SAVANE, MEJOR DISCO DE 2006

Listas y recomendaciones, recomendaciones y listas. Material propio de fin de año, llegaron los días del borrón y tira p’alante y muchos se detienen en el camino para contar (en ambos sentidos) lo mejor que se han encontrado en ruta. Aquí en “Blogin…” no somos muy partidarios de hacerlas o de seguirlas, más allá de lo que os ponemos de vez en cuando en el Radioblogin’.

Una excepción, que creemos lo bastante interesante como para traerla aquí, son las listas que pueden encontrarse en Metacritic, donde se dedican a recopilar críticas ajenas en diferentes medios (no todos disponibles en internet) y a puntuarlas, por lo cual la valoración que se le da a cada disco (también lo hacen con películas, libros y más cosas) es una media artimética de lo que otros han dicho. Todo lo cual da margen para que podamos encontrar voces muy discrepantes para una misma obra, gente a favor y gente en contra, y sólo el que haya más opiniones a un lado u otro determina la nota final. Todo muy aséptico, salvo, ¡ay!, en la elección de las revistas y páginas de donde toman sus críticas, que suelen ser, con excepciones, gente establecida y más bien conservadora. Todo lo cual nos da una idea de hacia donde se inclinan las votaciones.

Portada Savane

En principio, se podría pensar que el disco que ha obtenido la mayor puntuación en 2006 (94 sobre 100) es un reflejo de este conservadurismo: “Savane” de Ali Farka Touré. Sin embargo, viendo al resto de finalistas (Clipse, Joanna Newson, TV on the Radio, Destroyers…) parece que no ha sido una votación sesgada. Será porque los méritos de “Savane” son evidentes. En el enlace teneís un chorro de críticas a este disco, por lo que no creemos necesario decir nada nuevo sobre el mismo. Tampoco sobre la ya larga carrera de Ali Farka Touré, de sus numerosas colaboraciones y sus discos junto a otros artistas.

Portada Savane

Si acaso, resumir algunas de las lineas comunes a la mayoría de las críticas:

1) Nos encontramos ante un disco póstumo, cuyo interprete lo grabó sabiendo que la muerte le llegaría antes de verlo publicado. Supongo que cada uno reaccionaría de una forma distinta ante algo así (¿recordaís a Freddie Mercury y el “Innuendo” de Queen?). En el caso de Ali, las ideas que quedan más reflejadas en el disco son las de nobleza y serenidad. No es mal mensaje para dejar como legado.

2) Ali ha practicado el mismo estilo de blues durante más de 30 años. Visto desde el punto de vista occidental en el cual un año es un plazo suficiente para un cambio radical de tendencias musicales, podríamos pensar en inmovilismo. Aunque sería más correcto hablar de alguien que ha compuesto y publicado a la cadencia que le marcaba su propia alma, ajeno a otro tipo de torbellinos. Y eso que Mali, su país, ha sido invadido en la última década por todo tipo de reinonas del pop en busca de nuevos talentos y nueva savia…

3) Blues de ida y blues de vuelta. La música de los esclavos negros que viaja en un sentido del atlántico y que regresa siglos después a sus raíces. O quizás nunca llegó a cruzar el charco del todo y simplemente siguió evolucionando en su cuna natal africana…

Si no os amedranta el inglés, podreís leer estas ideas y muchas más en los enlaces que hay en la página arriba indicada. En cualquier caso, no es necesario para escuchar y juzgar por vuestra cuenta las muestras que ilustran este artículo que, para hacer corto, finalizaremos aquí transcribiendo una cita que aparece en la crítica que le hizo “The Guardian”:

“Cuando el polvo de la historia se asiente en el período que estamos viviendo, ¿qué bluesman será visto como el epítome de nuestro tiempo? ¿Clapton? ¿BB King? ¿O tal vez este maestro del Sahara, al que le encantaba bromear con todos los que querían saber qué fue primero, si el gallo malinés o la gallina americana, y en qué dirección cruzó el blues el Atlántico?. Todo lo que nos hace falta saber es que fue un maestro y esta su mejor obra…”
Portada Savane

CERO EN GIMNASIA

Normalmente hemos estado hablando en este blog de grupos o solistas que están a muchos kilómetros de distancia y, normalmente, a muchos años en el tiempo. Hoy quisieramos comenzar una nueva categoría donde hablemos de gente mucho más cercana en el tiempo y espacio. En este caso, aunque recientemente se ha establecido en Málaga, Antonio “Sr. Chinarro” Luque ha pasado la mayor parte de su carrera musical afincado en Sevilla, al margen de que haya o no escena local, o de que ésta se acabase en 1.996 con la salida del libro sobre la “Historia del Rock Sevillano”, que no vamos a entrar en eso, ya que tampoco quedó muy claro en la discusión que mantuvieron en la presentación del mismo su autor (Luis Clemente) y Antonio.

Bien es cierto que ese vinculo sevillano no parece determinante en su obra, ya que quien busque referencias locales entre su musica tendrá que estar atento a los rincones de sus letras y a los arreglos camuflados en sus canciones, sobre todo en los últimos discos. De todos modos siempre han sido más llamativas sus referencias foráneas, a las que alguna vez ha rendido homenaje a nada que alguno de los espectadores de sus conciertos se lo haya pedido a voz en grito: “Love will tear us apart” a capella, o “Polly” el día de la muerte de Kurt Cobain. Y aunque su primitiva pasión por The Cure llegase a ser casi enfermiza, las canciones de Chinarro están lejos de referencias concretas; podríamos decir que es un grupo de mundo. O de mundos: los mundos de Luque.

Aqui Chinarro, aquí un amigo

Es cierto, la música de Chinarro, pasados los años y asentadas las influencias (ahora es él el influyente, acogiendo hasta sus propios grupos más o menos protegidos como Salieri) recuerda, ante todo, a él mismo, el único punkie local auténtico al margen de apariencias y parafernalias. Con lo cual tenemos una rara avis en la escena sevillana, un artista que lleva ya más de quince años con sus ciclos más o menos regulares de discos y conciertos y que no se ha echado a perder, ni ha recurrido a esa frase célebre de “es que tengo que pagar el colegio de los niños” para justificar un cambio de chaqueta, ni siquiera ha trincado posición en el proceloso mundo de la cultura subvencionada. Si no fuera por tantas otras cosas que lo desmienten, se diría que Sevilla ya no es lo que era, con garitos que llegan a los 20 años en activo y cantantes que llevan más de una década y media de carrera sin acabar repudiados.

Directo en Los Conciertos de Radio3

Ya le vale: Chinarro es, repetimos, un mundo en sí mismo, y todos sus discos, que, como podeís ver aquí, ya son unos cuantos, se salvan por propios méritos y por pura media aritmética: desde aquel primer CD del año 1994 (“Sr Chinarro“) hasta el del 2006 (“El mundo según Sr Chinarro“), siempre ha habido unos cuantos que han pensado que aquello era una porquería frente a unos cuantos más que se han dedicado a aprenderse las canciones una y otra vez en su cuarto. Lo mejor del caso es que ambos grupos se van turnando de disco en disco, a tal punto que son pocos los aficionados que coinciden en cuáles son sus discos buenos y cuáles los menos buenos. Ha pasado con sus dos últimos discos, el de 2005 junto a J de Los Planetas y el que él mismo se ha hecho lejos de El Ejercito Rojo: si tuvieramos que guiarnos por la opinión que uno lee, no tendríamos claro si el anterior era un petardo o lo es éste, o si ambos son de lo mejor que ha hecho. Todo lo cual invita, como es lógico, a que sea uno mismo el que los escuche y compare. Y se pregunte de qué demonios va todo esto…

Luque y la movida

A poco que uno se dé una vuelta por la web, verá que hay muchos rincones donde juran y se hacen cruces en el nombre de Antonio Luque, a quien estiman como si fuera de su familia; y uno, superado el trauma de ver tanta muestra pública de afecto, piensa que no sólo es cuestión de karma sino, sobre todo, de lógica. Pues es la lógica quien nos enseña que si un artista lleva en activo tantos años con un chorro de discos sin haber pasado nunca por los 40 o la 100 (sus cauces han discurrido más bien por la 3) entonces tenemos un artista de culto. O, mejor, un artista culto, puesto que su principal baza está en las letras, donde gana por la mano a toda la competencia. Son letras de ésas que dices “¿cómo diantres va a caber eso en una canción?”, pero luego las oyes en su voz y de repente todo tiene sentido. No es de extrañar que tenga tanto devoto suelto…

“Dí la flor de la corona para el reino de la cama
ví el domingo pasar con el dos por ciento de interés
y si llega el lunes, como si llegara el jueves
y si llega el jueves, Calle Feria, qué vendrá después
y si en el arenal despiertas
pasarán las horas muertas
llevas dentro tantos días de Cuaresma
y si en el arenal te acuestas
dejaré la puerta abierta
fuera los botones,
esto no es ningún hotel”
(“Angela” – 2006)

o bien ésta otra, aunque podría servir casi cualquiera de su discografía, además de que cualquiera de sus seguidores tendrá otras favoritas.

Lleva tiempo,
lleva en los bolsillos una recompensa
para quien apriete el gatillo.
Saluda cabizbajo,
sombrero de ala ancha,
teniente retirado allá en sus tierras,
toda la mancha.
Salpica de aceite el traje.
Hay yonquis que aparcan coches de caballo.
Revuelven las pocas tripas
al grito salvaje: “chipirones plancha”.
Quiere teñir los charcos con las gitanillas,
con claveles; fauna, la chiquilla.
Como una bala la calesa en un atajo del circuíto.
El alumbrado deja seca a su señora,
a buenas horas.
Don Mangas Verdes parece del T.B.O.
La pipa de juguete que su empresa
dio por trofeo,
la chaqueta que estrenan vendedores de libros,
catavinos colgando, a Dios rogando,
siempre lo mismo.
Deja un reguero de pólvora, una conversación,
un gran cuento chino.
No convence a la estanquera,
que, sin chiringuito, prende la cartera
y fuma,
que estas cosas ponen muy nervioso,
y lo estudia: un rosco, las espuelas…
Gorra la que lleva el tío de las correas;
tánto bache y él ni se menea.
Como una bala la calesa…
… le importa un pito.
(“El idilio” – 2002)

La explicación de esta última canción, por cierto, aquí.

Con todo este material en su cabeza, no sería de extrañar que algún día algún artista de estos que suelen morar por las listas de éxitos le pida alguna canción para su disco, y le llegue la popularidad que hasta la fecha ha tratado de esquivar. O puede que no, que Antonio siga midiendo sus pasos como hasta ahora y que su trabajo siga siendo un plato exquisito sólo para una clientela dedicada. O puede …que siga desbaratando todas las previsiones que se hagan sobre él.

Directo

Aunque en las entrevistas pueda dar otra imagen, lo cierto es que Mesié Chinarro tiene una relación cercana con los que le siguen, como puede verse con echarle un vistazo a su fotolog o, mejor aún, al de este amigo suyo, para los cuales va nuestro agradecimiento por dejarnos usar las fotos. O incluso, inevitablemente, también a su propio myspace. A diferencia de otros muchos artistas, Antonio no tiene reparo en contestar comentarios y contar cómo le ha ido el día o incluso, oh tempora, lo que ha comprado en el mercado…

NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD…


SHEENA IS A FOLK FREAKY

Aprovechando que estas aproximaciones a la música folk que hemos hecho en un post anterior han tenido muy buena acogida, hoy me gustaría hablar de otra forma musical que tiene mucho que ver con lo que hemos estado comentando a raíz de ellas. Y es el Antifolk. Una música cruda, honesta e implacable en su crudeza y honestidad.

El antifolk es una corriente que tiene ya dos décadas largas de vida, pero que permanece aún tan underground como cuando nació en Nueva York.

Su origen data de 1983, cuando un joven cantautor conocido como LACH se dirigió al club “Folk City” del Greenwich Village buscando que le contratasen para tocar, en la misma forma en que muchos años antes lo había hecho Bob Dylan. El propietario del club no le admitió diciéndole que su música era demasiado punk. Lach respondió abriendo un after-hours en el Lower East Side al año siguiente, al que puso de nombre “Fort”, que se nutrió de todos los cantantes que no tenían cabida en los cánones estéticos del “Folk City”. Y se convirtió en el punto de ignición del Antifolk.

Las primeras actuaciones en el nuevo local tuvieron lugar durante la semana del “Festival de Folk de New York”, así que llamaron al ciclo “Festival de Antifolk de New York”, y todavía hoy perdura a pesar de que el original y establecido Festival de Folk desapareció hace ya tiempo.

Durante todos estos años desde la apertura del “Fort“ (aunque la policía lo ha cerrado varias veces y ha tenido que cambiar de lugar algunas otras, y hasta de nombre, ahora es “Sidewalk Cafe”), el Antifolk se ha convertido en un movimiento reconocido internacionalmente, y ha servido como plataforma de arranque para artistas como Anni DiFranco, Regina Spektor, Michelle Shocked, Nellie McKay o los Moldy Peaches. Todos ellos con sonidos y estilos muy diversos, pero que comparten una cosa que es la más característica del antifolk, un enfoque nada convencional y sin miedo alguno de sus canciones. Y merece un lugar en la historia de la música aunque solo fuese por el hecho de que ahí comenzó a cantar también por primera vez Jeff Buckley… lo que me recuerda que tengo que escribir otro post que llevo retrasando algún tiempo.

Cuando comenzaron ellos eran al folk lo que el punk era al rock. Atacaron el castillo hasta derribarlo, y aún hoy son rebeldes en la forma en que permanecen al margen de las leyes de la selva del negocio musical. En realidad seguramente ni conoceríamos a casi ninguno de ellos de no ser por el apoyo prestado por Rough Trade, que fue el único sello discográfico que les prestó alguna atención.

El “Fort” ha sobrevivido también a todos los clubs de folk famosos (“Folk City”, “Speakeasy”, “Bottom Line”) y se ha convertido en el único apoyo prácticamente para los cantautores outsiders. Se hacen un favor mutuo, unos comienzan a dar sus primeros pasos allí, y el club sostiene su movimiento musical contra viento y marea.

Cada generación de antifolkies es diferente, y después del éxito de los excéntricos Moldy Peaches, los últimos en lanzarse a la (relativa) fama, con sus canciones llenas de imaginería abstracta y melodías casi infantiles, la nueva corriente es mucho más fuerte, con sonidos más potentes, más punkies, y mucho más enraizados en la cultura americana.

Y tienen que ser bien recibidos, sobre todo en vista de que los únicos que mantienen el compromiso político en su música son dos viejas estrellas totalmente establecidas, y que no duraran toda la vida: Bruce Springsteen con su “We shall overcome: The Seeger Sessions”, y Neil Young con su “Living with war”. Como los demás mantienen una lamentable actitud para con los tiempos actuales, es hora ya de que vaya asomando algún tipo de relevo.

FUZZ, ÁCIDO Y FLORES

Llega Navidad, y con ella el boom del mercado discográfico, que al igual que el de los juguetes, es ahora cuando experimenta su mejor momento mercantil. Aparecen discos y más discos, recopilaciones y vueltas de tuerca a una idea ya manida. ¿Has oído ya el nuevo lanzamiento de los eternos Beatles…?

Al menos esta vez han sido más originales y la idea la ha encabezado el propio George Martin. Pero año tras año se siguen exprimiendo los fondos de los estudios de grabación para encontrar algo nuevo que vender.

Y para los locos por la música y los completistas, ocurre algo que es triste, pero es verdad: los archivos se están quedando secos. Aunque los coleccionistas son insaciables y buscan incansablemente nuevo material. Ahora que un amplio porcentaje de la música más conocida editada con anterioridad ya está de nuevo en la calle, algunos obsesos están buscando hasta dar con grabaciones que fueron pasadas por alto por todo el mundo cuando se realizaron.

Ésta es música que principalmente se autoeditó en los años 60 y primeros 70 en tiradas de unos pocos cientos de copias, y en algunos casos aún menos, para distribuirlas entre la familia y los amigos o venderlas por las esquinas y mercadillos. Muchas de estas grabaciones son tan escasas que ni siquiera los propios artistas tienen copias de ellas.

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Ellen Warshaw – Sister Morphine (del “Wayfaring Strangers”)

Por supuesto, ahora hay mucha más música oscura disponible de la que ha habido nunca, sobre todo por los medios que dispensan las nuevas técnicas y las posibilidades de dar a conocer a todo el mundo el trabajo hecho en nuestra propia casa llenando con él innumerables páginas web, como la archiconocida MySpace. Pero para los fans musicales que se derriten con un trabajo oscurantista, una rara joya solo merece realmente la pena cuando está debidamente envejecida, como un tinto de gran reserva.

Y por eso es por lo que los CDs de ediciones personales son la gran novedad entre los coleccionistas. En el universo de las copias privadas (donde los discos son también conocidos como “grabaciones de vanidad”), antiguos folkies de culto como Gary Higgins y Perry Leopold son estrellas, y la nostalgia está reservada para la música que solo unos pocos escucharon cuando se grabó originalmente.

La mayor parte de la demanda viene de una escena musical alternativa que se denomina “freak folk” (no creo que necesite traducción…). Una clase de fanático musical totalmente nuevo se ha aglutinado alrededor de este movimiento, cuyas puntas de lanza son jóvenes autores/cantantes (por no usar el últimamente denostado término de “cantautores”) como Devendra Banhart y Joanna Newsom.

Hay también un puñado de sellos especializados en los discos de ediciones personales, algunos de ellos grabaciones piratas ilegítimas, pero otros, operaciones legítimas que pagan royalties a los artistas.

Entre las discográficas más conocidas de esta especie está Numero Group, regentada por antiguos veteranos de la distribución, que han editado muy buenas antologías rescatadas de discos encontrados en las tiendas de saldos y en los sótanos y garajes de chalets de maduritos con ganas de desprenderse de “basura” acumulada durante años. Gear Fab es otro de los sellos más ambiciosos, con más de cien referencias en su catálogo. Y Drag City, un sello independiente que graba a artistas más establecidos como Will Oldham y Smog, y que el año pasado reeditó el disco de Gary Higgins, de 1973, “Red Hash”, uno de los CDs de edición personal más vendido, con casi diez mil copias.

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Gary Higgins – It didn’t take too long (del”Red Hash”)

Es un mercado pequeño pero fervoroso; la verdad es que solo unos cuantos de éstos discos han superado la cifra de ventas de las 10.000 unidades, pero la música de edición personal está enderezando sus pasos dentro del sector del rock independiente. El año pasado, por ejemplo, Ben Chasny, que graba bajo el nombre de Six Organs of Admittance, hizo una versión de una de las canciones de Gary Higgins, “Thicker Than a Smokey” en su disco “School of the Flower”.

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Six Organs of Admittance – Thicker than a smokey (del “School of the flower”)

Los orígenes de este negocio de las copias privadas vienen de eBay, donde los coleccionistas han estado creando demanda de discos de vinilo con décadas de antigüedad de los cantantes más extraños y desconocidos.

Muchos de estos discos han estado rodando por ferias y por ahí. Montones de los coleccionistas los compraron más que nada por sus portadas, que de alguna forma son objetos fetiche. Pero luego la gente comenzó a escucharlos y se dio cuenta de que hay grandes canciones en ellos. Sobre todo los coleccionistas más jóvenes, que nunca habían tenido la oportunidad de oirlos; y eso creó un renovado interés en la reedición en forma de Cds.

”Red Hash” fue el disco que lo disparó todo. Los sellos discográficos habían hecho esto ya antes con oscuro material de soul y funk, y con toda clase de cosas raras, pero hasta entonces nadie se había atrevido con el folk.

Gary Higgins, natural de Connecticut, era un cantante de bares y camello a tiempo parcial que fue arrestado cuando lo pillaron con un poco de marihuana en 1972. Fue declarado culpable de tráficar con ella y sentenciado a 13 meses de prisión; mientras lo juzgaban y encarcelaban grabó el “Red Hash”, una brillante y meditabunda colección de ensoñaciones hippies, para el pequeño sello local Nufusmoon, que fue financiada por su familia.

El disco salió y se difuminó en la nada casi instantáneamente, pero los coleccionistas lo redescubrieron en los 90 y algunas copias se vendieron en eBay por unos 200 euros. Y hace tres años, un empleado de Drag City escuchó uno de los discos y buscó a Gary Higgins para pedirle su consentimiento para una reedición en Cd.

El sello Numero Group editó una antología de grabaciones de ediciones personales de los ’70 de varias chicas clonadas de Joni Mitchel titulado “Wayfaring Strangers: Ladies from the Canyon”. Y lo hizo porque su propietario, Ken Shipley, se convirtió en un forofo de estos discos después de que un amigo suyo le grabase una cassette con un surtidito de canciones entre las que había una acústica de una chica llamada Becky Severson. Después del interés despertado por ella, quiso saber si había más canciones como ésa rodando olvidadas por ahí.

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Becky Severson – A special path (del “Wayfaring Strangers”)

Lo primero que se le ocurrió fue ponerse a curiosear en los locales donde almacena sus donaciones el Ejercito de Salvación, y en todas las tiendas de segunda mano en un radio de 150 kilómetros alrededor de Chicago, buscando discos extraños con excéntricas portadas dibujadas a mano o fotos de tópicos folkies, esperando encontrar una o dos canciones decentes. Meses después de intenso trabajo detectivesco había podido reunir un manojo de descubrimientos interesantes. Con eso comenzó a buscar a Becky Severson y a otras artistas con la esperanza de poder realizar la recopilación que después editó como “Wayfaring Strangers”.

Armado de valor y paciencia, encontró a Becky a través de un archivista de música religiosa en un pueblo perdido de Minnessota. Así que se buscó una guía de teléfonos y comenzó a llamar a todos los Severson del estado: “Hola, buenas tardes, ¿usted por casualidad no conocería a Becky Severson…?”. La persona que hacía la número 24 de las que llamaba le contestó: “Sí, claro, soy su padre”.

La historia de Becky es la típica de la mayoría de los cantantes que grabaron discos de ediciones personales. En 1.971, cuando tenía 19 años, grabó una dulce canción folkie llamada “A special path”, basada en un pasaje de la Bíblia. Su cuñado le pagó el prensaje de 1.000 copias que fueron distribuidas entre los miembros de la familia y algunos parroquianos del lugar. Y eso fue todo… O al menos eso pensaba ella.

Becky y su familia quedaron absolutamente sorprendidos por el interés de la discográfica. De hecho, el padre todavía tenía unas 200 copias del disco en su ático.

El boss de este mundillo es Roger Maglio, que dejó su trabajo de chupatintas copiador de actas y contratos en Orlando para fundar el sello discográfico Gear Fab en 1.997. Usando como fuente “Fuzz, acid and flowers”, un catálogo de 1.300 páginas que recoge a todo aquel que haya hecho la más mínima cosa en psicodelia, folk y garaje-rock tanto a nivel profesional como amateur entre 1964 y 1975, Roger ha conseguido sacar a la luz un extenso número de 120 discos de ediciones privadas reeditadas hasta ahora.

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Pierced hand number 2 (del “A Cid Symphony”)

La mayoría de los artistas de su escudería son acólitos de Syd Barret con el cerebro frito por el ácido, entre los que destacan los que forman una colección de zumbidos monótonos llamada “A Cid Symphony”, y un tal Chris Wilson, que no es el que pensáis, sino un oscuro cantautor que para grabar usaba el nombre de inspiración tolkiana de Gandalf the Grey.

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Gandalf the Grey – An eleven song of love (del “The Grey Wizard am I”)

Sin embargo, el disco estrella no está en este sello, sino en Honus Wagner, y se trata del “Experiment in Metaphysics” de Perry Leopold. Un disco que se vendió por más de 3.000 euros en eBay en su estado original de vinilo, de los que solo se editaron en su momento 200 copias para venderlas una tarde de verano de 1.970 en alguna esquina de Philadelphia.

Perry también se sorprendió mucho del interés mostrado ahora por su disco, del que el tío prácticamente ya ni se acordaba siquiera. En aquella época solía pasarse el tiempo bien puestecito de ácido y toda la experiencia aquella de grabarlo y venderlo solo es un borrón en su memoria. De todas formas está agradecido de que la gente esté descubriendo su disco ahora, aunque en realidad piensa que la música tampoco era para tanto.

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Perry Leopold – Cold in Philadelphia (del “Experiment in Metaphysics”)

Y ésta es la cuestión: ¿aquellos discos de copias personales interesan tanto en estos tiempos porque son buenos o porque son raros? Espero que con las canciones que te he puesto para acompañar el texto tengas materia suficiente para crearte tu propia opinión.

AUTOSUFICIENCIA

Pues eso.
¿Esta letra tiene más de 20 años o fue compuesta ayer mismo?

Con un par de cambios, podría haber sido escrita también en 2006, digamos, por un freak de los ordenadores. Un bloguero de ésos, sin ir más lejos…

Me miro en la pantalla y soy felíz
y no pienso nunca en nadie más que en mí
y no pienso nunca en nadie más que en mí

Leo posts que no entiendo más que yo
oigo podcasts que he grabado con mi voz
oigo podcasts que he grabado con mi voz

Encerrado en mi casa
pongo mi webcam
ya no necesito a nadie
no saldré jamás

Y me baño en agua fría sin parar
y me corto con cuchillas de afeitar
y me corto con cuchillas de afeitar

Me tumbo en el suelo de mi habitación
y grabo mi cuerpo en descomposición
y grabo mi cuerpo en descomposición

Encerrado en mi casa
pongo mi webcam
ya no necesito a nadie
no saldré jamás

Ahora soy independiente
ya no necesito gente
ya soy autosuficiente
¡al fin!

(Con respeto y cariño al desaparecido Eduardo Benavente)

BAILANDO CON BONGOS

Esta es la historia de un disco casi olvidado y del nacimiento del hip-hop. Como muchas historias del hip-hop, y muchas leyendas del pop en general, envuelve a personajes inverosímiles que ascienden desde la oscuridad y se colorean con pasión creativa, violencia, drogas, robos, devoluciones y recompensas.

Es la historia de un DJ del Bronx que se dio a conocer con un disco que sirvió de banda sonora a una película de serie B llamada “El monstruo de dos cabezas”. Y también descubre esta historia que los dos percusionistas más importantes de la historia del rap podrían ser un tío que ha pasado casi toda su carrera de gira con Neil Diamond y otro que tocó con John Lennon y Eric Clapton antes de matar a su madre a cuchilladas y ser recluido en un manicomio.

El disco en cuestión es “Bongo Rock”, editado en 1.972 por The Incredible Bongo Band, y que después de haber sido pirateado durante tres décadas, acaba de ser apropiadamente reeditado por el sello Mr. Bongo, junto al siguiente disco que la banda sacó dos años después, “The Return of the Incredible Bongo Band”.

Creado por un grupo de músicos de sesión de Hollywood que no tenían ni idea de lo que era dar un concierto en directo, el disco es una colección de instrumentales, a veces brillantes, a veces horrorosos, construidos a base de chirriantes metales, sicodélicos riffs de guitarra, teclados funky y percusiones dignas de cualquier banda de heavy.

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The Incredible Bongo Band – Apache

“Bongo Rock”, no obstante, es significativo por ser uno de los pilares musicales del rap. Aunque estas cosas son difíciles de medir con total seguridad, sí que se puede decir que ha sido uno de los discos más sampleados de la historia, si no el que más. Cualquier DJ que se precie, tiene este disco en su colección y los primeros compases de su pieza fundamental, una versión del sesentero “Apache”, es mano de santo para que la pista de baile se convierta en una cosa multitudinaria.

El “Apache” de los Bongo Band ha sido reciclado continuamente en las canciones del rap durante años. Sin ir más lejos Missy Elliott ha ganado un premio de la MTV este año con su canción “We run this”, cuyo argumento central se basa en ella. Y si hacemos caso a Kool Herc, el pionero estilista al que muchísima gente considera como el padrino de éste género musical, “Apache” puede ser considerado como el himno nacional del hip-hop.

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Missy Elliott – We run this

La historia de “Bongo Rock”, sin embargo, comenzó mucho antes del que el hip-hop naciera en Nueva York. Y lo hizo de la mano de Michael Viner, un chico blanco que trabajaba para el senador Robert F. Kennedy. Cuando a éste le asesinaron en 1.968, Michael se asoció con un futbolista americano reconvertido en actor y volvió a la industria cinematográfica, que era donde él había dado sus primeros pasos como currante. Se fue haciendo sitio a codazos rápidamente, hasta que se hizo cargo del departamento musical de la Metro Goldwyn Mayer, donde pudo trabajar con Franky Avalon, Sammy Davis Jr. o el mismísimo Frank Sinatra.

Michael era un gran amante de la música, pero aunque Dios no le había dado dotes para ser un gran instrumentista, lo que sí hizo siempre divinamente fue rodearse de gente de mucho talento musical. Y así fue como reunió un grupo para la banda sonora de una película malísima pero muy provocadora, protagonizada por su socio Roosevelt Grier y Ray Milland, que eran una cabeza negra y una blanca respectivamente, unidas a un solo cuerpo. Se grabaron dos piezas instrumentales, “Bongo Rock” y “Bongolia”, que además de en el LP de la banda sonora de la película, se editaron como single y alcanzaron un éxito inmediato.

Es curioso como la compañía discográfica, para las siguientes ediciones del single, se gastó una pasta en sesiones fotográficas para que este casi ficticio grupo apareciese en la portada en todo su esplendor. Sin embargo, cuando la gente comenzó a ver a Michael y a tantos otros chicos blanquitos en la banda, dejó de comprar el disco. Así que hubo que volver a sacarlo con su genérica portada negra original.

En vista del éxito, procedía grabar un LP completo. Y comenzar la historia de los dos percusionistas de los que os hablaba al principio. De acuerdo con su nombre, The Incredible Bongo Band, el núcleo de la banda, además de Michael, eran dos poderosísimos percusionistas. Por una parte estaba King Errisson, que tocaba el bongo y la conga, y que desde tocar limbo para los turistas de su Bahamas natal, había saltado a hacer lo mismo en los hoteles de Miami y posteriormente había llegado a Nueva York a tiempo de vivir la escena jazzística de los primeros años 60, donde se hizo amigo de Cannonball Adderley y Miles Davis. Cuando la Motown se mudó desde Detroit a Los Angeles, King se mudó allí también con un contrato en dicha discográfica que le permitió ser músico de sesión en casi todos los discos que desde entonces grabaron los Temptations, los Four Tops, los Jackson 5 y las Supremes.

Mi educación musical real tuvo lugar en Los Angeles, que es donde estaban los mejores músicos del mundo. Ese era mi universo. Yo hacía cuatro o cinco sesiones al día con artistas diferentes. Y si tú no aprendes nada así es que la música no es lo tuyo.

El batería de la Bongo Band era Jim Gordon, al que todos recuerdan mucho más porque también formaba parte del grupo Derek and the Dominoes. Seguramente habrás oído innumerables veces la canción “Layla”; pues el piano que suena en la parte final lo toca él, y además Jim Gordon fue co-autor de la canción junto a Eric Clapton. A Jim además podemos oírle en incontables discos de, entre otros, John Lennon (en el “Imagine”), George Harrison, Traffic, Frank Zappa, Steely Dann, los Monkees… un músico absolutamente increíble.

Bueno, pues cuando salió, el disco “Bongo Rock” no se comió el mundo ni mucho menos, más bien fue el mundo quien se lo comió a él, y pasó muy desapercibido. La banda se metió en los estudios para grabar otra cosa, a ver si al tener canciones menos conocidas, era más fresca y funcionaba mejor, y grabaron “The Return of Incredible Bongo Band”… pero la cosa fue todavía peor.

En vista de lo cual, la aventura terminó y la banda se disgregó; bueno, se disgregaron los tres o cuatro miembros estables, porque los demás eran músicos de sesión que les rodeaban. King Errisson comenzó entonces su trabajo con el grupo de acompañamiento de Neil Diamond, y ahí sigue todavía.

Jim Gordon, por su parte, se sumergió de cabeza en la faceta más tópica del mundo del rock. Después de años de vida entre lujos y de mantener su reputación como músico de confianza, pasó a ser famoso como uno de los drogadictos más tirados. Dejaron de llamarlo para tocar en sesiones y comenzó a obsesionarse con voces que oía en su cabeza. Después de una serie de episodios violentos y de ingresar voluntariamente una temporada en una institución psiquiátrica, en 1.983 asesinó a su madre con un cuchillo, porque la suya era una de las voces que le atormentaban en su mente. Desde entonces está ingresado en el Hospital de Salud Mental de Atascadero (que también tiene cojones el nombrecito del sitio), y sobrevive sin demasiados problemas gracias a los royalties de sus canciones, sobre todo de “Layla”.

Saltamos atrás en el tiempo y volvemos a 1.972, donde un joven jamaicano del Bronx, al que solían contratar como DJ en toda clase de fiestas bajo el nombre de Kool Herc, descubrió el “Bongo Rock” a través de otro DJ amigo suyo. Él ya había escuchado el single y le había gustado mucho, pero esa canción… “Apache”… era otra cosa. Como ya has escuchado, comienza con King Errisson y Jim Gordon aporreando los tambores en equipo, y va ascendiendo como un despliegue de fuegos artificiales con estallidos del órgano, los metales y la guitarra surfera, explotando en una lluvia de ritmos del bongo y la batería. Kool Herc usaba esta canción para llenar la pista de baile.

La técnica de Kool, por la que era tan apreciado como DJ, consistía en poner varios discos en varios platos a la vez e ir haciendo sonar partes de ellos uno por uno (lo que él bautizó como Merry-Go-Round). Esto evolucionó cuando se compró varias copias de ciertos discos, lo que le permitía extender las partes percusivas de las canciones indefinidamente a través de las manipulaciones que iba haciendo con los platos giradiscos, creando loops percusivos hipnóticos. El “Bongo Rock”, principalmente “Apache”, aunque también otras de sus canciones, fue el primer disco que usó para hacer esto. Otros DJs fueron copiando y mejorando su técnica, usando breakbeats, cuando comenzaron a conocerse los samples, para rodear las canciones, las melodías y los gritos de los MCs… El rap había nacido.

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Sugarhill Gang – Apache

Desde entonces, el “Bongo Rock” no ha estado lejos del alcance de los manipuladores musicales. Siguió la versión rap que Sugarhill Gang hizo del “Apache” en 1.981, y luego LL Cool J, Moby, Nas, e incontables otros artistas. Pero el encanto de “Apache” ha obsesionado también a los fans. El año pasado, Michelangelo Matos, un escritor musical, recopiló una historia de la canción, trazando su evolución desde la primera versión conocida (muy dulce y suave) en 1960 del guitarrista inglés Bert Weedon; a través de otras versiones mucho más vivas, como la de los Shadows, los Ventures o el guitarrista danés Jorgen Ingmann, que la llevó al número uno de las listas de medio mundo (incluidos los USA); hasta las modernas versiones sampleadas de la actualidad.

El renacimiento musical de la Bongo Band trajo, lógicamente, olor a dinero. Según el contrato original, la Metro Goldwyn Meyer se embolsaba todos los dólares que produjesen los derechos de las grabaciones durante los primeros ocho años, pasados los cuales, éstos pasarían a Michael Viner. Pero durante ese tiempo la compañía había vendido, comprado y vuelto a vender los derechos, por lo Michael tuvo que hacer un verdadero trabajo detectivesco para poder reclamar su propiedad, la cual no pudo asegurarse hasta 1.990. Pero seguir el rastro a los incontables pirateadotes del disco, así como a los centenares de músicos que han usado las canciones para sus samples, y exigirles el pago de los derechos es otra cosa muy distinta.

Lo que estoy intentado es que desaparezcan del mercado las grabaciones ilegales, aunque no estoy teniendo mucho éxito. Y es que entre ellas hay cosas increíbles. Mis favoritos son los discos que nunca hicimos. Por ejemplo ”Vincent Miner’s Incredible Bongo Band Promo CD”, una cosa sorprendente; o el disco “Killer Funk”, con nuestro nombre de Incredible Bongo Band, que en eBay se está vendiendo a 80 dólares, y que en realidad es una reedición del “Bongo Rock” que hizo en el año 2.000 un sello inglés que ya no existe, por la que nunca pagó derechos.

Michael Viner incluso contrató a gente para que siguiese los rastros de los pagos por el uso de los samples en los casos en que se usó una parte sustancial de las grabaciones de la Bongo Band, pero ya ha desistido de seguir buscando. Los actuales artistas de rap pagan muy felizmente por el imprimatur que les da el uso de las grabaciones originales de la Bongo Band, no solo porque estén cargadas de historia, sino también porque son extraordinariamente funkies.

Y como nunca hay que perder una oportunidad de hacer negocio, Michael Viner ha reclutado una nueva versión de la Incredible Bongo Band, que actualmente está terminando de grabar un nuevo disco y planea dar bastante conciertos e incluso hacer amplias giras.

La formación no es la misma, lógicamente. No solo Jim Gordon está ausente, también Perry Botkin se retiró de las sesiones de alquiler para dedicarse a investigar en la música electrónica experimental en su casa. Pero en cambio está envuelto en el asunto el propio Kool Herc; y King Errisson, quien tocaba los bongos en la grabación original, también ha vuelto al frente en vista de que Neil Diamond se está tomando un año sabático y tiene tiempo disponible. Aunque esta vez tiene mucho más acusado el sentido del negocio.

En aquellos tiempos yo estaba demasiado ocupado y no prestaba atención al uno por ciento que Michael Viner me ofrecía de los royalties. Yo solo le decía de vez en cuando “Tío, págame”, y cogía lo que él me daba, ya sabes. Pero las cosas cambian, ahora no es lo mismo. Para el disco que estamos grabando tengo un contrato más ventajoso. Fifty-Fifty… así son las cosas.

El disco parece que estará lleno de buenas melodías y todos confían en él. ¿El título? Michael tiene muy claro como debe llamarse: “Sample it”.

EN LA CIMA DEL MUNDO

Normalmente, las conmemoraciones de gente ilustre suelen hacerse en la fecha de su nacimiento o en la de su muerte o, en casos relevantes, coincidiendo con la publicación de alguna obra cumbre. No es eso lo que aquí me interesa, porque, a ver, ¿qué hubo de especial en el nacimiento de Elvis Aaron Presley, el 8 de enero de 1935 en Tupelo? (aparte del hecho de que vino acompañado de un hermano gemelo que nació muerto, cosa que, incluso hoy en día, sigue siendo causa de especulaciones). Poca cosa, nadie hubiera pensado mucho en aquel mocoso que vino a nacer en una paupérrima familia de Mississippi. Tampoco es que haya mucho de especial en conmemorar su muerte. Artísticamente, Elvis llevaba muchos años de cuerpo presente antes de aquel dia, como un zombie deambulando por su escenario de Las Vegas, alicatao hasta el techo con todo tipo de sustancias.

Si yo tuviera que conmemorar algo, me gustaría recordar a Elvis donde estaba hace justo 50 años: en la cima del mundo. Empezó el año 1956 cantando aún en Festivales locales de Country, y lo terminó conquistando a todos los jóvenes de la era Einsenhower no sólo desde sus conciertos, sino, sobre todo, sus discos y sus apariciones en la tele y el cine. Llegado el mes de diciembre de 1956, incluso aquellos que habían estado todo el año insultandole desde la prensa, radio y televisión tuvieron que rendirse a la evidencia: Elvis era el tio más chulo que se contoneaba en todo el mundo y lo único que podían hacer era subirse al barco si no querían quedarse en tierra, en la conservadora America de Einsenhower.

Elvis comenzó el año 1956 con los nervios que suponía saberse el objeto del fichaje más caro de la industria discográfica hasta la fecha, nada menos que una cláusula de traspaso de 40.000 dólares que le vino muy bien a su antiguo productor discográfico, Sam Philips, para sacar adelante otros talentos en Sun Records, entre ellos Roy Orbison, Johnny Nash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins, quien llegó al número uno antes que Elvis, con “Blue Suede Shoes” (Zapatos de Gamuza Azul). Sin embargo, la tacañería de Philips acabó por ahuyentar de su sello discográfico a todo este talento pocos años después.

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Así que podeis imaginar los nervios de Steve Shoales, el ejecutivo de RCA que firmó a Elvis por la suma arriba indicada, cuando se lo llevó el 10 de enero a un estudio de Nashville y, en los primeros minutos, su joven talento no terminaba de entonarse. Hasta que empezaron a ensayar “I got a woman”, de Ray Charles, y todo el mundo empezó a respirar aliviado. En aquella primera sesión de enero, Elvis se pegó 10 horas en el estudio (otra cosa nunca vista para su productor, Chet Atkins, acostumbrado a sesiones de cuatro horas) y de allí salió aquel primer glorioso sencillo, “Heartbreak Hotel”, directo al número uno antes de que el mes terminase. Antes de terminar el año, cuatro sencillos más llegarían al mismo sitio, igual que su primer Lp para RCA en marzo, igual que el segundo en navidad.

Pero si Elvis se hubiera limitado sólo a los discos, posiblemente la historia se hubiera escrito de otra forma. El Colonel Parker adivinó pronto el potencial de la televisión y logró colar a su artista en “Stage Show”, el programa de los hermanos Dorsey que por aquel entonces tenía sólo una incipiente audiencia. Tras aquellas apariciones, los críticos de la prensa no dudaron en ensañarse con aquel cateto blanco que imitaba a los negros y bailaba como una stripper (les resultaba incomprensible que esa fuese la forma que tenía Elvis de entender la música). Nada de eso importaba: los chicos de todo el país se volvían locos con aquello. La pela es la pela y, llegado julio, tras la histeria despertada tras su aparición en los programas de Milton Berle y Steve Allen (en este último Elvis fue forzado a permanecer estático, vestido con frac, mientras le cantaba a un chucho) el mismo Ed Sullivan que se reía de él en febrero lo fichó para tres apariciones en su programa estelar, el de máxima audiencia en la época, por 50.000 dólares. Aunque cuando Elvis empezaba a menear la pelvis, la cámara siempre se iba hacia los Jordanaires…

Y, por supuesto, el cine. En julio, el Colonel ya le había firmado contrato para tres películas, la primera de las cuales, una del oeste denominada “Los hermanos Reno”, empezaría a filmarse en septiembre. Durante el rodaje, Elvis sorprendió al equipo con una balada que había escrito especialmente para la película, “Love me tender”, nada que ver con el rock muevecaderas de su repertorio. Pronto el Colonel lograría que el productor, Hal Wallis, rebautizara la película con el título de la canción. Tras su estreno, el 15 de noviembre, Elvis ya era una estrella del cine. Y eso que moría al final de la película…

En 1957 Elvis se metió de lleno en Hollywood con tres películas más, “Amándote”, “El Rock de la Carcel” y “King Creole”. Y de allí al servicio militar que, como muchos otros actores de Hollywood, podía haber evitado con sólo que el Colonel hubiera movido los cables. Pero al Colonel (presumiblemente un emigrante ilegal) no le interesaba pedir favores a las autoridades y en 1958 Elvis fue despachado a Alemania. Y nunca volvió a ser lo mismo. A partir de ahí, una sucesión de horrorosas películas y discos en declive (con buenos sencillos) le convirtieron en la figura icónica pero inerte que fue hasta su muerte. Ni siquiera cuando intentó un regreso a sus raices rockeras en 1963, vestido en cuero negro, fue capaz de capturar aquella magia de 1956.

¿Hubiera habido rock and roll sin Elvis? Seguro: Ike Turner, por citar sólo uno, llevaba años combinando ese sonido en sus directos. Y, no lo olvidemos, Bill Haley ya había tenido sus 15 minutos de gloria con “Rock Alrededor del Reloj”. Por no hablar de los nuevos talentos en Sun Records: Cash, Perkins, Orbison, Lewis. La pregunta es si alguno de ellos podría haber alcanzado el mismo impacto que el chico de Tupelo. ¿Cómo hubiera sido la historia del rock si el elegido para la fama hubiera sido, por ejemplo, Jerry Lee Lewis, con su predisposición a saltarse todas las leyes? Posiblemente sería más excitante…pero también más breve, y dudo que hubiera contado con la misma adhesión de la juventud americana. Americana y de todas partes. Sin ir más lejos, aquí en Sevilla, la llegada de los primeros discos de Elvis a nuestras emisoras de radio sirvió para que muchos de aquellos jóvenes dejasen de lado las tunas, o la música de Semana Santa, o la canción melódica, para intentar, al menos, recrear aquel sonido.

Sin duda, la historia de la música moderna sería distinta sin Elvis y aquel mágico año de 1956. ¿Mejor? ¿Peor? Decididlo vosotros mismos y ,entre tanto, no os olvideís que en el año 2006 siguen saliendo grupos magníficos. Alguno de los cuales, no puedo evitarlo, me sigue recordando a El Rey…

TU RETRATITO LO LLEVO EN MI CARTERA