Atrapado por el blues de Memphis
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NO FUTURE
Carrascus

Nunca he estado en New York, pero no me pienso morir sin hacerlo. Ya me dio pena saber que no podré ver de cerca las Torres Gemelas, pero más aún me la ha dado más saber que no podré ya ver a ninguna banda en el escenario más mítico del rock.

Blondie – X-Offender (Live CBGB 1977)

Cuando estaba comenzando esta semana, poco después de la una de la mañana del domingo que daba paso al lunes, salieron las últimas notas en directo desde el escenario del CBGB, el club del Bowery donde el punk se inventó a sí mismo. Patti Smith terminó el concierto de despedida del club con su balada “Elegie”, que fue adquiriendo un crescendo emocional a medida que, respaldada por la música, iba leyendo con lágrimas en los ojos una lista de músicos y partidarios del punk que ya están muertos

Patti Smith – Elegie (Live CBGB 15 octubre 2006)

Solo momentos antes Patti había creado otro climax cuando interpretaba un medley de “Horses” y “Gloria”, y al conjuro de la guitarra rockera terminó un recitado con un triunfante y desgarrador grito de “Jesús murió por los pecados de alguien / pero no por el CBGB”.

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Patti Smith – Ask the angels

Las canciones eran de su primer disco, “Horses”, que se editó en 1.975, cuando Patti y el CBGB se estaban haciendo famosos el uno al otro. Ella era una poetisa convertida en rocker, para así poder redoblar la energía de sus textos en canciones básicas de tres acordes. Y el club era una sala para el country, el blue-grass y el bluess (mira sus iniciales: C BG B) con un propietario más ambicioso artísticamente, que dio cancha a las primitivas bandas que desafiaban el éxito comercial del rock de los primeros años 70. Un club en un barrio de renta baja lleno de casas abandonadas, que Patti describió como “el lugar que Hilly Cristal tan generosamente nos ofreció para que creásemos nuevas ideas, para fallar, para equivocarnos, para alcanzar nuevas alturas”.

El CBGB, que abrió sus puertas en 1.973, terminó su vida como la empezó. Nunca se ha movido de su lugar inicial, los bajos de un pensión de ínfima categoría convertida ahora en una casa de acogida para homeless; ni cambió nunca su decoración interior. Lo único que fue creciendo durante su vida fue el sistema de sonido, para que cualquier acorde sonara explosivo. Durante sus años de vida se le fueron incrustando el polvo, los posters de todas las bandas, pegados en cualquier superficie disponible; los fluídos corporales de músicos y clientes, a los que la propia Patti contribuyó la última noche con tres o cuatro salivazos…

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En cualquier fin de semana desde 1974 a 1976 se podía ver a uno o más de estos grupos, frente a los apenas 300 espectadores que cabían allí: Television, Suicide, Blondie, Dictators, Richard Hell, Dead Boys, The Heartbreakers… además de a docenas de otros tan terribles o patéticos que ya nadie recuerda, pero que tenían en común con los primeros que trataban al club como okupas, como su casa. Era su mundo privado, donde soñaban, donde hacían florecer su imaginación.

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The Heartbreakers – Chinese rocks

Repasando su historia, el CBGB fue un sitio afortunado, las bandas que salían de él se convertían en entes perdurables: las contundentes, visionarias y primitivas canciones de Patti Smith; el funk tímidamente oblicuo de los Talking Heads; y especialmente los lacónicos, estrepitosos y pegadizos Ramones, que definieron el punk-rock. Habiéndose alimentado de grupos como ésos, y posteriormente otros post-punks desde Sonic Youth a Living Colour, el CBGB se convirtió en marca de fábrica para el rock. Su reputación creció por todo el mundo, e incluso cuando en la década de los 90 fueron muchísimo menos selectivos con los artistas que contrataban, todos y cada uno de los grupos que querían ser algo en el mundo del rock hacían su peregrinaje al CBGB. Lo más curioso del caso es que este local persistió como una institución construida sobre la música que originalmente nació para derribar las instituciones.

La verdad es que el punk nunca había prometido lo que realmente luego llegó a darnos. Las canciones siempre parecían preparadas para autodestruirse; concisas y breves, como los mensajes de “Misión Imposible”; tres acordes y un estallido de frustración, agresividad y humor. Algunos de los músicos eran autodestructivos también. El punk, tal como lo codificaron los Ramones, satisfacía las perennes necesidades de los adolescentes, y por eso persistió. Los grupos que iban naciendo se apuntaron a él y, aunque algunos solo duraron lo suficiente para dar tres o cuatro conciertos en su ciudad (y posiblemente uno en el CBGB con diez veces más público de lo habitual para ellos), también fue el primer paso de muchos músicos que crecieron para conseguir mayores logros.

Siempre es una pena que se cierre algún local de música, sobre todo uno tan histórico como éste, pero eso no significa que estemos en el final de una era. Después de más de un año de disputas del propietario del club con sus caseros, el Comité de Residentes del Bowery, una asociación sin ánimo de lucro, mantenerlo abierto se estaba convirtiendo en una heroicidad, y no hay que lamentarse demasiado. Mejor asimilar las palabras de despedida de Patti Smith: “Ésto solo era un sitio, un sitio sucio que ya casi nadie quería, y vosotros sois gente que creéis en vosotros mismos, y tenéis cosas por hacer. Y las haréis cualquiera de vosotros, en cualquier lugar, y en cualquier momento”. Después, de una bolsa, fue sacando y repartiendo unos pequeños pines negros en los que se podía leer: “What remains is future”.

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Television – See no evil

Ahora lo desmantelarán, y lo reconstruirán en Las Vegas para exhibirlo como si se tratase de un recuerdo más como los de Elvis. Hay división de opiniones, la cabeza dice que es una buena idea, pero el corazón opina lo contrario, en la mayoría de los casos. Y el escenario seguirá siendo el mismo, pero éste lo montarán unas manos anónimas en vez de las de Tom Verlaine y Richard Hell, que construyeron el original.


¿Sabéis lo que sí estaría muy bien? Que alguno de vosotros haya visitado New York, y haya pasado por el CBGB, y ahora nos lo cuente para levantarnos esa curiosa nostalgia que a veces se siente sobre hechos que no hemos llegado a vivir. Y si llegó a ver a Ramones en directo allí, mejor aún…

Ramones – Blitzkrieg bop (Live CBGB 1977)

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