IT WAS 20+20 YEARS AGO TODAY

“Hace veinte años tal día como hoy
Que el Sargento Pimienta enseñó a la banda a tocar
Se han puesto y han pasado de moda
Pero te garantizo que te harán sonreir
Así que déjame presentarte
El espectáculo que ya conoces de tantos años
La Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta”

Sgt Pe.

La madre de todos los álbumes. Posiblemente el disco sobre el que más páginas se han escrito. Y este 1 de junio hará 40 añitos desde que se publicó. El impacto del “SGT. PEPPER’S LONELY HEARTS CLUB BAND” fue sísmico y universal, y un reconocimiento de que la música rock, como forma de arte, había alcanzado su madurez.

Pero algo más ocurre con este disco. Algo que queremos que tú nos ayudes a descifrar con tus comentarios.

En 1.974, el prestigioso NME lo eligió como su álbum Nº 1 de todos los tiempos, y por entonces era difícil imaginar alguna voz que no estuviese de acuerdo con esta elección. Siete años después de su publicación, “Sgt. Pepper” todavía era visto comúnmente como la definitiva obra maestra del pop. Sin embargo, apenas otros 10 años más tarde en la lista de los 100 mejores discos publicada por la misma revista, el “Sgt. Pepper” ni siquiera aparecía. Vale que le sobrepasasen en valoración otras lumbreras como el “Pet Sounds” o el “What’s going on”… ¿pero el “Rattlesnakes” de Lloyd Cole, el primer disco de los Undertones, o uno de The Abyssinians que no ha escuchado casi nadie…?

¿Qué pasa con el “Sgt. Pepper”? No es un disco degradado totalmente, porque aunque en el año 2.003 en esta lista de la revista aún sigue sin aparecer, ésta otra del mismo año de “Rolling Stone” o la encuesta que hizo la Radio 2 inglesa entre sus oyentes el año pasado devolvían el disco a la cima. “Sgt. Pepper” ha tenido que soportar una prolongada batalla durante sus 40 años, de la que parece ya recuperado. Ha sido regularmente desafiado y adelantado en la carrera para El Mejor Disco de los Beatles por “Revolver”, “The White Album” o incluso “Rubber Soul” y “Abbey Road”. Sufrió más que cualquier otro disco de los Beatles la caída a consecuencia de la llegada del punk. E incluso la nueva revitalización de los Beatles en la era del Britpop misteriosamente no le devolvió a este disco su status perdido.

Como todos los iconos, “Sgt. Pepper” ha sido muy vulnerable para los iconoclastas que pululan por el mundo; y nosotros, que ya sabes que nos alineamos con ellos, también preferimos otras obras de los Beatles. También su fuerte identificación con su tiempo casi garantizó que las sucesivas generaciones señalarían su independencia empujándolo a un lado. Se convirtió, después de todo, en un significante no solo de los 60, sino de la autosuficiencia cómoda y nostágica de toda su progenie en los 70. Después de la etapa final que significó la muerte de John Lennon y el paso de Paul McCartney al status de personaje “out”, hubo una continua reticencia a aceptar un disco tan descaradamente motivado por la energía creativa de éste último.

La verdad, quizás, es que la moda de cargarse el “Sgt. Pepper” sea solo eso, una moda. ¿Qué dices tú?

Ahora puede que sea un buen momento para que lo reescuches, pero házlo sin prejuicios y oirás buenas razones de porqué el disco desvió al mundo de su eje de giro. Su mérito no solo es estar lleno de buenas canciones, sino también estar repleto de toda clase de buenos momentos: el último bocinazo del clarinete de “When I’m Sixty four” seguido de la esplendorosa intro de “Lovely Rita”; el tiovivo que surge de la nada en “Being for the benefit of Mr. Kite”; la marabunta de animales en desbandada que recorre todo el “Good morning, good morning” rota por el chillido de la guitarra de Paul que abre el reprise de “Sgt. Pepper” y el tenso ritmo de la batería de Ringo; la forma en que los últimos coletazos del aplauso de esa canción abren el camino a los dolientes sonidos del principio de “A day in the life”; y los estruendosos acordes de piano de esta canción, que suenan a toque de difuntos por todo el estiramiento y la formalidad británica que los Beatles habían venido a derrocar. Seguro que vosotros también teneis vuestro momento favorito en este disco, no os corteis y comentadlo.

Rueda de prensa

Reconocido como “El primer album conceptual de la historia”, posiblemente no lo sea, pero le ha quedado el sambenito. Al menos no es conceptual en sentido estricto como podrían serlo “The Wall” o “The Lamb lies down on Broadway”. Originalmente, Macca trajo la idea de unas mini vacaciones que se pegó en Kenya después de la publicación de “Revolver”, ahora que ya no tenían que pasar por el infierno de los conciertos: un disco donde cada uno de ellos tendría una identidad ficticia, algo que no podía dejar de agradar a quienes eran ya los veinteañeros más famosos y reconocibles del mundo. Pero el rollo conceptual no pasó de las dos primeras canciones (y el reprise de la cara B). En su lugar, el disco se convirtió en algo mucho mejor, en una colección de brillantísimas historias:

La adolescente que se va de casa con su novio antes de que sus padres se despierten, el amor imposible por una agente de tráfico entregada a su labor de poner multas, el rico heredero pijo que se muere en un castañazo con el coche, el joven que vé aún lejana su jubilación a los 64 años, la actuación circense en beneficio de un incógnito personaje… o esa canción infantil que ha sugerido varias perversas interpretaciones, acerca de una chica en el cielo con sus diamantes (me pregunto qué hubiera salido si a Julian le da por pintar otra cosa).

LSD

Ningún disco hasta entonces (y pocos después de él) rebosa tanto de ideas brillantes, y su encanto además está realzado por la historia de su creación, una historia no solo de los logros de los Beatles, sino de cómo las réplicas al disco se propagaron a través de la música, y la cambiaron para siempre.

Años después, George Martin lamentaba que las presiones de EMI obligasen a publicar anticipadamente como single las dos primeras canciones que se grabaron pensando en el disco que sucedería a “Revolver”: “Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane”. Puede que hubiera quedado un disco aún más redondo con esas dos ahí dentro. O puede que no. Aunque en ese caso el disco se pasaría de duración, lo que supondría dejar fuera alguna canción. ¿Cuál hubiera sido la elegida por Martin? “La de Harrison, sin duda”.

En fin, no es cosa de redundar con algo sobre lo que se ha escrito ya tanto. Por eso os dejamos con una de nuestras canciones favoritas. Una sobre la que, curiosamente, se ha escrito poco. Una que nació de un mal tripi que casi lleva a John a tirarse desde el tejado del estudio en Abbey Road, aunque luego reconoció a Paul que ya iba “sintiéndose mejor”, y en cuya letra aquel no tuvo inconveniente en reconocerse culpable de vejar a Cynthia (“fui cruel con mi esposa y la mantuve alejada de las cosas que ella quería”).

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“Getting better”

Beatles

LA VOZ DEL KHMER

Los que conocen sus artículos (esporádicos desde hace algunas décadas, cuando dejó la redacción del NME para establecerse en Paris) saben que la especialidad de Nick Kent son sus historias. “Las historias de mi generación nadie las cuenta igual que yo“, presume en la contraportada de su libro “The Dark Stuff”. A veces, él mismo ha formado parte de la mitología, dando pie a deliciosas historias apócrifas como la que se refiere a su primera entrevista con Brian Wilson, a quien ya había dedicado varios artículos en el NME durante los 70. Dice la versión no confirmada que, antes de entrar en la sala donde se encontraba un muy sedado Brian Wilson, Carl Wilson, que además de guitarra solista era el relaciones públicas de los Beach Boys, le previno que, pasara lo que pasara, dos temas debían evitarse a toda costa en la entrevista: el entonces inconcluso disco “Smile” y las relaciones de Brian con su tiránico padre Murray. Según parece, la primera pregunta de aquella entrevista fue “Dime, Brian, ¿qué opinaba tu padre sobre ‘Smile'”?.

Ros Sothea

Puede que los años hayan rebajado aquel temperamento rebelde, pero la habilidad de Nick para encontrar grandes historias sigue viva. En el “Observer Music Monthly” de mayo 2007 publica un artículo (“Una voz desde los campos asesinos”) donde narra la historia de Ros Sereysothea, posiblemente la más grande cantante camboyana del último siglo. Y no estamos hablando de “world music”, sino de rocanrol y otras hierbas. Es ésta una historia que, completada desde otras fuentes (las mismas que Nick ha utilizado, no siempre acreditandolo, en su artículo), os quisiera traer aquí, en caso de que no os apetezca leer la versión original. Y para ello tendremos que remontarnos a 40 años atrás y a la otra punta del mundo.

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Ros Serey Sothea – Chamrieng Lea Knea

Tal y como indica el video, durante los años 60 floreció en Camboya una pujante cultura empapada de rock, pop, soul y ritmos calientes en general. El gobierno del Rey Norodom Sihanouk dió su apoyo a toda una generación de artistas que habían encontrado en los discos llegados de USA y la antigua metrópolis francesa un vehículo de expresión, y cuyo máximo representante fue Sinn Sisamouth, el denominado “Elvis camboyano”, a quien sucedieron muchas otras estrellas del rock y del pop, en esa curiosa mezcolanza que los camboyanos hacían de los estilos llegados de allende el Pacífico. En la práctica, pese a su buena acogida entre el público, estos interpretes vivían en la pobreza más absoluta en un país en el que casi todos los recursos estaban en manos del entorno real y sus amigos empresarios.

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Ros Sereysothea – Bong Srolanh Oun Ponmaan Dae

Ros

Y en ese entorno comenzó a dedicarse a la música Ros Sothea, nacida en el medio rural dentro de una familia sin recursos, por lo que fue privada de una educación formal, sin saber leer o escribir, y trabajando de sol a sol. De alguna forma, durante la adolescencia de Sothea, su familia decidió ganarse el sustento montando una orquesta que tocase por los pueblos de la zona, y cuyas voces solistas serían Sothea y su hermano Serey. La orquesta pronto se hizo célebre a causa de sus cantantes, y, de hecho, nadie recuerda como se llamaba originalmente, ya que pronto pasó a ser conocida como la banda “Serey-Sothea”. El siguiente paso era plantarse en la capital, Phnom Penh, donde no conocían a nadie y sólo dependerían de su talento.

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Ros Serey Sothea – Klin Chhob Neasa

Al poco tiempo de establecerse en Phnom Penh, Sothea ya era reclamada para cantar en solitario en los principales clubs de la capital, y no tardaría en llegar el primer contrato discográfico en 1967, y con él su mejor época, al menos en lo profesional.

Ros

Su fama como cantante (y actriz, participando en varias películas) alcanzó su momento más alto en en el año 1975, cuando el Rey Sihanouk la nombró “La voz de oro de la capital real”. Como buena diva, en lo personal el éxito era más huidizo: el primero de los matrimonios de Sothea tuvo lugar con otro cantante, Sous Mat, quien, celoso de su éxito, hizo su vida imposible y recurrió frecuentemente al maltrato. El divorcio llegaría poco después, a inicios de los 70 (las fechas exactas se vuelven borrosas en esta historia), para contraer a continuación otro segundo matrimonio, mucho más feliz, con un capitán de los paracaidistas camboyanos que, aparentemente, murió en combate poco después de la boda, victima de una guerra civil en la que Camboya no era sino otro tablero más en una guerra supuestamente fría pero que en esta parte del mundo entró en ebullición.

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Ros Sereysothea – Chnam Oun 16 (Tengo 16 años)

Killing Fields

A partir de 1975, con la toma de Phnom Penh por los Khemeres Rojos, comenzó no sólo el período más triste en la vida de Sothea, sino también de su país. Es mucho lo que se ha escrito sobre el genocidio llevado a cabo por Pol Pot en sus cuatro años, en los que se llevó por delante a un tercio de la población total del país (empezando por los artistas que interpretaban ritmos decadentes capitalistas, por supuesto) y en los que las imágenes de aquellos “campos asesinos”, como se denominaban en la novela que dió pie a la película de Roland Jaffe, se han convertido en sinónimo del horror. Una de las primeras medidas de los Khemeres Rojos fue dejar prácticamente vacía la capital y trasladar a toda la población al campo, viviendo en comunas en las que la muerte no era el peor de los destinos. Sothea, viuda de guerra y aún sin cumplir los treinta años, consiguió inicialmente pasar desapercibida, trabajando como una más en los campos de regadío de Phnom Sruorch. Un día, ella misma reveló en secreto a alguno de sus compañeros su identidad. El secreto fue dificil de mantener y pronto llegó a oídos de los responsables del campo de concentración, que decidieron utilizarla para cantar himnos revolucionarios que elevaran la moral de sus compañeros. Por supuesto, nada más bajar del escenario, Sothea era conducida a los campos de trabajo, donde seguiría con su tarea ordinaria.

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Ros Sereysothea – Rom Jonvak (Wooly Wooly)

Pronto los revolucionarios decidieron casarla con uno de los asistentes personales de Pol Pot, lo que, en teoría, suponía un ascenso para ella, nada menos que cantar personalmente para el gran lider. En la práctica, lo que supuso fue volver a las palizas y el maltrato, debido a los celos de su nuevo marido, que iban en aumento con cada actuación ante el comité revolucionario, pero esta vez Sothea no contaría con el bálsamo de los escenarios y el público para consolarse. Aunque los detalles no están claros, tras una de estas palizas uno de los comisarios, escandalizado por el comportamiento del asistente, ordenó que ambos fuesen trasladados a otro destino, al que nunca llegaron. Ni vivos ni muertos. Desde entonces, es mucho lo que se ha especulado acerca de Sothea, pero todo induce a pensar que ella y su tercer marido fueron victimas de alguna purga.

Killing Fields

Los Khemeres Rojos fueron desalojados del poder tras 1979, lo cual no quiere decir que el país viviera en tranquilidad durante las dos décadas que siguieron. En este clima, y tras el baño de sangre que supuso el régimen de Pol Pot, la herencia musical de los 60 y primera mitad de los 70 se desvaneció. Sólo recientemente, gracias a unos cuantos documentales y varios foros de opinión en internet, se ha empezado a recuperar la memoria de estas figuras. El presente artículo ha sido elaborado gracias a estos sitios, algunos tan brillantes como el de Jeff, donde podeís descargaros numerosas fotos y canciones.

Estatua de cera de Ros

Estatua de Sothea en un museo de cera

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Ros Sereysothea – Yob Por Phka Chhuok (¿Adivinais la versión original?)

En palabras de G0ldenchild, uno de estos admiradores que ha ayudado a recuperar su trabajo, “Sothea tenía esta voz electrificante que hacía que cada palabra que cantase sonase exhuberante. Su risa podía levantarte el ánimo y al mismo tiempo hacerte sentir escalofríos. Era una mujer menuda, de 1.50m, pero tenía la voz de un amplificador. No necesitaba de micrófono y su canto podía ser frecuentemente oído a notable distancia. Desafortunadamente, no ha quedado mucho de su biografia, más allá de sus propias canciones“. O, por citar a Nick Kent, con el que he abierto este artículo, “hay una cierta ingravidez en torno a su voz, como si flotase en el espacio, libre de la rutina de cada día. Fuera haciendo el twist o versioneando una rumba cubana, ella desafiaba la gravedad. Mientras cantaba, podía hacerte creer cualquier cosa”.

ANNIE IN THE SKY WITH DIAMONDS

– Por favor… necesito que me compongas una pieza “para violín y algo”.

Cualquier compositor convencional crearía una música seguramente muy bella, pero tan convencional como él mismo. Pero hay una chica por ahí, por New York, que en un momento determinado de su vida cambió la manufactura de sombreros por la de piezas musicales, y ante una petición como ésta se le ocurrió la brillante idea de componer una obra que combinaba el sonido del violín con el de la niebla galáctica; una danza cósmica basada en los motivos amorfos que aparecen a veces en la superficie de una lluvia eléctrica que viene de la profundidad del espacio. Y por eso le dedicamos hoy un post.

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ANNIE GOSFIELD compone música que varía desde lo más improvisado y espontáneo hasta lo más cuidadosamente pautado. Pero al recorrer toda su obra lo que se descubre es una gran fascinación por el ruido. Sus piezas muchas veces tratan sobre las formas en que el ruido puede ser manipulado y usado musicalmente. Y a veces también tratan sobre lo opuesto, la forma en que los sonidos puramente musicales se pueden incrustar dentro del ruido para darle a éste un uso expresivo. Cualquier barrera entre música y ruido siempre le ha parecido artificial. Annie tiene un talento excepcional para reconocer sonidos y encontrar para ellos un contexto musical apropiado.

Ella es a la vez compositora e intérprete, y compone música tanto para su propio grupo como para otros diversos intérpretes más; música de un rango muy amplio, tanto en términos de instrumentación como de enfoque. Una música influida tanto por sonidos no musicales como por otros muchos tipos diferentes de músicas.

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La primera de las piezas que compuso, “The manufacture of tangled ivory”, lo hizo a petición de John Zorn, y estaba destinada a ser interpretada por su propia banda en un festival en la Knitting Factory. Cuando esos sonidos fueron trasladados a partituras la pieza pudo viajar hasta el fastuoso Lincoln Center en manos de una orquesta de maestros de música clásica. Esta dualidad entre las técnicas más improvisadas y las estructuras más ambiciosas ha marcado desde entonces toda su obra. Una obra que existe principalmente para escucharla en vivo en espacios siempre cambiantes que la hacen cambiar con ellos, pero que para que todos podamos disfrutarla se encuentra también registrada en tres discos que ha publicado ya bajo su nombre.

“Burnt Ivory and Loose Wires” incluye composiciones para piano alterado y desafinado, grabadas por Annie y su grupo durante su estancia en los estudios Harvestworks, de New York, y se publicó, al igual que los dos discos posteriores a éste, en el sello de John Zorn, “Tzadik”, en 1999.

El título del disco fue inspirado por la imagen de un piano arruinado y con las cuerdas flojas, y las composiciones que incluye enfatizan esos instrumentos abandonados a su suerte. Trabajar con esta clase de instrumentos es difícil, porque cuando tú pones tus manos sobre uno de ellos no sabes exactamente qué va a salir de él, cualquier nota o arpegio que intentes tocar en sus teclas saldrá de forma diferente a la que esperas; así que parte del placer es la sorpresa. Para crear esta música el sonido del piano bueno ha sido convenientemente preparado, sampleado, desafinado y manipulado; los instrumentos de cuerda, afinados de forma diferente a la habitual; y los metales, deslizados en la composición en micro intervalos. Y todo se hace sonar contrastando con instrumentos bien temperados en una técnica muy poco tradicional que ha hecho de Annie uno de los pocos intérpretes cuyo uso del sampler es instantáneamente reconocido.

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Las nuevas tecnologías puestas al servicio de las antiguas tecnologías, a veces descompuestas, como los instrumentos rotos de esta obra anterior; y a veces superadas, como los desperdicios de las viejas factorías de la obra siguiente.

“Flying Sparks and Heavy Machinery” es el segundo de sus discos, editado en el 2.002, y compuesto por dos obras largas.

La primera de ellas es “EWA 7”, un trabajo basado en unas visitas que Annie hizo por unas fábricas de Nuremberg. La base es un sampler cargado de ruido industrial (maquinaria, zumbidos de sierras y atmósfera industrial) desde el que ella teje una innovadora y sorprendente trama musical, con una textura dominada por las percusiones y animada por parches de colores distorsionados que proporciona la guitarra eléctrica de Roger Kleier, colaborador suyo desde hace tiempo y actual pareja sentimental.

Pocos compositores han estado tan cercanos a la verdadera esencia del sonido industrial… ¡si es que oyendo esto uno siente el calor, la mugre y hasta tiene que apartarse para que no le quemen las chispas que salen volando del altavoz!

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La segunda obra, que es la que da su nombre al disco, parte de una premisa gemela a la de “EWA 7”, la diferencia es que aquí no se usan samplers ni sonidos pregrabados de ninguna clase; ningún sonido generado electrónicamente. Aquí, la belleza que Annie encuentra en el entorno de una fábrica es evocada por un cuarteto de cuerda y un cuarteto de percusión.

El tercero de sus discos es “Lost Signals and Drifting Satellites”, del 2.004, y se compone de cuatro partes, la más interesante de las cuales es la que da su título al disco. Ésta es una pieza para violín eléctrico y grabaciones extraídas de transmisiones por satélite que están cargadas de estática y de pitidos. Pero Annie es una oyente muy atenta, como no me canso de repetir, y las melodías que ella escucha dentro de este ruido del espacio se convierten en las semillas de una línea para violín, muy lírica, completada con jugueteos del arco y agradables trinos.

Annie y su grupo manejan artefactos humanos para hablar un lenguaje inhumano. La amalgama de ruidos de satélites nos recuerda el sonido de los animales de la selva o los silbidos de los trenes que se alejan; y cuando los ruidos van desapareciendo, lo que queda es un vacío remoto. El violín se comunica en un intenso diálogo con estos sonidos de otro mundo, convirtiéndose en un dulce eco de ellos; y cuando el satélite lanza sus últimas vibraciones para dar paso al vacío, el violín continúa, triste, como queriendo alcanzar a su remoto compañero desaparecido.

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El cielo canta para aquellos que saben escuchar. Así que ya veis… si notáis que vuestros hijos encuentran placer mirando la tele cuando solo hay estática, o escuchando el sonido que hace la radio entre dos emisoras, o se queda extasiado al borde de la piscina oyendo como reverbera en el agua el motor de la depuradora, no lo llevéis al psicólogo… seguramente, con el tiempo, se convertirá en un famoso compositor de música de vanguardia que llegará a ser considerado el Varèse de su generación. Y lo sacaremos en este blog.

SÓLO POR UNA HORA CADA DIA

Y si un día me convirtiese en cantante con un flojo español
que le canta a las mujeres de notable virtud
Las cortejaría con una guitarra prestada de algun café-bar
(al fin y al cabo, no te perjudica lo que no sabes)
Mi nombre sería Antonio y todos mis puentes quemaría
Y cuando algo les trajese ya sabrían ellas que también algo querría yo
teniendo que emborracharme cada noche y hablar de virilidad
Junto a alguna abuela emperifollada como un árbol de navidad
Y aunque elefantes rosas viese y borracho como una cuba anduviese
Aún así entonaría mi canto acerca de aquella vez en que me llamaban Jackie

Si pudiera ser sólo una hora
Sólo ser por una hora cada día
Si pudiera sólo por una horita ser
Guapeao pero haciendo el zumbao

Y si me uniera al mundo social, sería suministrador de jovencitas
Y tendría mis propios burdeles
Mi disco sería número uno y vendería por toneladas
Todas cantadas por muchos otros tipos
Entonces mi nombre sería Jack el Guapo y vendería barcos cargados de opio
Whisky llegado de Twickenham, auténticos maricas y vírgenes ful
Y si tuviese un banco en cada dedo, un dedo en cada país
Y en todos los países gobernase, y aún así sabría donde querría estar
Encerrado en mi fumadero de opio rodeado de chinos
Y entonaría mi canto acerca de aquella vez en que me llamaban Jackie

Si pudiera ser sólo una hora
Sólo ser por una hora cada día
Si pudiera sólo por una horita ser
Guapeao pero haciendo el zumbao

Ahora dime que no sería guay que un día en el paraíso
Estuviese cantandole a todas las damas de allá
Y ellas coreasen conmigo, qué felices seríamos
Porque aquí abajo, la verdad, no vamos a ninguna parte
Si mi nombre fuera Juniper y supiese donde me encaminaba
Y todo lo supiera, y mi barba al viento flotase
Si me volvese sordo, mudo y ciego por compadecerme de la humanidad
Y destrozase mi corazón para que todo saliera bien
Y entonces sabría que cada noche
Cuando mi angélico trabajo terminase, los ángeles y el mismo diablo
entonarían para mí aquel canto de infancia acerca de aquella vez en que me llamaban Jackie

Si pudiera ser sólo una hora
Sólo ser por una hora cada día
Si pudiera sólo por una horita ser
Guapeao pero haciendo el zumbao

Esta canción tiene varias historias detrás, y muchas versiones por delante igual de interesantes, pero viendo a SCOTT WALKER en todo su esplendor ante una cámara, sólo cabe decir una cosa: Que sólo por una hora, una horita cada día, uno quisiera ser como Mr. Engel.

Scott 68

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Scott Walker – Jackie

Lo que primero tenemos que admitir es que somos fans de Scott desde hace muchísimos años. El tono de su voz, la sinceridad en la forma de cantar, siempre nos ha impresionado. El carisma y la personalidad que les fueron otorgadas al nacer ha prevalecido durante toda su vida, a pesar de los muchos cambios de dirección artística.

La historia de Noel Scott Engel, aka Scott Walker, está en muchos sitios y no hace falta que le dediquemos mucho espacio a contarla. De cómo empezó tocando el bajo en una banda de Los Angeles junto a John Maus, de cómo ambos, junto a Gary Leeds, ficharon por Mercury en 1964 y se rebautizaron como The Walker Brothers, de cómo dejaron la historia del pop sembrada de verdaderas gemas, de cómo se separaron (“éramos el grupo más borracho de la historia”, dijo Scott) y entre 1967 y 1970 Scott publicó cuatro obras maestras tituladas Scott 1, Scott 2, Scott 3…, de cómo los 70 vieron declinar sus méritos y sus ventas, llegando incluso a la humillación de una reagrupación forzosa de The Walker Brothers en 1975 y de cómo, finalmente, Scott mandó todas las convenciones a tomar viento y se dedicó desde 1984 a hacer discos que tardaban siete y ocho años en acabarse y que resultaban al mismo tiempo aterradores y subyugantes. En este siglo XXI, respaldado por un selecto “lobby” de grandes artistas que le consideran el más grande de entre todos, es ya un icono de la música popular.

Scott 2006

Pero por hoy vamos a dedicarnos a su época dorada, aquella en la que dejó los USA para empezar su carrera en solitario en Inglaterra, siendo el director musical de sus propios discos. Y nos quedamos con una canción que no es suya, sino de otro gran referente para la Historia de la música popular europea, Jacques Brel. Scott dijo algunas veces que siempre deseó haber tenido el talento de Brel para las letras, y la que tenía su versión de “Jackie” es bastante parecida a la original, como no podía ser de otra forma dado el inmenso respeto que Scott procesaba al genial belga. Y aún así, hay algunas diferencias sustanciales, como podeis ver a continuación.

Brel

Y si un día de estos en Knocke-le-Zoute
Me volviera como temo
Cantante para mujeres acabadas
A las que entonaría “Mi Corazón”
Con la voz bandoneante
De un argentino de Carcassonne
Y quemase mis últimos cartuchos
(señora, uno hace lo que puede)
Si me saciase de hidromiel
Para hablar mejor de virilidad
A abuelas decoradas
Como árboles de navidad
Cada noche para los elefantes rosas
Cantaría mi copla morosa
De la época en que me llamaba Jacky

Ser por una hora, una hora solamente
Ser por una hora, una hora alguna vez
Ser por una hora, nada más que una hora
Hermoso, hermoso e idiota a la vez

Y si un día en Macao
Me volviese gobernante de un bujío
Rodeado de lánguidas féminas
Aunque dejase de ser cantante
Ya sería maestro en el canto
Y que fuesen los otros los que entonasen
Incluso si me llamasen “el bello Sergio”
El que vende barcos de opio
Whisky de Clermont-Ferrand
Pedófilos auténticos y vírgenes ful
Y tuviese una banca en cada dedo
Y un dedo en cada país
Y que cada país fuese mío
Sé también que alguna noche
Solo al fondo de mi fumadero
Para un público de viejos chinos
Volvería a cantarme mi canción
De la época en que me llamaba Jacky

Ser por una hora, una hora solamente
Ser por una hora, una hora alguna vez
Ser por una hora, nada más que una hora
Hermoso, hermoso e idiota a la vez

Y si un día en el Paraíso terrenal
Me convirtiese en lo que me sorprende,
Cantante para mujeres con blancas alas
Entonandoles el aleluya
Y lamentando el tiempo pasado abajo
Donde todos los días no son domingos.
Y si me llamasen “Dios Padre”
El que está en el calendario
Entre “Dios lo hizo” y “Dios os guarde”
Y si me dejase crecer la barba
Y si fuese benefactor
Y me dejase el alma y el espíritu puro
En querer consolar a los hombres
Sé perfectamente que cada noche
Escucharía en mi paraiso
A los ángeles, los santos y a Lucifer
Entonarme la canción de antaño
De la época en que me llamaba Jacky

Ser por una hora, una hora solamente
Ser por una hora, una hora alguna vez
Ser por una hora, nada más que una hora
Hermoso, hermoso e idiota a la vez

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Jacques Brel – La chanson de Jacky

La versión de Brel, aunque también alegre, es más recogida, lejos del trote infernal que Scott le impuso en su propia recreación. Por entonces Scott era asiduo lector de Paul Sartre, Albert Camus y Jean Genet, sobre todo de éste último, que era un personaje que bien podía ser el héroe de cualquiera de las canciones de Jacques Brel. Genet fue un hijo ilegítimo abandonado en un orfanato, que creció en un hogar de acogida. Durante su vida dió con sus huesos en la cárcel muchas veces y siempre vivió entre los personajes más marginales de la sociedad. Sus poemas estaban poblados de criminales, putas y homosexuales. Jacques Brel tuvo muchas influencias de Genet, y a su vez influyó en muchos cantantes antes de morir de cáncer en Octubre de 1978. La primera cantante en interpretar canciones de Brel fue Juliette Greco, la suma sacerdotisa del existencialismo, que con su profunda voz le daba a sus textos el efecto necesario. Leonard Cohen, Bowie… son también conexiones obvias con Brel; pero sobre todo (y así cerramos este círculo virtuoso) fue Scott su seguidor más íntimo. Tanto que antes de morir Jacques Brel supo de este interés y puso todo su trabajo y sus composiciones a disposición de Scott Walker. Sin embargo ellos dos nunca llegaron a conocerse; Scott decidió que si hubiese tenido trato directo con Brel, entonces sus propias ideas preconcebidas se hubiesen hecho añicos, y prefería mantener la idealizada imagen que se había hecho de él.

El árbol se ha seguido ramificando con los años y, por ejemplo, recientemente Neil Hannon, aka The Divine Comedy, renegando de Walker, ha realizado una versión en el espíritu de la original de Brel, con una instrumentación reducida, pero que guarda también el encanto de aquella…

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The Divine Comedy – Jackie

La canción, cuando Scott la editó en 1968 fue un éxito más que nada debido al boca-a-boca, ya que la BBC la prohibió poco después (observad en el vídeo del principio como además de la letra, Scott le daba razones a los más puritanos con gestos tan explícitos como el que hace mostrando “lo que le traía a ellas”) y las emisoras de radio no la emitían. Y todo por unas palabras que hoy ya no escandalizan a nadie: maricas, vírgenes ful o fumaderos de opio. Ahora que los homosexuales se han liberado, y extendido el uso del condón y de las píldoras anti-baby, solo las drogas tienen alguna relevancia y prevención en los medios de comunicación. La canción en realidad es una falsa biografía (quizás la que siempre soñó tener) de Jacques Brel, y el título viene del diminutivo familiar que tenía de pequeño. Sus versos retratan la pérdida de la inocencia de la juventud y como Brel se lamenta de dicha pérdida. La conclusión es que él desea volver a ese periodo de su vida puro y virtuoso, pero que también se da cuenta de que una vez perdida la inocencia, nunca más puede ser recuperada.

Cuando Scott la cantó sufrió muchas presiones para que le cambiase la letra, pero él se mantuvo totalmente comprometido con esta canción, de la que sabía que no tenía ni un solo verso malo; y además le hubiese parecido una traición a Brel, aunque tenía el permiso expreso de éste para usar la canción como quisiese hacerlo.

Y esta otra versión está en el extremo opuesto a la de Neil Hannon; más papista que el Papa, toda una estrellona que bebe los vientos por Brel y Walker. Con todos ustedes… Marc Almond, divino de la muerte, como no podía de ser de otra forma.

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Marc Almond – La chanson de Jacky

Y es que, una vez más, nos alegra constatar que cuando una canción es así de buena, no hay quien la destroce. Aunque siempre guardaremos un cariño especial por la de Scott Walker, y toda su obra en general… No sabemos si por timidez o por falta de confianza en sí mismo, Scott siempre defendió su privacidad muy rigurosamente. Siempre buscó el éxito, claro está, pero bajo sus propios términos. Además de adaptar de forma fabulosa otras canciones de Brel como la que nos ha ocupado hoy, también compuso algunas de las más maravillosas canciones de amor y soledad que se hayan escrito nunca, y las acompañó con una de las más impecables voces de la historia del pop.

Scott 2006

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Scott Walker – Lights of Cincinnati

KIDDS

OddKidd

Cuando, hace pocos días, en Bigstereo presentaron a Miss OddKidd, el comentarista venía a disculparse por llegar con retraso porque el artista ya había aparecido en otros sitios y, además, todo el mundo se le había adelantado en agregarse como amigo en su Myspace. Aquí en Blogin, la verdad sea dicha, no nos sentimos profetas, por lo que carecemos de prisa alguna por adelantarnos a nadie y, de hecho, preferimos que los artistas maduren un poco con el paso del tiempo, separando la paja del grano. Nuestro negocio no es andar predicando los próximos pelotazos. De hecho, cada día, en millares de blogs repartidos por el mundo, aparecen nuevos talentos sobre los que intentan llamar la atención de los visitantes habituales y cuesta trabajo que alguno de ellos se te quede en la cabeza, lo cual forma parte de la propia naturaleza de la cultura pop. So far, so good.

OddKidd

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Miss OddKidd – It’s about the vibe

Así pues, ¿qué tiene esta chica que nos ha llamado la atención?. Pues… no mucho que podamos explicar de forma coherente. Tras unos cuantos años aprendiendo los rudimentos de la poesía callejera, empezó a componer sus propios temas y a comprobar personalmente el masivo impacto que Myspace tiene en este segmento musical. Cinco o seis canciones producidas por amiguetes (entre ellos Bravecaptain, seudónimo bajo el que se ampara Martin Carr, el otrora rey de la escena shoegazer indie desde su trono en los Boo Radleys) ya han llamado la atención sobre ella, por lo que presumblemente su situación actual (sin manager ni casa de discos) pueda variar a corto plazo. O puede que no. Las canciones, como ésta que teneis abajo, no están exentas de encanto como algo más que obras primerizas. Hey, incluso me recuerdan los primeros singles de Neneh Cherry.

Las frecuentes comparaciones con Lady Sovereign, una exportación inglesa en alza, no le hacen daño, aunque probablemente se deban a que quienes las hacen no conocen muchas otras raperas blancas inglesas. La credibilidad de la calle, la cultura de clubs, etc, son los puntos comunes para muchos de estos nuevos artistas. A partir de ahí, sólo la producción y el talento de cada uno marcan diferencias. Y a nosotros, qué quereis que os diga, aunque La Kidd no tenga el punto “cani” de la Sovereign o el borderío de la Allen, nos ha gustado. Porque sí.

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Miss OddKidd – Don’t be afraid to sweat

Su experiencia en directo tampoco es apabullante. En alguna de las entrevistas que le han hecho en blogs, Miss OddKidd reconoce que hasta la fecha sus mejores experiencias en directo han tenido lugar en algunos bolos escandinavos y en particular, en Copenhague, a donde fue invitada a participar después de que los organizadores se pasaran por su Myspace, y al que acudió junto a su amiga y productora Goldielocks.

Goldielocks

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Goldielocks – Kids

Goldielocks tiene un currículo algo más impresionante que Miss OddKidd, aunque sólo sea porque su espectáculo contiene más elementos visuales y además, qué diantres, es la productora de varios artistas, entre ellos esta última. Aquellos que se acerquen a su myspace podrán comprobar que acaba de debutar también como DJ en alguna fiesta de ultramar, lo que supone un talento más para la lista. Hasta hace poco, su aspecto de post-adolescente juerguista y trotamundos hubiera hecho dificil asociarla a su trabajo con el estudio de grabación y como MC. Pocas pruebas como ésta de que los tiempos están cambiando y los pocos prejuicios que quedan acabarán también en la basura. ¿Rubias veinteañeras que generan temazos para la pista sin necesidad de que les digan qué, dónde y cuándo tienen que cantar?. ¿Quién dijo que no?

Goldielocks

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Goldielocks – Dust off ya classix

Hoy por hoy, Myspace es el principal aliado con el que cuentan los nuevos proletarios de la música, sabiendo que con un simple PC (o, mejor un portátil, y bonus extra si es un PowerBookG4) pueden ir alimentando la cadena de producción, siempre que tengan la suficiente dosis de talento. El buzz lo pueden montar ellos mismos o sus amigos, siempre que tengan dos o tres blogs, muy parecidos a éste, donde empiece a rodar el boca a boca. A partir de ahí, suerte y ser capaces de estar en el sitio y el momento justo con el BPM adecuado.

Ya anteriormente habíamos quedado todos de acuerdo en que los aspirantes a estrellas del pop habían conseguido tener acceso a las herramientas de producción y a las vías de distribución de su música desde que internet está al alcance de cualquiera. Y vaya si las aprovechan… no hay más que dar una vuelta por MySpace para ver que la cantidad de grupos y solistas que se han creado una página ha crecido en un 400 por ciento desde el anterior paseo que nos dimos. ¡Rayos!, en Sevilla tenemos un buen montón de grupos y solistas con su propio Myspace y ya nos gustaría dedicarle un post a alguno de ellos, aunque los intentos que hemos hecho no han cuajado, todo hay que decirlo.

De la fuerza que ha adquirido MySpace, y de cómo las redes sociales y los blogs han sustituido la forma de tiempos pretéritos para dar a conocer novedades musicales, ya hablamos hace unos meses, y como no nos gusta repetirnos te dejamos este enlace por si quieres refrescar opiniones. Sin embargo cada vez tenemos más claro que, mayoritariamente, la gente no se monta una página personal solo para promocionar su música, sino para encontrar a otros iguales a él. A través de MySpace encuentran a gente real con la que pueden hablar de y sobre esa música que hacen. Decoran las páginas y las revisten según su personalidad porque en el fondo gran parte de ellos son unos exhibicionistas a los que les encanta llenar su página de fotos propias que atraigan a un número de amigos lo suficientemente elevado como para ser un símbolo del status que han adquirido aquí. Pero además necesitan confirmar que por ahí hay gente que tiene unos gustos e intereses comunes a los suyos, y los destacan entre sus amigos. Por eso crearte tu espacio es como plantarte y decir: “aquí estoy yo, tío… ahora cuéntame tú… háblame…”.

Y aunque algunos de los pobladores de MySpace den el salto al mundo de la gran industria musical, cada vez más va dejando de tener importancia ese hecho con respecto al de convertirse en una de las estrellas más brillantes dentro del propio universo de MySpace. Una estrella que es capaz de provocar un interés tal como para que la vean en su página 60.000 personas diarias; una cantidad de espectadores que cualquier grupo de rock establecido no conseguiría ni haciendo cien giras. Y por eso creíamos oportuno hablar de ello en vísperas del dia universal de internet, que después de todo es el instrumento que nos ha permitido montar este chiringuito.

Al fin y al cabo, lo que importa es que un día puede venir una canción entre la inundación diaria que te haga volver la cabeza y preguntarte por su interprete. E incluso dedicarle un post.

OddKidd

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Miss OddKidd – Weed Wine and Wankers

ESTA MÁQUINA MATA FASCISTAS

Para EuLaliA. Por ser la número 1000… y la 999… y la 998… y la 997… y la 996… …y la 1001.

Mirándolo con la perspectiva del tiempo, PETE SEEGER siempre fue un hombre de una ingenuidad pasmosa. Un hombre que creía en todo eso que nos enseñan cuando somos niños, cosas como la libertad individual, el derecho a expresar tu opinión o la dignidad del hombre. Y como se empeñaba en expresarlo a los cuatro vientos, fue un gran especialista en molestar a los poderes establecidos.

Si yo tuviera un martillo…
Si yo tuviera una campana…
Si yo tuviera una canción…
Sería el martillo de la justicia.
Sería la campana de la libertad.
Sería una canción de amor
entre mis hermanos y mis hermanas…

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Su idealismo le llevó a participar en todas las buenas causas que iba encontrando: los derechos civiles de los negros, la oposición a las pruebas nucleares, la protesta contra la guerra del Vietnam, el apoyo a la ecología, las reivindicaciones de los indios… y no solo en su país, sino que también en el resto del mundo cantó contra los peligros de la “cocacolonización” cultural americana, con una capacidad para conectar con las audiencias que pasaba por encima de los problemas de lenguaje o edad. Por España anduvo, incluso, allá por los tiempos del Cambio. Pete Seeger es otro de esos que cree en el poder benéfico de la música, e inspirado por el ejemplo de Woody Guthrie, que llevaba en su guitarra una inscripción tan amenazadora como “Esta máquina mata fascistas”, grabó sobre su banjo “Esta máquina cerca al odio y le obliga a rendirse”.

En estos tiempos que corren, de cinismo y desconfianza, una figura como la de Pete Seeger se ve muy pasada de moda y ya solo es una reliquia de los tiempos de los luchadores heroicos. E incluso él mismo a veces se ha visto enterrado bajo su propio fervor, en ocasiones convertido en fanatismo, como cuando recriminó a Bob Dylan al aparecer en el Festival de Newport respaldado por un grupo de rock, y originó un enfrentamiento que avivó las llamas del cisma que acabó con el “Folk revival” de los años 60. Aunque después reconociese que no todo el rock era “música prefabricada para adormecer a las masas”.

¿A donde se han ido todas las flores…?
¿A dónde se han ido todas las chicas…?
¿A dónde se han ido todos los hombres…?
¿A dónde se han ido todos los soldados…?
¿A dónde se han ido todos los cementerios…?

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No os voy a aburrir contándoos la historia de su larga vida, más bien este post quiere ser un tributo a la autenticidad de un músico honrado, sin máscara, engaños ni falsas pretensiones, y la crónica del nacimiento de una forma de hacer música basada en las tradiciones de la gente corriente, y en las profundas raíces de su propia cultura: EL FOLK. Al fin y al cabo, el propio Pete Seeger ya resumió toda su carrera de forma nada pretenciosa y autocrítica.

Considerados en su conjunto, mis discos forman una de las obras musicales más horrendamente irregulares que se pueden hallar en la carrera de un intérprete.

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En 1955 el senador McCarthy había desaparecido ya del mapa, pero sus métodos y sus discípulos seguían vigentes en Washington. El Comité de Actividades Antiamericanas seguía citando a declarar a cualquiera que considerase sospechoso. Y uno de los frentes abiertos para seguir cazando brujas era el de los músicos de Folk. Ya habían pasado por el sillón de los testigos varios cantantes que, por razones que no vamos a juzgar ahora, citaron multitud de nombres y de hechos que acreditaban la “infiltración comunista” en los círculos folkies de New York.

Por supuesto, hubo también otros testigos llamados a declarar que se mostraron mucho más reticentes a cooperar, por lo que fueron convenientemente castigados con estancias en la cárcel y anotación de sus nombres en toda clase de listas negras que, aunque su existencia era negada siempre, destrozaron la carrera de infinidad de personas.

La izquierda norteamericana estaba siendo despedazada con el beneplácito de la gente, temerosa de lo que pudiese traer esa “guerra fría” en la que su patria se hallaba inmersa. Las organizaciones de izquierda se habían quedado sin afiliados y hundidas en la clandestinidad; los sindicatos habían sido purgados de elementos indeseables.

Y Pete Seeger fue llamado a declarar. Cuando el “New York World Telegram” publicó los archivos del FBI que había filtrado el propio Edgar Hoover, se rebeló que Pete y su grupo The Weavers habían sido los primeros músicos en toda la historia americana en ser investigados por sedición. Tampoco le ayudó nada a Pete Seeger que su nombre apareciese en el “Red Channels”, una lista de 151 nombres de escritores y personalidades del cine y la música, a los que se acusaba de haber pertenecido a organizaciones subversivas anteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero que no habían llegado a estar en las listas negras de McCarthy. En ella estaban también Edward Dmytryck, Dalton Trumbo, Elia Kazan, Larry Adler, Leonard Bernstein, Dashiell Hammett, Burl Ives, Zero Mostel, Arthur Miller…

Pero él no se dejó amilanar. No recurrió siquiera a cobijarse bajo recursos constitucionales como la Primera o Quinta Enmienda que habían invocado antes muchos de los testigos que se negaban a someterse a las canallescas preguntas de los cazadores de brujas. Para Pete Seeger eso eran fríos legalismos y para él aquella situación era un atropello inmoral de toda clase de libertades. Así que simplemente lo que hizo fue impugnar la legalidad del Comité y manifestar su absoluto desprecio por los inquisidores.

Estas preguntas son impropias. Yo no voy a responder ninguna pregunta que se refiera a mis contactos, mis creencias religiosas o filosóficas, mis creencias políticas ni ninguna otra cuestión privada. Creo que es muy impropio que a cualquier americano se le hagan esa clase de preguntas, sobre todo bajo una coacción como ésta.

Naturalmente, no se lo perdonaron y le acusaron por “desprecio al Congreso”. Le procesaron formalmente en 1.957, y en 1.961 fue condenado a un año de prisión. Durante todos esos años su nombre fue borrado de todas las bocas, apenas pudo cantar más que en algunas Universidades y sus discos dejaron de radiarse en todas las emisoras, a pesar de que en los años anteriores a este declive fueron tan populares como para haberse vendido más de cuatro millones de ellos.

En 1.962 el Tribunal de Apelaciones anuló su condena, presionado por las protestas que le llegaban desde todo el mundo, pero aunque liberado de prisión, Pete siguió siendo un ciudadano sospechoso.

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Un tiempo para nacer, un tiempo para morir.
Un tiempo para sembrar, un tiempo para cosechar.
Un tiempo para matar, un tiempo para curar.
Un tiempo para reir, un tiempo para llorar…

Muy pocos años más tardó la música Folk en convertirse en una gran industria, con lo que el nombre de Pete Seeger comenzó a rehabilitarse poco a poco, y salvando todavía muchos problemas. La CBS le firmó un contrato discográfico, pero los grupos de ultraderecha organizaron una campaña de cartas de protesta y de piquetes para impedir que sus discos fuesen distribuidos por las tiendas y los medios de comunicación. La cadena de televisión ABC comenzó a emitir un programa llamado “Hootennany”, que era el término usado para definir los conciertos de canciones Folk que se daban en un ambiente informal, y se negaron a invitar a Pete Seeger, a pesar de que él, junto a Woody Guthrie habían sido los difusores de este concepto de vivir la música. Que no estaba “cualificado”, dijeron con una farisaica sonrisa que terminó de enfadar a algunas otras jóvenes estrellas como Bob Dylan o Joan Baez, que por esa causa boicotearon el programa.

A Seeger, de todas formas, no le importó demasiado todo esto; por entonces ya habían surgido miles de nuevas voces frescas que seguían su ejemplo cantando por todos los rincones del país. El Folk había dejado de ser patrimonio de archivistas y folkloristas, y ya no era una agonizante expresión rural, sino que había crecido hasta convertirse en un vehículo para los deseos y las inquietudes de grandes sectores urbanos. Después de todo, Pete Seeger había ganado la batalla.

En las plazas de la ciudad. A la sombra de los campanarios.
Al lado de las oficinas de beneficencia. Veo a mi gente.
Y algunos están murmurando, y otros se están preguntando
si esta tierra todavía está hecha para tí y para mí.

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Una batalla que comenzó a luchar muchos años atrás, cuando cambió la música clásica que enseñaban sus padres en el colegio al que asistía por un banjo con el que acompañar esas atrayentes canciones que aprendió en un festival de música tradicional allá en Carolina del Norte. Le gustaron los ritmos, le gustaron las melodías, pero sobre todo le gustaron las letras. Comparadas con las trivialidades de las canciones populares, las letras de aquellas otras contenían la vida humana real. Hablaban sobre héroes, asesinos y toda clase de personajes, a veces de forma trágica y a veces de forma sentimental. En vez de contar historias tontas podían ser muy escandalosas, pero sobre todo eran francas, honestas y directas.

Tanto le atraparon que tres años después abandonó la Universidad de Harvard para trabajar en una recopilación y clasificación de canciones folklóricas americanas. Pero no se contentó con catalogar todo ese material sino que entró en contacto con la gente que usaba los esquemas de estas canciones folkloristas para hacer propaganda revolucionaria.

Aquellos eran días de lucha. Estábamos en 1.936 y una guerra que había en un remoto país había unificado a todas las fuerzas antifascistas norteamericanas, que terminaban sus reuniones y mítines entonando canciones como “Jarama Valley” o “Quinto Regimiento”, que les habían enseñado los veteranos que volvían de aquella guerra, en la que habían estado luchando como voluntarios agrupados bajo el nombre de Brigada Lincoln.

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La Gran Depresión que vivieron los americanos una década antes había radicalizado las posturas de los sindicatos, que ahora se sentían amparados por Roosevelt y su ambiente reformista. El Partido Comunista americano aspiraba a convertirse en la vanguardia del movimiento obrero, concentrando su actividad sobre todo en los inmigrantes europeos. Y probablemente ése fue el mayor error que le achacaron, que el Partido de los Trabajadores de América fuese durante muchos años una organización de trabajadores extranjeros, que a veces ni siquiera hablaban el inglés, o aunque lo hiciesen preferían seguir usando su idioma, y que no estaban apenas conectados con la vida política del país. Así que el partido no tuvo más remedio que “americanizarse” y girar hacia el nacionalismo para que sus partidarios se identificasen con el proletariado de origen anglosajón. Y el partido necesitaba una música que pudiese utilizar como arma en su lucha de clases… los grandes coros con repertorio europeo no parecían muy útiles para ello, así que los socialistas y los sindicalistas se especializaron en cambiarle la letra a viejas canciones religiosas: “Lo que necesitamos en un Joe Hill comunista”.

Anoche soñé con Joe Hill
y le ví en el patio de la prisión…
Los únicos crímenes que cometió Joe Hill
fueron sus tres acordes y la verdad.

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Por fin se había aceptado que las canciones rurales eran verdaderamente la música del pueblo, y que las formas folklóricas, con la letra convenientemente cambiada, claro, podían unificar a las masas populares, reflejar la realidad y no oscurecer la lucha… (¿no me ha quedado esto un poco leninista?).

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… … …

DEAR SID

El 10 de Mayo de 1957. Hace justo cincuenta años, el mismo día, nacían dos personas que siguieron trayectorias muy diferentes. Una de ellas fue SID VICIOUS, que prefirió el camino salvaje de la vida y abandonó este mundo sin poder celebrar su cincuenta aniversario.

La otra persona eligió un camino más acomodado y convencional, y por eso nunca pasará a la historia. A cambio tiene la ventaja de poder seguir sumando años en compañía de su familia y sus amigos. Y de poder celebrar su medio siglo de vida. La otra persona soy yo.

Y quiero rescatar un relato que escribí hace ya algún tiempo para que sirva de celebración de este día. Para él, in memoriam. Para mí, por que cumpla muchos más…

Él siempre los había admirado. Más que eso, había intentado parecerse a ellos en todas sus facetas. Se vestía como ellos, hablaba como suponía que lo harían ellos, odiaba todo lo que odiaban ellos, había formado un grupo musical como ellos. Y, como ellos, encontraba su inspiración en la punta de una jeringuilla.

Pero ahora se sentía traicionado por ellos. Mentirosos de mierda, pensaba que eran. Toda la vida predicando los placeres de la droga: “métete la aguja y verás como la vida fluye por tus venas”, “una píldora te agranda y otra te hace pequeño”… él mismo y sus amigos les habían creído. De la mano de ellos se habían adentrado por ese camino; y muchos habían quedado en él. Juan, Sito… muertos para siempre. Y sin embargo ellos, Lou, Iggy… nunca habían tenido un aspecto mejor que ahora: desenganchados, impolutos, hasta marcaban bíceps debajo de la manga; predicándote las excelencias de unas clínicas de desintoxicación tan enormemente caras que el común de los drogotas nunca podría pisar siquiera. ¿Eso era ser consecuente con una forma de vida?. Se le revolvía el estómago pensando en Steve Tyler apoyando una campaña para realizar controles antidroga en los conciertos; él, que más que un músico relacionado con la droga había sido un junkie relacionado con la música. Al menos Sid había tenido la decencia de morirse también.

Miguel sólo vivía ya para la heroína, pero cuando iba chutado solía tararear el “God save the Queen” y pensaba en lo total que hubiera sido parecerse a Sid Vicious: pasta, caballo, tías a las que despanzurrar a navajazos; hasta morir como él le parecía un precio aceptable por tener todo lo demás.

El dueño de ese coche debía estar forrado. Lo primero que pensó fue que en él encontraría algo para otra papelina. Sólo había un disco, y desde la foto central le miraba… parecía Sid Vicious. Ya los había vendido, pero Miguel había tenido todos los discos dónde tocaba; habían sido su inspiración y su guía, mas no conocía éste. Lo fue mirando mientras se lo llevaba; había en el sello de la placa unos dibujos extraños, y por detrás las únicas letras, el nombre del grupo: “HELL’S PISTOLS”. Seguro que el gordo de la tienda le pasaba algún dinero por él, y además podría escucharlo.

Nada que hubiese oído nunca se parecía a aquello: lamentos, golpes desacompasados, voces que ululaban, el bajo que te martilleaba el cerebro, esa guitarra chirriante. Miguel tuvo la certeza de que estaba oyendo el infierno.

“¡No me cuentes tu vida, que yo también sufro!”, tuvo que cortar al gordo, si no le colocaba el habitual rollo de lo mal que estaba la crisis y los pocos discos que compraba la gente. Cogió la miseria que le daba y salió. Se iba guardando la pasta y no se fijó bien en alguien que se le cruzaba en el pasaje que llevaba a la calle, pero le pareció… ¡joder! hoy veía la cara de Sid por todos lados.

Sid Vicious y su disco volvieron al lugar de donde salieron y nunca se supo quién cometió el asesinato.

Al cliente que llegó apenas un minuto después no le extrañó demasiado que el tipo que salía de la tienda con una bolsa en sus manos pareciese esfumarse en el aire, anoche se había bebido todo el bourbon de la ciudad. El pitillo que iba liando al entrar se le cayó de las manos y lo que vio le quitó la resaca de golpe. No sabe aún que fue más horroroso, si la sangre que manaba de la garganta abierta del gordo, o la indescriptible expresión de los ojos del muerto, como si hubiese visto un fantasma.

TERRY Y JULIE

El próximo mes, una gran canción cumplirá 40 años.

Waterloo Sunset single

Viejo y sucio río, sigue rodando, rodando hacia la noche
La gente tan atareada me marea, con el brillo de los taxis y sus luces
Pero no necesito amigos
Porque mientras siga contemplando el crepúsculo en Waterloo, estoy en el paraíso
Cada día me asomo al mundo desde mi ventana
A esa gélida hora de la tarde, el crepúsculo en Waterloo es hermoso.

Terry se reune con Julie, en Waterloo Station, cada viernes por la noche
Pero tan flojo soy que no me apetece deambular, y al anochecer me quedo en casa
Porque mientras siga contemplando el crepúsculo en Waterloo, estoy en el paraíso
Cada día me asomo al mundo desde mi ventana
A esa gélida hora de la tarde, el crepúsculo en Waterloo es hermoso.

Millones de personas de aquí para allá como moscas en el metro de Waterloo
Terry y Julie cruzan al otro lado del río donde se encuentran a salvo
Y no necesitan amigos
Porque mientras sigan contemplando el crepúsculo en Waterloo, estarán en el paraíso
Cada día me asomo al mundo desde mi ventana
A esa gélida hora de la tarde, el crepúsculo en Waterloo es hermoso.

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The Kinks – Waterloo Sunset

Kinks on TV

Qué mejor prueba de la robustez de un tema que comprobar cómo, tras haber sido radiada, versioneada e interpretada hasta la saciedad, no ha perdido nada de su brillo original (si exceptuamos algunos coros pasteleros). Ray Davies, quien es responsable de ésta y de varios cientos de canciones más, algunas tan grandes o más que la que aquí comentamos, debió encontrarse en estado de gracia aquella tarde en que las primeras palabras de “Waterloo Sunset” le vinieron a la mente. Davies es sin duda el huraño narrador que afirma no necesitar amigos mientras se queda espiando desde su ventana cómo una pareja se aleja de la bulliciosa estación de Waterloo. Para bautizarles, recurrió a los interpretes de “Lejos del mundanal ruido”, una película de aquel mismo año, con Terence Stamp y Julie Christie al frente.

Waterloo Station

Y, aunque es poco lo que sabemos de esta pareja, más allá de que, como el narrador ha podido comprobar desde su ventana, se encuentran los viernes al caer la tarde en Waterloo Station y que se alejan por el puente en busca de un lugar más íntimo mientras el sol cae allá al fondo, no necesitamos más descripciones, porque para muchos de nosotros Terry y Julie serán el prototipo de pareja de enamorados. Quién necesita a los amantes de Verona cuando tenemos este modelo más cercano.

Waterloo Bridge

Aunque los protagonistas, como indica la canción, no son ellos, sino el escenario. Ese amasijo de hierros, tuercas y hormigón conocido como el puente de Waterloo desde el que ambos contemplan el crepúsculo. No es ni de lejos el paisaje más hermoso de Londres, pero es dificil negar que tiene un algo especial, aunque posiblemente uno hable a la luz del lejano influjo de las palabras de Ray Davies. Yo mismo, un día en que lo atravesaba a la carrera, rumbo a la estación desde la cual, en pocos minutos, saldría el tren de alta velocidad que nos llevaría a mi mujer y a mí de regreso a nuestro hotel en Paris, no pude evitar el quedarme parado unos instantes al darme cuenta de que allá al fondo se estaba poniendo el sol y de que me encontraba justo en pleno crepúsculo de Waterloo. Huelga decir que no pude evitar buscar con la mirada a Terry y Julie, aunque sólo encontré hileras de “commuters” que se afanaban por llegar a sus casas en la red de cercanías tras una dura jornada de trabajo. ¿Y qué otra cosa esperaba?. Al fin y al cabo, de canciones como ésta se forman los sueños.

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Elliot Smith – Waterloo Sunset

Waterloo Sunset

CANTANDO ME HAN DE ENTERRAR (2)

Para Eclipse, que me dió la idea con su comentario.

-Tranquila, amor, ya verás como todo se soluciona…

Joan Jara colgó el teléfono tras hablar con su marido. Minutos después comenzó el ataque al Palacio de la Moneda, que estaba muy cercano a su casa y, junto a sus dos hijas, presenció el bombardeo, los helicópteros con metralletas…

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En directo. Aula Magna Universidad de Valparaíso

El once de septiembre había amanecido con ellos recuperando el tiempo perdido. Víctor estaba recién llegado de una gira por Perú y necesitaba el contacto de su familia, sobre todo ahora que todo el mundo estaba en un estado de gran tensión. Supieron por la radio que Valparaíso estaba cercado, y Víctor tenía que ir hoy a esa ciudad, a cantar en la Universidad Técnica del Estado, de la que era funcionario, en el departamento de Extensión Artística. Iba a cantar en la apertura de una exposición contra la guerra civil y el fascismo. Víctor había tomado parte con otros muchos artistas en una campaña para llamar a la paz y advertir a la gente de lo que significaría una guerra civil.

Enseguida se dieron cuenta de que aquel era el día que estaban esperando y temiendo. Le prestaron más atención a la radio y vieron como se iban cortando, una a una, las emisoras de la Unidad Popular. Escucharon el último discurso de Salvador Allende, en el que pedía que todos los trabajadores marcharan a sus puestos de trabajo con normalidad. Víctor asintió a sus palabras, aunque hoy ya no pudiese salir de Santiago su puesto estaba en la Universidad. A las diez y media de la mañana partió hacia allá.

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Con el alma llena de banderas

Todo el mundo esperaba esta intentona militar, pero nadie esperaba que fuese tan brutal, con tanta bestialidad y tanto odio. Cuando Víctor volvió a llamar a casa por la tarde ya se sabía que Allende había muerto. Lo comentó con Joan. Le dijo también que esa noche no podría volver a casa por el toque de queda…

-No te preocupes, aquí estaremos bien, toda la gente está aquí dentro… -no quiso decirle, sin embargo, que en ese momento la Universidad estaba rodeada por los militares. –Mañana intentaré llegar a casa… cuídate, Joan… sabes que te quiero mucho.

Pero no hubo mañana. El doce de septiembre amaneció con Joan esperando a su marido. Mientras tanto, a las nueve de la mañana, los militares estaban entrando en la Universidad con los tanques. Habían pasado toda la noche ametrallando a los que estaban dentro; a los que habían tratado de salir les habían matado a tiros. Víctor se pasó casi toda la noche cantando para mantener el ánimo de los que permanecían allí.

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Manifiesto

Les hicieron prisioneros a todos nada más entrar; profesores, estudiantes… unas seiscientas personas, incluyendo al Rector. Los trataron brutalmente… sobre todo a Víctor, a quien habían reconocido. Ya se la tenían jurada de antes; conscientes del poder que podía tener una canción, odiaban a Víctor Jara y ya le habían atacado antes más de una vez, los fascistas le habían apedreado una vez en uno de sus conciertos, era un enemigo declarado de la reacción. Los llevaron a un estadio cercano, donde los juntaron con los demás prisioneros que habían ido recogiendo de las fábricas y otros lugares… unos cinco mil… para una capacidad normal de tres mil quinientos. Víctor conocía muy bien aquello, había cantado allí varias veces.

El trece de septiembre Joan ya estaba desesperada. Por la radio oyó la noticia de la toma de la Universidad y de los prisioneros. Un amigo del matrimonio que había podido salir del estadio le trajo una nota de Víctor: “…no podré salir de aquí… cuida de nuestras hijas… ten valor y continúa con nuestra lucha…”. A pesar del desconcierto, lo que su amigo le contaba le hizo darse cuenta de la gravedad de la situación, le hizo darse cuenta de que aquellos eran capaces de matar a la gente teniéndoles prisioneros, a sangre fría.

El resto del día lo pasó en la embajada británica, intentando que sus compatriotas le brindasen ayuda, o al menos, se enterasen de cómo estaba su marido. No consiguió nada. Y así pasó los siguientes cinco días.

No consiguió saber que a pesar de sentirse reconocido desde el principio, Víctor tuvo una actitud de fuerza moral inquebrantable contra los militares; que cantó para todos a pesar de ellos, primero acompañándose con la guitarra, y después solo con la voz, cuando el teniente Edwin Dimter Bianchi, “El Príncipe”, le rompió las manos.

-¡Canta ahora si puedes, hijo de puta…! ¿Me escucha la cloaca marxista? ¿Me oyen los comemierda? ¡Ahora se acabaron los discursos, chuchas de su madre! Ahora van a tener que trabajar. Los que se nieguen a trabajar, los fusilaremos. ¿Me escuchan los vendepatria…?

No consiguió saber que le torturaron a la vista de todos, y que después de esa violencia pública le llevaron a los vestuarios del estadio donde el teniente coronel Roberto Souper ordenó que acabasen con su vida con una ráfaga de balas y un disparo de gracia final.

No consiguió saber que su marido compuso un poema final y que algunos de los que estaban presos con él lo aprendieron de memoria…

Somos cinco mil aquí,
En esta pequeña parte de la ciudad;
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí, diez mil manos, que siembran y hacen andar las fábricas.
¿Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura?
Seis de los nuestros se perdieron
En el espacio de las estrellas.
Uno, muerto; uno, golpeado como jamás creí
que se podía golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores.
Uno, saltando al vacío;
Otro, golpeándose la cabeza contra el muro.
Pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto produce el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera, sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas solo existe un número que no progresa,
Que lentamente querrá más la muerte.
Pero, de pronto, me golpea la conciencia,
Y veo esta marea sin latido.
Y veo el pulso de las máquinas,
Y los militares mostrando su rostro de matrona llena de dulzura,
Y Méjico, y Cuba, y el mundo, que gritan esta ignominia.
Somos diez mil manos menos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente
Golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, qué mal me sabes cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito,
En el que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
Lo que he sentido y lo que siento
Hará brotar el momento…

…Y ahí quedó inconcluso.

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Pete Seeger

El dieciocho de septiembre llamó a la puerta de la casa de Joan Jara un joven funcionario.

-El cuerpo de su marido, Víctor Jara, ha sido reconocido en la morgue de Santiago. Debe usted ir a identificarlo y sacarlo de allí para enterrarlo. Debe darse prisa porque ya lleva allí dos días en el depósito y al tercero entierran los cuerpos en una fosa común.

En su fuero interno Joan ya estaba preparada para esta noticia. En su interior ya sabía que Víctor estaba muerto, ésto solo lo confirmaba.

Salió con el funcionario y se encaminaron a la morgue. La escena que le esperaba le pareció irreal, cientos y cientos de cuerpos de trabajadores chilenos, todos heridos de bala. Encontrar el de su marido no fue fácil. En aquella sala llena de cuerpos no estaba el suyo. Tuvieron que subir al segundo piso, a las oficinas, habilitadas también para contener interminables hileras de cadáveres. En uno de los pasillos encontró el cuerpo de Víctor.

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El derecho de vivir en paz

Joan se encontraba en un profundo estado de shock a causa de aquel espectáculo macabro. Mejor así. La ausencia de emociones a causa de su pobre estado físico le libró de la locura ante el cuerpo de Víctor lleno de sangre y de agujeros de balas. La cabeza machacada, las manos crispadas, rotas, colgando de sus muñecas, desnudo, con la ropa recogida a sus pies, el cuerpo todo hecho pedazos… un cuerpo anónimo identificado por casualidad debido a que su cara era muy conocida. Otras esposas y madres nunca supieron qué les había pasado a sus familiares.

Sacó el cuerpo de la morgue y no quiso ni ir a su casa a avisar a sus hijas. Les ahorró todo el ambiente, la escena del depósito… imágenes que no eran para ellas. Hizo los trámites; tuvo incluso que aportar en el cementerio su certificado de matrimonio para que le dejasen enterrarlo. Sola… solo dos personas que trabajaban allí le ayudaron en el sepelio.

La noticia corrió de forma rápida. Los periódicos oficiales la publicaron diciendo en pocos renglones que había sido enterrado en privado, dando a entender que había muerto de forma natural. En el Canal Oficial de televisión, controlado por los militares, dijeron lo mismo, que Víctor Jara había muerto naturalmente. Al día siguiente alguien se jugó la vida para hacer sonar muy fugazmente un trozo de una canción de Víctor en dicho canal; incluso allí había gente que le admiraba.

Cuando Joan volvió del funeral les dijo a sus hijas que Víctor había muerto. Les dijo que le habían asesinado porque era imposible esconderles esa noticia, pero no les dio detalles. Recogió todo lo que pudo de casa y se fue con ellas a la embajada británica. Su pasaporte de esa nacionalidad le abrió sus puertas y quedó bajo su protección. La Junta Militar quería tener buenas relaciones con Inglaterra y no hubo problemas. Un mes después, las tres partían hacia Londres.

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Portavoz