Atrapado por el blues de Memphis
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ACAPARADORES
Categorías: Tangled up in blue
jm carrasc

Para alguien que, como yo, se las veía y deseaba para arrejuntar las 200 ó 300 pts que costaba una cassette (pregrabada, oiga) en los cajones de saldos del Corte Inglés, entrar en el salón del antiguo piso de Carrascus y verte esas estanterías repletas de vinilos que amenazaban con desplomarse sobre quien quiera que estuviese en el sofá en ese momento, por no hablar de la terraza completamente tomada por aquellas estanterías caseras con todo un surtido de cassettes (con sus lomos alfabéticamente ordenados y rotulados con regla) era como internarse en un mundo nuevo, uno del que oías hablar de cuando en cuando pero en el que no sabías como meter la cabeza. O sorprenderse en la habitación que LuisC había dedicado a rellenar de vinilos desde el plinto a la escayola. Por no hablar de los amigos de LuisC (Rogelio, Manolo, Rafael), alguno de los cuales llegó a abrir una tienda con los fondos de su propia colección. No hacía falta entrar en la discoteca de Radio Sevilla o LVG, pues, para darte ese gustazo de ponerte a mirar cientos y cientos de lomos de discos. Lo de pedir prestado era ya otra cosa. Pero sí que intuías que lo que subyacía a todo aquello era una dedicación amorosa a algo que iba más allá de la mera afición.

coleccion discosAquellos discos, y los de tantos otros compañeros y conocidos que aún coinciden cada pocos meses en la correspondiente feria del disco, estaban en buenas manos. En general, claro, ya se sabe que en toda colección suele haber unas cuantas ovejas negras. Me quedaba la impresión de que cada uno de aquellos discos (la mayor parte, al menos) recibía los mejores cuidados y dedicación por parte de sus dueños. Con la consiguiente envidia, claro. Si yo hubiera tenido hermano mayor (y aficionado a la música, claro) o si hubiera dispuesto de más recursos en su momento, posiblemente tendría también mi notable colección de vinilos, aunque, con mi formación inicial en el terreno de las bandas sonoras, comedias musicales y las versiones de orquestas, la mía hubiera sido más como la que aparece aquí al lado. Yep.

Pasan los lustros y las ciencias adelantan que es una barbaridad. Otro viejo amigo me llama hace unos días para contarme las ventajas de su nuevo ordenador. “¿Pero tú no te habías comprado uno al principio del verano?” le respondo. “Sí, pero ese ya lo completé”. “¿Has llenado 250 GB con canciones de la mula?” vuelvo a preguntar, sabiendo que este colega no se interesa particularmente por otro tipo de ficheros, como las películas. “Y el disco externo”.

Ahora, me pregunto, ¿cuánto tiempo de su vida tiene que pasar una persona para escucharse 500 GB en emepetreses, flakes, audiomonkeys y otras lindezas?. Presiento que para él, como para otros muchos que andan moviendo cada día varios terabytes por la red, la posesión es el objetivo supremo. Recuerdo aquella vez, años ha, que estabamos en no sé qué bar de no sé qué carretera secundaria, cuando en la radio que había tras la barra sonó una canción que nos hizo particular gracia. Para otro aquel episodio hubiera quedado ahí. Mi amigo tuvo que anotar de qué emisora se trataba y localizar al DJ particular que estaba en el aire aquella tarde para anotar el nombre del artista y del disco que, vive Dios, le llegó semanas después por correo. Aquella canción ya no andaría suelta más.

Más grave es aún el caso de otro amigo mio, con varios empleos y una o dos gasolineras en su patrimonio que, pese a su fortuna, mantiene cinco o seis PCs permanentemente bajando canciones o lo que sea en su casa, y que en el sótano tiene una habitación repleta con varias estanterías donde se apilan esos estuches de plástico con capacidad para 50 CDs o DVDs repletos de temas, discos, o sabe Dios qué. Y sin embargo, a la hora de subir a la sala de música, siempre pone las mismas dos o tres canciones. “Entonces, ¿por qué estás todo el día bajandote cosas?” “Porque es gratis”.

Al menos Carrascus o LuisC, como tantos coleccionistas, sabían darle su valor a cada pieza.

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18 Comments

  • El dia 11.10.2006, Microalgo dijo:

    Debe dar vértigo.

    Creo que era Borges el que al final de su vida sólo releía (o le releían, porque estaba más ciego que la palanca de cambios de un batiscafo) las cosas que le habían gustado. Debe haber algún equivalente a su “libro de arena” que no se acaba nunca, pero en música.

    No sé cuál es el método, JL. ¿Uno escucha los primeros compases y en seis segundos decide mandar el tema al olvido o bien decide terminar de oirlo? ¿O uno escucha el tema (o disco) entero y decide si le gusta (mermando, así, la capacidad de oir más música)?

    • El dia 11.10.2006, carrascus dijo:

      …Y yo pensaba que era el amigo más raro que tenías…!!!

      • El dia 11.10.2006, EuLaliA dijo:

        Asi y todo esos amigos tuyos no son el mayor peligro que dicen tener los Teddys Bautistas y las Sociedades de Autores. Pero seguro que si alguna vez pescan a alguno nos lo refocilaran a todos por la cara para ponerlos de ejemplo de la cantidad de discos que se han dejado de vender. Como si esos amigos tuyos se los fuesen a comprar si no existiese la forma de bajarselos.

        • El dia 11.10.2006, Sérilan dijo:

          Podiamos llamar a esto obsesión..??

          • El dia 12.10.2006, jl ambrosio dijo:

            Microalgo, no hay método. Hay canciones con las que comunicas (o te repelen) a la primera (por ejemplo, recuerdo que Carrascus me dijo que las canciones de “Nevermind” de Nirvana ya “le sonaban a la primera vez”, lo cual debe ser un poco como el mito de la caverna) y otras que necesitan mucho tiempo para que un día, después de haberlas tenido sin prestarle atención durante años, te enganchen. Así lo veo yo, claro.

            En cuanto a canciones sin fin, como el Libro de Arena de Borges, me imagino que estás preguntando por el departamento de loopings y demás experimentales, donde suele atender Vidal. Preguntale a él, que seguro que sabe aconsejarte.

            En cuanto a Eulalia, tendríamos mucho que decir. La cuestión ya ha dado para varias tesis en universidades de EEUU e incluso en Europa, publicadas en las revistas económicas. En general, es cierto que antes la gente dedicaba una parte de su presupuesto a comprar discos y para muchos, esa parte ahora la dedican integramente a otros gastos. El primero de los amigos que he citado, sin ir más lejos, se dejaba casi todo su sueldo (antes de comprarse el coche y la casa) regularmente en la tienda donde trabajaba Juanma, y ahora lo hace en otras cosas. Pero esto no debe de darles nunca la razón a los trogloditas de la RIAA, SGAE y similares. Simplemente están en un negocio que ha cambiado de canal, como le ocurrió mucho antes a otros (pensemos en las empresas que abastecían de carbón a ciudades y empresas, y que pronto se reconvirtieron al eléctrico), y todavía están en la fase de rabieta. Pero se les pasará pronto o se quedarán fuera. De hecho, mi opinión sobre la Sgae ha cambiado (sólo en parte) desde que un amigo mío, que está intentado montar un futuro profesional en la música, me ha contado todos los servicios que han puesto ya a su disposición, y todo esto sin tener discos grabados ni pagar royalties.

            • El dia 12.10.2006, carrascus dijo:

              Estoy totalmente de acuerdo con la afirmación de Ambrosio sobre el cambio de canal del negocio. De todo ésto ya se ha hablado mucho, pero creo que aún de forma insuficiente, o al menos insuficientemente clara.

              Tengo dos apuntes que ilustran de forma diáfana las posturas de los dos bloques contendientes en esta lucha. Dejemos la voz a dos de los luchadores más representativos de ambos bandos.

              Teddy Bautista:
              “La piratería es una quiebra de uno de los valores que sustentan la sociedad. La sociedad se basa en normas de comportamiento, en convenios y consensos y si la piratería se permite y se disculpa se está quebrando la ética social”.

              David Bravo:
              “Pero, ¿cómo puede romper la sociedad la ética social? La ética social no puede ser traicionada por los comportamientos generalizados de la propia sociedad, porque son precisamente ellos los que la determinan”.

              • El dia 13.10.2006, Microalgo dijo:

                Gracias por el recontracomentario, JL.

                • El dia 13.10.2006, carrascus dijo:

                  Hay que ver, hay que ver… con lo bien que hubiese estado que coincidiendo, más o menos, con la apertura de nuestro blog, le hubiesen dado el Nobel de Literatura a Bob Dylan (que estaba nominado)… y se lo han dado al turco ése del que nadie ha leído nunca ni siquiera su nombre…

                  …y además, el primer sitio en el que ví a Bob en persona, el Audiotorio de la Cartuja, desde el próximo día 28 se va a llamar…. Auditorio Rocío Jurado !!!!!

                  Por cierto, que me extraña que nadie haya comentado nada de la fastuosa colección de discos de D. Ambrosio… “007”, Dean Martin, ¡¡¡Sal Mineo!!!, “Daniel el Travieso”, Jane Birkin y Brigitte Bardott, los Hermanos Marx, “el Pato Donald”…. pero si es un tesoro kitch!!!!

                  • El dia 13.10.2006, Jlambrosio dijo:

                    Observe, Maese Carrascus, que en mi post hablaba en subjuntivo (“mi colección hubiera sido como ésta de aquí al lado”). Más quisiera yo tener esos vinilos…
                    De hecho, muchos de las portadas que están en la foto adornaban permanentemente una tienda que había junto a la Bolsa de Bruselas donde a mí, literalmente, me han dado las horas viendo y viendo y volviendo a ver discos de esos, cada vez que tenía que acudir a la capital europea.
                    Sigh.

                    • El dia 13.10.2006, Lurrid dijo:

                      Hola fanáticos musicales.

                      No sé si tiene mucha relación con el tema propuesto o no, pero yo, que estando lejos de esas envidiables colecciones de discos (pero vamos, very very far away), tenía mi pequeña colección de cds (sí, lo sé, es una blasfemia; a mis 30 años no he hecho colección de vinilos). Lo que antes era una devoción por acumular discos, iba necesariamente unido, debido a problemas económicos, a un constante análisis en profundidad de dichos discos. Porque por el precio que tenían, en todo el tiempo que necesitaba para ahorrar para otro, me los aprendía de memoria.
                      Pero llega el mp3, y con él el napster, el audiogalaxy y el emule, entre otros, y esa barrera queda olvidada. ¿Y qué es lo que pasa? Que cuando antes tenía conexión de 56k, las canciones iban de una en una, y cuando tenía 256k, la cosa iba de disco en disco. y ahora con 2 megas, la cosa va de discografía en discografía. Y que es lo que pasa, que a la larga, debido a que tristemente el día sólo tiene 24 horas, no hay tiempo real para dedicarle a semejante cantidad de sonido. Resultado: apenas analizo, despiezo y saboreo un pequeño porcentaje de lo que tengo. Y eso es triste.

                      -¿Será una enfermedad, doctor?.
                      -En efecto. La llamaremos descarguitis compulsivus.

                      Un saludo.

                      • El dia 13.10.2006, Microalgo dijo:

                        Yo no sé de dónde me viene mi afición a la música. Cuando yo era pequeño, en mi casa NUNCA (lapídenme) hubo un tocadiscos que yo recuerde que funcionara, y sólo había un vinilo, de los coros del ejército ruso (ole ahí), cuyos créditos me entretenía leyendo. Así que no se sienta tan mal, Míster Lurrid, por su relación con los vinilos. Algunos estamos peor… y encima somos más viejos.

                        • El dia 13.10.2006, carrascus dijo:

                          No te preocupes Lurrid, no es ninguna enfermedad, y si lo fuese, sería tan contagiosa que la padeceríamos todos…

                          Es cosa de los tiempos. No hace mucho escribí sobre ello en el Replicante, y aunque el artículo también será subido aquí un día de éstos, te pongo el enlace por si quieres echarle un vistazo.

                          Yo lo aplicaba en realidad a los críticos… pero también puede aplicarse a los coleccionistas compulsivos como tú, como los amigos de Ambrosio… y como yo, que coño!!

                          http://www.deconstruction.info/replicante/index.php?2006/06/08/117-senora-azul

                          • El dia 13.10.2006, carrascus dijo:

                            Joder, Microalgo… con lo barroco que es usted a veces, le pegaría mucho más que el vinilo de su casa hubiese sido de alguna obra de Bach… o quizás eran los coros rusos haciendo alguna versión del Canon de Pachelbel o del Adagio de Albinoni…?

                            • El dia 13.10.2006, yinyerbeiquer dijo:

                              A pesar de sentir una fascinación casi enfermiza por las estanterías abarrotadas de libros, discos o películas, todo lo que he conseguido reunir en mi corta (pero juguetona) vida ha sido una biblioteca peripatética (no es que esté repleta de escritos de Aristóteles, no, sino que está próxima a lo patético), una colección de pelis en VHS frustrada en plena pubertad por la generación deuvedé y un raquítico grupo de Cd’s legales acojonados entre un cada vez mayor número de cd’s piratas que amenazan con despojarlos de sus bonitas carátulas de serigrafía industrial antes de que puedan decir este Teddy Bautista es mío. Aún así, me puedo pasar horas mirando a mis criaturas exhibirse ante mí, todas juntitas en sus estanterías (sí amigos, sus primeros pronósticos no iban mal encaminados, estoy francamente mal)
                              En mis años de acné e instituto (por este orden de importancia) conocí a un profesor al borde de la jubilación famoso por tener dos cosas: 1- una imponente colección de vinilos en casa y 2- cierta predilección por los muchachos jovencitos. Sus gustos y los míos coincidían en el punto 1 pero entraban en conflicto en el 2. Imaginen qué sacrificio para mí cuando rechacé entrar a ver su colección al ver que una parte, pequeña pero significativa, de él quería entrar en mi… conflicto.
                              Siendo yo y mis circunstancias lo que somos podrán hacerse una idea de lo que fue entrar por primera vez en casa de Don Carrascus. Probablemente Calímaco no disfrutó ni la mitad la primera vez que pisó la biblioteca de Alejandría -¿y quién es Calímaco?- y yo qué sé. Lo cierto es que ver en su despacho paredes y paredes forradas de discos de suelo a techo, algunas con doble forro, era estar en el paraíso. Pero este paraíso sería completo cuando por circunstancias azarosas tuve que quedarme a dormir en aquella casa.
                              Aunque cualquier anfitrión convencional hubiera desterrado a sus hijos de sus cómodas y bien equipadas habitaciones para acomodar al huésped, Carrascus demostró ser mucho más generoso ofreciéndome un catre en aquella suite que ni el Ritz (un poco estrecho el catre…) La verdad es que aquella noche tardé en pegar ojo en aquel templo, extasiado. Bueno en parte por esto y en parte por los bollos de la cama (a ver si vamos pensando en invertir menos en música y más en Pikolin). Era perfecto para un musi-voyeur, yo situado horizontal en el centro de la habitación y todas las estanterías a mi alrededor dejándose mirar bien quietecitas. Después del cigarrito me quedé dormido -estoy pensando, macho, que dejas entrar en tu casa a cualquiera- bueno, os dejo que me está mirando una colección de la Creedence preciosa, con unos lomos…

                              • El dia 13.10.2006, jlambrosio dijo:

                                Nunca me hubiera imaginado que un post apresurado como éste diera para tanto jugo. A ver, por orden:
                                -- Amigo Lurrid: Lo que has descrito podría firmarlo yo también. Intento ponerme a mí mismo la regla de limitar las descargas sólo a lo que pueda oír (yo o mis allegados) pero, lo reconozco, con frecuencia tiro de discografías que se quedan ahí, almacenadas en un CD sin un alma que las escuche.
                                -- Amigo Microalgo: No sólo de vinilo vive el mono, tengalo en cuenta. De hecho, a mi poder no llegó un comediscos hasta ya entrado en la veintena. Pero existían las compact cassette, y algunas, como digo, regrabadas. Lo que me recuerda… que ya tengo tema para el próximo post.
                                -- Pues va a resultar que Carrascus deja entrar en su casa a cualquiera, porque yo también he estado en esa habitación. Yinyer, ¿tu conociste la del piso del Polingano?

                                • El dia 14.10.2006, carrascus dijo:

                                  Pues sí… la verdad es que tuve suerte de que Yinyerbeiquer estuviese en mi casa y solo usase el mecherito para encender su cigarrito, en lugar de para lo que lo usó en las oficinas de cierta discográfica…

                                  Lean, lean…

                                  http://www.deconstruction.info/replicante/index.php?2005/12/02/40-fuego-en-mi-oficina

                                  Por cierto, Yinyer, muy divertido tu comentario, espero que sea el primero de muchos otros.

                                  • El dia 14.10.2006, yinyerbeiquer dijo:

                                    Chiquilladas Sr. Carrascus, cosas de persona fogosa, y además no hay ninguna prueba contra mí como el propio Barry Gibb declara en ese enlace tan bien traido. En todo caso, como Ud. bien dice, una buena historia apocrífa no tiene por qué ser verdad, solo parecerlo.
                                    Nunca estuve en aquel piso Sr. Ambrosio (de haber estado hubiera sido o una casualidad del carajo o un allanamiento de morada en toda regla y no recuerdo haber hallanado nada por el políngano) pero sí estuvo, y mucho, mi media mandarina que me lo ha descrito con todo lujo de detalles. También me ha contado lo de ese naufragio al que no sobrevivió una buena parte de aquel material, que da una pena imaginarlo, que oiga, ni ver al DiCaprio echando pompitas por la boca mientras se hundía en las gélidas aguas atlánticas ¡Qué tragedia!!

                                    • El dia 15.10.2006, carrascus dijo:

                                      El enlace que os ponía dos comentarios más arriba os enviaba a un artículo de los que escribí en Replicante que ya teneis subido también a este blog. Es el número 11 de la sección de “Páginas pasadas”.

                                      Y descuide, Yinyer, la tragedia tampoco fue para tanto… Peor lo tiene usted con el genio que se gasta su media-mandarina…

                                      Déle un beso de mi parte.

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