Ese que hemos elegido como título de este post (“cállate y toca la guitarra“) lo fue también para una colección de varios CDs publicados por el desaparecido y nunca bien ponderado Frank Zappa. Y con este mismo título vamos a presentaros doce temas, seis de cada uno de los autores del post, donde se contienen algunos de nuestros solos de guitarra favoritos.
Esto viene a cuento, por si hiciera falta algún pretexto, de la pelotera que han pillado muchos con el lanzamiento del Guitar Hero II. No estoy muy seguro de que las pobres almas caritativas que se acercan a leer este blog de cuando en cuando sean los mismos que se dedican a hacer el zángano encima de la cama con una guitarra de plástico blanco con unos pods de colores intentando seguir el ritmo de, por ejemplo, Butthole Surfers o Primus. En cualquier caso, imaginemos que éstos son los temas con los que nosotros haríamos el zángano al ritmo del Guitar Hero como si fueramos Beavis y Butthead. Dejamos a la imaginación de los más arriesgados decidir quién es quién….
Lo cual quiere decir que la hemos ido haciendo según nos ha pillado el cuerpo, y que si mañana tuvieramos que repetirla posiblemente la mayoría de las canciones habría cambiado. Tal vez otro día sólo hubieran aparecido bluesmen negros. En otras circunstancias, hubiera habido más piezas jevilonas. Igual, quién sabe, nos hubieramos subido al carro de la worldmusic e incluído canciones de Rai, Brasileiras, Cubanas, de Soweto., etc, con grandes solos. Pero no, hoy toca lo que toca…
Eso sí, hemos excluído los instrumentales (adios, Satriani, adios, Hank Marvin), hemos excluído los riffs (se supone que un “solo de guitarra” es eso que aparece después del segundo estribillo, ¿no?, pues adios, Keith Richards), y procuramos evitar los solos kilométricos que nos podrían tener aquí hasta el dia del juicio final (adios, Jerry Garcia). Como es lógico, si hablamos de nuestros solos favoritos hablamos de nuestra música favorita. Y nuestros artistas favoritos. Supongo que adivinareís quién ha escrito los párrafos pares y quién los impares…
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Empecemos por los clásicos. Puede que George Harrison no dé el tipo requerido para un “guitar hero”, pero su contribución al mundo de la guitarra solista es inabarcable. Tiene que serlo, para dar la talla en tantas y tantas de las mejores canciones de la historia del rock. De lo contrario, Lennon y Macca le hubieran dado la patada como a Pete Best. Mi solo favorito de George es uno bastante peculiar: ni escalas ni fuegos de artificio, ni vibrato ni martilleo, simplemente una majestuosa Sonic Blue Stratocaster (aunque su sonido sigue recordando a la Rickenbacker de 12 cuerdas) paseándose por los acordes, en lo que constituye la cumbre de la canción, rematando en ese espléndido armónico del final… el mundo parece detenerse en ese instante.
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Beatles – Nowhere Man
Los Credence siempre han sido una de mis debilidades musicales. Siete discos en menos de 4 años y la música cambió con ellos aunque nadie les reconozca ese mérito como si lo hicieron con los anteriores, los Beatles. Las canciones de John Fogerty eran tan maravillosas que todavía hoy siguen usándose en anuncios y películas y el grupo se escucha con tanta o mayor devoción que en su época. Me he metido en su primer disco y lo que he elegido es la versión de una canción de Screaming Jay Hawkins, no es un original de Fogerty, quizás por eso toda la profundidad y emoción que solía poner en sus letras las puso esta vez en la música. Con este solo John Fogerty lanzó un hechizo sobre mí, y todavía me tiene atrapado.
Supongo que The Cars no serían la primera opción (ni, admitamoslo, la segunda ni la tercera) a la hora de pensar en grandes solos de guitarra. Tremendamente injusto, porque Elliot Easton dejó un buen montón de solos que se ajustaban a la perfección al toque frio y distante de las composiciones de Rick Ocasek, limpìos, asépticos y cargados de trucos. Mi favorito (y no sólo el mío) es este tema, con un solo principal y tres secundarios al final, en el que se las arregla para imitar todos los estilos posibles, sonando un momento como Howlin’ Wolf y al otro como Robert Fripp para acabar recordandonos incluso el martilleo de mástil típico de Van Halen.
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The Cars – Touch and Go
El párrafo anterior termina citando a un heavy. Y cuando se trata de solos de guitarra sería un sacrilegio no meter en el saco algún buen tema de este género. El problema es que los guitar-heroes que pueblan estas bandas suelen ser excesivos; para entendernos, si fuesen actores en una película diría de ellos que sobreactúan siempre. Por eso, a la hora de elegir he preferido meter a Ted Nugent, una especie de salvaje que solía andar suelto por ahí abogando por las armas, la caza, el voto derechista, las leyes anti-droga y anti-alcohol… y que como volcaba todo su entusiasmo en ésto, a la hora de tocar la guitarra era más comedido que sus colegas. Aunque había dos cosas que no soportaba: los comunistas y la música disco. En muchos de sus conciertos solía decir, después de alguno de sus solos, “¡A ver si alguno de los mierdas ésos de la música disco es capaz de hacer algo así!“. No te preocupes, que Dios castiga a los que tienen un comportamiento personal como éste, y en los 80 acabó arruinado por los malos negocios y la mala gestión de sus asuntos musicales. Ahora se dedica a vender carne y cualquier día volvemos a tener noticias suyas como director de la Asociación Nacional del Rifle.
La canción se la dedico a uno de los mejores guitarristas sevillanos, al Epi, quien una vez, mientras íbamos al campo del Betis a ver un concierto de los Guns ‘N Roses, me iba diciendo: “Si es que en el fondo todos somos unos jevylones…”
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Ted Nugent – Queen of the forest
Recogiendo el guante que Nugent lanzó, los productores más representativos de la música disco de los 70, Georgio Moroder y Pete Bellote, ficharon a un mercenario de alto calibre para colar un solo incendiario en lo que iba a ser el siguiente lanzamiento de todo un icono de la pista de baile, Donna Summer. De Jeff “Skunk” Baxter ya se habló aquí, y la verdad es que nos ha costado trabajo decidir entre el solo que viene a continuación y el que Jeff hizo para el primer Lp de Steely Dan, en aquel glorioso “Reelin’ in the years”. Al final, nos hemos decidido por esta canción, más que nada por lo que supuso en su momento. Imaginate al personal moviendo el esqueleto en la pista con “lo último de Donna Summer” y de pronto, tras el segundo estribillo…zooooosh. ¿Qué demonios era eso? La ofensa de Ted Nugent había quedado vengada.

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Donna Summer – Hot Stuff
De éste no voy a hablar mucho porque a él no le gustaba que lo hicieran. Fíjate si era modesto que cambió su nombre de Liam (sí… se llamaba Liam Gallagher, jejeje) a Rory, porque no hay ningún santo que se llame Saint Rory y por tanto ningún día en que la gente se empeñase en felicitarle. Cualquier músico de medio pelo se pasaría el día contándole a todo el mundo que le quiera oír lo bueno que es y la cantidad de discos que ha vendido, sin embargo nunca nadie le oyó decir a Rory Gallagher que durante su carrera había vendido más de 30 millones de discos, como así ocurrió. Porque él lo decía todo con su guitarra; no en balde ha sido uno de los mejores bluesman del mundo y con la primera Stratocaster que llegó a Irlanda era capaz de hacer cosas como ésta.
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Rory Gallagher – Tatto’d Lady
De Duane Allman o, más bien, de su muerte, sí que hemos hablado ya en este otro artículo. Cuando se habla de bluesmen blancos (y reconozco que otro día deberíamos dedicarnos a todos los que les inspiraron pero tuvieron mucha menos suerte comercial principalmente debido al color de su piel), Duane siempre estará en lo alto de la lista. De hecho, su trabajo a la slide guitar sigue siendo la vara de medir para todos los que han venido detrás, y muy pocos han pasado la prueba. Aunque en muchas ocasiones sus solos podían extenderse hasta el infinito y más allá, para la ocasión hemos seleccionado uno de sus trabajos más brillantes, la canción que abría su obra maestra, “Live at the Fillmore East”. Ni siquiera su autor, Willie McTell, hubiera podido adivinar hasta donde serían capaz de llevar “Statesboro Blues” los hermanos Allman.
Después de sacar al mercado un disco tan completo y genial como “Berlin”, Lou Reed y su entorno andaban preocupados porque el siguiente paso que dieran no iba a estar al mismo nivel. Sin embargo su siguiente disco se escuchó y se vendió muchísimo más que aquel, debido principalmente a la “Intro” que tenía. Se grabó en directo durante un par de conciertos en New York (la intro grabada es la de la segunda noche) y lo primero que te ataca desde los altavoces es un duelo de guitarras (las llamadas “guitarras gemelas”) que pasa por ser la declaración de principios definitiva de los años 70.
Hoy en día, estas exhibiciones de maestría guitarrera ya no son del gusto de Lou Reed y por eso no las usa, salvo que se trate de él mismo intentando hacer haciendo un solo. Supongo que principalmente debido al hecho de que durante los años siguientes a la edición de este disco acabase hasta los huevos de que en todos los conciertos la gente se desgañitase gritándole “¿Dónde están Dick (Wagner) y Steve (Hunter)…?”
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Lou Reed – Intro/Sweet Jane
El sonido de las guitarras gemelas de Wagner y Hunter requería mucha práctica y muchos ensayos para sonar como en esta canción precedente. Sin embargo, a Tom Scholz, un graduado en ingeniería electrónica del MIT, lo único que le hizo falta fue soldador, estaño y circuitos…y muchas horas de diseño. Scholz estaba en las antípodas del prototipo de guitarra solista, todo un empollón del Politécnico con una gran afición al rock que, a base de talento, consiguió pasar a la historia musical por dos logros: en primer lugar, varias patentes de cacharros como su ampli “Rockman”, capaz de lograr un sonido genuinamente distorsionado y al mismo tiempo bajo control, por el que Hendrix a bien seguro hubiera dado un dedo, o el Harmonizador, que permitía alcanzar con una sola guitarra el mismo sonido que dos tocadas al mismo tiempo. Y, en segundo lugar, este temazo que, aunque hoy pueda sonarnos a topicazo, en su día sirvió como tarjeta de presentación para todo un estilo musical que llenó las listas de éxitos de los 70 y los 80 (el “Rock Orientado a Adultos” o M.O.R.), y cuyo solo parecía tocado por dos guitarras gemelas, aunque fuera solo una. Los sucesores de Boston no podían evitar que su M.O.R. sonase reiterativo y vacío, pero éste, el diamante original, sigue conjurando todo un mundo de posibilidades.
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Boston – More than a Feeling
Están muy bien las guitarras cristalinas como las de esa canción anterior, pero… ¿a vosotros os gustan las guitarras guarras? A mí me encantan. Llamo así a las guitarras que suenan disonantes, entre acoples, tan tapadas por el peso de la percusión que para hacerse oír tienen que estar a un volumen tal que las distorsiona. Pero sin perder el sentido de la melodía. Hay múltiples ejemplos en el hardcore, o entre los discos de Sonic Youth, o Neil Young… pero he elegido a un guitarrista que también ha sido siempre otra de mis debilidades: J. Mascis. Y como también lo era del Epi, pues también le dedico a él esta canción.

Las melodías quebradizas y la guitarra abrasiva fueron su marca de fábrica, y esta canción que he elegido me gusta sobre todo porque a partir de los dos minutos que lleva sonando se establece una lucha entre la batería y la guitarra de la que veinte segundos después sale ésta vencedora con un arreón final que se convierte en un magnífico solo. Cortito y por derecho…
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Dinosaur Jr. – The wagon
Precisamente el guitarrista al que debemos el siguiente solo estuvo con Epi en un grupo cuando ambos eran unos púberes imberbes, muchos años antes de montar Dogo y Los Mercenarios, en cuyo segundo disco, “Llueve en Sevilla”, aparece este contundente tema. Particularmente, uno de los abajo firmantes lo recuerda con un afecto especial, habiendo estado en el estudio presente mientras se grababa, después de haber estado charlando con su artífice, Juanjo Pizarro, acerca de algunos de nuestros solos favoritos y de algunas de las técnicas que aparecian en la revista “Guitar Player”. Supongo que el solo ya estaría superensayado para cuando entró en la cabina, por lo cual posiblemente aquella charla fue más bien retórica y de precalentamiento, pero el caso es que Juanjo supo sacarle buen partido a su Charvel roja aquella madrugada en Central Studios.
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Dogo y Los Mercenarios – Jungla
Y llegamos al final esperando no haberos aburrido ni cansado demasiado. Yo siempre he dicho que en el rock no hay nada más coñazo que un guitarrista virtuoso. Y en esa categoría puedes meter a todos los que quieras. Sin embargo, sin traspasar del todo la raya, o saliéndose a veces del terreno marcado por ella, hay algunos guitarristas geniales que son capaces de darle un sonido distintivo a sus instrumentos y sin salirse demasiado de los cánones clásicos conseguir nuevas áreas y manipulaciones sónicas, a veces muy radicales, que van más allá de los formatos convencionales de las canciones.
Me ha costado lágrimas dejar fuera de esta selección a Robert Fripp (“21th Century Schizoid Man”), y a Frank Zappa (”Fifty-Fifty”), pero para no alargar demasiado las escuchas, al final me he decidido por otra pieza más corta del mago que mejor producción ha sabido darle siempre a las guitarras, Brian Eno. Además, la canción elegida tiene un solo tan bonito o más que las otras, a cargo de… Robert Fripp. Al final no he podido resistirme al “crafty guitar” por excelencia, que además hoy mismo estará tocando aquí en Sevilla. ¿Quién mejor para terminar?
…No me puedo creer que ninguno de los dos nos hayamos acordado de Jimi Hendrix.
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Brian Eno – St. Elmo’s Fire
¿Decepcionados? Pues ya estais tardando en decirnos qué canciones hubierais elegido vosotros (podeis decir más de una, claro) para montar con ella un Radioblogin’ este próximo lunes. O a lo mejor preferís que montemos nosotros uno…con solos de bajo. A vuestra salud.