CASO ABIERTO
Para todos aquellos que, como yo, siguen con interés algunas series de televisión.

Seguramente a todos vosotros os sonará el nombre de “Billboard”. Es una de las publicaciones musicales más importantes de los Estados Unidos, y la que sirve de referencia a la hora de establecer las listas de éxitos de los artistas de cualquier género.
Pues hubo un tiempo en que Billboard tenía un serio competidor, la revista “CASH BOX”, que desde julio de 1.942 publicaba semanalmente listas de los más vendedores y populares.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Julio 1.942. Primer Número 1 en “Cash Box”
Esta revista dejó de publicarse en noviembre de 1.996 para reaparecer diez años después, en julio del año pasado, como revista on-line. Ellos en su página, al igual que nosotros en la nuestra, tienen una declaración de intenciones. Allí, entre otras cosas, se puede leer lo siguiente:
“Una vez que Cash Box se ha restablecido en toda su gloria, nosotros admitiremos anuncios y promoción pagada, pero de ninguna forma este pago servirá para comprar un puesto en las listas”.
Decir esto abiertamente supone aceptar que ésta es una práctica que muchas publicaciones y medios realizan, cosa que ya todos sospechábamos, pero que ningún presunto implicado reconoce porque, si no ilegal, sí que es inmoral.
Y realizar esta clase de prácticas fue lo que hundió a Cash Box.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Febrero 2.007. Actual Nº 1 en “Cash Box”
Con el tiempo se conoció que durante la década de los 80, para poder detentar un puesto privilegiado en sus prestigiosas listas durante cinco o seis semanas, había que pagar un mínimo de 25.000 dólares, y así lo atestiguó Robert Metzgar, un productor musical que vivó aquello en sus propias carnes.
Y cuando un empleado honrado de la revista, KEVIN HUGHES, un joven idealista de 23 años, quiso terminar con esta situación y sacar a la luz los negocios escondidos… fue asesinado a balazos.
El 9 de marzo de 1.989 Kevin salía de los estudios “Evergreen” de Nashville en compañía de Sammy Sadler, un cantante de country que solía comprar posiciones en los charts sin que sus canciones fuesen radiadas apenas, en dirección a su coche, aparcado al otro lado de la calle. Pero antes de que los dos chicos llegasen a él una figura enmascarada y vestida con ropas oscuras disparó a Sammy en el brazo y el hombro. Kevin echó a correr, pero el asaltante le persiguió, disparándole por la espalda, y dejándole tendido junto a otro de los coches aparcados. Luego se acercó a él y se aseguró de su muerte disparándole a la cabeza, a quemarropa, dos veces más.
Sammy, mientras tanto, pudo refugiarse a duras penas en el edificio más cercano antes de perder el conocimiento. Fue conducido al Hospital en condiciones críticas, pero pudieron salvarle la vida posteriormente.
Los testigos presenciales, tanto los que se encontraban en los coches que circulaban por esa calle, como los que vivían o pasaban por allí, como Willy Nelson y Kris Kristofferson, que también acababan de salir de los mismos estudios de grabación, solo pudieron decirle a la policía que el pistolero se alejó por otro de los callejones. La única pista que dejó tras él fue una gorra de béisbol, en la que podía leerse “WW II Veteran” (“Veterano de la II Guerra Mundial”).
Sin más indicios, ni identificación, ni motivos (se desechó el robo porque el asaltante no tocó ni el coche ni la cartera de Kevin), la investigación quedó bloqueada, y el crimen permaneció oficialmente sin resolver, archivado en una de esas cajas blancas, marcadas con rotulador, que aparecen al principio de todos los capítulos de “Caso Abierto”.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Pasaron trece años, y en el 2.002 la policía interrogaba a un hombre llamado Steve Daniel, del que se sospechaba que hacía años que compraba y vendía armas de fuego ilegales. En un registro de la casa en la que vivía desde hacía tiempo, los agentes inspeccionaron un pequeño jardín en el que había casquillos de bala, que parecía ser el lugar en el que Daniel probaba las armas que vendía.
La policía recogió casquillos de todas clases, algunos bastante nuevos, otros totalmente mohosos, con pinta de llevar varios años por allí tirados. El examen balístico estableció que algunos de aquellos casquillos eran de la misma arma que los casquillos recuperados de los cuerpos de Kevin y Sammy.
En un posterior interrogatorio, Steve Daniel, entre los nombres de clientes que había tenido en aquella época, dio el de RICHARD D’ANTONIO, que había sido director de la sección de listas de la revista “Cash Box” anteriormente a que el puesto lo ocupase Kevin Hughes. El eslabón estaba claro, ahora había que encontrar a D’Antonio y pedirle explicaciones.
La policía le arrestó en Las Vegas, donde trabajaba como supervisor de juego en un casino, después de dejar atrás hacía años el negocio musical; y encontraron las suficientes evidencias como para trasladarle a Nashville acusado de homicidio en primer grado y asalto con tentativa de homicidio en primer grado.
En la revisión del caso se contactó de nuevo con los testigos presenciales, y algunos mencionaron una extraña forma de correr renqueante que tenía el asesino, que se correspondía con la forma de andar que tenía D’Antonio, debido a las secuelas que le dejó una vieja herida en la espalda. También se comprobó que D’Antonio tenía en 1.989 un gato negro, del que podía proceder el pelo de gato que se encontró en la gorra que se la cayó en la huida.
La coartada que presentó fue que esa noche estaba en casa y no salió. Pero su ex-esposa, con la que aún vivía en aquella época, testificó que su marido no volvió aquella noche a casa hasta las 3 de la mañana, algo que era muy raro en él.
El acusado.
En la reconstrucción de los hechos de aquella noche se estableció que Richard D’Antonio, que había sido jefe de la sección de listas de la revista antes que Kevin, tenía montado un negocio de promoción de discos con su socio Chuck Dixon, un hombre que era ampliamente conocido en todo Nashville por aceptar grandes sumas de dinero a cambio de que sus clientes viesen los nombres que le interesaban en los primeros puestos de las listas de éxitos de todo el país. La conexión entre Chuck Dixon, que murió de cáncer en el 2.001, y el “Cash Box” y sus listas era tan conocida que le apodaban “Chuck Box”. D’Antonio y él manipulaban los datos que recibían de las emisoras de radio, a veces incluso pagándoles a éstas por remitir a las demás revistas informes incluyendo canciones que no habían llegado a radiar. Cuando Kevin Hughes, el nuevo jefe de sección, intentó legitimizar las listas, vieron que el chollo se iba a terminar.
En el juicio que se celebró unos meses después, el testimonio del productor mencionado anteriormente, Robert Meltzgar, también fue definitivo: “Intentaré manejar a Kevin, me dijo Chuck Dixon, y si no puedo manejarlo… ya sabes… habrá que quitarlo de en medio.” Metzgar iba a pagar a Dixon “la mordida” de 15.000 dólares para que uno de sus artistas, el cantante country Micky Jones, entrase en las listas y se mantuviese mucho tiempo en ellas. El pago provenía del bolsillo del propio cantante, quien al enterarse de los rumores de que Hughes quería acabar con este sistema le pidió a Meltzgar que se asegurase primero de que el pago iba a merecer la pena. Cuando éste se dirigía a preguntarle a Dixon… “le ví discutiendo con Kevin. No pude oír lo que decían, pero Dixon estaba intentando darle dinero a Kevin, y éste no lo aceptaba. La discusión se iba haciendo cada vez más violenta…”
Gary Bradshaw era un promotor musical que entró a trabajar en Cash Box tres meses después de la muerte de Kevin. Estaba directamente a las órdenes de Chuck Dixon. Y enseguida se dio cuenta de que las listas de éxito que publicaban no eran legítimas. Una posición en las listas podía comprarse por 1.500 o 2.000 dólares, y un anuncio costaba 750. Y Dixon lo controlaba todo. “La primera vez que me vió, Dixon hizo que sus dos guardaespaldas me cacheasen. En su oficina de “Cash Box” tenía armas de fuego, y él solía llevar un revolver. Cuando se enfadaba con alguien solía decirle que iba a tener el mismo final que Kevin…”
El abogado defensor no lo ve claro.
Y aunque las pruebas contra D’Antonio eran circunstanciales, se demostró el motivo, la adquisición y posesión del arma de fuego de la que provenían los disparos fatales, la oportunidad y su esfuerzo por fabricarse una coartada falsa; y la descripción que dieron del asaltante todos los testigos se acomodaba muy bien a su aspecto físico. Por tanto las evidencias apuntaron claramente a que el crimen se perpetró con el conocimiento de Chuck Dixon, pero la totalidad de las circunstancias decían que el asesino había sido D’Antonio.
Chuck Dixon logró burlar la justicia de los hombres, aunque no la justicia divina; pero el jurado encontró a Richard D’Antonio culpable del asesinato de Kevin Hughes y del intento de asesinato de Sammy Sadler, pero en este caso fue una tentativa en segundo grado, ya que estaba probado que su presa era Kevin, y Sammy solo fue una víctima inesperada que se cruzó en la línea de fuego. Daños colaterales. Fue condenado a cadena perpetua.
“He pasado los últimos 14 años de mi vida mirando por encima del hombro. Siempre supe que el peligro podía salir de cualquier lugar, en cualquier momento. Ya no tengo que hacerlo nunca más. Ya soy libre y puedo seguir con mi vida”.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
El ver en las calles gaditanas a tantos tíos vestidos de tía aprovechando la licencia carnavalera me ha hecho recordar a una banda cuya imagen va asociada para siempre al lamé y los trajes de loca pero que, más allá de toda su leyenda de perdedores, abrió un extraordinario número de puertas para un montón de artistas y grupos que llegarían después. Con mejor suerte que ellos. O, probablemente, con mejor cabeza… Relajaos porque la historia que sigue va a ser densa y larga, el que avisa no es traidor. Todo un culebrón que se inicia en las calles de la Gran Manzana, hace treinta años, y que termina en nuestros días.







los guardianes de los intereses musicales de los Beatles, anunciaron hace unos días que había concluido la disputa que mantenían sobre el nombre de la compañía tecnológica y el uso de una manzana en su logotipo.
Ese acuerdo que mantenían hizo que en el año 2.003 se produjese un gran encontronazo entre ambas compañías, cuando Apple Computer (que entonces se llamaba así, antes de quitarse el apellido de Computer hace un mes y pico), comenzó a firmar contratos con sellos discográficos para distribuir su música en internet a través de iTunes. Se dirigieron también a la Apple británica con la esperanza de poder distribuir también la música de los Beatles, que no solo no se lo concedió sino que además la acusó de infringir el acuerdo de 1.991 porque con este servicio de iTunes, Apple había entrado de lleno en el negocio musical.
Los litigios que siguieron a esa demanda fueron largos, y en mayo del pasado año un juez le dio la razón a Apple Computer diciendo que el uso que esta compañía estaba haciendo del logotipo de la manzana era adecuado y razonable. Pero Apple Corp. no se conformó y presentó una apelación que se ha cerrado con el acuerdo que han alcanzado ahora.



Su trabajo siempre ha sido rechazado considerándolo como poco más que discos caprichosos y vanidosos; su forma de cantar, que no tiene parecido alguno con las maravillosas voces que han servido de vehículo para todos los estilos derivados del blues y del folk que han existido durante su época, ha sido descrita normalmente como “chillidos”; la base musical sobre la que su voz se ha asentado tampoco ha sido menos inquietante, como todos los oídos que aún andan recuperándose de la escucha de sus sorprendentes “Why” y “Why not” pueden atestiguar. Y no solo musicalmente, también Ono será siempre “la que tuvo la culpa de todo” en el rompimiento del “más grande grupo de la historia”.
Todas y cada una de las cosas que han hecho aquí sus colaboradores es afín al talento, energía e ingenuidad de la propia Yoko, no hay duda de que todo en este disco existe con arreglo al universo de ella. No es solo su voz, sino también su visión la que lo guía todo. El tiempo ha tratado bien el trabajo de Yoko; para los que comienzan ahora a conocerla, esa voz, que una vez fue comparada a unas uñas arañando una pizarra, todavía sobresalta, y eso es porque está al margen de las modas, es ultramoderna, gracias a la ausencia de clichés roqueros, blueseros o folkistas. Para alguien que necesite una comparación, podríamos decir que es como la siguiente vuelta de tuerca sobre Joanna Newson, de la que hablamos aquí no hace mucho, pero donde el genio de ésta suena como de andar por casa, las emisiones de Yoko son sensuales y… como las define Hank Shocklee (de los Public Enemy) en sus dos colaboraciones del disco… shocktrónicas.
Poco después volvieron a San Francisco todos, pero cuando Yoko tenía 10 años y la guerra casi era un hecho, volvieron a Tokio. Como la niña demostró ser imaginativa y original, su padre, que era un amante de la música, la rodeó de profesores que le proporcionaron una buena formación como compositora: ópera alemana e italiana, piano clásico… al ver “The telephone”, de Menotti, Yoko se dio cuenta de que se puede crear una ópera enteramente moderna, increíblemente fascinante, y sin necesidad de ser en italiano, pero con el tiempo su padre fue también el primer defraudado con la forma en que su hija invirtió sus conocimientos musicales.


Las recopilaciones producidas por DJ Drama y sus protegidos son conocidas como “mixtapes”, aunque aparecen en CDs y no en cassettes. Las mixtapes se han convertido en una parte importante del mundo del hip-hop porque a menudo son la única forma que tienen los aficionados de mantenerse al día en un género que crece más rápidamente de lo que los discos legales pueden abarcar. En una mixtape se pueden escuchar remezclas inéditas, adelantos de próximos discos oficiales, piezas de amateurs de estilos muy libres y al margen de lo establecido, e incluso cosas de escasa calidad que nunca llegaran a ser editadas comercialmente.
Así que las mixtapes, por definición, no están reguladas: los DJ’s no piden permisos a las compañías discográficas, y éstas tradicionalmente miran para otro lado cuando no, a veces, las financian directamente para usarlas como herramientas de promoción. Y los raperos son lo suficientemente hábiles también usándolas para promocionarse a sí mismos. Un claro ejemplo fue 50 Cent, cuya carrera tiene mucho que agradecer a las mixtapes. En fin, que ningún rapper serio puede permitirse el lujo de estar ausente de este mercado durante mucho tiempo. 
éste anunciaba que desde ese punto de partida iba a hacer historia, y los que entienden de ésto dicen que la verdad es que esa recopilación hace resaltar más a Lil que cualquiera de sus discos oficiales y “Dedication” contribuyó a lanzar su carrera. Cuando algunos temas inéditos de T.I. aparecieron en internet, éste formó equipo con DJ Drama para hacer un ataque preventivo, y juntos editaron la mixtape “The Leak”.

Los años 1986 y 1987 van asociados para mí a las oficinas de “La Factoría”, una improbable agencia de artistas de rock locales que solía convertirse con frecuencia en un puerto donde recalaban numerosos músicos a ver si había algo de suerte y alguna tocata a la vista. Con frecuencia, a Pepe Benavides le tocaba bregar con aquella procesión diaria. Le recuerdo intentando manejar un machacado radiocassette de coche que, conectado provisionalmente a un transformador, nos proporcionaba la única compañía musical, y que nos obligaba a rebobinar manualmente las cassettes ensartandolas en un bolígrafo bic y haciendolas girar. Aquellas cintas contenían en su mayor parte los conciertos que Pepe grababa en la sala “Roll Dancing”, donde oficiaba de DJ por las noches, aunque a aquello no se le veía mucho futuro. Y muchas maquetas de grupos, esperando que sonase la flauta. 

Llegado el final de 1964, numerosos grupos folkies que andaban dando tumbos por los enrarecidos escenarios norteamericanos (al ambiente tenso derivado del asesinato de JF Kennedy se le unían los reclutamientos para Vietnam y los conflictos existentes en los estados sureños que aún mantenían la segregación racial) se encontraron de pronto sin trabajo. Mucho más desde que en febrero habían aparecido en el show de Ed Sullivan cuatro flequillos de Liverpool cantando “I wanna hold your hand”. Nada sería como antes. Entre los folkies afectados por la reconversión se encontraban The New Journeymen, a quienes cada vez se ofrecían menos contratos y a cuyo frente se encontraba John Phillips, junto a su despampanante esposa Michelle.

Pocos días después, John había compuesto unas treinta canciones más, y un día reunió los ahorros que le quedaban de la época Journeymen, pilló la American Express de un amigo, hizo una maleta con su ropa y la de Michelle y se fueron al apartamento de Denny, en una de cuyas paredes había un mapa. Vendaron los ojos de Michelle, le hicieron dar varias vueltas y le pidieron que señalase un lugar del mapa. El dedo recayó sobre las Islas Virgenes. Al día siguiente, los Phillips y Denny iniciaron viaje hacia la isla de St Thomas, acompañados de familiares y amigos que también querían escapar de aquel invierno, y entre los que estaba Cass. En St Thomas, se establecieron en una antigua casa de huéspedes llamada




