LA CAJA DE PANDORA

Mientras escribo este post estoy escuchando a Nick Cave. Su canción “Deanna” es una de mis favoritas. Es una de esas canciones que nunca te cansas de oír y que te hacen pensar que todas tendrían que ser así.

¿Ves? A través del ciberespacio has encontrado a una persona que te recomienda una canción en la misma forma en que antes lo hacía tu compañero de clase en el instituto o la facultad, tu colega del curro, o el amiguete con quien compartías barras de bar o mostradores de tiendas de discos.

Pero si estás aquí es porque a mí me conoces (más o menos) y quizás hasta te fías de mis apreciaciones sobre música. Pero debes saber que, como las ciencias adelantan que es una barbaridad, tienes también por ahí a mucha más gente que está dispuesta a facilitarte todo tipo de medios para que puedas disfrutar con tu música favorita. Uno de ellos es Seth.

SethSeth Ford-Young es un bajista profesional que toca cinco noches a la semana en bandas de rock y jazz y en ocasiones alquila su talento en estudios de grabación para estrellas como Tom Waits. Pero además tiene un segundo trabajo. Como analista musical, se pasa unas 25 horas semanales, con las orejas cubiertas por unos auriculares, sentado en una moderna oficina, escuchando canciones de artistas como Sonny Boy Williamson y Memphis Slim y convirtiendo la música en datos: ¿La voz de este cantante es grave o sedosa…? ¿Esta canción es de una envergadura épica o está bastante moderada…? ¿La guitarra eléctrica suena clara o distorsionada…?

Mientras escucha las canciones, Seth va rellenando una ficha que cubre cientos de rasgos, puntuados en una escala de 0 a 5. Punto por punto, todos los analistas de la compañía a la que pertenece Seth van construyendo una gigantesca base de datos, catalogando minuciosamente las características de más de medio millón de canciones, que crece al ritmo de 15.000 más cada mes, desde el soul al country, desde el heavy al gospel, para construir lo que ellos llaman el Proyecto Genoma Musical.

Si Seth oyese este “Deanna” de Nick Cave, firmaría una ficha en la que la describiría como una interpretación vocal masculina muy emocional, con un repetitivo fraseo melódico de una tonalidad en clave mayor y armonías vocales antifonales; su ritmo es sincopado, pero con uniones suaves, y una instrumentación de rock eléctrico, con prominencia de los teclados del órgano. Está grabada con los atributos habituales del grunge, y la letra es una parte importantísima de la canción…

Esta ficha pasaría a engrosar los amplios archivos de www.pandora.com, y si abrimos su página web y les pedimos que nos recomienden música que nos guste tanto como ésa, nos darán una lista que, entre otras, incluirá todas las canciones que están salpicando este artículo que tienes ante tus ojos, además de otras de Graham Parker, XTC, Patti Smith, Elvis Costello, Sonics, o el propio Nick Cave…

…diferentes estilos y épocas…Los visitantes de Pandora son invitados a escribir el nombre de su cantante, grupo o canción favorita y obtienen un flujo de música con un (digámoslo así) “ADN” similar a la que han propuesto ellos. Así pueden construirse una microemisora de radio en Internet adaptada a sus propios gustos. Este servicio comenzó a funcionar hace pocos meses, pero ya hay millones de personas que lo usan.

La innovación de Pandora es que se centra en los elementos formales de las canciones más que en su atractivo popular, Si tú le dices, por ejemplo, que tu canción favorita es “I say a little prayer” de Aretha Franklin, la máquina te devolverá una banda sonora personalizada que incluirá cosas seguramente de Gladys Knight y Salomón Burke, porque tienen cualidades tales como ser clásicos del soul con influencias del blues, con acordes de piano acústico, armonías vocales de ida y vuelta y frecuentes improvisaciones en el acompañamiento vocal… La verdad es que no es necesario recurrir a la tecnología del siglo 21 para establecer un eslabón entre Aretha y Gladys, pero mientras más cosas le hagas saber a Pandora sobre tus gustos, más creativas serán sus soluciones, e incluso tú mismo podrás darte cuenta de que tus gustos musicales son más diversos de lo que te crees. Y además está el atractivo de que las listas que genera esta guía no están basadas en la popularidad; tiene tantas posibilidades de salirte una canción que nunca se haya puesto en la radio como uno de los últimos números uno masivos. No tienes más que fijarte en la selección que nos ha hecho con la pieza de Nick Cave.

Claro que no todo es perfecto y de color de rosa. Muchas veces, las canciones que te recomendará este artefacto no poseerán la belleza, la poesía, los matices, de tu querida canción modelo. Nadie ha podido crear todavía un algoritmo que tenga en cuenta los misterios del arte. La última palabra siempre la tendrás tú, y además podrás darla a conocer en el Music Genome Project, al estilo de los clásicos romanos que en el Circo volvían hacia el César su puño con el pulgar hacia arriba……o hacia abajo

Servicios como éste que presta Pandora, más que juguetes on-line para aficionados a la música, son muy claros ejemplos de cómo la tecnología está acabando con la jerarquía de los gurús que a través de los medios de comunicación moldeaban la cultura popular. Los consumidores de música actuales están cada vez alejándose más de las tradicionales emisoras y disc-jockeys para guiar sus elecciones en función de los gustos de personas afines (a veces a los que ni siquiera conocen) a través de blogs y páginas webs en general. Las herramientas para programar música están cada vez más en manos de los propios consumidores.

Y el próximo paso será no solo personalizar una fuente de música para una persona, sino crear una secuencia de música que pueda ser disfrutada por un grupo de personas con intereses comunes. El ser humano es muy social, y la música no es solo para uno mismo, lo que la gente quiere en realidad es compartir sus propios gustos. Estamos inmersos de nuevo en la cultura del fanzine, solo que esta vez las páginas mal copiadas son sustituidas por una red globalizada.