilla Blanca” no era otro que Bob Dylan, aunque su nombre no apareciese por ningún sitio; y se le podía oír cantando en una habitación de algún hotel de Minneapolis, así como con The Band en las legendarias sesiones que luego salieron en “The Basement Tapes”. También habrás leído en ese mismo sitio que los pirateadores fueron dos grandes aficionados a las “canciones protesta” que querían que la obra de su ídolo circulase libre de ataduras mercantiles.

Lo que seguramente no te contaron fue el final de la historia: Estos dos chavales vendieron tal cantidad de discos (si hubiese sido una edición oficial habría llegado de sobras al platino), que con las ganancias pudieron retirarse a Canadá, donde abrieron una gasolinera y pasaron de seguir ofreciendo a los fans “lo que estos querían oír de sus ídolos”.

El segundo bootleg conocido tampoco fue ajeno a las manipulaciones mercantilistas. “Liver than you’ll ever be”, grabado durante la más que tempestuosa gira americana de los Rolling Stones de 1.969, estaba dando tantos beneficios a sus editores piratas que la Decca decidió aprovechar parte de la tarta editando un LP oficial en directo de esa gira, el “Get Yer Ya-Yas out”. Si preguntas por ahí entre tus conocidos más puretones seguro que te dirán que “parece mentira que la banda que mejor se lo ha montado en directo en toda la historia del rock no tenga ni un puñetero disco en vivo que realmente merezca la pena”. Por eso tienen más de 300 bootlegs donde elegir.

Desde entonces el bootleg tuvo una historia bastante movida, cambiante junto con los tiempos y resistiendo los altibajos hasta alcanzar un nuevo florecimiento gracias a la aparición del compact-disc y a las leyes tan “sui-generis” que regían sobre los derechos de autor en algunos países (y no te hablo del Lejano Oriente, sino de, por ejemplo, Italia). Así que no era extraño encontrarse en cualquier macrotienda de Virgin grandes estanterías con carteles invitándote a deleitarte con grabaciones “no oficiales” de tus grupos favoritos, o encontrar en El Corte Inglés un CD con versiones de clásicos hechas por R. E. M. en directo. Incluso tú mismo podías lanzar una edición: grababas un DAT, lo enviabas por correo a ciertas direcciones de Australia, Corea o Suecia, y en menos de dos meses disponías de cualquier cantidad de CD’s para escuchar, regalar… vender.

Todo eso desapareció con la llegada de internet y los P2P, pero hoy quiero rendir aquí homenaje a un tiempo en que los piratas, coleccionistas y muchos aficionados en general se disputaban la posesión de material alternativo de sus grupos favoritos. Yo aún conservo muchos de ellos y los voy a compartir aquí contigo. Estos que siguen son unos bootlegs (o similares) que pueden darte una idea de lo que he dicho antes, sin que esto presuponga que no haya otras grabaciones mejores… No esperes, por cierto, un sonido de lujo, porque casi todo está sacado de viejos vinilos, pero eso sí, todos eran buenos y significativos.

Durante la década de los ’70 el Boss fue uno de los mejores amigos de los pirateadores. Aunque no permitía que nadie sospechoso entrase en los estudios donde estaba grabando nuevo material, no se preocupaba lo más mínimo porque le pirateasen en directo, e incluso animaba a los que le grababan, por eso no es extraño oírle en su concierto del Winterland de San Francisco, que fue emitido por algunas emisoras locales, gritar “¡Pirateadores…! ¡Preparad vuestras cintas…!”, y antes de ponerse a cantar “Racing in the Street” dice algo así como “ésta se la dedico a todos los chavales de Ashbury Park que estoy seguro que la oirán algún día gracias a la magia de los bootlegs”.

Todo esto está muy bien recogido en el LP quíntuple de sus directos que se editó oficialmente, pero yo tengo un disco que cumple con todo lo que en teoría tendría que ser un bootleg: hecho por un fan, edición limitada y cuidada, material inédito y muy difícil de encontrar de otra manera, y sonido… digamos que pirata, unas veces se oye mejor, otras peor. Sólo una canción de la pluma de Bruce Springsteen, “The promise”, de las sesiones del LP “Darkness” y nunca antes editada; el resto, rendiciones de sus clásicos favoritos, canciones que fue introduciendo en sus conciertos durante la primera mitad de los setenta y que no eran otras que las que escuchaba cuando era un chinorri en el Show de Ed Sullivan: “Cupid”, “High school confidential”, “Sweet little sixteen”, “Farmer John”… la historia del rock’n’roll. El nombre del disco es el mismo que el de la canción que lo abre: “Oh Boy!”.

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“Oh Boy!” (Del disco de igual título)

Posiblemente el grupo más pirateado de la historia haya sido The Beatles. Nada extraño si es verdad eso que dicen sobre los estudios Abbey Road, que era muy fácil entrar allí y sacar una cinta con outtakes y diferentes tomas de las canciones de los Beatles, de las que había cajones llenos por todos lados, sin cerrar y sin vigilar. Con la llegada del nuevo formato hubo una inundación de CD’s piratas del grupo, provenientes de esos países en que su edición era legal, y que eran una fuente de continuo cabreo para la EMI, cuyas reediciones oficiales, sin ecualizar y sin mezclar eran bastante peores que, por ejemplo, las del sello Swingin’ Pig. Estamos de acuerdo en que aunque sea legal no es del todo moral, pero creo que lo que de verdad jodía a los de EMI es que los CD’s piratas fuesen mejores que los suyos.

“At the Beeb” recoge un sin-número de discos, que varían de una edición a otra, o según estén en vinilo o CD y recoge canciones tanto suyas (de su primera época) como versiones, grabadas de múltiples programas radiofónicos: “Pop Go The Beatles”, “Side by Side”, “Saturday Club”… todo un homenaje a la BBC. El sonido también varía desde la gloria a la miseria más absoluta. Si te gustan más las canciones con mejor sonido y grabadas en estudios de verdad tienes “From Us to You” (caja de tres LPs) o “Revolution” (CD italiano).

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“Come and get it” (Del “Revolution”)

Una excepción a lo que te cuento fue Bob Dylan, porque ¿para qué molestarnos en buscar bootlegs suyos si todo lo que hay en ellos que realmente merece la pena está en “The Bootleg Series”? Estos discos no son piratas, sino que están editados legalmente, pero por si te sirve de consuelo te diré que para la realización de esta obra la compañía discográfica de Dylan estuvo recopilando discos piratas de los anteriores 25 años a través de anuncios que ponía en las revistas para contactar con los pirateadores que poseían las mejores joyas. Es curioso hasta qué punto llegan algunas manías, le habían pirateado hasta el mensaje de su contestador automático. El resultado no pudo ser mejor, tanto artístico como en lo que a ventas se refiere. Montones de canciones hasta ahora inéditas, canciones en solitario con su guitarra o su piano, canciones con músicos de estudio o canciones con The Band (hasta de cuando aún eran The Hawks); canciones grabadas por él mismo en su apartamento o en cualquier habitación de hotel, canciones de sus primeros conciertos en bares por tres pesetas de paga (a lo mejor hasta de cuando teloneaba a Fred Neil) en el Greenwich Village, canciones que se grabaron para un disco y nunca entraron en él, canciones de conciertos y ensayos, canciones bien conocidas pero con la letra o los arreglos cambiados… canciones como “The Mighty Queen” y “This Wheel’s on Fire” que nunca habíamos oído interpretadas por su autor, sino gracias a que Manfred Mann o Julie Driscoll las habían hecho famosas porque una vez las oyeron en un bootleg de Dylan y se les ocurrió versionarlas…

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“Paths of victory” (Del “Bootleg series Vol. 1-3”)

El disco pirata más conocido de la década de los ’80 fue uno de Prince. El Disco Negro del Príncipe Negro, repleto de erótico hardcore-funk y primitivas versiones de canciones que posteriormente se editaron en el “Lovesexy”.

“The Black Album” iba a ser un disco con todas las de la ley, pero por extrañas razones nunca aclaradas del todo, la discográfica decidió no editarlo y destruir todas las copias, sin embargo, algún listillo consiguió hacerse con 100 de ellas y las copió, y copió, y copió… hasta cinco millones de veces… y todas se vendieron. Tal fue el éxito del bootleg que tres años después de su aparición la compañía legal, Purple Records, lo consideró oficialmente editado.

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“Superfunkycalifragisexy” (Del “The Black Album”)

Hay bootlegs que debemos tenerlos aunque sólo sea por el título: “Nunca me hablé con Bob Dylan”. Lo que dijimos antes sobre los conciertos refiriéndonos a los Stones también se puede aplicar a Patti Smith, con la ventaja además de que en los de ésta se pueden oír muchas versiones de clásicos del rock que no están en sus discos oficiales, si acaso en las caras B de algunos singles. En este concierto pirateado, grabado en Estocolmo con una calidad de sonido excelente puedes oír sus (per)versiones de “Pale Blue Eyes”, “Time is on my side” y “We’re gonna have a real good time together” (se nota qué clase de grupos le gustan a esta chica, se explica uno también el título del bootleg). Ya lo dijo una vez su guitarrista Lenny Kaye, refiriéndose a esta clase de discos: “Hay ocasiones en las que uno tiene una gran noche… y te gustaría hacer partícipe de ella a muchísima más gente de la que en ese momento está presente en la audiencia”.

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“We’re gonna have a real good time together” (Del “I never talked to Bob Dylan”)

Quien no estaba del todo de acuerdo con Lenny era Frank Zappa, que se dió cuenta un día de que durante 25 años de carrera había editado 50 discos, y un ejercito de chavales armados de pequeños cassettes había conseguido sacar 8 veces esa cifra. E inició una campaña contra ellos: “Beat the boots”.

Se suponía que iban a ser 10 obras las que Zappa iba a sacar en CD bajo este título, pero atenazado por el cáncer al final solo llegó a reunir 8 de ellas. El trabajo fue inmenso, seleccionar cintas grabadas durante 25 años, elegir las mejores, de entre ellas elegir las mejores versiones con diferentes bandas, documentarlo todo… pero mereció la pena. Es como meterse en el túnel del tiempo y ver todas sus viejas composiciones, las que siempre habían poblado sus discos oficiales y sus discos piratas, en manos de unas bandas y otras, notar como han evolucionado y como se han ido amoldando a los tiempos. Si no eres un coleccionista “hardcore” de Zappa es posible que esta colección no tenga mayor interés para ti; si lo eres, particularmente te recomiendo tres, el primer volumen de “You can’t do that on stage anymore”, “Guitars” y “Helsinky Concerts”.

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“Camarillo brillo” (Del “You can’t do that on stage anymore, Vol. 1”)

De Jimi Hendrix nunca dejan de salir discos y discos. Desgraciadamente, como su vida artística fue bastante corta ya está editado legalmente todo lo que merecía realmente la pena, además de mucha basurilla, por cierto. Esto hace que en los bootlegs no hubiese prácticamente nada que no se pudiese conseguir mejor grabado, más fácil y más barato de manera oficial. Por eso hacemos otra excepción con otro artefacto que salió con todas las bendiciones de la ley pero que tiene el espíritu de los mejores discos piratas.

Un tal Bruce Gary, fan acérrimo de Jimi, investigó durante días y días en todos los estudios donde alguna vez grabase éste y escuchó cientos de cintas grabadas en dos, cuatro, ocho, doce o dieciséis pistas para preparar un programa radiofónico que se emitiría un fin de semana de septiembre de 1.988. Fue tal el éxito que cuando alguien planteó editar todo ese material en disco todos le secundaron. Cinco LP’s, 39 cortes en el que podemos escuchar a Jimi desde sus inicios como guitarrista de los Isley Brothers o de Little Richard hasta su última sesión de grabación en los estudios Electric Ladyland en agosto de 1.970. En formato de CD no sé si cabrá, pero en vinilo (que es como lo tengo yo) tienes además un poster con la impagable fotografía de la sombra de Jimi con la guitarra proyectada sobre los raídos Marshall que escupían sus riffs.

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“Wild thing” (Del “Live & Unreleased – The Radio Show”)
Seguro que recuerdas la imagen de Jimi en Monterrey arrodillado ante su guitarra en llamas. El sonido de acople que se oye al final de esta grabación es la de esa guitarra ardiendo.

Hasta ahora no había mencionado siquiera que una de las más fáciles maneras de hacer un bootleg es piratear la banda sonora de una película que no se vaya a editar en disco. Ahora sería difícil porque salen al mercado las bandas sonoras de casi todas, pero en los buenos tiempos de Pink Floyd el que quería escuchar el concierto de Pompeya en otro lugar que no fuese la sala del cine tenía que encontrar el bootleg. De ahí que se convirtiese en todo un clásico, aunque este “Live at Pompeii” ya se haya quedado bastante viejo. Excelente sonido y muy bien presentado, cosa habitual en los piratas de esta banda, otro de los cuales, el concierto de 1.974 en Stoke, era tan deslumbrante de portada y sonido que muchos de sus fans se creyeron que era el siguiente disco oficial despues de “Dark Side of the Moon”. Con las más de 150.000 copias que vendieron seguro que amortizaron el gasto.

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“Careful with that axe, Eugene” (Del “Live at Pompeii”)

Es indudable que el pirateo ha metido presión muchas veces a las casas discográficas legales. El éxito de muchos bootlegs, incluso de malísimo sonido, demostró que los grandes artistas del rock tenían legiones de fans acérrimos esperando que saliese algo “nuevo” de sus ídolos; esto podría explicar la proliferación de cajas y cajas que se editaron de Led Zeppelin, uno de los grupos de los que más ediciones han debido de salir, y sus canciones ya están en todos los formatos, mezclas, remezclas, boca arriba y boca abajo. Con sus bootlegs pasaba igual, deben estar pirateados prácticamente todos los conciertos y las sesiones del grupo; hay discos piratas de todas clases (hasta uno con ¡¡70!! LP’s, “The Final Option”). Incluso cuando parecía que ya estaba todo el pescado vendido apareció en los USA un bootleg con unas canciones inéditas de Radio One, ¡y vendió medio millón de copias! ¡la misma cantidad que la caja de “Remasters”, que se editó legalmente casi a la vez!. Y aún hoy andamos esperando un proyecto del que se habló insistentemente hace años, el que Neil Young tenía en mente para dar por el culo a sus pirateadores, y que consistía en editar una caja con ¡¡13 CD’s!!, a la que iba a llamar “Decade II”.

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“All along the watchtower” (Del “The rare & unreleased collection”)

Y como esto se está alargando demasiado voy a terminar con algo obvio. El “Roma” de Nirvana. Aunque también podría haber escrito el “XXII II MCMXCIV” o el “Tour over Europe 1.994”, porque con cualquiera de estos tres títulos salió al mercado pirata el último concierto de Nirvana, que fue, por cierto, muy fácil de grabar, ya que se emitió en directo por la radio italiana. Luego, ya sabes que pasó, intento de suicidio en un hotel de Vía Veneto, y consumación del mismo en su casa de Seattle.

Éste fue, sin duda, el bootleg más buscado después de la muerte de Kurt. No me extenderé en su contenido porque es de sentido común lo que hay en él: canciones de su LP “In Utero”, que estaban promocionando, y sus temas más conocidos de sus discos anteriores. No hay grandes embestidas de guitarra ni locuras por parte de Kurt Cobain porque todo eso lo dejó atrás muchos meses antes (en su concierto de Madrid, del que fui testigo presencial, apenas se movió), su mente estaba en otra cosa.

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“Smells like teen spirit” (Del “Roma”)

Seguramente tú también tendrás música llegada por cauces subterráneos, como ésta. Háblanos también de ella… será divertido.

THÁNATOS

En el último capítulo que han puesto de la serie “Millenium” han tratado un tema sobre el que se llevan escritas muchas páginas. Y sobre el que se llevan hechas también algunas películas, incluso de mucho éxito.

“Millenium” es una serie creada por el mismo entorno que creó “Expediente X”, y ya tiene casi una década de antigüedad, pero en su momento solo pudimos ver la primera temporada. Ahora Canal Plus ha recuperado la segunda y la está emitiendo.

La serie toma el nombre de una organización extraña que recurre a visionarios, como el protagonista, Frank Black (sí, le dieron el nombre del componente de los Pixies), para que desentrañe algunos misterios sobrenaturales que tienen relación con el cambio de milenio. Frank tiene un sentido que le permite percibir el mal en cualquiera de sus aspectos. En estos nuevos capítulos le han asociado a una compañera que ve ángeles cuando va a ocurrir algo malo.

Y en este último capítulo les encomendaron investigar una serie de muertes provocadas, que ocurrían en la misma habitación del mismo hotel. La conclusión a la que llegan es que hay un santo (o algo peor) que está ayudando allí a morir a personas con enfermedades terminales. Y no les resulta difícil dar con él.

Pero eso es solo una parte del capítulo. La otra parte es la lucha dialéctica entre los visionarios y el santo (o algo peor) por dilucidar si lo que está haciendo éste último es lícito o no. Aunque algunas de las víctimas se prestan de buen grado a que les acerquen a su final, Frank mantiene que si el enfermo no sabe que está enfermo o incluso no pide ayuda para terminar con su vida, la acción es un asesinato.

Y en una de sus discusiones sale a relucir el nombre de BOBBY DARIN.

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“Dream lover”

Bobby Darin tuvo una vida digna de ser novelada, y por eso también ha sido llevada al cine. Su nombre de verdad era Warren Robert Cassotto, pero en realidad ni siquiera eso era cierto, porque Bobby nunca conoció a su padre, y su padre nunca llegó a saber que había tenido un hijo. Esta situación todavía era más complicada por el hecho de que su madre, Nina Cassotto, crió a Bobby haciéndole creer que era en realidad su hermana, y que los dos eran hijos de Polly, la madre de Nina.

Nina quedó embarazada en el colegio y no le quiso decir nada a su joven amante. Así que toda la familia se mudó a otra ciudad para evitar las murmuraciones propias de los años 30. Y pasó el tiempo y nadie informó a Bobby de la verdad hasta 1.968, cuando éste ya tenía 32 años de edad y ya era un famosísimo cantante que se codeaba tanto con los rock’n’roleros de su época como con el mismísimo Frank Sinatra. Era además un músico consumado, que dominaba el piano, la batería y el vibráfono. Y además tuvo bastante éxito como actor, llegando a estar nominado para un Oscar por su papel de fascista psicótico en la película “La escuela del odio”, que dirigió Stanley Kramer en 1.962. Y si aún no tenía bastante, en 1.968 se echó en brazos de la política, en las filas del Partido Demócrata americano.

Así que sabiendo que ahora toda la vida de Bobby iba a estar bajo el atento escrutinio de la mirada pública, y que el partido de la oposición no iba a pestañear siquiera a la hora de usar los hechos de su nacimiento contra él, fue por lo que Nina Cassotto por fin le reveló la verdad.

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“Multiplication”

Aquello le dejó destrozado, pero siguió adelante, uniendo su carrera musical y sus creencias políticas. Estaba en el equipo de Robert Kennedy cuando éste ganó las primarias del estado de California y se perfilaba como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Pero en cuestión de horas la pistola de Sirhan Sirhan le redujo de nuevo a la desesperación. En el funeral de Kennedy, Bobby contaba a sus amigos más cercanos que había tenido una experiencia mística que le había llevado a vender todas sus posesiones y retirarse al Profundo Sur a llevar una vida de ermitaño. Los rumores comenzaron a circular: que si era alcohólico, que si era drogadicto… la realidad era muy diferente; Bobby había sufrido problemas cardíacos desde muy joven, hasta el punto de que se llegó a dudar de que alcanzase los 16 años siquiera.

Viviendo ya una vida de prestado, Bobby volvió a cantar, incluso fue uno de los pocos cantantes blancos que fichase por la Motown. Su primera operación del corazón llegó en 1.971, tras la cual ya todos los pulgares apuntaban hacia abajo…

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“Mack the knife”

En el capítulo de “Millenium”, el santo (o algo peor) le decía a los visionarios que Bobby Darin estuvo enfermo toda la vida desde que de pequeño desarrollase unas fiebres reumáticas. ¿Valía la pena?

Y aunque Frank Black le decía que de no ser así nunca hubiésemos tenido “Mack the knife” o las otras canciones que salpican este post, aquél seguía insistiendo en que Bobby desarrolló una enfermedad coronaria y que le practicaron innumerables intervenciones de corazón. Hasta que Bobby decidió no operarse más, aún a sabiendas de que no viviría mucho después de tomar esa decisión. Pero murió con dignidad, y famoso, a los 37 años…

Se quedó una pregunta flotando en el aire: ¿Crees en los suicidios asistidos por médicos, o por alguien con un poco de formación, que sirvan de ayuda para dejar atrás una vida llena de dolor?

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“Goodbye, Charlie”

El capítulo termina igual que este post, sonando de fondo la canción “Goodbye, Charlie”, de Bobby Darin. Mientras la oyen, en el coche los visionarios comentan que no tienen claro si la sociedad Millenium les quería esta vez para detener o para ayudar al santo (o algo peor). No tenían claro si éste venía del cielo o del infierno…

¿Y tú…, lo tienes claro? ¿Nos lo cuentas…?

EL CANTO DEL LOCO

Se hicieron mundialmente conocidos cuando John Cusack los hizo sonar por los altavoces de su tienda de discos en “Hi-Fidelity”.

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The Beta Band – “Dry the rain”

La canción “Dry the rain” encumbró a The Beta Band, una banda que había formado Gordon Anderson junto a tres amigos suyos, quienes tuvieron que ir a ponérsela para que la escuchase, una vez terminada, al manicomio en el que éste se recluyó voluntariamente cuando ya no pudo soportar más que su único propósito en la vida fuera levantarse por las mañanas y poder llegar vivo a la noche. Y allí permaneció casi cinco años.

Antes de eso Gordon fue el co-autor, junto a Steve Mason, del EP “Champion Versions”, con el que los Beta Band comenzarían su andadura. Con ese disco bajo el brazo, los otros componentes de la banda se dirigieron a las oficinas de la EMI, quien les presentó inmediatamente un contrato para que ficharan por su sello subsidiario Regal. Era 1.997, y lo que podía haber sido la culminación de los sueños de Gordon Anderson fue en cambio el principio de una travesía del infierno que duró ocho años, mientras The Beta Band comenzaba su reinado de tres discos como favoritos de toda la crítica musical, que pensaba de forma casi unánime que eran una de las 50 bandas que no podías morirte sin ver.

Pasaron los años, el éxito como grupo de culto no se traducía en más ceros en su cuenta bancaria y llegó el 2.004, los chicos Beta no eran capaces ya de saltar el listón que tan alto habían colocado ellos mismos, sus propias reglas autoimpuestas les deprimían y las peleas que tenían entre sí unos con otros hicieron que la Beta Band se rompiese. Los otros dos miembros originales del grupo, John MacLean y Robin Jones seguían en contacto con Gordon y le visitaban en el hospital sirviéndoles de apoyo en los problemas de salud mental que le acosaban, no en vano los tres eran grandes amigos desde que tenían apenas 12 años.

Por eso, y aunque ninguno de los dos tenía apetito alguno por formar una nueva banda después de las tórridas experiencias que habían tenido con ésta, cuando Gordon, ya dado de alta desde hacía unos meses, les propuso montar otra, aceptaron con algunas reservas.

Anderson estaba mucho mejor al salir. Y alquiló una casita apartada del mundanal ruido en la que prácticamente se recluyó escribiendo música de todas clases. Las melodías hervían en el interior de su cabeza. Iba siempre a todas partes con una pequeña grabadora para sacarlas de allí y darles almacén físico, porque de no ser así su cerebro hubiese estallado con todas las melodías y estribillos.

La mayor parte de toda esa música permanece desconocida para el público, y solo se dio a conocer parte de ella cuando su hermano Kenny, alias King Creosote, robó algunas cintas de su material más folkie y lo editó bajo el nombre de Lone Pigeon.

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Lone Pigeon – “Sallyzimmerman”

Así que, sobre todo pensando en tener a su amigo ocupado, John y Robin se unieron a él para formar THE ALIENS. Un nombre más que apropiado para la banda que iba a servir de vehículo a las canciones con la marca de Gordon, llenas de abduciones por ovnis y hombres robots. Se autofinanciaron un EP, “Alienoid Starmonica”, que le interesó a la EMI lo suficiente como para editarlo. Y tuvieron, por tanto, que buscarse management… y una cosa llevó a la otra. Ya eran un grupo de rock. Pero esta vez iban a intentar divertirse con todas sus ganas.

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The Aliens – “Robot Man”

Pero todo eso es el pasado. Y nosotros queremos mirar al futuro.

Cuando Gordon Anderson hace música está intentando crear otros mundos, escaparse de su realidad hacia un hemisferio mágico. Buscando un lugar mejor en el que estar. Y su disco de debut está lleno de ellos.

“Astronomy for dogs”, que así se llama, suministra pop alegre y sincero (ecos de los Beatles, Beach Boys, Gram Parsons) e incontroladas especulaciones galácticas (Pink Floyd, Krautrock, The Orb) en la misma medida. Es pegadizo, alegre, espléndido y excéntrico. Y predomina el optimismo. Tiene incluso una canción feliz:

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The Aliens – “The happy song”

Tendríamos que revisitar el “Alright” de Supergrass para encontrar algo tan alegre y libre de cargas como “The Happy song”, con esos jubilosos versos que la abren, en los que Gordon declara en éxtasis que es feliz. Pero una gran parte del disco, sin embargo, es mucho más delicado y emocional. “She don’t love me no more” es una canción matizada de country que se va desconchando gradualmente hasta convertirse en una pieza elegíaca, casi música clásica para piano y cuerdas. Desde los cuatro minutos y pico en adelante me pone tan melancólico que a duras penas puedo contener las lágrimas. Es además la canción que más tiene que ver con la prehistoria del grupo: “Estuve 10 largos años en un asilo mental…”.

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The Aliens – “She don’t love me no more”

“Astronomy for dogs” está sumergido en las lisérgicas sensibilidades de los ’60, pero no hay que confundir las canciones que contiene con las que poblaban los discos de la última pandilla de alienígenas conocidos, la que lideraba el majara de Roky Erickson. Gordon no es un loco atormentado como Roky. La enfermedad de Gordon significaba que estaba embrujado por las canciones que luchaban por abrirse espacio en su cabeza, miles de ellas. Y este disco que han grabado, mezclándolas con ideas ajenas y embellecimientos electrónicos, da fe de ello. Si Gordon continúa ordenando sus fuentes como ha hecho aquí de forma tan experta, el futuro se presenta muy brillante para él y para The Aliens.

“No me toméis por loco”, advierte en otra de las canciones más cósmicas del disco, “Soy lo desconocido”… ¿pero, por cuanto tiempo?

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The Aliens – “I am the unknown”

LUGAR ADECUADO, MOMENTO JUSTO

Como quiera que la semana pasada colaborásteis muy activamente en el juego presentado, hoy quiero proponer otro del mismo estilo. Esta vez no tendremos frases ni músicos, es más, no tendrá nada que ver con la música, para que los que teneis pocos conocimientos enciclopédicos de ella podais participar sin ningún problema.

En el slideshare de abajo he colocado 10 fotos. Todas ellas han marcado un hito en el universo de la fotografía y, por tanto, son tan conocidas que estoy seguro de que todos vosotros las habreis visto alguna que otra vez.

Pero… ¿seríais capaces entre todos de ordenarlas cronológicamente?

Por supuesto, también podeis comentarlas, hablar de ellas todo lo que os parezca, preguntar cosas sobre ellas… las fotos merecen la pena.

Y no os preocupeis, que es la última vez que os pongo deberes, al menos hasta que todos nos hallamos olvidado un poco del juego. Tampoco se trata de saturaros.

IN THE YEAR 2525

El futuro se ha infiltrado en nuestras vidas de forma moderada y sutil. Se ha adueñado de nuestro mundo la miniaturización de la tecnología de las comunicaciones (teléfonos móviles, blackberrys…) y la compresión de la información (mp3s, iPods, películas descargables, YouTube…), y estos avances son tan alucinantes como las estaciones espaciales y los robots que nos habían dibujado como escenario de la vida diaria del siglo 21. El micro-futuro ya está aquí. ¿Pero donde está el macro-futuro?

Viene a cuento todo esto porque ayer, como hago otras muchas veces, me di una vuelta por mi antiguo barrio (soy polinganero militante) para hacer algunas gestiones en sus (bares y) comercios, en los que me conocen tanto como yo conozco a sus dueños. Y mientras iba pensando en lo diferente que era ir escuchando en el coche una canción que podía elegir con solo el movimiento de un dedo de entre otras cientos de ellas, de como teníamos que ir avanzando el cassette hasta dar con una de entre apenas otras diez o doce, me di cuenta de que sin embargo la escena que presentaba la avenida por la que circulaba no difería en ninguna forma significativa de cómo se hubiese visto en 1967.

Bueno, el diseño de los coches ha cambiado, pero se siguen moviendo por el suelo impulsados por motores de combustión, y no hay coches voladores ni teletransportación. Los peatones siguen caminando por las aceras en vez de moverse a gran velocidad en plataformas unipersonales. E incluso la ropa y los peinados de la gente no son especialmente singulares. De acuerdo que al igual que el resto de Sevilla y del mundo muchas calles han cambiado de aspecto, pero desde los semáforos, hasta el clásico buzón de correos, pasando por los taxis o el estanco de la esquina, el siglo 21 en mi barrio es penosamente poco futurista. Para un sempiterno fan de la ciencia-ficción como yo, esto es algo brutalmente decepcionante.

Y supongo que no seré yo el único que suspira por el futuro que nunca aparece. La frustración se generaliza y gana velocidad, sobre todo en la última década, cuando empezó a aparecer el que tenía que ser trascendental nuevo milenio. Fechas como “1.999”, “2.000” o “2.001” tenían reverberaciones muy especiales no solo para los amantes de la ciencia-ficción, sino también para la mayoría de la gente. Incluso ahora, cuando ya hablamos con indiferencia sobre lo que es vivir en el siglo 21, esas fechas todavía tienen un tenue sabor futurista, una intensa huella de lo que podía haber sido y no fue. Las marcas de fábrica obvias del mundo del mañana que nos presentaban hace cuarenta años nunca se han materializado: las vacaciones en la luna, los trenes que viajarían como un rayo entre continentes a 1500 kilómetros por hora aspirados por el interior de túneles sumergidos, las mochilas con mini-motores a reacción que nos iban a hacer volar, el robot mayordomo, la televisión tridimensional, o algo tan pueril como el traje que nos haría invisibles para poder colarnos en la casa de esa chica que debe estar tan guapa desnuda… y esta ausencia de futuro se siente igualmente, y esto aún es más penoso, en el discurrir de la vida diaria, en la forma en que la experiencia de freír un huevo o de darse una ducha no ha cambiado en nuestra rutina.

Es cierto que se han intentado hacer realidad muchas de estas cosas, pero se han quedado en el camino abandonadas prematuramente, cuando no han nacido muertas de antemano. En los años 60, por ejemplo, hubo serios intentos de construir ciudades submarinas habitables, como el programa “Sealab” de la Marina norteamericana; pero en lugar de metrópolis sumergidas y éxodo masivo de pioneros emigrando a las profundidades marinas, todo lo que queda de ese sueño es un hotel y algún restaurante subacuáticos que deben ser carísimos para su disfrute por gente como nosotros. Ha habido más artículos sci-fi que han hecho una breve aparición hace algunas décadas también, pero que no se han reafirmado ya fuese por causas culturales o prácticas, como la anteriormente mencionada mochila, que para poder volar requería una energía que generaba tan peligrosos niveles de calor que el usarla nos iba a hacer, como mínimo, tener el culo tan pelado como el ya tan comentado de nuestro seleccionador de fútbol.

Otra idea futurista clásica que podía haberse convertido en realidad es la de la “comida cultivada”; por ejemplo las proteínas animales hechas crecer en laboratorios. Pero en nuestro nada ficticio siglo 21 esta idea languidece en esos laboratorios debido a la resistencia del consumidor; nuestros prejuicios culturales rechazan eso como algo innatural, una abominación… una asquerosidad, vaya. En su lugar, el gusto popular tiende precisamente hacia el extremo opuesto, hacia la comida orgánica, no procesada, natural, ecológica… la comida concentrada en pastillas, que se nos presentaba como algo razonablemente inminente, tendrá que esperar.

Otra cosa que está en el horizonte es la casa inteligente; pero también es decepcionante saber que su inteligencia más que en anticiparse a tu humor o tu estado de ánimo con cambios en su interior, o simplemente en la decoración, o en mantener el frigorífico siempre lleno de tus delicatessen favoritas, consistirá en llenar la casa de sensores de movimiento que hagan sonar una alarma cuando, digamos, no has ido a sentarte en el excusado a tu hora habitual.

A veces parece como si el progreso mismo hubiera reducido su velocidad de progresión, siendo los años 60 el climax de la oleada de innovación del siglo 20, y las décadas que han seguido solo hayan sido una mezcla de consolidación, estancamiento y vuelta al pasado. Ciertamente, los cambios en la primera mitad del siglo parecían manifestarse en las formas más orgullosas y dramáticas. Fue una época de masivos planes centralizados e inversiones públicas: enormes pantanos aquí y mastodónticas presas por ahí, planes de industrialización acelerada, proyectos gigantes de electrificación rural, construcción de autopistas y destierro del analfabetismo y la pobreza. Y naturalmente, pensábamos que los cambios continuarían desplegándose de esta misma forma dinámica y grandiosa… el Apolo XI y el módulo lunar, el vídeo, el ascensor con memoria…

Sin embargo, si miramos al futuro todo lo que vemos es previsible y una continuación de lo que ya tenemos en el presente: wikis, blogging, telebasura, imperios de las marcas, privatización del espacio, precariedad laboral, trabajo excesivo y falta de sueño, prolongación de la adolescencia hasta los treintaytantos años, encuentros on-line, envejecimiento de la población… el futuro más cercano, aparentemente, consistirá solo en más de lo mismo.

A lo mejor es que las esperanzas que la humanidad tenía en los años 60, una época de exuberante radicalismo, eran poco realistas; porque si echamos un vistazo a la cultura popular contemporánea: los problemas raciales, la liberación femenina, los derechos de los homosexuales, las drogas, la igualdad socio-económica, la religión… en cada frente que miremos las cosas no solo no han avanzado tanto como esperábamos que lo hicieran, sino que algunas incluso han retrocedido. Y mientras esto ocurra, ¿a quién le importa que no podamos volar con una mochila a la espalda? Lo que realmente debe preocuparnos es que nunca llega la versión socio-cultural de ese futuro que esperábamos.

¿Quién nos iba a decir que íbamos a sentir nostalgia por el futuro?

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En el año 2525.
Si el hombre está todavía vivo.
Si la mujer puede sobrevivir, tal vez se encuentren.
(Zager & Evans)

PALABRITA DEL NIÑO JESÚS

Para D. Micro, que le gustan mucho las citas.

Después de los largos post anteriores, para este fin de semana os propongo algo más refrescante y que quizás os resulte también más divertido.

Es un juego para que participeis si quereis.

Aquí debajo hay un slideshare con 15 pantallitas, y en cada una de ellas he escrito una frase que ha dicho algún personaje famoso del mundo de la música. Y debajo de ése teneis otro más con las caras de los 15 artistas que las han dicho. Excepto un par o tres de raperos, que por no ser éste vuestro tipo de música favorito, a lo mejor no conoceis, os aseguro que los demás son super-archi-mega-conocidos. Los hay de todos los tiempos y estilos, y algunas de las frases son tan clásicas que a lo mejor ya las habreis leído antes. Sobre el final hay una que es bastante obvio de qué boca (muy asidua de los medios estos últimos días) ha salido… pero mejor no os doy pistas por ahora.

¿Seríais capaces de asociar cada frase con una de las caras, y éstas con su nombre?

No hace falta que os esforceis demasiado, porque al fin y al cabo tampoco va a haber ningún premio. Pero bueno, se agradecerá la participación. Y si no conoceis a los autores también podeis escribir y comentarlas, que algunas dan mucho juego. ¡Que os divertais!

¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!

Para los que conocí en y por aquella noche: Luis, Antonia, Manuel, Blas, Jóse Pardo, Eileen, Ambrosio, la gente del “Trama”… y los que se me olvidan.

Fue una noche para recordarla siempre: La primera vez que salí en la tele; además, en el programa de referencia de la modernidad; el viaje con todos los gastos pagados, las posteriores visitas por los programas de radio musicales que solía escuchar desde mi casa y por los antros de los que solo podía leer en las revistas; y sobre todo, ver en persona a una de las bandas más excéntricas del rock, cuya fascinante música, totalmente atípica en aquella época, era de la que más infectaba los altavoces de mi equipo.

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“Swastikas on Parade” (excerpt)

Pero antes de llegar a este punto, os quiero poner en antecedentes de lo que nos esperaba.

Aunque ya llevaban casi doce años de existencia, THE RESIDENTS apenas habían dado tres conciertos en directo en toda su vida y, por tanto, no habían salido nunca de gira hasta ese año de 1.983, en que también se acercaron a España.

Y esta falta de actuaciones en directo era debida, sobre todo, a que era virtualmente imposible recrear su música multi-textural sobre un escenario. Ellos creaban música en el estudio de grabación con el único propósito de ser editada en discos. No deseaban dar conciertos.

Sin embargo, a medida que iban haciéndose más populares, los Residents comenzaron a contemplar la posibilidad de salir de gira, no solo para promocionarse, sino también por la curiosidad de ver como era eso de tocar durante muchos días en ciudades diferentes, como hacían todos los grupos de rock normales.

Ya habían estado tentados de sacar el “Eskimo” del congelador y pasearlo por el mundo en un espectacular estilo operístico, pero el proyecto nunca se llevó a cabo porque la banda consideraba que no estaban trasladando bien al directo todo lo que habían creado en el contexto del estudio de grabación. Se aburrieron de ensayar, y lo dejaron por imposible.

Hasta que la tecnología llegó en su ayuda.

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“Jailhouse Rock”

En 1981, una pequeña compañía californiana llamada EM-U Systems comenzó a comercializar en pequeña escala el Emulator, que era el primer avance tecnológico de aplicación musical desde la introducción del sintetizador unos 15 años antes.

El Emulator fue uno de los primeros samplers. Consistía en un pequeño ordenador conectado a un teclado de piano. No generaba sonido por sí mismo, pero permitía al músico grabar unos segundos de sonido a través de una entrada de micrófono y repetirlos variándole a voluntad tanto el rango de tonos como de octavas. La fuente de sonido podía ser cualquiera, una voz humana, un perro ladrando, unas palmadas, el ruido de un coche… y hasta un bajo o una guitarra… e incluso otro sonido pre-grabado. Cualquier cosa que le metieran al Emulator podía reproducirlo perfectamente. Y lo más importante es que todos estos samples podían almacenarlos en diskettes. Cada vez que necesitasen alguno de estos sonidos todo lo que tenían que hacer era meter el diskette en un floppy y darle a un botón. Y ya, además, como refinamiento definitivo, estos samples podían ser acelerados o ralentizados a voluntad.

La versatilidad del Emulator ya fue demostrada un poco antes en “Bladerunner”, para cuya banda sonora lo utilizó Vangelis. Como quiera que éste se había opuesto a que se editase dicha banda sonora, los Residents tuvieron que ir a ver la película varias veces para estudiar toda la variedad de sonidos inusuales producidos por este aparato.

Y como además no era nada caro, enseguida se plantearon la compra de uno. Al fin y al cabo los Residents fueron unos geeks adelantados en el tiempo, así que en cuanto se leyeron todos los folletos publicitarios encargaron su Emulator (número de serie #0005) y se encerraron con él en el estudio durante seis días grabando samples de cualquier sonido que pudiesen captar en las oficinas de su compañía, Cryptic Corporation.

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“Satisfaction”

Al principio vieron este juguete simplemente como otra herramienta más para la composición de su música, pero a medida que se familiarizaban con él iban extendiendo su uso hasta que fue imprescindible para sacar adelante su siguiente proyecto discográfico, “The Tunes of Two Cities”, que se convirtió oficialmente en el primer disco que contenía el Emulator, y por tanto, música que sonaba de forma diferente a lo escuchado hasta entonces, porque provenía de una fuente de la que no disponía nadie más.

Tampoco tardaron mucho en darse cuenta de que disponiendo adecuadamente de una pareja de estos Emulators no solo podían tocar en directo, sino que podían llevarse consigo almacenado en disketts el auténtico sonido Residents que tanto les distinguía.

Así que el paso siguiente era planear qué clase de show iban a sacar de gira. Lo que tenían claro era que no querían hacer nada parecido a una interpretación de rock clásica. Querían algo más operístico, más espectacular… y el material de “The Mark of the Mole” era ideal para una representación teatral de este tipo. El disco, editado en 1981 como primera parte de una trilogía, era un ambicioso proyecto que trataba de las fricciones entre dos civilizaciones después de que un desastre natural hubiese obligado a una de ellas, los Moles (los topos), a emigrar a la tierra de la otra civilización, los Chubs (los rechonchos). Todos los problemas de asimilación, esclavitud e inevitables conflictos iban a ser representados en el escenario por actores, respaldados por el acompañamiento musical de la banda.

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“Mousetrap” (Del “Mole Show”)

Así que comenzaron a comprar equipo musical y de sonido, luminotecnia, a construir decorados mastodónticos, y a reclutar personal:

“Grupo de vanguardia necesita bailarinas. Posible gira europea”.

Pero como el grupo hacía una música que no era nada familiar para el público, que seguramente también tendría muchos problemas para entender el oscuro concepto de los Moles y los Chubs, los Residents decidieron usar un narrador, que integrado hábilmente en la interpretación podía ir explicando lo que ocurría en cada momento. Y ficharon a Penn Jillette, un showman que ahora es bastante famoso en los USA, pero que entonces era un perfecto desconocido que no puso muchas pegas cuando le obligaron a encerrarse una semana en una habitación de hotel escuchándose todos los discos que hasta entonces habían grabado los Residents, y estudiarse un montón de hojas escritas con un procesador de texto en las que estaban todas las letras de las canciones del futuro espectáculo, así como una explicación de las mismas, descripciones abstractas de los bailes… y espacios en blanco para que él mismo fuese incorporando sus partes. Espacios acotados con el tiempo que durarían y lo que se esperaba que hiciese: “un minuto, tienes que mostrarte irritado… dos minutos, aquí estás enloquecido…”

Y después de foguear la función en varios teatros de San Francisco, Los Angeles y Pasadena, donde vieron que no había graves inconvenientes aparte de la fastidiosa propensión que tenían los Emulators a recalentarse debido a que había que cambiar de diskettes unas 85 veces por noche, se embarcaron en la gira europea que les trajo hasta aquí.

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“The ultimate disaster” (Del “Mole Show”)

Aprovechando el concierto programado en Madrid, Paloma Chamorro los contrató para que actuasen también en su programa, “La Edad de Oro”. Para charlar sobre el grupo en dicho programa contactó con personajes variopintos a los que presentó como “una representación de los fans españoles de los Residents”, entre los que además de Luis Clemente y yo mismo (que también tiene güevos que viviendo los dos en el mismo barrio de Sevilla y teniendo intereses musicales comunes tan extravagantes, fuésemos a conocernos allí), se encontraba gente tan increíble como un aspirante a escritor que venía de Asturias con el principal propósito de dar a conocer su libro “Tu vecina lava más blanco porque usa tal detergente y nosequé nosecuantos”; otro tío que se sentó a mi lado y que su deporte preferido era despotricar sobre los snobs hasta que Paloma le obligó a confesar que a él mismo no es que los Residents le hiciesen mucho tilín pero que los seguía por snobismo; un chaval muy jovencito y timidito que hacía todo lo que le decía una lagartona cuya frase preferida era “para la gente solo hay dos opciones: cagar o ser cagado”, que se habían escapado de Valladolid para poder venir y que para que no les reconociesen en sus casas salieron en el programa vestidos de nazareno y de momia respectivamente… y otros especimenes más que el tiempo me ha borrado del recuerdo.

De todas formas no penséis que éramos nosotros los más frikis de la reunión, porque la trouppe que traían los Residents era para echarles de comer aparte.

Una vez que habían llegado a Europa, a todos los pipas y personal de ayuda en el montaje y transporte los habían reclutado en Inglaterra, y eran todos ellos gente curtida en tropecientas mil batallas con grupos rockeros “de los de verdad”, y acostumbrados como estaban a tratar con estrellas de ego superenorme y con toda la gente que rodea el mundo de las giras y sus implicaciones con el sexo y la droga, encontraron que la gente que venía con los Residents eran unos estirados, aburridos y gilipollas. Y no ayudaba nada a calmarlos el hecho de que la banda los obligase, al igual que a las bailarinas y a todos los demás componentes de la expedición, a estar en todo momento ante la gente vestidos con un mono gris enterizo y con una nariz y bigote de Groucho Marx absolutamente ridículos. Esto lo hacían para preservar su anonimato si en algún momento ellos se dejaban ver también fuera de sus camerinos sin el globo ocular tras el que se escondían. Os juro que aquella tarde la cantina de TVE parecía el plató de una película surrealista.

El único que se libraba de vestir así era Penn Jillette. Y en vez de limitarse a estar feliz por ello aún contribuía más al mosqueo general porque por su parte les había prohibido a todos el tabaco y el alcohol. En consecuencia había dos bandos rivales en la gira, que viajaban en autobuses separados: los roadies borrachuzos, que iban en el “Party Bus”, y los americanos que iban con Penn en el “Library Bus”. Por supuesto, la batalla final se libró en el último concierto de la gira, en el Hammersmith Odeon de Londres… pero eso es otra historia.

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“Anvil forest” (Del “Mole Show”)

Los programas que se emitían de “La Edad de Oro” eran en directo, y aparte de los momentos en que Paloma hacía sus entrevistas, se acondicionaba todo para que aquello fuese lo más parecido a un concierto de verdad, por lo que se distribuían invitaciones por Madrid para que acudiese público a dar ambiente real, e incluso se acondicionaba una barra en uno de los rincones del estudio que no pillaban las cámaras donde se daban gratis birras, refrescos y algo para picotear. Pero antes de eso, por la tarde, se hacía un ensayo general con todo exactamente tal como iba a salir al aire después. Yo no sé si en los demás programas la prueba y la realidad salieron calcadas… pero aquel día os puedo asegurar que no.

Tuvimos suerte los asistentes porque disfrutamos de la actuación de los Residents dos veces, eso no cambió de una vez para otra. Ligeros cambios hubo en la ubicación de la banda para la entrevista, porque primero los sentaron con nosotros en una pequeña grada escalonada y después los pusieron aparte; algunos invitados más prestigiosos que nosotros pasaron del ensayo; Penn Jillette, que era el portavoz del grupo porque sus componentes no hablaban, además tenía que tragar fuego y hacer juegos de manos, y en el ensayo solo hizo la mímica de esto… pero poca cosa más. Todo comenzó a ir mal cuando se averió el aparato que tenía que ir poniendo los subtítulos de las canciones en vuestras teles para que entendieseis de qué iba la historia. Los subtítulos los hicieron avanzar para ver si estaban todos, pero luego no fue nadie capaz de hacerlos retroceder al principio para repetir el proceso por la noche. Ningún técnico supo preparar aquello para que los subtítulos apareciesen después. Con el consiguiente cabreo y gritos de Paloma Chamorro y de Penn Jillette. Éste último comenzó a poner una cara malísima, que mantuvo durante las casi dos horas que duró el ensayo. Yo lo miraba de vez en cuando y pensaba: “Joder! Hay que ver el mosqueo que se ha pillado el nota éste”, cuando lo veía echarse las manos al estómago y desencajar la cara… después agacharse apretándose las tripas… moverse de un lado a otro como un tigre enjaulado… doblarse como una alcayata una y otra vez… “¿realmente se lo ha tomado tan mal, o es que esto forma parte de su actuación…? Pues si es así, el tío lo está bordando… a mí me tiene acojonaíto…”

Pero todos aquellos exagerados gestos no eran teatro, ni muchísimo menos, y más acojonaítos se quedaron todos los responsables del espectáculo y del programa (había que ver la cara de Paloma… pero mejor desde lejos… era menos expuesto) cuando apareció una ambulancia para llevárselo urgentemente al hospital, porque el pobre hombre casi se muere a causa de unas dolencias gástricas que le habían sobrevenido.

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“Final confrontation” (Del “Mole Show”)

El programa estuvo a punto de suspenderse. Pero las noticias de que Penn iba a salir de ésta y que una de las actrices que bailaban era tan versátil que se veía capaz de hacer el papel (más o menos) de narradora y de portavoz, hizo que por fin todo saliese adelante. Y el programa se emitió.

Y mi mente mitómana e iconoclasta guarda dos posteriores recuerdos de aquello. Que le toqué el culo a uno de los Residents… no penséis mal, es que como no veían muy bien con aquellos globos oculares que tenían por cabeza, en la grada uno de ellos se había sentado encima de mis pies y tuve que empujarle un poco sin pararme a mirar demasiado donde ponía las manos. Y que cuando Paloma terminó ya con nosotros y nos dejó libres para disfrutar de aquello como quisiésemos, los cabrones que habían entrado con las invitaciones ya habían acabado con toda la cerveza.

Por cierto; yo soy el que sale hablando en el minuto 42 del video… pero no os regodeéis en mi nerviosismo de principiante, por favor…

GIRA, IL MONDO GIRA

Para el Profe, del que me consta que le gusta esta música.

No sé si a vosotros os gusta, pero yo en un tiempo fui bastante aficionado al ciclismo. Antes, cuando curraba por esos hospitales y clínicas de diálisis dispersas por Andalucía, Extremadura y el Norte de África, los esforzados comentaristas que gritaban desaforadamente por la radio cuando uno de los ciclistas esbozaba una escapada a 140 kilómetros de la meta me sacudían la modorra producida por la calina de aquellas carreteras de los llanos de Antequera, la Sierra del Andévalo o la Ruta del Toro a esas horas malísimas de después de comer en un buen restaurante.

Y sin embargo este año estaba en plena marcha el Giro de Italia, que ya termina prácticamente cuando publico esto, y yo no me he enterado hasta que hace unos días oí en la radio unos comentarios sobre él.

Y con ello me vino también la idea para este post. Porque no sé si muchos de vosotros sabréis que en los años 60, siguiendo el modelo de la carrera ciclista italiana había también una “serpiente multicolor” compuesta por cantantes y gente farandulera que organizaban una etapa diaria en las capitales italianas, en las que también había un vencedor diario y un gran vencedor absoluto en la meta final. Era el CANTAGIRO. Y no penséis que era una cosa de frikis o hecha para cuatro gatos… las fotos que acompañan este texto os pueden dar una idea de lo apoteósica que resultó.

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Gianni Morandi – “In ginocchio da te” (Ganador de 1.964)

Las actuaciones llenaban las plazas públicas y los teatros de muchísimos pueblos y pequeñas ciudades, y hasta estadios de fútbol cuando llegaban a grandes ciudades. Porque es que el elenco no estaba compuesto por cantantes de segunda fila ni proto-triunfitos buscando su oportunidad, sino que lo componían las figuras italianas más populares, las auténticas estrellas de la canción.

En 1.962, el empresario Ezio Radaelli, que anteriormente había sido director del Festival de San Remo, y había lanzado ya a cantantes como Adriano Celentano, Mina o Milva, pensó que la vieja fórmula de los festivales como el que él mismo dirigía estaba perdiendo popularidad y había que despertar de nuevo el interés de los fans musicales con algo nuevo. Así que propuso llevar a los cantantes por toda Italia en etapas como las del Giro ciclista y celebrar una gran etapa final allá en San Remo.

Como ocurre casi siempre con las grandes ideas, los futuros socios capitalistas a los que Ezio se la ofrecía pasaban de él cuando no se reían directamente en su cara por considerar que aquello era una cosa tan atrevida que solo iba a servir para tirar el dinero. Así que lo organizó todo por su cuenta y riesgo.

Y fue un éxito arrollador.

Reunió a todos los cantantes que tenían alguna canción de éxito sonando en esos momentos en la radio y los lanzó a la carretera. Solo el primer año de celebración hubo más de 150.000 espectadores de pago en todos los lugares donde se celebraban las etapas, y a medida que el éxito iba creciendo, hasta más de 8 millones de fans se reunían en las cunetas de las carreteras para ver de cerca y aplaudir a Doménico Modugno, Pepino di Capri, Tony Dallara o al “urlatore” Celentano.

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Adriano Celentano – “Stai lontana da me” (Ganador de 1.962)

Pero además, junto a estos consagrados que viajaban de ciudad en ciudad en coches descapotables que permitían al público acercarse para darles golpes de felicitación en la espalda, pedirles autógrafos o estrecharle la mano, viajaban también otros cantantes de segunda categoría, que aún no habían alcanzado el estrellato, y para los que el Cantagiro era un trampolín definitivo. De esta categoría B salieron, por ejemplo, Fausto Leali, Lucio Dalla, Nicola Di Bari, Máximo Ranieri, Lucio Battisti, Ricchi e Poveri…

El funcionamiento era el siguiente: en cada ciudad visitada se escogía un jurado de entre el público asistente, que era el encargado de elegir al ganador tanto del grupo de cantantes estrellas como del de aspirantes a serlo. Y al final del Cantagiro se elegían el cantante y la canción ganadores absolutos en las dos categorías. Incluso en una tercera categoría que se instituyó desde 1.966 para grupos de pop. Para que os hagáis una idea de cuánta era la expectación que levantaba el evento y el deseo de las ciudades italianas por acogerlo, solo os diré que para poder celebrar la etapa final de la tercera edición en la ciudad de Fiuggi, se construyó allí un teatro especialmente para esta ocasión.

Y la respuesta del público de todos sitios era pura “beatlemanía” a la italiana; estallidos potentísimos de histeria colectiva, chicas que se desmayan (y chicos), gente tirada por el suelo, aullidos, brazos levantados al cielo con movimientos frenéticos… para defenderse de los fans demasiado efusivos Celentano incluso tuvo que contratar guardaespaldas para liberarle de los momentos más difíciles y críticos; en Mestre, cerca de Venecia, Rita Pavone (tan pequeñita ella) estuvo a punto de ser pisoteada en el tumulto.

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Rita Pavone – “Lui” (Ganadora de 1.965)

Así que Ezio Radaelli rió el último embolsándose más de 200 millones de pesetas cada año de celebración, entre entradas vendidas e ingresos producidos por la caravana publicitaria, que hacía llegar cualquier producto que anunciase a prácticamente todos los hogares italianos, con más de treinta y cinco millones de potenciales compradores.

El Cantagiro se celebró hasta 1.972, aunque después hubo algunos otros intentos de resucitarlo; del 90 al 93 hubo cuatro ediciones más, e incluso otra en el 2005 que no interesó ya apenas a nadie. Este año se ha organizado otra cosa siguiendo aquel espíritu de festival itinerante, que desde el día 3 anda visitando todas las provincias italianas, con el nombre de “Tour Music Fest 2007”, y durará hasta finales de agosto, momento en que se elegirá a los participantes de una gran finalísima prevista para el 18 de Octubre. Pero ya no es lo mismo, ¿verdad?.

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Michele – “Se mi voui lasciare” (Ganador de 1.963 en la serie B)