IT WAS 20+20 YEARS AGO TODAY
“Hace veinte años tal día como hoy
Que el Sargento Pimienta enseñó a la banda a tocar
Se han puesto y han pasado de moda
Pero te garantizo que te harán sonreir
Así que déjame presentarte
El espectáculo que ya conoces de tantos años
La Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta”

La madre de todos los álbumes. Posiblemente el disco sobre el que más páginas se han escrito. Y este 1 de junio hará 40 añitos desde que se publicó. El impacto del “SGT. PEPPER’S LONELY HEARTS CLUB BAND” fue sísmico y universal, y un reconocimiento de que la música rock, como forma de arte, había alcanzado su madurez.
Pero algo más ocurre con este disco. Algo que queremos que tú nos ayudes a descifrar con tus comentarios.
En 1.974, el prestigioso NME lo eligió como su álbum Nº 1 de todos los tiempos, y por entonces era difícil imaginar alguna voz que no estuviese de acuerdo con esta elección. Siete años después de su publicación, “Sgt. Pepper” todavía era visto comúnmente como la definitiva obra maestra del pop. Sin embargo, apenas otros 10 años más tarde en la lista de los 100 mejores discos publicada por la misma revista, el “Sgt. Pepper” ni siquiera aparecía. Vale que le sobrepasasen en valoración otras lumbreras como el “Pet Sounds” o el “What’s going on”… ¿pero el “Rattlesnakes” de Lloyd Cole, el primer disco de los Undertones, o uno de The Abyssinians que no ha escuchado casi nadie…?
¿Qué pasa con el “Sgt. Pepper”? No es un disco degradado totalmente, porque aunque en el año 2.003 en esta lista de la revista aún sigue sin aparecer, ésta otra del mismo año de “Rolling Stone” o la encuesta que hizo la Radio 2 inglesa entre sus oyentes el año pasado devolvían el disco a la cima. “Sgt. Pepper” ha tenido que soportar una prolongada batalla durante sus 40 años, de la que parece ya recuperado. Ha sido regularmente desafiado y adelantado en la carrera para El Mejor Disco de los Beatles por “Revolver”, “The White Album” o incluso “Rubber Soul” y “Abbey Road”. Sufrió más que cualquier otro disco de los Beatles la caída a consecuencia de la llegada del punk. E incluso la nueva revitalización de los Beatles en la era del Britpop misteriosamente no le devolvió a este disco su status perdido.
Como todos los iconos, “Sgt. Pepper” ha sido muy vulnerable para los iconoclastas que pululan por el mundo; y nosotros, que ya sabes que nos alineamos con ellos, también preferimos otras obras de los Beatles. También su fuerte identificación con su tiempo casi garantizó que las sucesivas generaciones señalarían su independencia empujándolo a un lado. Se convirtió, después de todo, en un significante no solo de los 60, sino de la autosuficiencia cómoda y nostágica de toda su progenie en los 70. Después de la etapa final que significó la muerte de John Lennon y el paso de Paul McCartney al status de personaje “out”, hubo una continua reticencia a aceptar un disco tan descaradamente motivado por la energía creativa de éste último.
La verdad, quizás, es que la moda de cargarse el “Sgt. Pepper” sea solo eso, una moda. ¿Qué dices tú?
Ahora puede que sea un buen momento para que lo reescuches, pero házlo sin prejuicios y oirás buenas razones de porqué el disco desvió al mundo de su eje de giro. Su mérito no solo es estar lleno de buenas canciones, sino también estar repleto de toda clase de buenos momentos: el último bocinazo del clarinete de “When I’m Sixty four” seguido de la esplendorosa intro de “Lovely Rita”; el tiovivo que surge de la nada en “Being for the benefit of Mr. Kite”; la marabunta de animales en desbandada que recorre todo el “Good morning, good morning” rota por el chillido de la guitarra de Paul que abre el reprise de “Sgt. Pepper” y el tenso ritmo de la batería de Ringo; la forma en que los últimos coletazos del aplauso de esa canción abren el camino a los dolientes sonidos del principio de “A day in the life”; y los estruendosos acordes de piano de esta canción, que suenan a toque de difuntos por todo el estiramiento y la formalidad británica que los Beatles habían venido a derrocar. Seguro que vosotros también teneis vuestro momento favorito en este disco, no os corteis y comentadlo.

Reconocido como “El primer album conceptual de la historia”, posiblemente no lo sea, pero le ha quedado el sambenito. Al menos no es conceptual en sentido estricto como podrían serlo “The Wall” o “The Lamb lies down on Broadway”. Originalmente, Macca trajo la idea de unas mini vacaciones que se pegó en Kenya después de la publicación de “Revolver”, ahora que ya no tenían que pasar por el infierno de los conciertos: un disco donde cada uno de ellos tendría una identidad ficticia, algo que no podía dejar de agradar a quienes eran ya los veinteañeros más famosos y reconocibles del mundo. Pero el rollo conceptual no pasó de las dos primeras canciones (y el reprise de la cara B). En su lugar, el disco se convirtió en algo mucho mejor, en una colección de brillantísimas historias:
La adolescente que se va de casa con su novio antes de que sus padres se despierten, el amor imposible por una agente de tráfico entregada a su labor de poner multas, el rico heredero pijo que se muere en un castañazo con el coche, el joven que vé aún lejana su jubilación a los 64 años, la actuación circense en beneficio de un incógnito personaje… o esa canción infantil que ha sugerido varias perversas interpretaciones, acerca de una chica en el cielo con sus diamantes (me pregunto qué hubiera salido si a Julian le da por pintar otra cosa).

Ningún disco hasta entonces (y pocos después de él) rebosa tanto de ideas brillantes, y su encanto además está realzado por la historia de su creación, una historia no solo de los logros de los Beatles, sino de cómo las réplicas al disco se propagaron a través de la música, y la cambiaron para siempre.
Años después, George Martin lamentaba que las presiones de EMI obligasen a publicar anticipadamente como single las dos primeras canciones que se grabaron pensando en el disco que sucedería a “Revolver”: “Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane”. Puede que hubiera quedado un disco aún más redondo con esas dos ahí dentro. O puede que no. Aunque en ese caso el disco se pasaría de duración, lo que supondría dejar fuera alguna canción. ¿Cuál hubiera sido la elegida por Martin? “La de Harrison, sin duda”.
En fin, no es cosa de redundar con algo sobre lo que se ha escrito ya tanto. Por eso os dejamos con una de nuestras canciones favoritas. Una sobre la que, curiosamente, se ha escrito poco. Una que nació de un mal tripi que casi lleva a John a tirarse desde el tejado del estudio en Abbey Road, aunque luego reconoció a Paul que ya iba “sintiéndose mejor”, y en cuya letra aquel no tuvo inconveniente en reconocerse culpable de vejar a Cynthia (“fui cruel con mi esposa y la mantuve alejada de las cosas que ella quería”).
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“Burnt Ivory and Loose Wires” incluye composiciones para piano alterado y desafinado, grabadas por Annie y su grupo durante su estancia en los estudios Harvestworks, de New York, y se publicó, al igual que los dos discos posteriores a éste, en el sello de John Zorn, “Tzadik”, en 1999.
El tercero de sus discos es “Lost Signals and Drifting Satellites”, del 2.004, y se compone de cuatro partes, la más interesante de las cuales es la que da su título al disco. Ésta es una pieza para violín eléctrico y grabaciones extraídas de transmisiones por satélite que están cargadas de estática y de pitidos. Pero Annie es una oyente muy atenta, como no me canso de repetir, y las melodías que ella escucha dentro de este ruido del espacio se convierten en las semillas de una línea para violín, muy lírica, completada con jugueteos del arco y agradables trinos. 










Pero él no se dejó amilanar. No recurrió siquiera a cobijarse bajo recursos constitucionales como la Primera o Quinta Enmienda que habían invocado antes muchos de los testigos que se negaban a someterse a las canallescas preguntas de los cazadores de brujas. Para Pete Seeger eso eran fríos legalismos y para él aquella situación era un atropello inmoral de toda clase de libertades. Así que simplemente lo que hizo fue impugnar la legalidad del Comité y manifestar su absoluto desprecio por los inquisidores.
El Partido Comunista americano aspiraba a convertirse en la vanguardia del movimiento obrero, concentrando su actividad sobre todo en los inmigrantes europeos. Y probablemente ése fue el mayor error que le achacaron, que el Partido de los Trabajadores de América fuese durante muchos años una organización de trabajadores extranjeros, que a veces ni siquiera hablaban el inglés, o aunque lo hiciesen preferían seguir usando su idioma, y que no estaban apenas conectados con la vida política del país. Así que el partido no tuvo más remedio que “americanizarse” y girar hacia el nacionalismo para que sus partidarios se identificasen con el proletariado de origen anglosajón. Y el partido necesitaba una música que pudiese utilizar como arma en su lucha de clases… los grandes coros con repertorio europeo no parecían muy útiles para ello, así que los socialistas y los sindicalistas se especializaron en cambiarle la letra a viejas canciones religiosas: “Lo que necesitamos en un Joe Hill comunista”.







Sacó el cuerpo de la morgue y no quiso ni ir a su casa a avisar a sus hijas. Les ahorró todo el ambiente, la escena del depósito… imágenes que no eran para ellas. Hizo los trámites; tuvo incluso que aportar en el cementerio su certificado de matrimonio para que le dejasen enterrarlo. Sola… solo dos personas que trabajaban allí le ayudaron en el sepelio.