¿NI SE COMPRA NI SE VENDE?

Matt Mullenweg estuvo hace poco en Sevilla, en el Evento Blog. Él es el creador de WordPress, una de los sistemas más fáciles y potentes de crearte tu blog, y que anteayer sobrepasó el número mágico del medio millón de usuarios, de los que Ambrosio y Carrascus forman parte desde el inicio del “Blogin’”.

Como veis, hay tal cantidad de blogs en el mundo que difícil sería encontrar algún tema del que no haya alguno que se ocupe. En España también, claro. Y hace un par de semanas, el webmaster de un blog que se dedica a revolver en buscadores de todo tipo (“OJObuscador”), estuvo enredando en la Oficina Española de Patentes y Marcas, más concretamente en un localizador que tienen para que puedas acceder a través del ciberespacio a la lista de nombres que se encuentran registrados. Algo muy útil para ahorrarte tiempo y esfuerzo si quieres registrar algún nombre tú mismo y quieres comprobar si alguien se te ha adelantado.

Pues se puso manos a la obra y buscó si estaba registrada la siguiente entrada: “BLOG”.

La sorpresa que se llevó fue mayúscula. El nombre “blog” tiene dueño porque el 2 de junio de este año se presento una solicitud. Y lo ha comprado ni más ni menos que SOGECABLE.

La luz roja de alarma salta cuando te pones a pensar que una gigantesca empresa mediática como el Grupo PRISA, poseedora ya, entre otras además de Sogecable, de “El País”, “Cuatro”, “Digital +”, “Cadena Ser”… quiere apoderarse también de todo lo que tenga que ver con Blogs en Internet y con eventos relacionados con Blogs.

Pasado el sobresalto inicial, y después de leerse con tranquilidad la letra pequeña de la licencia otorgada por la Oficina de Patentes y Marcas, vemos que la palabra ha sido registrada para dos cosas: para uso en telecomunicaciones, en especial servicios de emisión de programas por radio y televisión; y para uso en Educación, entendida como tal, la formación, el esparcimiento y las actividades deportivas y culturales, en especial los servicios de producción y montaje de programas de radio y televisión y la producción de películas.

Uuuufff… suspiro de alivio. Como en realidad la ley (menos mal) impide que alguien pueda registrar una marca que carezca de carácter distintivo o sea meramente descriptiva del producto o servicio que representa, la marca “Blog” que ha solicitado Sogecable tiene elementos gráficos que contribuyen a que sea distintiva y se ha solicitado para unos servicios de telecomunicaciones, que es a lo que esta empresa se dedica.

Lo que Sogecable ha registrado es esto:

Mirando el logo, vemos que es muy similar al de la cadena de televisión “Cuatro”, por lo que no es descabellado pensar que piensan usarlo para algún programa en ella… ¿tal vez alguno en el que le den vidilla a los blogers…? Despierta Carrascus…!

Así que ni Sogecable es dueña de todos los blogs ni pretende apropiarse jurídicamente de una palabra que tiene un determinado significado… mira que somos malpensados…!!!

Lo que pasa es que aunque esos artículos (el 38 y el 41) en los que han registrado la marca “Blog” dicen que es en especial para la televisión, ese “en especial” deja una puerta abierta a que pueda influir también en muchas más cosas, y eso de “uso en telecomunicaciones”… ¿Internet no es telecomunicación….?

Así que otro intrépido bloger (Blogespierre), para tranquilidad de todos está ahora mismo inmerso en la burocracia necesaria para ser él mismo quien registre la palabra “blog” simple y llana. Ni asociada a gráficos, ni en conjunción con otros campos aplicativos ni desinencias algunas… va a intentar registrar el genérico en sí: Blog.

Si las cosas son como deben ser y no como son algunas veces, la Oficina de Patentes tendrá que denegarle la solicitud amparándose en la ley ésa de las que os hablé más arriba. Y si no es así, y la admiten a trámite habrá un plazo de dos meses para que alguien se oponga a dicho registro… y entonces veríamos si Sogecable se queda calladita o se quita la máscara y se opone, enseñándonos el plumero.

Por cierto, que Blogespierre ha firmado un contrato en su blog en el que se compromete, si le patentan la palabreja, a no hacer uso de su derecho contra todos los sufridos blogers que nos dejamos los deditos en las teclas.

Al final, seguro que todo queda en mucho ruido y pocas nueces, y yo, desde ahora mismo, ya tengo clarísimo que aunque alguien registre “BLOG”, no nos veremos afectados ninguno de nosotros, pero no me gusta nada (pero nada de nada) la idea de que Cuatro se ponga a emitir un programa casposo que se llame “Blog” o algo por el estilo, y se distorsione tanto el concepto que todos los que nos dedicamos a ésto comencemos a ser considerados de la misma forma en que se considera a los mostrencos que participan en “El Gran Hermano”.

LA NOCHE DEL MUERTO VIVIENTE

Hagamos una cosa. Imagínate por unos momentos que eres un señor de 76 años que se llama PAUL VANCE, y que estás en tu casa tranquilamente viendo el telediario.

De pronto, sale una noticia en la que sobre un rótulo que dice que has muerto oyes al locutor contando como el autor de la famosa canción de 1.960 “Itsy Bitsy Teenie Weenie Yellow Polka Dot Bikini” ha muerto en su casa de Florida.

…Pues igual de aturdido que tú se quedó este señor.

Hace unas pocas semanas la Associated Press, la más importante agencia de noticias de Estados Unidos, envió a sus suscriptores un obituario citando a su esposa como fuente de la información. Y la noticia la dieron todos los telediarios y periódicos del país.

El obituario era por el fallecimiento del señor Paul Van Valkenburgh, vecino de Connetticut, y en él se decía que había escrito la canción bajo el nombre de Paul Vance.

El Paul Vance verdadero se pasó varios días atendiendo las llamadas de sus nietos desperdigados por el mundo y de sus amigos más cercanos que llamaban para preguntar qué había pasado y para dar el pésame. Tanto él como sus hijos están que echan humo ante esta irreal situación. Incluso dos caballos de carrera que posee fueron retirados de la competición porque los organizadores creyeron que había muerto.

Todo se aclaró cuando comenzaron las pesquisas y se descubrió que el difunto había estado engañando a su familia durante toda su vida.

Rose Leroux, la viuda de Van Valkenburgh, no se pone al teléfono, pero le ha dicho a Associated Press que está devastada por esta revelación, y que durante los 32 años que ha estado casada nunca ha tenido motivos para dudar de su marido. No le había extrañado que nunca recibiese royalties porque él le había contado que vendió los derechos de la canción a su empresa editora cuando era joven.

Con lo cual llegamos al verdadero meollo del asunto: los royalties.

Porque como habréis comprobado ahí arriba, la canción tiene un título que no hay por donde cogerlo (e imposible de escribir más de una vez), y musicalmente no es que sea la octava maravilla del mundo… pero…

Cuando Paul Vance la compuso, inicialmente la grabó Brian Hyland, un ídolo de las jovencitas que la convirtió en número uno en todo el país. Eso fue en 1.960. Pero posteriormente la cancioncilla no quedó como mero single de moda, sino que ha sido rescatada continuamente por innumerables artistas que la han versionado, y ha formado parte de muchas bandas sonoras de películas, comenzando ya en el mismo año de su salida con “Uno, dos, tres”, aquella delirante obra de Billy Wilder sobre la coca-cola y los comunistas, o “Sister Act 2”, o “La venganza de los novatos”, en la que el grupo Devo la llenó de electricidad.

Y además, desde hace muy poco tiempo se puede oír hasta la saciedad porque es la música del anuncio del yogurt “Yoplait” en los USA.

Todo ésto ha hecho que la canción haya generado millones de dólares y sea la máquina de hacer billetes de Paul Vance desde hace más de 40 años. Por lo que está considerando la posibilidad de emprender acciones legales en respuesta a las noticias sobre su muerte, ya que está particularmente preocupado además porque las compañías de fuera de los Estados Unidos que gestionan los derechos de su canción dejen de enviarle los correspondientes cheques, confundidos con su fallecimiento.

Y es que ni el dolor de tus nietos al llamarte para ver si estás vivo, ni el cansancio de responder llamadas alarmadas contando siempre la misma historia, ni el pesar del shock que supone verte muerto en el telediario… desengáñate, son nada comparado con la desconfianza que el mismo Paul Vance contaba a Associated Press:

“Créame oiga; si estos piensan que estoy muerto… ¿usted cree que van a seguir enviando dinero…?”

EVEN BETTER THAN THE REAL THING

La otra noche, mientras disfrutaba en “Casas Viejas” de la música que pinchaba DJ Gema, sonó la canción “Tainted Love” cantada por una mujer. Entre el grupito que en ese momento charlábamos entre cerveza y cerveza se estableció una animada charla sobre esta canción, que todos creían que era original de Marc Almond porque éste la lanzó a la fama cuando formaba parte de los Soft Cell. Sin embargo la versión original de la canción es de 1964 y la cantaba GLORIA JONES.

Esta chica, Gloria, más que por esta canción, es conocida por haber sido la novia de Marc Bolan, con quien incluso tuvo un hijo, y todavía más por haber sido la causa involuntaria de la muerte de éste, ya que ella era quien conducía el Austin Mini cuando se estrelló contra un árbol provocando la muerte instantánea de Marc Bolan, que viajaba en el asiento del copiloto.


Gloria resultó también bastante malherida, pero logró salir adelante. La acusaron de imprudencia al volante y de conducir bajo los efectos del alcohol, pero ella siempre ha dicho que lo que le ocurrió es que uno de los tacones de sus zapatos se enredó entre los pedales y no pudo pisar el freno al tomar la curva mortal. De todas formas el juicio nunca se celebró porque ella huyó inmediatamente a Estados Unidos, su país de origen, y nunca más volvió a pisar Inglaterra.

Al hilo de esta canción, se me ocurrió pensar que hay bastantes más que son mucho más conocidas en las versiones que las lanzaron al éxito mundial que en su versión original, que en muchos casos el público normal ni siquiera sabe que existen. Hoy nos vamos a ocupar aquí de algunas de ellas, de las más famosas. Por ejemplo ésta otra que habréis oído infinidad de veces en la voz de Nilsson.

Las historias apócrifas siempre han contado que los autores de “Without you” se suicidaron porque no podían soportar que una canción que habían escrito ellos y que con la que tanto confiaban alcanzar el éxito hubiese triunfado de esa forma en manos de otro cantante tan solo un mes después. Puede que algo tuviese que ver este hecho en unas mentes tan poco equilibradas, pero lo cierto es que había mucho más mar de fondo en sus suicidios.

Los autores de la canción eran Peter Ham y Tom Evans, los dos miembros principales del grupo BADFINGER. Esta banda fue una de las primeras en firmar por el sello Apple, y fue una de las protegidas de los Beatles, quienes incluso les cedieron una canción en sus inicios.

Badfinger adquirió bastante renombre y encadenó cuatro éxitos consecutivos, sin embargo el caos que imperaba en Apple Records que, como ya sabéis, terminó llevando a la bancarrota a la
discográfica y haciendo de sus beneficios una tarta que prácticamente se comieron la legión de abogados de unas partes y otras, hizo que Peter y Tom y el resto de los miembros del grupo estuviesen malviviendo sin ver apenas una libra de royalties ni de liquidaciones por ventas de discos y conciertos. Hasta tal punto que tuvieron que cambiar de compañía discográfica. La Warner les trataba bastante mejor, pero su anterior situación con Apple no solo no les reportó ingresos sino que les dejó inmersos en un mar de deudas, que se estaban comiendo sin parar los ingresos que les reportaba su nueva situación.

Harto de ver que tras años de trabajo seguía empobrecido, inmerso en continuas batallas legales y sin posibilidad de ingresos a corto plazo, porque el dinero se desvanecía al mismo ritmo que lo ganaban… y ahora encima estaba esperando un hijo, Peter Ham tomó la decisión de ahorcarse en el garaje de su casa, en abril de 1.975.

Badfinger siguieron como grupo sin él, pero el éxito les era ahora mucho más esquivo, y como los conflictos legales estaba demostrado que serían insolubles y los enfados internos entre los miembros de la banda eran cada vez mayores, después de una agria disputa telefónica con el guitarrista Joey Molland, Tom Evans siguió el camino de su amigo Peter y también se ahorcó siete años más tarde.

No fue “Without you” la única canción que Harry Nilsson llevó al éxito y que todo el mundo pensaba que era suya. Hay otra, incluso más conocida todavía que saltó a la fama después de formar parte de la película “Cowboy de medianoche”. Sin embargo, la versión original de “Everybody’s talkin’” es de FRED NEIL.

Fred Neil es prácticamente un desconocido voluntario, que abandonó la notoriedad del negocio musical cambiándolo por la sutil satisfacción de investigar y comprender a los más intrigantes habitantes del océano: los delfines.

Sus primeros pasos fueron anteriores al despertar de la escena folk floreciente en el Greenwich Village, por eso allí él era ya un cantautor conocido, una celebridad local que tenía de telonero en sus actuaciones a un chico que empezaba entonces y que alcanzó la fama que él nunca tuvo, un chico que se hacía llamar Bob Dylan.

Stephen Stills reconoce que aprendió a tocar la guitarra con él, y también sabemos que Fred fue quien convenció para que se dedicase a componer y cantar a su amigo Gram Parsons.

La retirada de Fred Neil con un último disco en directo coincidió con el ascenso al estrellato de su canción “Everybody’s talkin’”, un clásico del underground, que escribiese en 1966, y que todos conocemos de forma casual, ya que John Schlesinger no iba a incluirla en su película. Él le había pedido a Bob Dylan una canción para “Cowboy de medianoche” y éste había prometido que se la compondría, pero sus continuos compromisos como estrella del rock hacían que siempre lo postergase para otra ocasión. Llegó un momento en que a causa del montaje de la película ya se hacía urgente tener la canción, por lo que Schlesinger se la pidió a Nilsson. Pocos días después, ya tarde, se presentó Bob Dylan ofreciéndole la canción que había compuesto para el film, era “Lay Lady Lay”.

No es nada nuevo que una canción alcance su máxima notoriedad por estar incluída en la banda sonora de una película de muchísimo éxito. Lo mismo ocurrió con esta otra.

Todos conocéis “I will always love you” porque Whitney Houston la cantaba en “El guardaespaldas”, la película que tanto éxito tuvo en 1.992, e incluso la mayoría de la gente piensa que era una canción suya compuesta para tal ocasión.

Sin embargo la propia película nos daba una pista de que ésto no era así. Si recordáis, hay una escena en un restaurante barato entre ella y Kevin Costner, en la que están escuchando e incluso creo que llegan a bailar una canción que estaba sonando. Era una canción country (el estilo preferido de Kevin en la peli) que estaba cantando John Doe, un músico que comenzó siendo una especie de icono del punk junto a Exene Cervenka, en el grupo X, antes de dar uno de los giros más inesperados de la historia de la música y convertirse en cantante de country.


La canción que escuchaban era “I will always love you”, y luego Whitney la canta ella misma como guiño de amor a su guardaespaldas. Pero el original es de DOLLY PARTON, y curiosamente también fue usada en otra película unos años después de que ésta la compusiese. No tuvo tanto éxito como “El guardaespaldas”, pero seguramente la conoceréis casi todos vosotros, se llamaba “La casa más divertida de Texas”.

Otra especialista en convertir en éxitos las canciones ajenas es Deborah Harry. Más o menos todos sabéis que “The tide is high” era una canción reggae. Seguramente conoceríais menos a su autor, John Holt, de The Paragons, el grupo que la editó en primer lugar, pero sí que sabríais que la grabación de Blondie era una versión. No ocurre lo mismo con otras canciones, que a menudo asumimos que son originales de esta banda.

“Denis” fue el único éxito mediano que tuvo una banda llamada RANDY & THE RAINBOWS, formada por los hermanos Safuto y los hermanos Zero. En los primeros años 60 grabaron algunos discos en tono duduá y después poco más se supo de ellos.

Mucho más conocidos y prestigiosos son los componentes de THE NERVES, que cantaron la versión original de “Hanging on the telephone”. Eran tres: Jack Lee, Peter Case y Paul Collins. Éste último ha dado en Sevilla más de un concierto memorable, el último de ellos en plan acústico, sobre el escenario solo él con su guitarra (¿y su armónica también? no recuerdo bien) que abrió con una briosa versión de esta canción. Aunque no fue él su autor, sino Jack Lee.

Una pequeña gema del power pop que tenía su brillo empañado hasta que Blondie la incluyó en su maravilloso tercer disco, “Parallel lines”, acompañada de otra composición de Lee, “Will anything happen?”.

También he oído en directo en Sevilla la versión original de la siguiente canción. Aunque el grupo vino al salón de reuniones de CC.OO. (que años después se convertiría en el “Roll Dancing”) ya casi a finales de los 70 y de su formación original solo quedaba el líder Reg Presley, THE TROGGS todavía mostraban facetas de las que les habían llevado a ser el grupo de Rythm & Blues inglés más crudo de los años 60. Seguro que casi todos sabréis que de ellos es la famosísima “Wild thing”. Pero también es de ellos esta canción, que en la interpretación de Wet Wet Wet, recorrió con éxito el mundo entero tras salir de la película “4 bodas y un funeral”.


Según Ambrosio, el guionista de esta película, Richard Curtis, debe tener alguna extraña fijación con este “Love is all around”, porque años después, volvió a usarlo en otra película en la que además de hacer el guión también hizo su debut como director, “Love actually”. Aquí era esa canción que el rockero en declive graba para el mercado navideño con tanto éxito.

Y quiero terminar con algo que sí que os va a sorprender del todo. La canción con la que “El Rey” volvió a las listas de éxito en 1969 después de cuatro años de relativo ostracismo.

MAC DAVIS, era amiguete de Buddy Holly; se conocían desde pequeños porque los dos eran de Lubbock (Texas), y se animó a convertirse en compositor y cantante cuando vio a su amigo compartiendo escenario con Elvis.


Aunque durante su carrera discográfica Mac Davis era prácticamente el único cantante de country que hablaba de temas sociales criticándolos abiertamente (no hay más que ver la letra de “In the ghetto”), nunca tuvo un gran éxito y la mayoría de sus ganancias provenían de los royalties que lograba a través de las interpretaciones de sus canciones por otros artistas. Sus temas principales eran ésos y las canciones de amor inspiradas en su mujer. Aunque ésta no le pagó con la misma moneda ya que terminó por abandonarlo e irse con Glen Campbell, otro de los que solían cantar las composiciones de su marido… se ve que en su voz le sonaban mucho mejor…

É PROIBIDO PROIBIR

A medida que se acerquen las navidades comenzarán a aparecer las listas de mejores discos del año y los resúmenes con los mejores momentos de los 365 días pasados. Estoy seguro que en muchos de ellos se hablará de “Tropicalia. A Brazilian Revolution in Sound”, un disco recopilatorio de música brasileña de los años 60, que ha surgido al amparo del vistazo hacia atrás de la nueva progresía brasileña, y por extensión, mundial. Esta recopilación solo nos muestra la banda sonora de una época… pero la magnitud de esa revolución fue mucho mayor.

Una gran parte del arte más radical de los años 60 y 70 no está en los museos, o lo está solo de forma residual, como el confeti que queda esparcido después de una gran fiesta. Y esto ocurre sobre todo cuando el arte se basa en acciones e interacciones más que en objetos.

“TROPICALIA” fue una de esas artes, muy fugitiva, además. Apenas floreció durante tres años, entre 1967 y 1969.

null“Tropicalia”, o el Tropicalismo, como también se denominó, no fue tanto un estilo o un movimiento como una atmósfera, un flujo de juventud, cosmopolitismo y liberación optimista que iluminó al Brasil como un baño de sol y se reflejó en todo: arte, música, moda, cine, teatro, literatura… como fue un todo hecho de muchas partes, algunos de sus elementos, como el arte y la música pop, conectaban solo oblicuamente. Unió la cultura brasileña con la cultura global en una combinación sin apenas digerir.

Casi instantáneamente comenzó a crecer una cosecha de incipientes híbridos: el rock psicodélico americano se convirtió en compañero de cama de la samba, que a veces hacía cama redonda con la música concreta de vanguardia, loops, experimentos con el sonido… la resistencia política se mezcló con el placer, el arte brasileño con el arte internacional. El nuevo crecimiento fue denso y estaba por todas partes, uno podía mirarlo, escucharlo, sentirlo, respirar su perfume, vivir dentro de él.

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O también podías elegir no hacerlo. Por dos motivos; el mejor, porque te resultase incomprensible; y el peor… porque te resultase amenazador. Y este era el caso de las autoridades militares que por entonces detentaban allí el poder. Para ellos representaba un peligro claro y presente. Los militares no daban ninguna opción, caían como una losa sobre cualquier tipo de subversión, como ya habían demostrado acabando radicalmente a principios de 1.968 con las protestas estudiantiles, asesinando en plena protesta a tres de los manifestantes. Quizás para congraciarse un poco dejaron que la fiesta tropical continuase durante algún tiempo, pero luego la prohibieron. Para el nacimiento de la nueva década, “Tropicalia” estaba definitivamente terminada, y solo quedaban retazos de ella tras de sí: fotos, películas, discos, manifiestos, y frágiles piezas artísticas. Y el caso es que políticamente “Tropicalia” fue una corriente opositora pero sin ser ideológica, más bien podríamos decir que abarcaba muchas ideologías.

El nombre de “Tropicalia” provenía de una obra de Helio Oiticica, una figura líder de la vanguardia brasileña, que ya murió en 1.980 con 43 años, y que solía pintar cuadros abstractos de clara inspiración en Mondrian, y experimentaba también con materiales efímeros y formas táctiles. Este hombre huía de las galerías de arte y prefería exhibir sus obras dentro del entorno habitual de la gente, de forma que los que la veían pudiesen participar también. En 1.967 realizó una exposición enorme en la que mezclaba toda su obra con elementos muy brasileños, consiguiendo una abstracción modernista muy exótica y estimulante sensorialmente. A la exhibición tan funky y destartalada que consiguió, le puso de nombre “Tropicalia”.

Y ese fue el principio.

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Helio Oiticica también fue muy explícito sobre la música que tenía que sonar en su exhibición; canciones de Gilberto Gil y Caetano Veloso, dos de las jóvenes estrellas musicales más importantes del país; sobre todo comenzaba a ser especialmente popular el ensoñador Veloso, que unos meses más tarde, en un claro reconocimiento a Oiticica, tituló su disco con el nombre de “Tropicalia”, y en el proceso también dio el nombre a un intenso momento de la cultura pop brasileña.

A partir de entonces mucha gente se asoció enseguida con “Tropicalia”, sobre todo con su música, que combinaba el bossa-nova, con el pop europeo y americano y el material tradicional brasileño, para envolver unas letras totalmente anti-sistema. Aparecieron otros viajeros tropicalistas como Gal Costa, una antigua estilista del bossa-nova, ahora vestida como Little Richards y cantando como Janis Joplin; Os Mutantes, los sofisticados anarquistas musicales que años después Kurt Cobain quiso, sin conseguirlo, llevar de teloneros de Nirvana en sus giras; o Tom Zé, el primer vanguardista original brasileño, que también años después consiguió notoriedad mundial al salir de gira junto a los post-rockers supremos, Tortoise.

Y pronto comenzaron a aflorar las tensiones. A pesar de, o a causa de su popularidad, “Tropicalia” comenzó a arder por los dos extremos de su espectro político. Para la izquierda, su éxito comercial era profundamente sospechoso, y su adhesión al hedonismo como forma de subversión, reaccionaria. Incluso Helio Oiticica comenzó a apartarse porque compartía este pensamiento.

Para la derecha la cosa era mucho más simple: “Tropicalia” era parte de un impulso revolucionario internacional, y había que echarlo abajo. Cuando Caetano Veloso y Gilberto Gil comenzaron a dar conciertos desplegando en el escenario una enorme pancarta diseñada por Oiticica, en la que se podía leer “Sé un fuera de la ley. Sé un héroe”, pronto fueron detenidos, encarcelados y posteriormente exiliados.

Y ese fue el fin.

Caetano Veloso se convirtió en una celebridad internacional, que fue suavizando los filos de “Tropicalia” mientras procuraba mantener libre su espíritu, y Gilberto Gil, con el tiempo, se convirtió en Ministro de Cultura de Brasil, y de vez en cuando invoca a “Tropicalia” como modelo a seguir pero permaneciendo bastante ambiguo sobre como definir su política.

La ambigüedad que siempre existió, y el rechazo de dogmatismo, abrieron el camino para el activismo carnavalero colectivo que prima en la actualidad, que corre paralelo con un cierto “intervencionismo” político en el mundo de las artes de hoy en día, muy sesgado a la izquierda, que alude continuamente a las injusticias sociales de las que el Tropicalismo nunca fue consignatario.

Visto con la perspectiva de los años, “Tropicalia” es un arte de gestos, no congelado en el tiempo, sino repetido y traducido de forma diferente por cada uno de los que nos acercamos ahora a él. Si congeniamos con el arte, éste será algo; si no lo hacemos, no será nada. Su creación es nuestra responsabilidad.

KLAATU BARADA NIKTO

A Ambrosio ya le dediqué un post. Así que éste va por su amigo, el que descubrió la música moderna junto a él oyendo ésto:

En Febrero de 1.977 el “Providence Journal” de Rhode Island publicaba un artículo llamado “Could Klaatu be the Beatles? Mystery is a Magical Mystery Tour”, en el que el periodista Steve Smith jugueteaba con la idea de que el disco del que hablaba pudiese haber sido grabado por alguien que nadie se esperaba:

“He oído un refrescante nuevo disco que suena increíblemente beatleliano… sus nombres son mantenidos en secreto por Capitol Records y Frank Davis, su representante… pero ¿por qué Capitol invertiría en unos “desconocidos”?… el disco de Klaatu nos devuelve recuerdos de los Beatles en cada canción… “Sub Rosa” suena como los Beatles de 1968/69, la voz es exactamente como la de McCartney, la batería como la de Ringo, y las guitarras suenan igual que las de George y John… “Doctor Marvello” suena igual que el George Harrison de “Blue Jay Way”, con el resto de los Beatles respaldándole, junto a notas de sitar y efectos de cinta hacia atrás… otras canciones tienen los ye-ye-yés y otras inequívocas armonías… ¿Son los Beatles?”…

Y así comenzó uno de los rumores más famosos de los años 70 en el mundo del rock, una leyenda que ayudó a acrecentar tanto como a destruir la carrera de un trío de músicos de Canadá, que daban a conocer su talento bajo el nombre de KLAATU.

John Woloschuk, Terry Draper y Dee Long firmaron un contrato con Capitol records a mediados de los ´70. Su primer disco, el que a través del hilo musical despertó en Ambrosio y su amigo el apetito por el pop, se editó en Agosto del 76 y despertó tan poca expectación que para Navidades ya estaba en los cajones de las rebajas de las tiendas de discos.

Una de las versiones de la leyenda dice que los Beatles grabaron el disco en 1966 y que había permanecido misteriosamente olvidado hasta que lo recuperaron en 1975. Cuando lo encontraron, se decidió que el disco se editaría en el sello americano de los Beatles, que era Capitol. El único problema era que los Beatles querían que la música siguiera siendo de su propiedad, y con los continuos problemas legales que tenían en aquel momento tenía poco sentido enfocar la atención hacia ellos. Por tanto, para evitar que la prensa y los fans llegasen inmediatamente a cualquier conclusión con respecto a su música si sabían que los Beatles estaban envueltos, éstos pidieron que el disco fuese editado sin créditos personales ni indicación alguna de quienes tocaban o habían escrito las canciones.

La pega que se le puede poner a esta leyenda es que por una parte los Beatles no querían que sus nombres (individuales o colectivo) estuviesen conectados a este disco, pero por otra parte sí querían dejar pistas presentes en él para demostrar que era de ellos. Tiene poco sentido, ¿no?. Pues explicádselo a los fans de los Beatles, que como ya ocurriese con la famosa leyenda de “Paul está muerto”, empezaron a encontrar toda clase de disparatados indicios que demostraban que Klaatu eran sus ídolos escondidos. Por supuesto, algunas de las pistas son inmediatas: Klaatu editan el disco en Capitol, que es el sello donde los Beatles editan sus discos en los USA… el que no hubiese créditos de ningún tipo sugiere que hay un grupo de personas que no quieren ser conocidos… igual que la falta de fotos y de cualquier clase de material promocional. Por supuesto, la música tiene una brillante calidad musical reminiscente de la de los Beatles y las letras tienen la fantástica y caprichosa imaginería musical que repetidamente muestran las canciones de Lennon & McCartney… Y después de ésas, las “pistas” ya empiezan a ser más rebuscadas cuando no francamente enfermizas, hasta el punto de encontrar señales en Morse en una de las canciones.

Irónicamente, el rumor de que los músicos del disco no pusieron su nombre a propósito para que de esa forma “fuese la música la que hablara por sí misma” es exactamente lo que los tres miembros de Klaatu habían pensado en realidad. Que lo diga, si no, John Woloschuck:

Nosotros lo dijimos desde el principio, desde el primer día, antes incluso de grabar la primera nota… dijimos que queríamos permanecer anónimos. No porque estuviésemos intentando despistar a nadie, sino porque queríamos que la música hablase por sí misma. Éramos jóvenes e idealistas, y pensábamos que ése era el camino correcto, porque aquellos momentos eran el despertar de la era del glam rock, y todo el mundo se vestía con trajes estrafalarios y maquillaje, y la música parecía haber pasado a un estado secundario con respecto al que había tenido diez o quince años antes.

Aunque la banda se sintió muy halagada porque la gente pudiese confundirles con los Beatles y además ésto hiciese que las ventas de su dormido disco se disparasen, ellos repetidamente desmintieron el rumor. Mirándolo con la perspectiva que da el tiempo, la determinación de mantener en secreto a los miembros del grupo fue una de las cosas que más les hirió, porque al hacerlo así el rumor se volvió contra ellos porque mucha gente se pensó víctima de una especie de inocentada premeditada, por la que la compañía discográfica mantenía este secreto para vender más discos. Como Woloschuck dice también en la entrevista de la que saqué el anterior extracto: “El silencio fue malinterpretado como complicidad”.

Cuando luego el grupo, una vez conocida por todos su verdadera identidad, luchaba por sobrevivir, la prensa les negó su apoyo, y los miembros de la banda se rindieron y dieron a conocer sus nombres en su cuarto disco, “Endangered Species”, que se editó en 1.980. Pero era demasiado poco y demasiado tarde. La leyenda persistió y la banda se convirtió en un chiste para los críticos musicales simplemente por asociación de ideas. Klaatu rompieron un año más tarde, después de sacar un último disco, “Magentalane”, que solamente se editó en su país.

Este recorte del Billboard contaba su historia, y todavía hoy se les recuerda, y hay hasta quien les tiene cariño (Ambrosio, esto ha sido un guiño para ti, que hay que explicártelo todo), e incluso todos sus discos se han reeditado como CDs con el paso de los años. Pero ni así. No importa lo buena que fuese su música, Klaatu siempre serán recordados como el grupo aquel que la gente creía que eran los Beatles.

¿CUÁNDO VOLVERÉ A VERTE?

En este post comenzamos una nueva serie, en la que nos dedicaremos a comentar algunas de nuestras canciones favoritas. No, no, nada de placeres culpables. Con la cabeza bien alta, así. Y nada de los favoritos de Ambrosius Vs. los favoritos de Carrascus, aquí solo entran las que gozan de nuestra más alta estima tanto para uno como para otro. Y hemos decidido comenzar rescatando de nuestra lista de “placeres culpables” una señora canción, aunque, por lo que hemos ido tanteando por ahí, no todo el mundo está de acuerdo…

Confieso que, visto desde la perspectiva de la escena nacional o local, siempre hemos sentido debilidad por esa figura tan característica de la música pop en los EEUU: las fábricas de artistas. Sí, es cierto, aquí lo intentaron con “Operación Triunfo”, pero…no hay color, no hay color.

El ejemplo que siempre suele citarse es el de Motown, la escudería de artistas de color (de color negro, que dirían Les Luthiers) afincada en Detroit que, funcionando con los mismos métodos de las fábricas de automóviles, produjo en serie algunas de las mejores piezas de pop de la historia. No fue la primera, ni mucho menos. Entre sus antecesores directos se encontraban Philles Records, el reino particular de Phil Spector, en Los Angeles, y el Brill Building, todo un cluster de compositores que funcionaban emparejados al servicio de distintas casas de discos (Carole King y Gerry Goffin, Doc Pomus y Mort Shuman, Jerry Leiber y Mike Stoller, etc). Entre sus descendientes, destacó especialmente el caso de PIR, Philadelphia International Records, montada por dos prófugos de Motown, Kenneth Gamble y Leon Huff, que asociados al productor Thom Bell, crearon un nuevo estilo combinando los fluídos rítmos de la Motown y el sonido de Stax de los ’60, añadiendo toques sinfónicos y técnicas beatlelianas de grabación que complementaban perfectamente las melosas voces de los cantantes.

Tras establecerse como productores independientes desde 1970, en 1974 Gamble y Huff disponían en su casa de discos de una envidiable parrilla de artistas: Billy Paul, The O’Jays, Teddy Pendergrass, Harold Melvin and the Blue Notes y, sobre todo, de una cuadrilla de músicos, estos de ahí arriba, que podían perfectamente echarle un pulso sin temblar a The Funk Brothers, sus colegas de Detroit que tocaban en todos los discos de Motown. Por pura casualidad, un tema instrumental compuesto originalmente para un programa de televisión (“Soul Train“) acabó siendo publicado con el nombre de “The Sound of Philadelphia (TSOP)” y el nombre que eligieron como banda fue MFSB, que venían a ser las iniciales de “Mothers, Fathers, Sisters and Brothers” (aunque también podía haber sido “Mo##er F##cker Son of a B##ch”).

“The Sound of Philadelphia” no fue el único número uno que PIR tuvo en 1974. El otro fue el tema del que hoy nos ocupamos:

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The Three Degrees – When will I see you again

Three

Fayette Pinckney, Sheila Ferguson y Valerie Holiday grabaron como The Three Degrees entre los años 1967 y 1976, con Pinckney como único miembro fijo en la formación desde sus inicios, allá por 1963, con varios discos previos en Swan Records y en Roulette Records, antes de ser fichadas por Gamble y Huff para su grupo de músicos. Su debut con el sello PIR fue precisamente “T.S.O.P.”, temazo en el que entraron a última hora para grabar los coros del final. A la estela de aquel bombazo, Gamble y Huff decidieron grabarles un disco en el que ellas serían las protagonistas.

Con ellas, los grupos femeninos, a los que hasta ahora se les consideraba practicamente solo como “Barbies Negras”, pasaron a ser cantantes reales que hablaban a una generación de mujeres que tenían su propia tradición cultural dentro del pop. La primera canción que grabaron en este sello hablaba de hombres casados que se dedican a perseguir jovencitas con la única intención de echarles un polvo sin tomárselas mucho más en serio. “Dirty old man” (“Viejo verde”) confirmaba que las mujeres podían progresar en la vida sin necesidad de rendir tributos sexuales.

Degrees

Quizás porque la canción fue prohibida en muchos sitios, como la acartonada BBC por ejemplo, sus siguientes grabaciones se orientaron más hacia el mercado de las jovencitas. “When will I see you again?” expresaba la vulnerabilidad femenina en un momento en que la revolución sexual de los 60 se habiá filtrado ya en todos los estamentos sociales y ya no era un estilo de vida alternativo; la excepción se había convertido en la regla, y las Three Degrees empujaban a las chicas a armarse de valor y preguntarle a su pareja sexual, cuando éste se marchaba con aire satisfecho y como si nada: “Eh, tú… ¿qué pasa contigo?, ¿cuando voy a volverte a ver…? ¿Estamos enamorados o solo somos amigos…? ¿Este polvo ha sido el principio… o el final…?”.

La canción se abre con las notas de un piano eléctrico que dan paso a la sección de cuerdas sobre un mullido colchón ritmico a medida que la potente maquinaria de MFSB va incorporandose al ralentí, hasta que llegan los coros que hablan de “momentos preciosos”. Todo tan simple que Sheila Fergurson llegó a confesar que “la primera vez que Kenny Gamble me tocó la canción al piano me pillé un mosqueo terrible. Pensé que era insultante que me diese una canción tan simple que podría cantarla cualquiera sin talento. Sin embargo, la hicimos y, para cuando llevábamos varios millones de copias vendidas, tuve que reconocer mi error”.

La historia que cuentan es tan vieja como el mundo, aunque me temo que hoy en día sería demodé ver a tres mujeres adultas sufriendo por saber si volverán a ver a su hombre. Incluso en los años 70, en los que el radicalismo sexual era lo más cool, ya estaba muy pasada de moda esta necesidad de reafirmación de la seguridad emocional que era tener “novio fijo”, pero ellas le aconsejaban a sus oyentes que se dejasen de rollos y no se sintiesen violentas poniéndo al tío en la alternativa de explicarse claramente.

Incidentalmente, la canción es aún un clásico entre la comunidad gay (en “Wigstock” hay incluso una performance con este tema de fondo), y en Inglaterra, donde el Principe Carlos siempre se refiere a ellas como su grupo favorito. En fin, un clásico de una era en la que los discos se hacían con el mismo mimo que los automóviles. Y no nos pregunteís qué quiere decir eso.

Aunque el tema debe figurar en un trillón de recopilaciones, incluídas las posteriores versiones que The Three Degrees fueron registrando en sucesivas formaciones y sellos discográficos, es también buen material para versiones. Como una, ciertamente inesperada, a cargo de Billy Bragg, cantautor activista en la Inglaterra (ya te lo decíamos antes) de Thatcher y Major que demostró aquí tener buen gusto y oído para adaptar este clásico, elegido personalmente por él en un recopilatorio que NME sacó en 1993 dedicado a canciones que hubieran llegado al número uno.

La de Erasure, sin embargo, se ajusta mucho más a los cánones de lo que consideraríamos una “apropiada” revisión de la canción. Sin que ello signifique que nos guste más, claro, ya sabeis que siempre hemos preferido las (per)versiones… lo que nos da una idea para un próximo radio-blogin…

Aunque la época de las grandes factorías musicales pasó más o menos a la historia, la fórmula “productor de talento + grupo de chicas monas” sigue perpetuándose en el tiempo, y hasta cuentan con nuevos adeptos, algunos de los cuales no se cortan un pelo al recomendarnos (¡aquí!) sus canciones. Aunque el espíritu, eso sí, es radicalmente distinto: ¿alguien se imagina a alguna de las Pussycat Dolls suplicándole a su novio éso de “¿cuándo volveré a verte…?”, en todo caso, la pregunta se la harían gritándole a la cara mientras le tienen agarrado por lo huevos…

LA OTRA OREJA DE VAN GOGH

Hace muchos años, yo hacía un programa de radio los sábados por la tarde. Comenzaba a las cinco. Y antes del mío, a las cuatro de la tarde, se emitía otro que solía programar música similar a ésta:

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Age Wave

Yo iba a la emisora y hacía el programa en directo. Pero el programa anterior era grabado. El tipo que lo hacía solía ir un día entre semana y meterse en un estudio donde lo dejaba enlatado, por lo que aunque llevábamos varios meses saliendo en la radio uno detrás del otro, aún no nos conocíamos.

Una tarde, la canción con la que abrí el programa era de Alan Vega, y la presenté diciendo más o menos que aquello “era el mejor remedio para una indigestión de techno-pop”, que por aquel entonces era un estilo que sonaba mucho.

El problema fue que el que hacía el programa anterior, allá en su casa se había quedado a oír el mío después de terminar el suyo (cosa que solía hacer), y mi frase le sentó fatal porque pensaba que estaba refiriéndome a su programa. Nada más alejado de mi intención, por supuesto, pero eso fue lo que él pensó.

Y desde esa tarde, por todos los bares, garitos y salas de concierto por las que se movía comenzó a preguntar por mí a los conocidos comunes que teníamos: “Quillo, Blas, ¿Quién es el Carrasco hijoputa ese, que mira lo que ha dicho de mi programa?”, “Oye Luis, ¿tú conoces al cabrón del Carrasco y sabes por donde suele parar?”, “Niño, Jóse, si ves que está por aquí el Carrasco mamón ése señálamelo, que lo voy a rajá…”

Así hasta que nos encontramos en un concierto del Fun Club una noche que, gracias a Dios, el tío no llevaba navaja. Los demás ya le hablaban bien de mí, claro, y le decían que seguramente sería un malentendido, pero él no se lo creía del todo hasta que pudimos aclararlo, y a partir de entonces creció entre los dos una amistad que todavía perdura.

El “navajero” en cuestión se llama ANTONIO MURGA y es éste tío raro que podéis ver aquí abajo cobijado bajo un paraguas en una habitación cerrada, contemplando como otro pirado como él estrangula a un bebé mientras están velando a un muerto, al que han vestido de forma muy poco decorosa para tal ocasión.

Ambrosio le conoció aún antes que yo, más o menos en la época en que fue tomada esta foto, cuando Antonio Murga formaba parte del grupo Estertor. Le cedo ahora la palabra a mi colega de blog:

Debía ser allá por el último trimestre de 1985. Por algún motivo que aún no tengo claro, me encontraba compaginando los estudios con la absurda pretensión de escribir un libro sobre los grupos sevillanos de la época, lo que requería ir de entrevista en entrevista. Fueron Eva Tovar y Blas Fernández, como siempre, quienes me pusieron en la pista de una nueva banda que había grabado una maqueta que se hacía notar desde un principio, como si fuese un grano en la punta de la nariz. La banda se llamaba Estertor.

Guitarras abrasadoras, una voz de alguien que parecía ser peligroso y estar muy enfadado y letras… Definitivamente, eso era lo más intranquilizador, al menos para un tipo apocado como menda: proclamaban limpiarse el culo con Jordi Pujol, mandaban a la mierda a unos cuantos canónigos, se revolcaban en la esquizofrenia más aguda, junto con referencias culturales inimaginables para una banda de aquellos días.

Así que, os podeís imaginar, marqué su número de teléfono con bastante aprehensión: imágenes de tipos gigantescos con botas claveteadas, enfundados en cuero, con puntiagudos collares de perros y crestas de mohicano cruzaban mi mente. Para mi sorpresa, la voz del otro extremo parecía muy tranquila. Para mayor sorpresa aún, resulta que los componentes de la banda vivían en mi propio barrio. Rayos, no recordaba haberme cruzado nunca con un tipo de ésos. Pero también es cierto que yo salía poco.

En el dia, hora y lugar señalados para la entrevista, los esquemas se me terminaron de derrumbar cuando por allí aparecieron dos chicos que podían haber estado perfectamente en mi clase. Nada de pinchos, cuero o crestas mohicanas. Es más, aquel día tuve la satisfacción de conocer al lider de aquella banda, Antonio Murga, y de contar con su amistad en lo sucesivo. En los años posteriores, a medida que sus habilidades musicales se expandían, sus aventuras musicales fueron haciendose cada vez más arriesgadas. Con frecuencia, sus fondos musicales transmitían intranquilidad. Como un largo tunel oscuro, aquella música se podía soportar mejor acompañado, con alguien al lado para hacer algún comentario ocasional.

Para mí, siempre será un misterio cómo estos desasosegadores experimentos musicales pueden provenir de alguien tan “buena gente”.

El programa que Antonio Murga hacía antes que el mío se llamaba “La Oreja de Van Gogh”. Una tarde, oyendo la radio en mi coche unos meses (o años, no recuerdo) más tarde presentaron en la emisora que oía la canción de un grupo totalmente nuevo, que se llamaba “La Oreja de Van Gogh”. Mi primera reacción fue decirle a mi mujer, que me acompañaba, “coño, el Murga ha grabado un disco y no me ha dicho ná”. Enseguida me di cuenta de mi error, nada más empezar a sonar la canción.

Antonio todavía piensa que el nombre se lo copiaron. Una de las cosas que él solía hacer era enviar grabaciones de sus programas a un montón de contactos que tenía repartidos por toda Europa, que a su vez le remitían los suyos para que los emitiese aquí, y así se establecía un circuito en el que esta música tan poco convencional se iba extendiendo. Uno de los contactos más fuertes que tenía Antonio, y de los que más colaboraban con él era Cruz Goróstegui, al que curiosamente yo conocía hace años por intercambiarnos cassettes, cuando éste aún trabajaba en una fábrica metalúrgica y no hacía radio ni prensa. Por entonces Cruz ya colaboraba en el Festival de Jazz de San Sebastián y era uno de los pilares de la “cultura”, y tenía un programa de radio muy escuchado en toda esa zona, en el que emitía de vez en cuando los programas que le enviaba Antonio. Es muy normal pensar que a muchos de los que oyesen el nombre de “La Oreja de Van Gogh” éste les llamase la atención, y también es normal pensar que si iban a sacar un grupo musical (aunque de un género bien distinto) pensasen en ponerle ese nombre. Y sí, ese grupo en el que estás pensando es precisamente de aquella zona. Es una pena que ni Antonio ni el director de Radio Aljarafe pensaran siquiera en registrar el nombre.

Desde entonces “el Murga” ha ido editando de forma casera, en formato de cassettes antes, y de CDs ahora, una multitud de proyectos que iba repartiendo entre su círculo, a la vez que iba colaborando en todos los proyectos audio-visuales que le interesaban. Y haciendo radio, su “Espantasiestas” nos ha acompañado muchas tardes en que la música electrónica ha sustituído a la rápida cabezada en el sofá.

“Lemur de ojos tristes”, “Desarraigados”, “Psycholoop”, “Tatix”, “Estrella de Irak”, “Calaveras de colores”… loops, ritmos tribales, electrónicos, psicofonías… Premio a la Creación Audiovisual Andaluza con “Pentálogo Insalvable”… Multitud de exposiciones de mail-art… cuatro poemas visuales que incluyó en el 2º volumen de la “Antología de la Poesía Visual” de Víctor Pozanco en su Biblioteca CYH, Ciencias y Humanidades…

Precisamente de esta colaboración surgió la obra que ahora presenta en sociedad. Es la primera de ellas que Antonio va a editar de forma comercial, al menos en solitario, porque sí que se han distribuido comercialmente varias de las recopilaciones en las que él ha participado.

Y también es una novedad para la editorial, porque no es una casa discográfica; hasta ahora solo ha editado libros, y ésta es la primera vez que los acompaña con un CD musical. No desentona, por supuesto, porque todos los que habían pasado hasta ahora por esta casa tienen esa impronta subversiva e iconoclasta que hace que su arte sea tan marginal.

Y así es también “EL ARTE ENCUBIERTO” de Antonio Murga, un ataque a los poderes fácticos de la política y la cultura, que protesta contra el abuso que éstos hacen de ese poder que poseen, y les dibuja con el tono irónico que podéis apreciar por vosotros mismos en todos estos poemas visuales que reproducimos aquí y que forman parte de la obra presentada, que muestra hasta 80 de ellos.

La parte musical consta de otras 80 piezas cortas, de duración en torno al minuto. De ellas hemos entresacado todas las que ilustran este post. Como podéis oír tambien, son un acompañamiento excelente para este contestatario trabajo. A la primera escucha a mí me han traído reminiscencias de mis queridos Residents. No es casualidad, claro, esta banda también ha sido una clara influencia en la obra de Antonio. Y además, posiblemente las aplicaciones que éste usa de forma casera en su ordenador tratan la música de forma similar a como lo hacían los programas que una banda experimental americana pudiese usar en un estudio en la época en que los Residents editaban, por citar solo un ejemplo, su “Commercial Album”. El párrafo que arriba ha escrito Ambrosio tiene partes que sirven perfectamente para definir la música que contiene “El Arte Encubierto”, no vamos a repetirnos, mejor nos vemos y hablamos de todo ello en “La Carbonería”, el jueves 16, a las ocho de la tarde…

LA BANDA SONORA DE MI FUNERAL

Noviembre es conocido como el mes de los muertos. Será por los días más cortos, el cambio de hora, la festividad con que se abre, el cansancio que nos va llenando tras la pausa estival…o podría ser por otra cosa.
El caso es que parece el mes indicado para traer aquí esa nueva moda que todos habremos visto en películas o incluso en la vida real: el tanatorio de Sevilla, sin ir más lejos, tiene un magnífico sistema de sonido preparado para esta contingencia. Me estoy refiriendo a la última canción. La que el finado ha elegido antes de su marcha para que le acompañe en ese breve desplazamiento que cada año cuesta más y más caro, salvo que uno tenga contratada la oportuna póliza con El Ocaso o similar…
Hace unos años, en The Rockin Vicar, los parroquianos hicieron una encuesta sobre las canciones más habituales, y también las más insólitas, que hubieran sonado tanto en paritorios (que también se estila eso de dar a luz con los altavoces a tope) como en funerales. Los resultados iban desde lo predecible y convencional, por eso del título

  • Fire!” (¡Fuego!)de Arthur Brown, para los crematorios,
  • Going Underground” (“Metiendome bajo tierra”) de The Jam, para los entierros
  • Ashes to Ashes” (“Cenizas a las cenizas”) de David Bowie, para cualquier ocasión

hasta alguna que otra curiosidad

  • Highway to Hell” (“Autopista hacia el infierno”) de ACDC
  • We got to get out of this place” (“Tenemos que salir de aquí”) de The Animals
  • Living in a Box” (“Viviendo en una caja”) de Living in a Box
  • The great gig in the sky” (“El gran concierto del cielo”) de Pink Floyd

y, por supuesto, las jartibles

  • My way” (“A mi manera”) de Frank Sinatra
  • My heart goes on” (“Mi corazón sigue”) de Celine Dion (el peñazo ese de la BSO de Titanic)

Y alguna anécdota, como la de aquel pobre pecador que solicitó para su funeral el “Bohemian Rapsody” de Queen, salvo que el sacristán no debió ir muy fino con el Cd de Grandes Exitos del grupo, pues en vez de pinchar la solicitada, que era el cuarto tema, pinchó la quinta, por lo que los allegados salieron de la iglesia llevando el féretro a hombros acompañados por el inconfundible bajo de “Another One Bites The Dust” (“Otro que muerde el polvo”)

Y ahora vamos con dos clásicos, no tan jartibles como los arriba indicados, pero muy oportunos, y que en los últimos tiempos están ocupando el Top Ten de la música para ritos funebres.

En primer lugar, los padres de todos los iconoclastas,Monty Phyton y el tema que servía como final para “La vida de Brian”. Posiblemente el primer funeral en el que sonó esta astracanada fue el de Graham Chapman, que interpretaba a Brian en la película y se convirtió en el Phyton pionero en salir de este mundo por patas.

Hay cosas en la vida que son chungas
y te pueden volver majarón
otras te hacen maldecir y jurar
mientras estás royendo un hueso
Pero no refunfuñes, silba en su lugar
que los silbidos hacen que todo pueda mejorar

Y siempre mira el lado hermoso de la vida
Siempre mira el lado hermoso de la vida

Si la vida parece podrida
a lo mejor es que de algo te olvidas
como reír, sonreír, bailar y cantar
Y si te han dejado tirado
No me seas tonto, colegui,
y disfruta, que a lo mejor es la última ocasión

Así que siempre mira el lado hermoso de la vida
Siempre mira el lado hermoso de la vida

Mira que la vida es absurda
Y la muerte pone punto final
Haz una reverencia cuando baje el telón
Sonríe a la audiencia
disfruta, que a lo mejor es tu última ocasión

Así que siempre mira el lado hermoso de la vida
Siempre mira el lado hermoso de la vida

La vida no es más que un mojón
Cuando la miras de cerca
O la vida es un cachondeo y la muerte una broma, cierto
Ya ves que todo es espectáculo
Haz que todos se rían mientras que te vas
Pero recuerda que tú reirás el último

Así que siempre mira el lado hermoso de la vida
Siempre mira el lado hermoso de la vida

Y en segundo lugar, aunque en clara linea ascendente con cada año, una inolvidable composición a cuenta de un grupo que, tras dar su buena ración de bandazos musicales en los 80 y 90, en los 2000 y pico se ha situado como banda de referencia a escala mundial, en gran parte gracias a esta canción y al LP en el que venía, “Yoshimi battles the pink robots”

¿No te das cuenta, de que tienes la cara más hermosa?
¿No te das cuenta, de que flotamos en el espacio?
¿No te das cuenta, de que la felicidad te hace llorar?
¿No te das cuenta, de que todos a los que conoces morirán algún día?
Y en vez de soltar todas tus despedidas, haz que sepan
que te has dado cuenta de que la vida pasa ligera
Y cuesta hacer que las cosas buenas duren
que te has dado cuenta de que el sol no se va
y es sólo una ilusión causada por la rotación
¿No te das cuenta, oh oh oh?
¿No te das cuenta, de que todos a los que conoces
morirán algún día?
Y en vez de soltar todas tus despedidas, haz que sepan
que te has dado cuenta de que la vida pasa ligero
Y cuesta hacer que las cosas buenas duren
y que te has dado cuenta de que el sol no se va
y es sólo una ilusión causada por la rotación
¿No te das cuenta, de que tienes la cara más hermosa?
¿No te das cuenta?

En fin, esto…que estais invitado a añadir otras sugerencias, a ver si se os escurren canciones en castellano, que algunas vienen a pelo. No vale citar a Ursula y el Cd que da título a este post.

UNA DE LAS DOS AMERICAS HA DE HELARTE EL CORAZON

Ahora mismo, en la América convulsa del fracaso republicano, dos canciones sobre la guerra son las que más se están oyendo en todas las grandes emisoras del país. DARRYL WORLEY, que es conocido por su patriotismo, canta sobre un valiente veterano. Y JOHN MAYER, que ha sido muy crítico con la guerra del Irak, canta sobre la oposición a la guerra. Parece otro altercado demócratas-contra-republicanos, otro síntoma de un país dividido.

Pero esta vez hay algo diferente. Aunque ambas canciones se basan en
desacuerdos con la política, ninguna en realidad suena a mitin electoral. Puede que sea una coincidencia, pero las dos canciones suenan tristes y hasta un poco cansadas. No hace demasiado tiempo, cuando la guerra apenas estaba comenzando, los halcones y las palomas
estaban llenos de idealismo combativo, pero a juzgar por estas dos canciones, el año 2003 ha quedado muy, pero que muy atrás.

La canción de John Mayer, “Waiting on the world to change”, está extraída de su último disco, que se editó en verano más o menos, pero no ha sido hasta ahora cuando ha estallado su éxito. Con su letra politizada, esta canción es una retirada del estilo casi romántico que Mayer ha tenido siempre, pero tampoco demasiado. Ahora su enfoque ha pasado de las mujeres a los soldados, pero su susurrante estilo sigue siendo el mismo.

Yo y todos mis amigos,
Somos unos incomprendidos.
Nos dicen que no representamos nada
Y que no hay forma de que veamos
Todo lo que va mal en el mundo
Y quien es quien lo lidera.
Nosotros solo sentimos que no tenemos
Porqué pasar por encima y golpear a nadie.

Por éso seguimos esperando,
Esperando que el mundo cambie.

Es difícil combatir el sistema
Cuando estamos a tanta distancia.
Por eso seguimos esperando,
Esperando que el mundo cambie.
Pero si nosotros tuviésemos el poder
De traer a nuestros vecinos a casa desde la guerra
No tendrían que echar de menos la Navidad;
No más lazos en sus puertas.
Y cuando confías en la televisión
Tienes lo que te mereces,
Porque cuando ellos poseen la información
Pueden manejarte a su antojo.

Por eso seguimos esperando…

No es que no nos preocupe nada,
Es que sabemos que la lucha no es razonable.
Por eso seguimos esperando,
Esperando que el mundo cambie.

Y todavía estamos esperando,
Esperando que el mundo cambie.
Estamos esperando y esperando que el mundo cambie.
Algún día nuestra generación
Llegará a guiar al pueblo.
Y por eso seguimos esperando,
Esperando que el mundo cambie.

Seguimos esperando,
Esperando que el mundo cambie.

Tiene un filito luminoso, embellecido con esa guitarra siempre contenida, refrenada… lo mejor de la canción es que nunca cambia de marcha, nunca se embala para convertirse en un panfleto barato. En vez de eso, su único propósito es un encogimiento de hombros: “No es que no nos importe nada, es que sabemos que la lucha no es el camino, así que aquí estamos, esperando que el mundo cambie”.

Las canciones protesta normalmente prometen cambiar el mundo, pero John Mayer le da la vuelta a la ecuación: En una era en la que el público es muy escéptico sobre la autoridad moral de las estrellas del rock, ¿qué puede hacer un cantante sino esperar que el mundo cambie primero?

Pero ésta canción no es solo una historia sobre estrategia pop, sino que refleja también el desafío que supone alinearse en un movimiento anti-guerra, cuando no está demasiado claro qué significa eso de anti-guerra… ¿significa reorganización, significa retirada escalonada, significa soldados a casa ya… o no significa ninguna de estas cosas? John Mayer seguro que sabe que los que oyen su canción son gente preocupada por la guerra, ¿pero cuantos de ellos no tienen también opiniones fuertes contra el federalismo iraquí? Por eso, a una figura del rock se le hace difícil escribir una canción anti-guerra.

Lo cual no quiere decir que sea más fácil escribir una canción pro-guerra. Darryl Worley ya era conocido por su resonante respuesta a los opositores a la guerra: “Have you forgotten?”.

Y aunque la letra, que hacía incluso mención de Osama Bin Laden, era más una defensa de la invasión de Afganistán, la canción triunfó en el 2.003, cuando los que la oían en lo que de verdad pensaban era en una defensa de la invasión de Iraq, que se estaba produciendo entonces.

Escucho a la gente decir que no necesitamos esta guerra,
Pero yo digo que hay cosas por las que merece la pena luchar.
Hablo de nuestra libertad y de este trozo de tierra.
No podemos echarnos atrás.
Dicen que no nos damos cuenta del lío en el que nos estamos metiendo,
Pero antes de que empieces a predicar, déjame decirte una cosa, amigo:

¿Has olvidado como nos sentimos aquel día?
Ver tu hogar bajo el fuego
Y tu gente arrancada de cuajo.
¿Has olvidado cuando cayeron aquellas torres?
Teníamos vecinos allí dentro atravesando un infierno viviente
Y tú dices que no nos preocupemos por Bin Laden.
¿Ya lo has olvidado?

Quitaron del televisor todo lo que habían rodado,
Decían que era demasiado perturbador para ti y para mí;
Solo te producirá angustia, decían los expertos.
Si de mí dependiese lo pondría todos los días.
Hay quien dice que este país lo único que hace es buscar pelea,
Después del 11-S, tío, tengo que decirte que es verdad.

¿Has olvidado…?

He estado con los soldados
Que se fueron a la guerra,
Y puedes apostar que ellos sí recuerdan
Aquello por lo que están luchando.

¿Has olvidado…?

¿Has olvidado a toda la gente que murió?
Algunos descansan como héroes en ese campo de Pennsylvania.
¿Has olvidado lo del Pentágono?
Todos los que amamos, los que perdimos, y los que ya no pueden seguir.
No me digas que no me preocupe por Bin Laden,
¿Ya lo has olvidado?
¿Ya lo has olvidado?
¿Ya lo has olvidado?

En estos tres años, Worley no ha tenido mucha suerte, su sello discográfico cerró y fichó por un sello independiente que no promocionó mucho su nuevo disco. Pero ahora ha vuelto con más de lo mismo con lo que triunfó. Su nuevo single, recién salido del horno es “I just came back (from a war)”, una balada creada para hacer llorar, como “Have you forgotten?”, que le ha hecho reaparecer como un ciclón.

La canción habla de un personaje que a todos nos es muy familiar por las películas y esas cosas: el veterano de guerra. Orgulloso y feliz de estar de nuevo en casa, bebiendo cervezas con sus recuperados amigos y ofreciéndoles un horrible parte de guerra: “Vuelvo de un lugar donde todos me odiaban a mí y a lo que yo representaba, una tierra en la que nuestros hermanos están muriendo por otros a los que ni siquiera les importan”.

Lo primero que hice cuando el avión por fin aterrizó fue besar el suelo,
Lo siguiente que hice fue buscar a mis amigos en el antiguo garito,
Bebernos unas cervezas y hablar mucho sobre los viejos tiempos.
Pero cuando Billy Joe Grimes cogió la papalina
Me dijo: “Tio, no sé lo que es, pero te noto diferente”.

Le dije que volvía de un lugar donde todos me odiaban
A mí y a lo que yo representaba.
Una tierra en la que nuestros hermanos están muriendo
Por gente a la que ni siquiera les importan…
Si no soy exactamente el mismo tío enrollao que solía ser
Es porque acabo de volver de una guerra.

La mañana siguiente estuve dando un paseo por el barrio
Y pensé que hacía mucho tiempo
Que no estaba en un sitio donde todo el mundo fuera bueno.
Gente riendo y niños jugando,
Y tal como los veía me puse a rezar:
Dios mío, mantenlos a salvo aquí en casa, en la tierra de la libertad.

Porque acabo de volver de un sitio donde todos me odiaban
A mí y a todo lo que yo representaba.
Una tierra en la que nuestros hermanos están muriendo
Por gente a la que ni siquiera les importan.
Si no soy el mismo niño pecoso
Que creció en la casa de al lado
Es porque acabo de volver de una guerra.

Espero que disfrutes de esta dulce forma de vida
Y espero que comprendas que esto tiene un precio.

Acabo de volver de una guerra.

Está claro que nunca seré el mismo
Porque acabo de volver de una guerra.

Acabo de volver de una guerra.

No me conocéis.

No me conocéis.

No me conocéis.

Acabo de volver de una guerra.

Como John Mayer, Darryl Worley tampoco parece tener ganas de mítines. El personaje de la canción todavía cree en “la tierra de la libertad”, y asume que la guerra es un precio necesario por la libertad de Norteamérica. Pero si con Mayer veíamos las dificultades de ser anti-guerra en el 2.006, con Worley vemos las dificultades de ser pro-guerra. El presidente Bush no para de recordar a los americanos que “la inmensa mayoría” de los iraquíes “quiere la paz”, pero el personaje de la canción de Worley no menciona a ningún iraquí de ésos, él solo piensa que “todos” le odiaban.

La canción, como otra que ya escribiese hace años sobre un veterano herido en el Vietnam, honra a su protagonista, pero sin satanizar la guerra, y acaba, no con un final de esperanza, sino con una suave y medio enterrada cantilena: “No me conocéis, no me conocéis, no me conocéis…” Triste resignación.

No hace muchos años parecía casi imposible que las dos grandes facciones políticas americanas estuviesen de acuerdo en algo, especialmente en la guerra del Iraq; y por supuesto, ninguna de las dos ha reflejado nunca de forma adecuada a la siempre cambiante América. Y estas dos canciones dan a entender que incluso el debate sobre la guerra puede estar cambiando también, en estos tiempos el entusiasmo anti-guerra y el entusiasmo pro-guerra parecen igual de anacrónicos. Y por eso en estas dos canciones tan similares de artistas tan diferentes podemos apreciar el mismo cansancio y hastío. Todos sabemos que ni los debates ni las guerras duran para siempre. Pero también sabemos que nunca acaban demasiado pronto… ni demasiado bien.

RECOMENDAOS

Hace unos días, en alguno de los comentarios al post “Formación Continua”, arrinconé por un momento mi propio código ético y llegué a aconsejarle a uno de nuestros mejores parroquianos un cierto disco.

Error.

Al momento volvieron a plantearseme las mismas preguntas que me hago en estos casos.

  • “¿soy yo quién para andar recomendando ni un disco ni un libro ni una película ni nada de nada?”
  • “¿Tengo acaso un criterio superior al de la persona a la que me dirijo?”
  • “¿puedo estar seguro de que le gustará mi recomendación?”
  • y, más importante aún,

  • “¿le haría caso yo a otra persona si estuvieramos en la situación inversa?”

La respuesta a casi todas estas preguntas, inevitablemente, es “NO”.
El corolario lógico es que tiendo a rehuir todas las recomendaciones que me hacen, especialmente aquellas que se hacen en un tono excesivamente fervoroso o, lo que es peor, las que se formulan por quienes acostumbran a pontificar ex-catedra que, obviamente, nunca se hacen las preguntas arriba indicadas. Ejemplos y formas las tenemos a montones, mucho más en los tiempos que corren, en los que para montar una tribuna de opinión los requisitos son tan laxos como los que se exigen para montar, por ejemplo, un blog. Si no, ya me diría de qué forma dos indocumentados como los que aquí estamos ibamos a tener un chiringo como éste.

Eso por lo que se refiere a las generalizaciones.

En el terreno particular, reconozco que el dependiente de una tienda de discos (incluso los que ya no están en activo ;)) tendría bastante legitimación para pregonarme las excelencias de lo que crea conveniente, por cuanto las respuestas a las preguntas arriba formuladas serían obvias. Imaginemos las que podría inventarse un dependiente ya bragado en esto de despachar discos al público, así al estilo Tenacious D, el plasta de “High fidelity”:

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  • ¿Quién soy yo…? “Soy el que va a intentar que éste se lleve algunos discos de aquí”
  • ¿Tengo acaso un criterio superior? “Pos sí: el criterio del que se lleva diez horas al día atendiendo gente como tú, desde hace años”
  • ¿Puedo estar seguro de que le gustará? “Al menos se lo va a llevar de la tienda, que ya es algo. Si luego no le gusta, es su problema”
  • ¿Le haría caso yo a él? “Que se monte primero su tienda de discos y luego ya veremos”

No me malinterpreteís: le tengo mucho aprecio a esta casta de dependientes (Benavides, Azagra, Valentin, Goyo…) y el caso es que les debo muchos ratos buenos y tesorillos en forma de vinilos y cassettes que un buen día me recomendaron. Por eso creo que este tipo de recomendaciones no me duele.
En el terreno de la crítica musical me es más dificil aguantar a los predicadores. Los de la radio (y, por extensión, televisión y todos aquellos sitios susceptibles de añadir contenido audiovisual) tienen al menos el detalle de permitir que oigamos eso que tanto defienden, por lo que toda recomendación más o menos vehemente nos sobra, pues ya nos hemos hecho una idea del producto por nuestra cuenta. Pero los de la prensa escrita..ah, amigo, ahí me tiento más la ropa. Normalmente suelo fiarme de gran parte de estas reseñas y me motivan a buscar (en estos días los p2p sustituyen a los proverbiales cajones de rebajas) esa pieza que ha recibido tantas estrellas, aunque siempre según mi propio criterio (ya le pueden poner 20 estrellas al de Thom Yorke, que ese no entra en mi casa). Pero cuando en la crítica o en la reseña o en la entrevista alguien cita eso de “de escucha obligatoria”, “tu discoteca no estará completa sin..” o, peor aún “búsquense a la voz de ya…” la reacción es siempre la misma, o sea, correr en sentido contrario.

Curiosamente, en los últimos años, ha proliferado una nueva generación de aconsejadores, que no sólo nos permiten escuchar las canciones cuyos méritos se ensalzan, sino incluso (glub) poderlas disfrutar en nuestra colección sin pasar por caja. Retomando lo que decía Carrascus en aquel primer post sobre la Caja de Pandora, “los consumidores de música actuales están cada vez alejándose más de las tradicionales emisoras y disc-jockeys para guiar sus elecciones en función de los gustos de personas afines (a veces a los que ni siquiera conocen) a través de blogs y páginas webs en general”.

A título personal (¡y que no conste ésto como una recomendación!) reconozco que me he enganchado ligeramente a bigstereo, así como a The Yellow Stereo y a sus agregadores habituales. No solamente la mayoría de los artistas que aparecen diariamente en sus páginas coinciden con mi idea de cómo entiendo la música y la cultura pop, sino que la convivencia que DJs y bandas pop al estilo tradicional tienen en sus páginas me hacen pensar en un mundo sin etiquetas.

bigstereo

Aunque a veces el tipo de BigStereo puede llegar a ser odioso, como aquella vez que recomendaban un concierto de Soulwax con la frase “no te lo pierdas a menos que estés muerto”, uno está dispuesto a perdonarles siempre que me sigan presentando canciones de las que le alegran a uno el día en la oficina…poniendolas bajito, eso sí, para no molestar a los compis como Babutxa.

En el polo opuesto están esos discos, cintas o emepetreses que nos encontramos un día por casualidad, sin haber oído o leído nada sobre ellos o sus interpretes, pero que nos cautivaron a la primera…material para otro post, me temo.

VIDEO KILLED THE RADIO STAR

¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, estamos solos en la galaxia, o acompañados?

¿Por qué ha pagado Google esa indecente cantidad de millones para comprar YouTube?

Dos misterios insondables… de difícil explicación. Pero así y todo, el anterior no es el mayor misterio sobre el Tubo, ni el primero de los citados tiene una contestación tan difícil como la de la pregunta que os hago a continuación:

¿Qué ha podido llevar a la gente a ver este vídeo más de 35 millones de veces… y subiendo…?

Este es el video definitivo de YouTube. El video más visto de toda su historia. Casi todo el que sabe qué es YouTube ha intentado verlo alguna vez. ¿Y por qué…? Si es un sketch mediocre… y es demasiado largo… y el tío que baila ni siquiera es famoso… ¿Por qué?

¿Por qué…? ¿Por qué este video es la cumbre de la popularidad en YouTube, una web-site que ha merecido que alguien pague por ella 1500 millones de euros?. Perplejo se queda uno, ¿no?

Estoy de acuerdo en que una vez que el vídeo ha sido reconocido como “el más visto de toda la historia de YouTube” su popularidad ha aumentado aún más porque todo el mundo quiere verlo aunque solo sea por eso… para saber de qué va el video más visto del mundo. Y se encuentran a Judson Laipply, que por lo visto es uno de esos cómicos especialistas en monólogos e instructor de aeróbic, con una camiseta naranja y unos vaqueros feísimos, haciendo un popurrí de estilos de baile que van desde Elvis hasta la actualidad.

La verdad es que es divertido y tiene el encanto kitsh de la prima petarda de la familia haciendo el ganso en la cena de Nochebuena… pero no es ni novedoso, ni rompedor, ni siquiera cool… ¿qué ha hecho que el éxito de este video se dispare de ese modo?

Pues yo diría que la razón es que el tío no habla. Ni en inglés ni en ningún idioma. Eso es todo. No hay diálogo, no hay monólogo, no hay voz en off, no hay letra que entender…

Ese es el secreto: es una película muda… con banda sonora.

En España hay miles de aficionados a internet a los que les gusta ver videos on line tanto como a los americanos. Y en el resto de Europa más aún. Y ya en Asia ni os quiero contar… donde los japoneses pagan el billete del metro haciendo un clic en su móvil y en los blogs no charlan tanto ni meten los rollazos que metemos nosotros porque se dedican casi exclusivamente a los links y las imágenes. Y además está Sudamérica… Si de todos ellos exceptuamos la minucia que en comparación sería el Reino Unido, ¿Qué tienen en común todos los demás…? Que no hablan inglés.

Este otro vídeo también está en la cima de los más vistos en You Tube:

Es así porque en Estados Unidos, Inglaterra, Korea, Taiwan, Brasil y en el ciber-café de la calle Torneo la gente ve como el nota éste toca el Canon de Pachelbel para tres violines, cello y clavicordio. Y este chaval (que seguro que es tela de heavy) no ha tenido que conectarse a foros escritos en lenguas que desconoce para analizar verbalmente los estilos que toca. Lo único que ha tenido que hacer es intercambiarse mails con otros guitarristas aficionados, criticarse y aprender unos de los otros por ese medio. Luego, una base sonora grabada en su ordenador, su webcam frente a él, y a colgar en el YouTube el video casero que se ha montado.

En conclusión. Los blogs no son lo que hace universal a internet. Ni las páginas webs, ni las bases de datos, ni la Wikipedia, ni ninguna otra cosa que esté restringida por el lenguaje. Lo que hace universal a internet, lo que nos convierte en una maravillosa y mágica aldea global, y lo que en el futuro valdrá más que mil palabras escritas o dibujadas en iconos y más que mil imágenes… y por eso Google ha pagado lo que ha pagado… será EL VIDEO.

…Los Buggles ya lo decían hace más de 25 años…

Y ya que estamos. Mientras opinais de todo ésto podemos divertirnos también un poquito.

¿Qué os parece si intentamos averiguar cuales son todas las piezas que baila el tío del primer video…? Podemos hacer una especie de cadena para ir continuándola cada uno de nosotros hasta completarlas todas…

Empiezo yo:

1- Hound Dog (Elvis)

2- El Twist de Chubby Checker

3- Stayin’ alive (Los Bee Gees de la fiebre del sábado noche)

4- Los inconfundibles Village People de Y.M.C.A.

5- Kung-Fu fighting (Carl Douglas)

…y ya os dejo continuar a vosotros. Podéis ir siguiendo aunque sea con un título solamente, no importa… el caso es colaborar. Os advierto que la 6 es más difícil.

Yo he contado 32 (podría equivocarme) aunque dos de las canciones salen dos veces. Y llegan hasta aquí:

29- Hey ya! (Outkast)

30- Dirt off your shoulders (Jay-Z)

31- Ice Ice Baby, de Vanilla Ice, como no, con tanto hielo …y

32- Los niñatillos de N’Sync despidiéndose con Bye Bye Bye.

MIEL & AMBROSIA

Mirad lo que hemos encontrado en el baul de los recuerdos…

De aquel fanzine que montamos en el año 1994, os traemos una magnífica contraportada…

¿Adivinaís de quién es el texto?

(Pista : Se trata de un conocido de muchos de nosotros que aún no se ha asomado por este blog)

SUB2

(pinchad en la foto para verla a mayor tamaño, y pinchando después en la lupa que os sale sobre la imagen podreis leerlo todo perfectamente).