LOS MATEMÁTICOS SON GENTE RARA
Si la familia Addams tuviese una canción favorita seguramente sería ésta:
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Tengo tu mano en la mía, querida,
Aprieto sobre ella mis labios.
Y doy un mordisquito
A las delicadas yemas de tus dedos.
Mi alegría sería completa, querida,
Si tú también estuvieses aquí,
Pero todavía conservo tu mano
Como un precioso recuerdo.
La noche de tu muerte te la corté.
En realidad no sé por qué.
Porque ahora cada vez que la beso
Me mancho de sangre la corbata.
Siento haberte asesinado,
Porque nuestro amor estaba muy bien,
Y hasta que vengan a cogerme
Mantendré tu mano en la mía.
El post de hoy tratará sobre humor negro y canciones enfermas. Ésta misma sonaba como una bonita e inocua canción de amor, sobre coger la mano a una chica, hasta que… Ni siquiera Stephen King es capaz de escribir un texto tan morboso y hacerte reír con él..
Es difícil no maravillarse de cómo este profesor de matemáticas apartaba de las ecuaciones su enrevesado pero sutil ingenio para, en mitad de los años ’50, suministrar perversas líneas como las de esta canción a audiencias que seguramente habían sido sacudidas por una actuación de Lenny Bruce. Es imposible escucharle ahora sin detectar su influencia en los Monty Python. Prácticamente sin ayuda, TOM LEHRER trajo la religión, las desviaciones sexuales, la violencia o la política al área del humor a través de canciones que celebraban irónicamente cualquier cosa, desde el incesto, la guerra, la mutilación (como ya has podido comprobar), o las drogas y las relaciones humanas (como podrás comprobar más adelante). Sus canciones puede que estén enfermas, como ya apunté antes, pero desde luego, son agonizántemente divertidas.

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¿Quién hizo de mí el genio que hoy soy,
el matemático que todos los demás citan,
quien es el profesor que me hizo ser así?
El más grande de los que siempre tienen tiza en su bata.
Un hombre merece el crédito,
Un hombre tiene la culpa,
Y Nicolai Ivanovich Lobachevsky es su nombre.
Nunca olvidaré el día en que conocí al gran Lovachevsky.
En una sola palabra el me dio el secreto del éxito en las matemáticas:
¡Plagia!
Plagia,
No dejes que el trabajo de nadie se evada de tus ojos,
Recuerda por qué el buen Dios nos hizo los ojos,
Así que no te tapes los ojos,
Y plagia, plagia, plagia.
Pero, por favor, asegúrate de llamarlo “investigación”.
Tom Lehrer nació en 1.928 y se graduó en matemáticas en la Universidad de Harvard a la edad de 18 años. En ese mismo momento comenzó a dar clases…

No tiene mérito, en aquella época todo el que tenía algunos años más que yo, y posibilidad de ser profesor, estaba alistado en el ejercito
…y trabajó en el campo de la Educación durante toda su vida enseñando esa asignatura en la misma Universidad de la que él salió. Pero tenía más aficiones e intereses, cuando niño también estudió piano, (“Papáaa, este tío se empeña en que toque cosas de Mozart, y yo lo que quiero tocar son las canciones de la radio, cámbiame al profe, andaaaa”) y como la madre naturaleza le dotó de una hermosa voz de barítono, que él entendió que debía de valerle para algo más que para que lo oyesen en la última fila del aula, pues usó estos otros conocimientos y dones para dedicar su vida a un proyecto científico que sacó adelante con enorme éxito: el intento de prolongar su adolescencia más allá de los límites previstos por la naturaleza. Tal éxito le convirtió posteriormente en un reconocido compositor, autor y artista polifacético.
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Cuando caen las sombras de la noche
Llega un amigo que todos conocen,
Es el viejo vendedor de droga,
Repartiendo alegría por donde quiera que va.
Todas las noches puedes encontrarlo
Dando vueltas por tu barrio.
Es el viejo vendedor de droga
Prosperando cada vez más.
Le da a los niños muestras gratis,
Porque el sabe demasiado bien
Que las inocentes caritas de los jóvenes de hoy
Serán su clientela de mañana.
Él tiene una cura para todos tus problemas,
Tiene un final para todos los dolores.
Es el viejo vendedor de droga
Con su felicidad en polvo.
Comenzó a interpretar canciones satíricas con sus colegas de universidad en fiestas y reuniones. Todos disfrutaban de sus canciones, así que Lehrer grabó una docena de ellas en 1953 e hizo 400 copias prensadas en discos de 10 pulgadas (ya sabes, esos tan bonitos de un tamaño a medias entre el single y el LP), que se pagó él mismo.
“Songs by Tom Lehrer” fue un éxito instantáneo tanto en el campus de su Universidad como en el de la rival Cambridge (seguramente fue la primera vez que se pusieron de acuerdo en algo), por lo que Lehrer tuvo que prensar muchas más copias en vista de la gran demanda. Ya hubiesen querido para sí Phil Ochs o Pete Seeger una audiencia como ésa, la siguiente generación de pensadores y líderes americanos. Y así, sacando tiempo de su vida profesional, se convirtió en un popular cantante de salas de concierto y night-clubs (de la radio no, sus canciones eran consideradas “demasiado crudas”) a la vanguardia de la moda de los años ’50 por la sátira política. Antes de que terminara la década ya había grabado tres discos más en su propio sello y había comenzado a hacer giras bastante extensas, incluso comenzó a tener seguidores en Europa, que aumentaron aún más ya en los años 80, cuando la Decca, en vista del éxito del musical “Tomfoolery”, basado en sus canciones, adquirió los derechos de éstas y las editó con un libro de apoyo que contenía las letras y partituras de la mayoría de ellas. Cuando los nuevos tiempos lo permitieron, también escribió canciones para programas de TV satirizando las noticias de actualidad, que posteriormente se editaron también en el disco “That was the year that was”
Lo edité porque los responsables del programa me cortaban las mejores cosas de las canciones para hacerlas menos ofensivas, según ellos, y así al menos podía tenerlas grabadas tal como yo quería que fuesen.
Incluso combatió al sistema desde dentro, ya que en 1.955 pidió una excedencia porque la Caja de Reclutamiento le “pidió” que se uniese al ejército…
en un puesto en el que no había peligro de que tuviese que dispararle a nadie ni nadie me disparase a mí
…y usase su destreza con las matemáticas en varios proyectos clasificados de alto secreto.
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Los blancos odian a los negros,
Los negros odian a los blancos…
Los pobres odian a los ricos,
Los ricos odian a los pobres,
Toda mi gente odia a toda tu gente…
Los protestantes odian a los católicos
Y los católicos odian a los protestantes,
Y los hindúes odian a los musulmanes,
Y todo el mundo odia a los judíos…
Pero durante la Semana de Hermandad Nacional
Todos se sonríen unos a otros,
Son amables con la gente que es inferior a ellos.
Pero es solo por una semana, así que no temas.
¡Da gracias a que no dura todo el año!.
Todo un iconoclasta de los que nos gustan a nosotros, a la altura del ya mencionado Lenny Bruce o de Mort Sahl, colegas suyos a la hora de criticar los calientes años de Eisenhower. Pero el trabajo de Lehrer es eterno, pareció anticiparse a Bob Dylan en aseverar que aunque parezca que no podemos o no debemos hacer nada, hay que implicarse, tenemos que examinar nuestras propias actitudes; en su caso él lo hizo partiéndose de risa, con canciones como la anterior “National brotherhood week” y “I wanna go back to Dixie”, en la que además de cantar contra el racismo, lo hace también contra la estrechez de miras y las condescendientes actitudes liberales para con él.
su comida es asquerosa y sus manos son pegajosas
pero, qué coño! estoy en casa…
quiero volver a hablar con los Caballeros del Sur,
ponerme mi sábana blanca de nuevo,
ya hace años que no veo un buen linchamiento.
Sus canciones todavía son cáusticamente divertidas, aunque dejó de escribir a finales de los años ’60 porque decía que no podía reírse del Vietnam y que tampoco había nada divertido en el caso Watergate.
Yo escribía para conseguir risas, no aplausos. Si la audiencia aplaude está demostrando que está de acuerdo conmigo, no que se está divirtiendo conmigo. Estoy seguro de que en 1.968 yo podía haber salido al escenario y gritado “Los polis son unos cerdos”, y me hubiesen aplaudido; pero eso no es humor. Así que abandoné justo a tiempo.
Pero dime si esta canción con la que vamos a terminar no es tan verdad ahora mismo como lo fue en los tiempos de la Guerra Fría.
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Cuando tú asistes a un funeral
Es triste pensar que más tarde o más temprano
Todos aquellos que te aman
Harán lo mismo por tí.
Y pensarás en lo trágico que será,
Por no mencionar otros adjetivos,
Y pensarás en lo que todos llorarán.
Pero no te preocupes.
No más cenizas, no más luto.
Ninguna banda de tela negra
Adornará ningún día más una manga.
Porque la bomba que arrojen sobre ti
Se llevará a tus amigos y vecinos también.
Y no quedará nadie atrás para llorar.
Y nos iremos todos juntos cuando nos vayamos.
Todos cubiertos por un resplandor incandescente.
Nadie resistirá
Para cobrar su seguro.
Los de la casa Lloyds de Londres
Estarán forrados cuando se mueran.
Y nos iremos todos juntos cuando nos vayamos.
Qué consolador es saberlo.
Dolor universal por la muerte de los seres queridos.
Un éxito que nos llena de ilusión.
Sí, nos iremos todos juntos cuando nos vayamos.
Y ya fue así desde el principio. Seguramente habrás leído en algún lado que la génesis de este comercio paralelo de discos comenzó en marzo de 1.969 con la aparición de “The Great White Wonder”. Esta “Gran Maravilla Blanca” no era otro que Bob Dylan, aunque su nombre no apareciese por ningún sitio; y se le podía oír cantando en una habitación de algún hotel de Minneapolis, así como con The Band en las legendarias sesiones que luego salieron en “The Basement Tapes”. También habrás leído en ese mismo sitio que los pirateadores fueron dos grandes aficionados a las “canciones protesta” que querían que la obra de su ídolo circulase libre de ataduras mercantiles.
El segundo bootleg conocido tampoco fue ajeno a las manipulaciones mercantilistas. “Liver than you’ll ever be”, grabado durante la más que tempestuosa gira americana de los Rolling Stones de 1.969, estaba dando tantos beneficios a sus editores piratas que la Decca decidió aprovechar parte de la tarta editando un LP oficial en directo de esa gira, el “Get Yer Ya-Yas out”. Si preguntas por ahí entre tus conocidos más puretones seguro que te dirán que “parece mentira que la banda que mejor se lo ha montado en directo en toda la historia del rock no tenga ni un puñetero disco en vivo que realmente merezca la pena”. Por eso tienen más de 300 bootlegs donde elegir.
Durante la década de los ’70 el Boss fue uno de los mejores amigos de los pirateadores. Aunque no permitía que nadie sospechoso entrase en los estudios donde estaba grabando nuevo material, no se preocupaba lo más mínimo porque le pirateasen en directo, e incluso animaba a los que le grababan, por eso no es extraño oírle en su concierto del Winterland de San Francisco, que fue emitido por algunas emisoras locales, gritar “¡Pirateadores…! ¡Preparad vuestras cintas…!”, y antes de ponerse a cantar “Racing in the Street” dice algo así como “ésta se la dedico a todos los chavales de Ashbury Park que estoy seguro que la oirán algún día gracias a la magia de los bootlegs”.
Con la llegada del nuevo formato hubo una inundación de CD’s piratas del grupo, provenientes de esos países en que su edición era legal, y que eran una fuente de continuo cabreo para la EMI, cuyas reediciones oficiales, sin ecualizar y sin mezclar eran bastante peores que, por ejemplo, las del sello Swingin’ Pig. Estamos de acuerdo en que aunque sea legal no es del todo moral, pero creo que lo que de verdad jodía a los de EMI es que los CD’s piratas fuesen mejores que los suyos.
Hay bootlegs que debemos tenerlos aunque sólo sea por el título: “Nunca me hablé con Bob Dylan”. Lo que dijimos antes sobre los conciertos refiriéndonos a los Stones también se puede aplicar a Patti Smith, con la ventaja además de que en los de ésta se pueden oír muchas versiones de clásicos del rock que no están en sus discos oficiales, si acaso en las caras B de algunos singles. En este concierto pirateado, grabado en Estocolmo con una calidad de sonido excelente puedes oír sus (per)versiones de “Pale Blue Eyes”, “Time is on my side” y “We’re gonna have a real good time together” (se nota qué clase de grupos le gustan a esta chica, se explica uno también el título del bootleg). Ya lo dijo una vez su guitarrista Lenny Kaye, refiriéndose a esta clase de discos: “Hay ocasiones en las que uno tiene una gran noche… y te gustaría hacer partícipe de ella a muchísima más gente de la que en ese momento está presente en la audiencia”.
Se suponía que iban a ser 10 obras las que Zappa iba a sacar en CD bajo este título, pero atenazado por el cáncer al final solo llegó a reunir 8 de ellas. El trabajo fue inmenso, seleccionar cintas grabadas durante 25 años, elegir las mejores, de entre ellas elegir las mejores versiones con diferentes bandas, documentarlo todo… pero mereció la pena. Es como meterse en el túnel del tiempo y ver todas sus viejas composiciones, las que siempre habían poblado sus discos oficiales y sus discos piratas, en manos de unas bandas y otras, notar como han evolucionado y como se han ido amoldando a los tiempos. Si no eres un coleccionista “hardcore” de Zappa es posible que esta colección no tenga mayor interés para ti; si lo eres, particularmente te recomiendo tres, el primer volumen de “You can’t do that on stage anymore”, “Guitars” y “Helsinky Concerts”.
Un tal Bruce Gary, fan acérrimo de Jimi, investigó durante días y días en todos los estudios donde alguna vez grabase éste y escuchó cientos de cintas grabadas en dos, cuatro, ocho, doce o dieciséis pistas para preparar un programa radiofónico que se emitiría un fin de semana de septiembre de 1.988. Fue tal el éxito que cuando alguien planteó editar todo ese material en disco todos le secundaron. Cinco LP’s, 39 cortes en el que podemos escuchar a Jimi desde sus inicios como guitarrista de los Isley Brothers o de Little Richard hasta su última sesión de grabación en los estudios Electric Ladyland en agosto de 1.970. En formato de CD no sé si cabrá, pero en vinilo (que es como lo tengo yo) tienes además un poster con la impagable fotografía de la sombra de Jimi con la guitarra proyectada sobre los raídos Marshall que escupían sus riffs.
Hasta ahora no había mencionado siquiera que una de las más fáciles maneras de hacer un bootleg es piratear la banda sonora de una película que no se vaya a editar en disco. Ahora sería difícil porque salen al mercado las bandas sonoras de casi todas, pero en los buenos tiempos de Pink Floyd el que quería escuchar el concierto de Pompeya en otro lugar que no fuese la sala del cine tenía que encontrar el bootleg. De ahí que se convirtiese en todo un clásico, aunque este “Live at Pompeii” ya se haya quedado bastante viejo. Excelente sonido y muy bien presentado, cosa habitual en los piratas de esta banda, otro de los cuales, el concierto de 1.974 en Stoke, era tan deslumbrante de portada y sonido que muchos de sus fans se creyeron que era el siguiente disco oficial despues de “Dark Side of the Moon”. Con las más de 150.000 copias que vendieron seguro que amortizaron el gasto.
Y como esto se está alargando demasiado voy a terminar con algo obvio. El “Roma” de Nirvana. Aunque también podría haber escrito el “XXII II MCMXCIV” o el “Tour over Europe 1.994″, porque con cualquiera de estos tres títulos salió al mercado pirata el último concierto de Nirvana, que fue, por cierto, muy fácil de grabar, ya que se emitió en directo por la radio italiana. Luego, ya sabes que pasó, intento de suicidio en un hotel de Vía Veneto, y consumación del mismo en su casa de Seattle.
Nina quedó embarazada en el colegio y no le quiso decir nada a su joven amante. Así que toda la familia se mudó a otra ciudad para evitar las murmuraciones propias de los años 30. Y pasó el tiempo y nadie informó a Bobby de la verdad hasta 1.968, cuando éste ya tenía 32 años de edad y ya era un famosísimo cantante que se codeaba tanto con los rock’n’roleros de su época como con el mismísimo Frank Sinatra. Era además un músico consumado, que dominaba el piano, la batería y el vibráfono. Y además tuvo bastante éxito como actor, llegando a estar nominado para un Oscar por su papel de fascista psicótico en la película “La escuela del odio”, que dirigió Stanley Kramer en 1.962. Y si aún no tenía bastante, en 1.968 se echó en brazos de la política, en las filas del Partido Demócrata americano.
Antes de eso Gordon fue el co-autor, junto a Steve Mason, del EP “Champion Versions”, con el que los Beta Band comenzarían su andadura. Con ese disco bajo el brazo, los otros componentes de la banda se dirigieron a las oficinas de la EMI, quien les presentó inmediatamente un contrato para que ficharan por su sello subsidiario Regal. Era 1.997, y lo que podía haber sido la culminación de los sueños de Gordon Anderson fue en cambio el principio de una travesía del infierno que duró ocho años, mientras The Beta Band comenzaba su reinado de tres discos como favoritos de toda la crítica musical, que pensaba de forma casi unánime que eran una de las 50 bandas que no podías morirte sin ver.
Por eso, y aunque ninguno de los dos tenía apetito alguno por formar una nueva banda después de las tórridas experiencias que habían tenido con ésta, cuando Gordon, ya dado de alta desde hacía unos meses, les propuso montar otra, aceptaron con algunas reservas.
Cuando Gordon Anderson hace música está intentando crear otros mundos, escaparse de su realidad hacia un hemisferio mágico. Buscando un lugar mejor en el que estar. Y su disco de debut está lleno de ellos.


Fechas como “1.999”, “2.000” o “2.001” tenían reverberaciones muy especiales no solo para los amantes de la ciencia-ficción, sino también para la mayoría de la gente. Incluso ahora, cuando ya hablamos con indiferencia sobre lo que es vivir en el siglo 21, esas fechas todavía tienen un tenue sabor futurista, una intensa huella de lo que podía haber sido y no fue. Las marcas de fábrica obvias del mundo del mañana que nos presentaban hace cuarenta años nunca se han materializado: las vacaciones en la luna, los trenes que viajarían como un rayo entre continentes a 1500 kilómetros por hora aspirados por el interior de túneles sumergidos, las mochilas con mini-motores a reacción que nos iban a hacer volar, el robot mayordomo, la televisión tridimensional, o algo tan pueril como el traje que nos haría invisibles para poder colarnos en la casa de esa chica que debe estar tan guapa desnuda… y esta ausencia de futuro se siente igualmente, y esto aún es más penoso, en el discurrir de la vida diaria, en la forma en que la experiencia de freír un huevo o de darse una ducha no ha cambiado en nuestra rutina.
En los años 60, por ejemplo, hubo serios intentos de construir ciudades submarinas habitables, como el programa “Sealab” de la Marina norteamericana; pero en lugar de metrópolis sumergidas y éxodo masivo de pioneros emigrando a las profundidades marinas, todo lo que queda de ese sueño es un hotel y algún restaurante subacuáticos que deben ser carísimos para su disfrute por gente como nosotros. Ha habido más artículos sci-fi que han hecho una breve aparición hace algunas décadas también, pero que no se han reafirmado ya fuese por causas culturales o prácticas, como la anteriormente mencionada mochila, que para poder volar requería una energía que generaba tan peligrosos niveles de calor que el usarla nos iba a hacer, como mínimo, tener el culo tan pelado como el ya tan comentado de nuestro seleccionador de fútbol.
A lo mejor es que las esperanzas que la humanidad tenía en los años 60, una época de exuberante radicalismo, eran poco realistas; porque si echamos un vistazo a la cultura popular contemporánea: los problemas raciales, la liberación femenina, los derechos de los homosexuales, las drogas, la igualdad socio-económica, la religión… en cada frente que miremos las cosas no solo no han avanzado tanto como esperábamos que lo hicieran, sino que algunas incluso han retrocedido. Y mientras esto ocurra, ¿a quién le importa que no podamos volar con una mochila a la espalda? Lo que realmente debe preocuparnos es que nunca llega la versión socio-cultural de ese futuro que esperábamos.



Y ficharon a Penn Jillette, un showman que ahora es bastante famoso en los USA, pero que entonces era un perfecto desconocido que no puso muchas pegas cuando le obligaron a encerrarse una semana en una habitación de hotel escuchándose todos los discos que hasta entonces habían grabado los Residents, y estudiarse un montón de hojas escritas con un procesador de texto en las que estaban todas las letras de las canciones del futuro espectáculo, así como una explicación de las mismas, descripciones abstractas de los bailes… y espacios en blanco para que él mismo fuese incorporando sus partes. Espacios acotados con el tiempo que durarían y lo que se esperaba que hiciese: “un minuto, tienes que mostrarte irritado… dos minutos, aquí estás enloquecido…”





