JUANA LA LOCA

Al subir el último post de los publicados en Replicante, he recordado que hay otra actriz metida a cantante, que es mucho menos conocida que cualquiera de las mencionadas en él, pero que, en lo que respecta a la música, tiene muchísima más credibilidad y apoyo de la crítica que todas ellas juntas. Es argentina, tiene 43 años y se llama JUANA MOLINA.

Por supuesto, para lograrlo se tuvo que ir de su país, donde ya estaba cansada de luchar para que dejasen de verla solamente como la surrealista cómica que protagonizaba uno de los programas de televisión más divertidos de Argentina, “Juana y sus hermanas”.

Desde entonces se ha convertido en una cantante y compositora asentada en una etérea pero perturbadora mezcla de folk y música electrónica. Y al igual que le sucediese en su anterior etapa como actriz, su excéntrica sensibilidad la establece como una persona fuera de lo corriente.

“Cuando comencé a escribir canciones no entendía por qué éstas siempre tenían que tener rima y estribillos, porque la música tiene infinidad de combinaciones y yo quería liberarme de una estructura determinada. Siempre he tocado cosas muy diferentes, pero me preocupaba parecer ridícula y que la gente pensase que eran una porquería.”

Desde que tiene uso de razón, Juana siempre se ha sentido predestinada a una vida dentro de la música, y su éxito en televisión fue accidental, aunque le sirvió para pasar una época muy divertida. Su padre, Horacio Molina, es un importante autor e intérprete de tangos, e insistió en que su hija siguiese sus pasos, por lo que a los cinco añitos le compró una guitarra y le dio clases de música, y, lo que es más importante aún, le imbuyó una estética que aún hoy en día impregna toda su música.

“La gente es demasiado conservadora en sus gustos musicales y yo quería que ella escuchara de todo y se sintiese libre”. Con padres así habría menos conflictos generacionales. “Ella sabe que todo es música, desde los sonidos de los pájaros y los perros hasta las campanadas de un reloj o el repiqueteo de unos tacones sobre el pavimento”.

Cuando los militares tomaron el poder tras el golpe de estado de 1.976, la familia Molina tuvo que exiliarse en París. Lo que en principio supuso una desgracia tuvo la virtud de permitir a Juana extender sus miras y pasar su adolescencia integrándose entre personas de almas afines a la suya y darle los medios para poder escuchar desde Ravel y Debussy hasta Weather Report y King Crimson.

Pero siete años después la familia volvió a Argentina, y ella de nuevo tuvo que adaptarse a la cruda realidad, y comenzó a hacer pequeñas apariciones en televisión, comiéndose la cámara de tal manera que a finales de los 80 tuvo su serie propia, que durante varios años fue la más popular del país y una de las de más audiencia de toda la América Latina.

De pronto, un día le sucedió como a los personajes de uno de los últimos posts del blog de Microalgo; se quedó embarazada, y como su nuevo estado resultó ser médicamente muy problemático, se vio forzada a pasar casi todo el año 1.994 en cama, sin nada que hacer más que pensar en su vida, en lo que había hecho y lo que había dejado de hacer, en replanteársela de tal forma que comprendió que la televisión no cumplía todas sus expectativas, y que, simplemente, no continuaría haciéndola.

“Me di cuenta de que yo había empezado todo aquello por la música. Me metí en televisión para poder ganar el dinero que me permitiese comprar los instrumentos y asistir a las clases que me interesaban… y ahora resulta que este trabajo ha crecido tanto que ya no tengo tiempo para la música. He tenido una visión de mi futuro y me he visto muriendo poco a poco como una vieja amargada, enganchada a la MTV y odiando a todo el que salía, diciendo ‘eso lo podía haber hecho yo… y mucho mejor’. Así que me dije ‘más vale tarde que nunca’, y le dí a mi vida un giro completo”.

Desde el principio, sin embargo, tanto el público como los críticos se resistieron a esta transición. Cuando en 1.996 se editó su primer disco, “Rara”, los periodistas musicales se ensañaron con él, tachándolo de capricho de una actriz que se cree que es cantante.

Críticas como ésa hacían que sus conciertos también fuesen algo terrible, debido a la apatía, cuando no abierta hostilidad, del público, que no paraba de charlar o moverse de aquí para allá todo el rato. Otra de las cosas que solían hacer era gritarle que se callara y volviese a sus comedias, lo que hacía que Juana tuviera a veces que marcharse al camerino entre lágrimas. Pero su valor y la clara visión que tenía de la música que quería hacer la hicieron seguir adelante.

El disco, a pesar de todo y sin grandes aspavientos, no estaba nada mal. Lo produjo Gustavo Santaolalla, al que conoceréis por ser el autor de la música de “Brokeback Mountain”, con la que ganó el Oscar. Era una música muy de cantautora respaldada por una sección rítmica bastante convencional y un sonido bastante seco.

“Lo grabamos cuando el rock alternativo estaba en su cima, así que Gustavo estaba todo el tiempo gritándome ‘Actitud…, necesito actitud…’, pero yo no tenía ni idea de qué significaba eso”.

Así que, como ya os comenté al principio, en cuanto a la música, Juana no fue profeta en su tierra y, bastante deprimida, se mudó a Los Angeles porque se enteró que una emisora de radio de allí estaba poniendo su disco algunas veces. Permaneció en California hasta el 2.001 y allí compuso las canciones que aparecerían en su segundo disco, al que, en un alarde de imaginación llamó “Segundo”, que es el que contiene sus primeros experimentos totalmente libres con los sintetizadores, con guitarras afinadas de forma poco convencional, y los zumbidos y loops que se han convertido en la marca de fábrica de su sonido.

La gran ventaja de trabajar fuera de Argentina era que nadie conocía a Juana Molina, y así ella podía permitirse hacer lo que le daba la gana. En su país no fue aceptada su música hasta que no fue popular en los Estados Unidos y Europa, “porque los argentinos son así, sin la validación de fuera, es como andar cuesta arriba hacia ningún lado”.

Su reconocimiento total llegó con el tercer disco, “Tres Cosas”, editado en el 2.004. La prensa lo aclamó como uno de los diez mejores del año, a causa de la profunda voz de Juana y de unas melodías que tienen la simplicidad de las canciones de cuna; respaldadas dulcemente por el susurrante murmullo de los sintetizadores, que envuelven de misterio a todas las canciones.

“Tres cosas” tenía lo que debe tener todo buen tercer disco que se precie: Cogía los mejores y más significativos momentos de sus trabajos anteriores, perfeccionaba el modelo e iba un poco más allá. La música parecía extraída directamente del aire que la rodeaba. D. Vidal, ¿usted se imagina a su amado Aphex Twin recién levantado de una siesta y todavía algo amodorrado…? Pues más o menos de eso es de lo que hablo.

Y además Juana tuvo la suerte de participar en una gira por todo el país abriendo los conciertos de David Byrne, que la invitó a ir con él después de que la casualidad la pusiese en su camino.

Byrne estaba comprando por internet un disco de Sigur Ros, en Amazon.com. Si alguna vez habéis estado vosotros en ésta página habréis visto que hay un mensaje con recomendaciones, que dice “si te gusta tal disco (en este caso uno de Sigur Ros), también te gustarán éstos otros”, y te pone varios enlaces para otros discos. Uno de los que le pusieron a David Byrne fue el “Segundo” de Juana Molina, y esa mezcla de canciones íntimas basadas en la guitarra folk y llenas de electrónica le cautivó de tal modo que le faltó tiempo para llamarla por teléfono y proponerle que telonease su gira.

Ahora Juana puede permitirse trabajar con tranquilidad, sin abandonar la compañía de su hija ni la de su marido, el pintor Federico Mayol, porque tiene instalado su estudio de grabación en la mansión que habitan. Esto le permite continuar grabando con esa estética de bricolage casero y presión cero que tan bien se aprecia en su último disco, editado recientemente con el título de “Son”, en el que sus composiciones electroacústicas han crecido en riqueza de detalles. Un gran experimento de manipulación vocal; sosegado pero sin ser tedioso; convincente, pero sin resultar pretencioso; y siempre hipnótico.

“Mi viejo está chocho. Dice: ‘Al fin me diste el disco que yo quería’“.

Para regocijo suyo, ahora que ha ganado fama internacional como cantante, recibe ofertas para trabajar de nuevo como actriz, pero después de su intervención en “Los monólogos vaginales”, a la que califica de horrible experiencia, su pensamiento sobre el particular es el siguiente:

“Fue solo un mes, pero me distrajo y me distanció de mi música. No volverá a ocurrir”.

FORMACION CONTINUA

Aunque nunca se me presentó la oportunidad, me pregunto a veces qué tipo de música estaría escuchando si hubiese tenido que profesionalizar mi afición. Puedo imaginar el impacto que tendría sobre mi débil motivación el hecho de tener que oír discos, ir a conciertos, mantener entrevistas por obligación profesional: doy gracias a quien corresponda por no haberme permitido mezclar placer y negocio. En el debe, es cierto que mi cultura musical posiblemente sería más extensa si hubiese ido ligada a mi futuro profesional, e incluso podría hablar de muchos de estos temas que salen por aquí con conocimiento de causa, lo cual no siempre es el caso, como habreís notado. No quiere decir ésto que yo esté particularmente descontento con mi educación musical, construida, como la de casi todo el mundo, a base de prueba y error, sino que..bueno, uno es el resultado de sus decisiones. Además, dije en un post anterior que iba a hablar de esto, así que ahora no me puedo echar atrás. Vamos allá, al fondo de los recuerdos….

¿Por dónde comenzar?. En su desternillante libro “Lost in music”, Giles Smith (un prófugo del periodismo musical, ahora dedicado a hacer críticas de…automóviles) pone el punto de partida en el primer disco que uno compra. Y reseña que todo el mundo, cuando le hacen esa pregunta, suele citar algún gran disco memorable. Después de todo, es tu propia iniciación en este mundo, así que uno no puede quedar como un pánfilo. Y así, se suelen mencionar clásicos de Beatles, Rolling, Dylan, Redding, Aretha, Prince…. De hecho, él reconoce que siempre ha contestado públicamente que su primer disco fue “Let it be”. Pero en el libro, todos los prejuicios echados por la borda, confiesa que, realmente, lo primero que se compró fue una cancioncilla infantil: “En la vieja factoria (ia ia o)”.
A mí me costó mucho reunir las cuatrocientas y pico pelas que costaba una cassette entonces (no tuve tocadiscos hasta una década después) como para olvidarme de mi primera cinta. Y también de que al día siguiente mi mami me hizo devolverla…Moraleja: nunca le enseñes a tu madre los discos que te compras. Se trató de una banda sonora. En concreto, (esto me va a doler) la cassette en la que me gasté aquellas preciosas 450 pelas fue ni más ni menos que…

Sound_of_music

Yep. La historia de los Von Trapp, directamente trasladada desde Broadway. A decir verdad, durante los meses precedentes había entablado una gran amistad con un chico de mi patio, unos años mayor que yo, que tenía una buena discoteca de su padre. En un 90%, discos de música clásica, casi todo el cátalogo disponible por aquel entonces en España de la Deustche Gramophone y parte de Decca. Y en un 10% algo de orquestas (ah, los discos en cuatro fases) y bandas sonoras. Mi amigo y yo pasamos del 90% de la colección que llevaba el típico sello amarillo de la DG y nos fuimos directamente a la música de películas y a por las orquestas. A diferencia de otras modas que con el tiempo fueron y pasaron, hasta la fecha nunca he renegado de aquellos autores y discos: Mancini, Williams, Rossenmann, Friedhofer, Rota, Hermann, Goldsmith…

Un día de finales de 1977, el padre de mi amigo metió un nuevo cacharro en la sala de música. El Hilo Musical de aquellos días, con seis canales, dedicaba uno exclusivamente para “música moderna” donde, algo inimaginable hoy, cada día a las siete de la tarde retransmitían integramente, sin cortes, algun lanzamiento discográfico “de actualidad”.

KlaatuAquella primera tarde, según la revista HM, el disco que iba a sonar era de unos tales Klaatu, y se llamaba igual que el grupo (luego descubrimos que sólo en los USA, ya que en su Canada natal, el disco se llamó “8:47”). Mientras escuchábamos aquellas canciones, nos invadió la sorpresa: ciertamente aquello no se parecía a lo que sonaba en la radio de aquellos días, y prácticamente no había dos temas iguales. Hey, parecía que eso de la música moderna era guay. Por supuesto, en aquellos días eramos completamente ignorantes de que la artífice de aquel desvirgue rockero había sido una banda de prog-rock canadiense. Joé. El segundo día, el disco retransmitido fue “Free as the wind” de Crusaders, pero el jazz fusion no era plato de nuestro gusto, al menos no todavía. El tercer día llegó “Seconds Out” de Genesis, y todo fue distinto desde entonces.

Nursery CrimeDefinitivamente, mientras en Londres estaban montando su revolución punk,a mi amigo y a mí nos habían pillado en las redes del prog-rock, aún casi en nuestra tierna infancia. Tanto nos gustó aquel disco de Genesis que mi amigo decidió recuperar el tiempo perdido y en pocos meses se hizo con parte de su anterior discografía. Visto en retrospectiva, aquellos días son como mi jardin de la infancia particular en lo que se refiere a música rock. Hoy en día, con la salvedad de Peter Gabriel, a quien sigo profesando devoción, no me molestaría en levantarme de la silla si me dicen que Genesis va a tocar en la plaza de mi barrio. Lo cual no quiere decir que no guarde buenos recuerdos, e incluso alguna que otra vez llevo alguna que otra cassette de ellos en la guantera del coche.

Especialmente significativo fue el hecho de que mientras buscábamos más información sobre Genesis mi colega y yo descubrimos que existía algo llamado prensa musical. En aquellos días (1977), salvo por los elementos más marginales (Star, Ajoblanco, etc, que a mí me parecían cosa de drogadizos, vade retro), en mi grupo de amigos o eras de “Popular Uno” o eras de “Vibraciones”. Desde el primer vistazo lo tuve claro: yo era de Vibraciones. Y allí, en el primer número que compró mi amigo (observese que yo ni compraba discos ni revistas todavía, mi paga no me alcanzaba), con un tipo llamado Alice Cooper en portada (a esas alturas, ya asumíamos que un tipo asì pudiera llamarse Alice) venía como disco del mes el “Hermit of Mink Hollow” de Todd Rundgren. Y aquello sí que fue el despegue…

Hermit of Mink HollowEn términos musicales, si Genesis equivale a mi época de guardería, Todd sería el paso a La Escuela, así con mayúsculas. Y menudo maestro que encontramos. Al igual que en el caso anterior, con cada disco que nos iba llegando por correo (unas veces Discoplay en Madrid, otras Gema Records en Londres) descubríamos un mundo nuevo, como una historia del rock completa en un único artista. Los que conozcan su obra saben que Todd ha pasado (más o menos) airoso de todos los palos musicales, sea el blues más tradicional, las baladas lacrimosas, el rock progresivo o las últimas novedades tecnológicas (la historia esa de TR-i que nunca acabamos de entender. ¿para qué diantes voy a querer yo remezclar un disco de Todd Rundgren?). Prog, rock, pop, soul, lo que quieras. Además, el tío lo tocaba todo él solito. El enterao que habita en mí se regodeaba con ese detalle cada vez que un compañero de clase me venía cantando las excelencias de Mike Oldfield, quien, en comparación con Todd, parecía repetir una y otra vez las mismas notas en dos o tres guitarras durante toda una cara del disco. En todos sus discos.

En 1979 a la mayoría de los jóvenes a los que nos gustaba la música se nos apareció la virgen en las ondas, literalmente. Radio 3 comenzaba su andadura ese año, posiblemente en lo que fue su mejor época, y eso que no comenzaba hasta las siete de la tarde, con apenas cinco horas de programación. De pronto, no sólo podíamos leer sobre los discos nuevos que salían, sino que podíamos escucharlos. Y todo aquello en plena época de la New Wave, cuando la oferta de nuevos grupos, nuevos sonidos, nuevas modas era arrasadora.

A mí, francamente, no es que todo aquello me quitase el sueño, pero en pocos años ya había empezado a discernir e identificar mis grupos favoritos de entre toda la marea que llegaba desde Inglaterra. Supongo que la base adquirida en comedias musicales y bandas sonoras seguía siendo determinante, pues prácticamente me decanté por lo más blandito de la oferta disponible…

Un escalón posterior en esta educación, allá por finales de los 80, vino derivado del contacto habitual con grupos locales, algunos de los cuales me abrieron los oídos a estilos musicales por los que hasta entonces había pasado de largo y a los que, como es habitual en mí, llegué una década tarde. De entre toda la panopila, mis gustos se inclinaron hacia el llamado “Pop Puro para Ahora Mismo” (al que D.A.Manrique había dedicado hacía años un extensísimo artículo en Vibraciones, con ese nombre o parecido o algo así, que se convirtió en mi manifesto de cabecera, y que posiblemente Carrascus podrá rescatar de su biblioteca) y en el que pude encontrar varios artistas cuyos títulos aún me acompañan.

Ya en los 90, la búsqueda de nuevos estilos musicales decayó definitivamente de mi agenda, si es que alguna vez lo estuvo, y, con otras prioridades en mente, pude ponerme al día en la asignatura que posiblemente llevaba peor, Historia, con ayuda de ese maravilloso invento que fueron (últimamente ya no proliferan tanto) las “Box Sets” en las que se resumía la trayectoria de un montón de grupos clásicos, con una extensísima selección de temas (nada del viejo “greatest hits” de 10 canciones) y, usualmente, un bien documentado libreto cargado de texto y fotos. Así que aproveché para resarcirme de no haber tenido nunca un hermano mayor que comprase discos y me pegué el atracón a base de The Byrds, Beach Boys, Stax records, Motown, Little Feat, James Brown, Aretha, Ray, James Brown, Wanda Jackson…el suma y sigue sería interminable. Desde el punto de vista del comodón que siempre he sido, la verdad es que me resultaba más confortable detenerme en artistas cuya discografía, salvo el ocasional tema inédito rescatado del baul, estaba tasada y cerrada, que andar por ahí pendiente de lo último de fulanito.
Incluso mi primer y perdurable amor, las bandas sonoras, resultaban cada vez más anodinas, desde el momento en que compañías como Media Ventures desplazaron a los compositores de la vieja escuela con su oferta anodina y hecha en masa. Para mi sorpresa, el relevo a la música del cine vino desde un sitio completamente inesperado, al menos para menda. Pero eso me lo reservo para otro post.

En teoría, la Formación Continua no se detiene nunca. En la práctica, puede llegar el día en que alguien te pregunte por tu artista favorito…y te des cuenta de que no tienes ninguno. Ningún disco, ningún libro, ninguna película, ninguna serie de TV. Sencillamente, en algún momento del camino el mecanismo que lograba que determinadas cosas te hicieran tilín ya no está ahí. Te vuelves a buscar donde has podido perderlo, pero la verdad es que llevas ya tanto tiempo conduciendo con el piloto automático que no tienes ni idea de donde puede estar. Supongo que ese es el día en el que uno deja de aprender cosas nuevas…

Bueno, y ahora los deberes para casa:
1 – ¿Cuál fue el primer disco que compraste?
2- ¿A qué inconfesable moda musical te apuntaste en tu adolescencia?
3 – ¿Qué artista o disco de aquella época te sigue emocionando todavía?
Espero las respuestas encima de mi mesa mañana por la mañana.
Se acabó la clase

ALGO SE HA ROTO (EN MI INTERIOR)

Para mi amigo Ambrosio, que me lo pidió

En 1513 el Océano Pacífico fue descubierto por Vasco Núñez de Balboa. Pero éste nunca se imaginó que alguien pudiese hacer surf en él, por eso España perdió su Imperio y se convirtió en una potencia mundial de tercera categoría y las generaciones siguientes cantaron flamenco en lugar de rock and roll.

nullAllá por los años 60, la parte de ese Océano que bañaba California estaba colapsada por quinceañeros medio desnudos haciendo equilibrios en tablas de poliuretano flotantes, mientras vistosas y bronceadas quinceañeras en bikini les esperaban en la arena seca con la promesa de compartir traviesos juegos de naturaleza sexual con los primeros chicos que llegasen a ellas cabalgando sobre las enormes y amenazadoras olas. Miles de ellos se ahogaron en el intento.

Todo esto comenzó a ser conocido como California Lifestyle, un sueño tan tentador que muy pronto todos los americanos quisieron formar parte de él (y todos los mejicanos también, dicho sea de paso). Ahhh, California… Era una visión brillante propagada principalmente por las canciones de un estrafalario grupo musical compuesto por hermanos, primos, amigos, y con el tiempo además por sus terapeutas, abogados y contables, que se conocía con el nombre de los Beach Boys.

nullPor qué eligieron este nombre de Los Chicos de la Playa, es un misterio que nunca se ha desvelado.

En cuanto se dieron cuenta de que sus guitarras eléctricas sonaban mucho mejor en un estudio que en una playa llena de olas, y sobre todo, daban menos calambrazos, comenzaron a inundar el mundo con canciones de éxito, “Surfin’ USA”, “Surfin’ safari”, “I get around”, “Dance, dance, dance”, “Help me Rhonda”, “Little Honda”, “Barbara Ann”, “California girls”

Un mito de inacabable verano y eterna adolescencia sin responsabilidades era lo que vendían los Beach Boys. Con ellos, América por fin tenía la respuesta a la British Invasión de mediados de los 60, y a los Beatles en particular.

Pero mientras en la superficie todo era “Fun Fun Fun”, por detrás de las escenas todo comenzaba a desenmarañarse, y una enorme presión recayó sobre el autor de todas aquellas canciones y líder de hecho de la banda, Brian Wilson… que solo tenía 22 años de edad.

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Y ahora es cuando en nuestro relato se produce un fundido en negro, y los colores brillantes adquieren un tono apagado y otoñal.

Dos días antes de la Navidad de 1964, Brian subió a un avión que iba desde Los Angeles a Houston, para el comienzo de una gira de tres semanas de la banda. Poco después de despegar algo dentro de él hizo crack. Comenzó a llorar, a gritar y a gemir sobre su cojín. En realidad él nunca fue un tipo feliz con su suerte, ni era el californiano sanote que su sonriente imagen proyectaba, pero desde ahora iba a enclaustrarse cada vez más en su propio mundo interior y en el único lugar en que se sentía seguro: el estudio de grabación.

Brian comenzó a trazar esbozos de lo que iba a ser la obra maestra de los Beach Boys, “Pet Sounds”, durante el verano de 1965. La Pared de Sonido de las producciones de Phil Spector le influyeron tanto como los recién adquiridos conocimientos sobre expansión mental que causaban el LSD y la marihuana. “La droga hace que la música crezca en mi cabeza”, declaró posteriormente. Y la edición del “Rubber Soul” de los Beatles en diciembre de ese año le espoleó competitivamente a aumentar su propia apuesta, en un momento en el que el pop comenzaba a extenderse en toda clase de nuevas direcciones.

Cada vez más introspectivo y oculto en su mansión de Beverly Hills, esbozó las ideas y melodías para canciones que no tenían nada que ver, cuando no eran exactamente lo opuesto, a todo lo que el grupo había editado anteriormente. En vez de todas aquellas despreocupadas canciones llenas de fantasía sobre ligues, carreras de coches y cabalgadas sobre olas salvajes, Brian tenía en mente algo más espiritual, más adulto y más perdurable.

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Incapaz de poner todos aquellos nuevos sentimientos en palabras por sí mismo, contrató los servicios de un escritor de una agencia de publicidad, Tony Asher, para que le ayudase a dar forma a su inspiración. Y ya fuese premeditadamente o a causa de la suerte, la elección fue más que apropiada. En cuanto a los músicos, llamó a lo mejor que Los Angeles podía ofrecerle y, al estilo de Spector, decoró todo el sonido envolviéndolo de una capa sinfónica de textura muy ornamental. Se puede decir (y así se editó) que aquello todavía era algo de los Beach Boys, pero en realidad era un proyecto en solitario de Brian Wilson. Los demás miembros de la banda, el primo Mike Love; el amiguete Al Jardine; los hermanos menores de Brian, Carl y Denis Wilson; y el recientemente reclutado Bruce Johnstone, fueron requeridos simplemente para añadir armonías vocales.

Editado en mayo de 1966, “Pet Sounds” significó un paso de gigante para el pop. No, no fue el éxito comercial que debería haber sido, alcanzando solo el número 10 en las listas americanas. Quizás el ser un disco adelantado a su tiempo, quizás su ánimo pesimista, su alma desnuda… simplemente no era lo que querían los fans de los Beach Boys. Quizás las oportunidades que una mayor vida comercial le hubiese ofrecido fueron arruinadas por su propia compañía de discos, Capitol, que defraudada por las pocas ventas, solo un par de meses después sacó al mercado una colección de grandes éxitos de la banda. Sea como fuese, en Inglaterra funcionó mucho mejor, y no llegó al número uno solo porque se lo impidieron los sempiternos Beatles con su “Revolver”.

Muchas cosas han pasado en estos 40 años, pero poco ha cambiado la opinión sobre que “Pet Sounds” fue, es y será una de las supremas glorias del rock. Muchas veces se dice que Brian Wilson era un genio, y si oyes este disco comprenderás perfectamente el significado de esa frase… y ahora lo tienes fácil, porque acaban de reeditarlo.

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HOJA PARROQUIAL

Es notorio que los que acuden habitualmente hasta este blog lo suelen hacen atraídos por las entretenidas y bien documentadas (hay quien dice que “excesivamente” documentadas) historias apócrifas que Maese Carrascus suele aportar por aquí. De lo que deduzco que ponerse aquí a presentar opiniones personales y diatribas varias es arriesgarse a un abucheo generalizado con lanzamiento de hortalizas varias. Por lo que conviene aclarar a vuesas mercedes que no se me aburran, pues dentro de poco tendremos aquí otro artículo de Carrascus de los que tanto nos gustan a todos.

Pero entre tanto…

Entre tanto hay una cuestión que se me pasea por la quijotera de cuando en cuando y que me gustaría traer aquí, aunque sólo sea por escribirla y olvidarla de una vez. Ha habido al menos dos referencias en los últimos comentarios. Cada vez que se plantea algún debate sobre estilos musicales en términos de ataque defensa (tal estilo está pasado, o es una copia, o…yo qué sé) me acuerdo de aquellos post que Carrascus escribió en la época Replicante, “Te vas a enterar” y “Señora azul”, y que venían a recordarnos la existencia de la Santa Cofradía de los Enteraos. Lo cual, direís, es un poco como la historia de la sartén y el cazo, o lo de la viga en el ojo propio.

Posiblemente, posiblemente.

Supongo que todos nos hemos encontrado en los dos extremos que definen el rango musical del enterao. Por un lado, aquella ocasión en la que algún familiar o un vecino entran en nuestra habitación, donde está sonando algo que hemos puesto porque nos gusta, y que suele despertar el inevitable comentario “joé, eso suena como una pelea de gatos enfadaos” o, como dicen los ingleses, “como un grupo de borrachos gritando en un cubo de lata“. Cambiamos de situación y ahora nos encontramos con un grupo de amigos, buenos conocedores del panorama musical y con una notable cultureta en estos temas que, al escuchar exactamente la misma canción, te ponen la mirada torva y por lo bajini espetan eso de “anda que no estás anticuao ni ná, vaya música tan hortera que te gusta“. El enterao es ese alma en pena que vaga entre ambos mundos: siempre hay gente mucho más hortera a un lado, siempre hay gente mucho más enterada al otro. Estar siempre a la última demanda cantidades crecientes de tiempo y energía, y siempre puedes tener la seguridad de que hay mucha gente que ha llegado allí antes que tú y que te está esperando en la linea de meta para reirse de tí y poner rumbo hacia un nuevo destino. Hay más de un sitio en la red que puede suministrar numerosos ejemplos, pero señalar con el dedo está mu feo. Incluso a veces, como en el ejemplo que viene a continuación, la linea entre “enterao” y “freak” no está clara…

Tal y como yo lo veo, el prototipo de enterao está compuesto, proporción arriba proporción abajo, en un 70% de postura y un 30% de cultura. Los que nos reconocemos como miembros de la cofradía pero no nos agrada seguir pagando papeleta de sitio tenemos, pues, dos formas de irnos distanciando: la más dificil es la de ir aumentando la cultura, sin duda. Hay por aquí parroquianos cuyo conocimiento de nuevas formas musicales uno sólo puede llegar a imaginar. No se les puede llamar, en conciencia, enteraos, pues tienen fondo de catálogo de sobra.

Para los que no tenemos fuerzas ni motivación para tanto, la otra forma, más fácil en apariencia, es la de ir reduciendo postura, reemplazando ironía por comprensión, acidez por humildad (hey, eso lo he leído en la hoja parroquial). Echar el vehículo a un lado y bajarse de la carrera, dejando que los otros sigan rumbo a ninguna parte. Que paren el mundo que yo me bajo, y riete de mí si quieres.

También está por supuesto, la via de la catarsis. Nada como una reconfortante inmolación pública. Tener el valor de pisar donde ningún enterao se arriesgaría nunca a internarse, ese lugar horrible donde nos acechan tenebrosas criaturas que nos llaman por nuestro nombre y reclaman nuestra sangre, donde el rechinamiento de dientes es la banda sonora 24 horas al día. Estoy hablando de nuestro pasado, todos tenemos uno, al fin y al cabo.

Pero eso será en la próxima entrega.

NO FUTURE

Nunca he estado en New York, pero no me pienso morir sin hacerlo. Ya me dio pena saber que no podré ver de cerca las Torres Gemelas, pero más aún me la ha dado saber que no podré ya ver a ninguna banda en el escenario más mítico del rock.

Blondie – X-Offender (Live CBGB 1977)

Cuando estaba comenzando esta semana, poco después de la una de la mañana del domingo que daba paso al lunes, salieron las últimas notas en directo desde el escenario del CBGB, el club del Bowery donde el punk se inventó a sí mismo. Patti Smith terminó el concierto de despedida del club con su balada “Elegie”, que fue adquiriendo un crescendo emocional a medida que, respaldada por la música, iba leyendo con lágrimas en los ojos una lista de músicos y partidarios del punk que ya están muertos.

Patti Smith – Elegie (Live CBGB 15 octubre 2006)

Solo momentos antes Patti había creado otro climax cuando interpretaba un medley de “Horses” y “Gloria”, y al conjuro de la guitarra rockera terminó un recitado con un triunfante y desgarrador grito de “Jesús murió por los pecados de alguien / pero no por el CBGB”.

Las canciones eran de su primer disco, “Horses”, que se editó en 1.975, cuando Patti y el CBGB se estaban haciendo famosos el uno al otro. Ella era una poetisa convertida en rocker, para así poder redoblar la energía de sus textos en canciones básicas de tres acordes. Y el club era una sala para el country, el blue-grass y el blues (mira sus iniciales: C BG B) con un propietario más ambicioso artísticamente, que dio cancha a las primitivas bandas que desafiaban el éxito comercial del rock de los primeros años 70. Un club en un barrio de renta baja lleno de casas abandonadas, que Patti describió como “el lugar que Hilly Cristal tan generosamente nos ofreció para que creásemos nuevas ideas, para fallar, para equivocarnos, para alcanzar nuevas alturas”.

El CBGB, que abrió sus puertas en 1.973, terminó su vida como la empezó. Nunca se ha movido de su lugar inicial, los bajos de un pensión de ínfima categoría convertida ahora en una casa de acogida para homeless; ni cambió nunca su decoración interior. Lo único que fue creciendo durante su vida fue el sistema de sonido, para que cualquier acorde sonara explosivo. Durante sus años de vida se le fueron incrustando el polvo, los posters de todas las bandas, pegados en cualquier superficie disponible; los fluídos corporales de músicos y clientes, a los que la propia Patti contribuyó la última noche con tres o cuatro salivazos…

servicios de punks Servicios de punks…

… y punkettesservicios de punkettes

En cualquier fin de semana desde 1974 a 1976 se podía ver a uno o más de estos grupos, frente a los apenas 300 espectadores que cabían allí: Television, Suicide, Blondie, Dictators, Richard Hell, Dead Boys, The Heartbreakers… además de a docenas de otros tan terribles o patéticos que ya nadie recuerda, pero que tenían en común con los primeros que trataban al club como okupas, como su casa. Era su mundo privado, donde soñaban, donde hacían florecer su imaginación.

Repasando su historia, el CBGB fue un sitio afortunado, las bandas que salían de él se convertían en entes perdurables: las contundentes, visionarias y primitivas canciones de Patti Smith; el funk tímidamente oblicuo de los Talking Heads; y especialmente los lacónicos, estrepitosos y pegadizos Ramones, que definieron el punk-rock. Habiéndose alimentado de grupos como ésos, y posteriormente otros post-punks desde Sonic Youth a Living Colour, el CBGB se convirtió en marca de fábrica para el rock. Su reputación creció por todo el mundo, e incluso cuando en la década de los 90 fueron muchísimo menos selectivos con los artistas que contrataban, todos y cada uno de los grupos que querían ser algo en el mundo del rock hacían su peregrinaje al CBGB. Lo más curioso del caso es que este local persistió como una institución construida sobre la música que originalmente nació para derribar las instituciones.

La verdad es que el punk nunca había prometido lo que realmente luego llegó a darnos. Las canciones siempre parecían preparadas para autodestruirse; concisas y breves, como los mensajes de “Misión Imposible”; tres acordes y un estallido de frustración, agresividad y humor. Algunos de los músicos eran autodestructivos también. El punk, tal como lo codificaron los Ramones, satisfacía las perennes necesidades de los adolescentes, y por eso persistió. Los grupos que iban naciendo se apuntaron a él y, aunque algunos solo duraron lo suficiente para dar tres o cuatro conciertos en su ciudad (y posiblemente uno en el CBGB con diez veces más público de lo habitual para ellos), también fue el primer paso de muchos músicos que crecieron para conseguir mayores logros.

Siempre es una pena que se cierre algún local de música, sobre todo uno tan histórico como éste, pero eso no significa que estemos en el final de una era. Después de más de un año de disputas del propietario del club con sus caseros, el Comité de Residentes del Bowery, una asociación sin ánimo de lucro, mantenerlo abierto se estaba convirtiendo en una heroicidad, y no hay que lamentarse demasiado. Mejor asimilar las palabras de despedida de Patti Smith: “Ésto solo era un sitio, un sitio sucio que ya casi nadie quería, y vosotros sois gente que creéis en vosotros mismos, y tenéis cosas por hacer. Y las haréis cualquiera de vosotros, en cualquier lugar, y en cualquier momento”. Después, de una bolsa, fue sacando y repartiendo unos pequeños pines negros en los que se podía leer: “What remains is future”.

Ahora lo desmantelarán, y lo reconstruirán en Las Vegas para exhibirlo como si se tratase de un recuerdo más como los de Elvis. Hay división de opiniones, la cabeza dice que es una buena idea, pero el corazón opina lo contrario, en la mayoría de los casos. Y el escenario seguirá siendo el mismo, pero éste lo montarán unas manos anónimas en vez de las de Tom Verlaine y Richard Hell, que construyeron el original.


¿Sabéis lo que sí estaría muy bien? Que alguno de vosotros haya visitado New York, y haya pasado por el CBGB, y ahora nos lo cuente para levantarnos esa curiosa nostalgia que a veces se siente sobre hechos que no hemos llegado a vivir. Y si llegó a ver a Ramones en directo allí, mejor aún…

Ramones – Blitzkrieg bop (Live CBGB 1977)

NO FUTURE

Nunca he estado en New York, pero no me pienso morir sin hacerlo. Ya me dio pena saber que no podré ver de cerca las Torres Gemelas, pero más aún me la ha dado más saber que no podré ya ver a ninguna banda en el escenario más mítico del rock.

Blondie – X-Offender (Live CBGB 1977)

Cuando estaba comenzando esta semana, poco después de la una de la mañana del domingo que daba paso al lunes, salieron las últimas notas en directo desde el escenario del CBGB, el club del Bowery donde el punk se inventó a sí mismo. Patti Smith terminó el concierto de despedida del club con su balada “Elegie”, que fue adquiriendo un crescendo emocional a medida que, respaldada por la música, iba leyendo con lágrimas en los ojos una lista de músicos y partidarios del punk que ya están muertos

Patti Smith – Elegie (Live CBGB 15 octubre 2006)

Solo momentos antes Patti había creado otro climax cuando interpretaba un medley de “Horses” y “Gloria”, y al conjuro de la guitarra rockera terminó un recitado con un triunfante y desgarrador grito de “Jesús murió por los pecados de alguien / pero no por el CBGB”.

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Patti Smith – Ask the angels

Las canciones eran de su primer disco, “Horses”, que se editó en 1.975, cuando Patti y el CBGB se estaban haciendo famosos el uno al otro. Ella era una poetisa convertida en rocker, para así poder redoblar la energía de sus textos en canciones básicas de tres acordes. Y el club era una sala para el country, el blue-grass y el bluess (mira sus iniciales: C BG B) con un propietario más ambicioso artísticamente, que dio cancha a las primitivas bandas que desafiaban el éxito comercial del rock de los primeros años 70. Un club en un barrio de renta baja lleno de casas abandonadas, que Patti describió como “el lugar que Hilly Cristal tan generosamente nos ofreció para que creásemos nuevas ideas, para fallar, para equivocarnos, para alcanzar nuevas alturas”.

El CBGB, que abrió sus puertas en 1.973, terminó su vida como la empezó. Nunca se ha movido de su lugar inicial, los bajos de un pensión de ínfima categoría convertida ahora en una casa de acogida para homeless; ni cambió nunca su decoración interior. Lo único que fue creciendo durante su vida fue el sistema de sonido, para que cualquier acorde sonara explosivo. Durante sus años de vida se le fueron incrustando el polvo, los posters de todas las bandas, pegados en cualquier superficie disponible; los fluídos corporales de músicos y clientes, a los que la propia Patti contribuyó la última noche con tres o cuatro salivazos…

servicios de punks Servicios de punks…

… y punkettesservicios de punkettes

En cualquier fin de semana desde 1974 a 1976 se podía ver a uno o más de estos grupos, frente a los apenas 300 espectadores que cabían allí: Television, Suicide, Blondie, Dictators, Richard Hell, Dead Boys, The Heartbreakers… además de a docenas de otros tan terribles o patéticos que ya nadie recuerda, pero que tenían en común con los primeros que trataban al club como okupas, como su casa. Era su mundo privado, donde soñaban, donde hacían florecer su imaginación.

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The Heartbreakers – Chinese rocks

Repasando su historia, el CBGB fue un sitio afortunado, las bandas que salían de él se convertían en entes perdurables: las contundentes, visionarias y primitivas canciones de Patti Smith; el funk tímidamente oblicuo de los Talking Heads; y especialmente los lacónicos, estrepitosos y pegadizos Ramones, que definieron el punk-rock. Habiéndose alimentado de grupos como ésos, y posteriormente otros post-punks desde Sonic Youth a Living Colour, el CBGB se convirtió en marca de fábrica para el rock. Su reputación creció por todo el mundo, e incluso cuando en la década de los 90 fueron muchísimo menos selectivos con los artistas que contrataban, todos y cada uno de los grupos que querían ser algo en el mundo del rock hacían su peregrinaje al CBGB. Lo más curioso del caso es que este local persistió como una institución construida sobre la música que originalmente nació para derribar las instituciones.

La verdad es que el punk nunca había prometido lo que realmente luego llegó a darnos. Las canciones siempre parecían preparadas para autodestruirse; concisas y breves, como los mensajes de “Misión Imposible”; tres acordes y un estallido de frustración, agresividad y humor. Algunos de los músicos eran autodestructivos también. El punk, tal como lo codificaron los Ramones, satisfacía las perennes necesidades de los adolescentes, y por eso persistió. Los grupos que iban naciendo se apuntaron a él y, aunque algunos solo duraron lo suficiente para dar tres o cuatro conciertos en su ciudad (y posiblemente uno en el CBGB con diez veces más público de lo habitual para ellos), también fue el primer paso de muchos músicos que crecieron para conseguir mayores logros.

Siempre es una pena que se cierre algún local de música, sobre todo uno tan histórico como éste, pero eso no significa que estemos en el final de una era. Después de más de un año de disputas del propietario del club con sus caseros, el Comité de Residentes del Bowery, una asociación sin ánimo de lucro, mantenerlo abierto se estaba convirtiendo en una heroicidad, y no hay que lamentarse demasiado. Mejor asimilar las palabras de despedida de Patti Smith: “Ésto solo era un sitio, un sitio sucio que ya casi nadie quería, y vosotros sois gente que creéis en vosotros mismos, y tenéis cosas por hacer. Y las haréis cualquiera de vosotros, en cualquier lugar, y en cualquier momento”. Después, de una bolsa, fue sacando y repartiendo unos pequeños pines negros en los que se podía leer: “What remains is future”.

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Television – See no evil

Ahora lo desmantelarán, y lo reconstruirán en Las Vegas para exhibirlo como si se tratase de un recuerdo más como los de Elvis. Hay división de opiniones, la cabeza dice que es una buena idea, pero el corazón opina lo contrario, en la mayoría de los casos. Y el escenario seguirá siendo el mismo, pero éste lo montarán unas manos anónimas en vez de las de Tom Verlaine y Richard Hell, que construyeron el original.


¿Sabéis lo que sí estaría muy bien? Que alguno de vosotros haya visitado New York, y haya pasado por el CBGB, y ahora nos lo cuente para levantarnos esa curiosa nostalgia que a veces se siente sobre hechos que no hemos llegado a vivir. Y si llegó a ver a Ramones en directo allí, mejor aún…

Ramones – Blitzkrieg bop (Live CBGB 1977)

ACCIDENTS WILL HAPPEN

Al igual que le ocurre a nuestro querido Ambrosio, según nos cuenta en su meme de los Mojinos Escocíos, de los accidentes con pellizcos no se libra ni el mismísimo Liam Gallagher.

TÚ LA LLEVAS

¿Sabéis qué es un “MEME”?

En pocas palabras, un meme es una maldición que es pasada de blog en blog, con la amenaza de que si no la cumples, aparte de no quedar bien y ser muy mal visto, todos los males del mundo caerán en tropel sobre tí.

Es como las cadenas que envían por e-mail… pero menos desagradables. Incluso algunos hasta divertidos.

Lo normal es que a tí te la envíe algún amigo (o enemigo), y tú se las envías a otros, o simplemente invitas desde tu propio blog a contestarla a otras personas sobre las que tengas curiosidad por saber más; a las que tengas aprecio y quieras que se luzcan con su ingenio; o simplemente quieras hacer que queden fatal.

Eso fue lo que hicieron conmigo una vez… enviármelo, no hacerme quedar fatal… desde su blog, mi amiga Carolink (saludos, espero que la pareja de chinorris te dé un respiro para asomarte aquí alguna vez) me invitó a contestar unas preguntas en las que recuerdo que había que decir cual era el último disco comprado, el último descargado, cuanto espacio tenía tu disco duro ocupado por música… Pero eso fue hace ya casi dos años y desde entonces no se me había vuelto a cruzar ningún meme más… hasta ahora.

Y como una de las secciones de nuestro recién inaugurado blog queremos que sea de posts participativos, en vista de que en “Replicante” nos divertimos mucho con aquellos de los libros con títulos mezclados con grupos de rock, o con la búsqueda del grupo fake, pues había pensado invitaros a todos vosotros a que jugásemos juntos con este meme que os lanzo.

Son una docena de preguntas personales, pero bastante generales e incluso algunas un poco idiotas, que no hay que contestar con mucha sinceridad ni con poca, eso queda a vuestra elección… pero sí que hay que contestarlas con títulos de canciones de tu grupo o cantante favorito, o de cualquiera que te guste… pero la premisa básica es que las canciones sean de un solo artista.

Igual resulta que después de esto nos conoceremos un poco mejor… Y si no, que será lo más seguro, nos reiremos un rato.

Empezaré yo, claro. Yo tengo tantas bandas favoritas, que en realidad podemos decir que no tengo ninguna, por eso las preguntas las responderé con los títulos de las canciones de Blondie, que siendo una banda tan popular que seguro que todos conocéis, también es una banda que tiene prestigio entre los enteraíllos… así abarco todo el espectro… y además sus canciones siempre han tenido la virtud de ponerme de buen humor.

Vamos a ello:

¿Eres hombre o mujer?
Man overboard
(¡Hombre al agua!)

Descríbete
Little Caesar
(¿Hace falta traducirlo?)

¿Qué sienten las personas cerca de tí?
Living in the real world
(Sí, vivo en el mundo real, qué se le va a hacer)

¿Cómo te sientes tú?
One way or another

¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
Little girl lies
(Espero que vosotras no hagais lo mismo)

Describe tu actual relación
(I’m always touched by your) presence, dear
(Siempre me conmueve tu presencia, querida)

¿Dónde quisieras estar ahora?
Island of lost souls
(En la isla de las almas perdidas, para descansar de tanto mundo real)

¿Cómo eres respecto al amor?
Nothing is real but the girl
(Nada es real, solo ella)

¿Cómo es tu vida?
Atomic

¿Qué pedirías si tuvieras solo un deseo?
Last one in the planet
(Así no tendría que aguantar a según quien)

Escribe una cita o frase famosa
Die young stay pretty
(Muérete joven y tendrás un bonito cadáver)

Ahora, despídete
Call me

Bueno, a mí en vez de llamarme me escribís, que yo entraré aquí de vez en cuando para echar el ratito con vosotros…

ACAPARADORES

Para alguien que, como yo, se las veía y deseaba para arrejuntar las 200 ó 300 pts que costaba una cassette (pregrabada, oiga) en los cajones de saldos del Corte Inglés, entrar en el salón del antiguo piso de Carrascus y verte esas estanterías repletas de vinilos que amenazaban con desplomarse sobre quien quiera que estuviese en el sofá en ese momento, por no hablar de la terraza completamente tomada por aquellas estanterías caseras con todo un surtido de cassettes (con sus lomos alfabéticamente ordenados y rotulados con regla) era como internarse en un mundo nuevo, uno del que oías hablar de cuando en cuando pero en el que no sabías como meter la cabeza. O sorprenderse en la habitación que LuisC había dedicado a rellenar de vinilos desde el plinto a la escayola. Por no hablar de los amigos de LuisC (Rogelio, Manolo, Rafael), alguno de los cuales llegó a abrir una tienda con los fondos de su propia colección. No hacía falta entrar en la discoteca de Radio Sevilla o LVG, pues, para darte ese gustazo de ponerte a mirar cientos y cientos de lomos de discos. Lo de pedir prestado era ya otra cosa. Pero sí que intuías que lo que subyacía a todo aquello era una dedicación amorosa a algo que iba más allá de la mera afición.

coleccion discosAquellos discos, y los de tantos otros compañeros y conocidos que aún coinciden cada pocos meses en la correspondiente feria del disco, estaban en buenas manos. En general, claro, ya se sabe que en toda colección suele haber unas cuantas ovejas negras. Me quedaba la impresión de que cada uno de aquellos discos (la mayor parte, al menos) recibía los mejores cuidados y dedicación por parte de sus dueños. Con la consiguiente envidia, claro. Si yo hubiera tenido hermano mayor (y aficionado a la música, claro) o si hubiera dispuesto de más recursos en su momento, posiblemente tendría también mi notable colección de vinilos, aunque, con mi formación inicial en el terreno de las bandas sonoras, comedias musicales y las versiones de orquestas, la mía hubiera sido más como la que aparece aquí al lado. Yep.

Pasan los lustros y las ciencias adelantan que es una barbaridad. Otro viejo amigo me llama hace unos días para contarme las ventajas de su nuevo ordenador. “¿Pero tú no te habías comprado uno al principio del verano?” le respondo. “Sí, pero ese ya lo completé”. “¿Has llenado 250 GB con canciones de la mula?” vuelvo a preguntar, sabiendo que este colega no se interesa particularmente por otro tipo de ficheros, como las películas. “Y el disco externo”.

Ahora, me pregunto, ¿cuánto tiempo de su vida tiene que pasar una persona para escucharse 500 GB en emepetreses, flakes, audiomonkeys y otras lindezas?. Presiento que para él, como para otros muchos que andan moviendo cada día varios terabytes por la red, la posesión es el objetivo supremo. Recuerdo aquella vez, años ha, que estabamos en no sé qué bar de no sé qué carretera secundaria, cuando en la radio que había tras la barra sonó una canción que nos hizo particular gracia. Para otro aquel episodio hubiera quedado ahí. Mi amigo tuvo que anotar de qué emisora se trataba y localizar al DJ particular que estaba en el aire aquella tarde para anotar el nombre del artista y del disco que, vive Dios, le llegó semanas después por correo. Aquella canción ya no andaría suelta más.

Más grave es aún el caso de otro amigo mio, con varios empleos y una o dos gasolineras en su patrimonio que, pese a su fortuna, mantiene cinco o seis PCs permanentemente bajando canciones o lo que sea en su casa, y que en el sótano tiene una habitación repleta con varias estanterías donde se apilan esos estuches de plástico con capacidad para 50 CDs o DVDs repletos de temas, discos, o sabe Dios qué. Y sin embargo, a la hora de subir a la sala de música, siempre pone las mismas dos o tres canciones. “Entonces, ¿por qué estás todo el día bajandote cosas?” “Porque es gratis”.

Al menos Carrascus o LuisC, como tantos coleccionistas, sabían darle su valor a cada pieza.